La Teología
de la Liberación
Padre Brian Moore.
Origen
y fuentes
Cuando
los marxistas comprendieron que era mejor servirse de la Religión
que combatirla, comenzaron a eliminar el clero ortodoxo y a reemplazarlo
por sus agentes. Esta obra se debió principalmente a Stalin.
Al ver que tenía cierto éxito, el marxismo buscó
servirse de la Iglesia también en Occidente. Pero no era tan
fácil infiltrarse en el clero católico; por esta razón
se comenzó trabajando con el protestantismo. El camino estaba
ya preparado porque algunos pastores protestantes eran simpatizantes
del marxismo, y en Alemania, Suiza y Austria estaban vinculados a
movimientos socialistas.
Entre ellos hemos de citar especialmente a uno: Karl Barth, suizo,
que es el más importante entre los teólogos protestantes
marxistas y tal vez haya sido el primero que impuso la idea de que
Cristo y Marx coinciden en la construcción de la “sociedad
del futuro”.
Siendo vicario en Ginebra, ya evidencia un gran interés por
la doctrina y la práctica marxistas. En 1915 se afilió
al partido social-demócráta suizo. En realidad, era
“más papista que el Papa”, esto es, más
radical que Lenín. Veamos su pensamiento sobre el Estado: “Nosotros
combatimos el Estado de una manera radical y fundamental. El Estado
actual no puede ser mejorado. La violencia de la injusticia desde
arriba debería ser reemplazada por la violencia de la irrupción
de la justicia desde abajo. El Estado concreto, es decir, la sociedad
burguesa, es la quintaesencia del mal; en vano se espera su desaparición,
es menester destruirlo pues es una organización sistemática
del uso de la violencia por una clase contra otra, por una parte de
la población contra otra” (Georges Casalis, Théologie
et socialisme: l’exemple de Karl Barth, en la revista Etudes
théologiques et religieuses, nº2, 1974, págs. 162-163).
Es decir, que en esto Barth sigue el mesianismo talmúdico de
Marx: los judíos, pueblo perseguido, buscan liberarse de sus
opresores; el proletariado, al liberarse no sólo se libera
a sí mismo, sino también a la burguesía que deja
por lo mismo de ser opresora.
Barth era ingenuo idealista que amaba realmente a las clases bajas,
pero que no se daba cuenta cabal de que para Lenín la revolución,
“la dictadura del proletariado”, era solamente un método
para imponer su propia dictadura por el terror.
Barth llega a identificar la futura sociedad socialista con la comunidad
escatológica cristiana. Y en este sentido utiliza un hermoso
pasaje de San Pablo: “La creación está aguardando
con ardiente anhelo esa manifestación de los hijos de Dios;
pues si la creación está sometida a la vanidad, no es
de grado, sino por voluntad de aquel que la sometió; pero con
esperanza, porque también la creación misma será
liberada de la servidumbre de la corrupción para participar
de la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Sabemos que ahora
la creación entera gime aún, y a una está en
dolores de parto. Y no tan sólo ella, sino que asimismo, los
que poseemos las primicias del Espíritu, también gemimos
en nuestro interior, aguardando la filiación, la redención
de nuestro cuerpo. Porque en la esperanza hemos sido salvados; mas
la esperanza que se ve, ya no es esperanza; porque lo que uno ve,
¿cómo lo puede esperar? Si, pues, esperamos lo que no
vemos, esperamos en paciencia” (Rm. 8: 19-25).
Por todo ello, “un verdadero cristiano, tiene que ser socialista,
y un verdadero socialista, cristiano”.
¿Quién es Dios para este teólogo? Dios es el
contenido de la revolución; su fuerza explosiva, libertadora.
Esta fuerza otorga a la vida humana el sentido y dignidad.
Una tal postura es realmente grotesca, pero se entiende a la luz de
la filosofía kantiana y hegeliana, que se basan en la praxis
(acción) y no en el ser, como lo hace la filosofía escolástica.
El
Consejo Mundial
de las Iglesias
Esta
agrupación nació en Amsterdam en el año 1948.
Reúne unas 300 confesiones protestantes y cismáticas.
Ha sido desde sus orígenes promarxista. He aquí algunos
hechos que confirman esta tendencia:
- su acción directa para la concreción formal del diálogo
marxista-cristiano a nivel mundial:
1954, asamblea celebrada en Praga, comienzan los contactos entre los
dirigentes comunistas y los del Consejo; 1965, simposio internacional
de cristianos y marxistas en Suiza; dos encuentros más de idénticas
características en la misma década; en la misma época
ingresa al C.M.I. el Patriarcado de Moscú que, como ya hemos
dicho, trabajaba por el gobierno.
- Búsqueda del reconocimiento del gobierno de China Popular
por parte de EEUU.
- Campaña de «ayuda a desertores norteamericanos
de Vietnam” (fondo pecuniario).
En
lo que hace a Hispanoamérica y refiriéndonos siempre
a la actuación de los protestantes, citaremos dos ejemplos:
1º) Emiliano Castro, pastor metodista uruguayo, Secretario general
del C.M.I. En 1964 viajó por la URSS, Checoslovaquia y Alemania
Oriental, invitado por los respectivos gobiernos. Ese mismo año
participa del denominado “Congreso del Pueblo”,
organizado por el partido comunista en Montevideo. Cuatro años
más tarde, vuelve a la URSS para participar de un homenaje
a Luther King, organizado por los comunistas. Finalmente, tuvo que
huir del Uruguay por estar implicado en el asesinato de un profesor.
2º) José Miguel Bonino, pastor metodista argentino. En
1972 participó como teólogo en la Comisión Asesora
del Primer Encuentro Latinoamericano de cristianos por el socialismo,
realizado en Chile. Allí presentó su trabajo “Los
marxistas cristianos”. En 1980 participó del IV
Congreso Internacional Ecuménico de Teología del Tercer
Mundo, en San Pablo, donde acudieron los principales “ideólogos
de la liberación”.
Hasta aquí, las fuentes no católicas de la Teología
de la Liberación.
Nacimiento
en el catolicismo
“El
momento favorable para la infiltración marxista en la teología
católica llegó durante el Concilio Vaticano II cuando
esta teología empezó a tolerar en su seno la así
llamada “nueva teología”, que concentra
su atención en el hombre y no en Dios. Además, el proceso
de infiltración del marxismo en la teología católica
resulta, al mismo tiempo, facilitado por la influencia en el ambiente
católico del neoprotestantismo y del neomodernismo, reforzados
también por el progresismo. Una ayuda muy efectiva en favor
del marxismo vino de parte del ecumenismo, pues éste facilitó
los contactos entre la teología católica y la teología
protestante ya marxistizada” (Miguel Poradowski, La Teología
de la Liberación, Ed. Quijote, Buenos Aires, 1985, pág.
40).
Para
el padre Poradowski, la “Teología de la Liberación”
es hija legítima de la “Iglesia conciliar”; de
su pseudo-teología, su ecumenismo, su antropocentrismo.
La causa última, es entonces, la crisis en la Iglesia.
Lo que da pie, según algunos, a esta “teología”
es el fracaso del Plan de Desarrollo lanzado por Kennedy.
Y la ocasión en que toma cuerpo esta ideología (este
es el nombre que le corresponde) es la Segunda Conferencia Episcopal
Latinoamericana, celebrada en Medellín en 1968. El primer libro
que sirve como “biblia” de esta gente es el del peruano
Gustavo Gutiérrez: Teología de la Liberación,
publicado en 1971.
Principales
representantes
Muchas
son las obras que se han escrito al respecto; citaremos sólo
algunas, entre los principales autores: la ya mencionada de Gutiérrez;
Opresión-Liberación, de Hugo Assman, Montevideo,
1971; Libera a mi pueblo, de Alex Morelli, México-Buenos-Aires,
1971; Jesús Cristo Libertador, de Leonardo Boff, Petrópolis,
1972; Elementos para una evangelización libertadora,
de Rafael Avila, Salamanca, 1971; Nueva conciencia de la Iglesia
en América Latina, de Rolando Muñoz, Santiago,
1973; varios ensayos y artículos de Juan Luis Segundo.
Podemos
decir que casi cada país de Latinoamérica tiene un propagandista
de la Teología de la Liberación.
También
hubo -hay- diversos grupos de sacerdotes que participan de las ideas
marxistas de la ideología de la liberación. Así,
por ejemplo, Sacerdotes para América Latina, en Colombia,
Movimiento de sacerdotes para el Tercer Mundo, en Argentina;
Cristianos por el socialismo, en Chile; Organización
Nacional Independiente de sacerdotes, en Perú; Movimiento de
reflexión sacerdotal, en Ecuador; Sacerdotes para
el pueblo, en Méjico, etc.
Su
doctrina
Partiendo
de una mala filosofía y peor teología, sacan pésimas
consecuencias.
A) Primacía de la ortopraxis sobre la ortodoxia. Según
la doctrina perenne de la Iglesia, la Teología es la ciencia
de Dios. La función del teólogo es la de contemplar
la Verdad; utilizando como instrumento la filosofía escolástica,
especialmente a Santo Tomás, escudriñar la Revelación
para, siempre bajo la guía del Magisterio y el sentir de la
Tradición, enseñarla luego a los cristianos.
Para los teólogos de la liberación, en cambio, no se
trata de deducir consecuencias de los principios de la Verdad revelada,
sino que el teólogo debe analizar la realidad histórica
y, a partir de ella, forjar su teología. De esta manera, la
insondable sabiduría divina queda atada a la estrechez del
intelecto humano y a los avatares de la historia. Evidentemente, aquí
los guías no son ya los filósofos realistas y el Magisterio
de la Iglesia, sino los idealistas Kant, Hegel, etc., maestros de
los ideólogos marxistas.
B) La Iglesia. Según estos ideólogos, no hay necesidad
de pertenecer a Ella para salvarse; o, si se quiere, todos los hombres
forman parte de Ella, aun sin saberlo...
Consideran a los obispos y a los sacerdotes que quieren mantenerse
fieles al Magisterio de la Iglesia como parte del Régimen.
Así dice Gutiérrez: “El hombre latinoamericano
en la lucha revolucionaria se libera de una manera u otra del tutelaje
de una religión alienante, que tiende a la conservación
del orden”.
C)
Evangelizar. Para ellos es el hacer tomar conciencia a los
oprimidos de su condición de tales.
D)
Manipulación de las Sagradas Escrituras y de la Santa Liturgia.
Es decir, de las cosas más sagradas que tiene la Iglesia. Así,
por ejemplo, en cuanto a las Sagradas Escrituras, el Exodo pinta para
ellos la liberación de un pueblo oprimido, símbolo de
la liberación de los pobres de las garras de la burguesía.
De manera similar, Nuestro Señor Jesucristo, es un libertador
político de la opresión romana, el Magnificat
es un himno a la liberación: “derribó a los
poderosos de sus tronos”.
Respecto a la liturgia, la Eucaristía es el banquete fraterno
del cual pueden participar sólo aquellos que viven en situación
de opresión y que luchan por la misma causa.
E) Las virtudes teologales. Fe en el hombre, que es quien
constituye su futuro. Esperanza terrena; finalmente el pueblo oprimido
triunfará sobre sus opresores y tendrá lugar el paraíso
en la tierra. Caridad a su manera; Gutiérrez dice sobre el
amor a los enemigos: “Hoy en el contexto de la lucha de
clases, amar a los enemigos supone reconocer y aceptar que se tiene
enemigos de clase y que hay que combatirlos. No se trata de no tener
enemigos, sino de no excluirlos de nuestro amor. Pero el amor no suprime
la calidad de enemigos que poseen los opresores ni la radicalización
del combate contra ellos. El amor a los enemigos, lejos de suavizar
las tensiones, resulta así cuestionando el sistema y se convierte
en una fórmula subversiva”.
Para él, “amar a todos los hombres no quiere decir
evitar enfrentamientos, no es mantener una armonía ficticia.
Amor universal es aquel que, en solidaridad con los oprimidos, busca
liberar también a los opresores de su propio poder, de su ambición,
de su egoísmo (...) Pero a esto no se llega sino optando resueltamente
por los oprimidos, es decir, combatiendo contra la clase opresora.
Combatir real y eficazmente, no odiar” (José Luis
Illanes, Progresismo y liberación, De. Universidad de Navarra
S.A., 1975, pág. 358).
El
Magisterio
Antes
que Roma, fueron los Episcopados latinoamericanos los que dieron la
voz de alarma contra la Teología de la Liberación.
Vamos a citar tres ejemplos:
1º)
Declaración del Episcopado Argentino, del 12 de agosto de 1970,
donde se condena las actividades del Movimiento de Sacerdotes
para el Tercer Mundo.
2º)
Documento de la Conferencia Episcopal Chilena, titulado Evangelio,
Política y Socialismos, donde se advierte sobre los peligros
de la convergencia marxista-cristiana.
3º)
El documento de la XXXII Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano
Identidad cristiana en la acción por la justicia,
del 21 de noviembre de 1976.
En este documento se denuncia el intento de “potenciar el
Evangelio con la dialéctica marxista”, “convertir
la fe en praxis revolucionaria” y “reducir la Iglesia
a una simple asociación de personas que luchan por la justicia”.
El Vaticano publicó dos documentos: uno que sería la
condena de la pseudo-teología de la liberación, y otro
que buscaría trazar los lineamentos principales para una teología
de la liberación ortodoxa.
El primero data de 1984 y se titula Libertatis nuntius, Instrucción
sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación.
El otro es la Instrucción sobre la libertad cristiana y liberación,
y es del 22 de marzo de 1986.
Se nos excusará de no comentar estos documentos dados por la
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, para no alargarnos
en este artículo.
Sólo diremos que añoramos la claridad meridiana de las
Encíclicas de antaño.
En verdad, uno se queda sorprendido al leer los documentos actuales
de la Santa Sede, porque supuestamente hoy en día se habla
para el pueblo, para los laicos comprometidos, y
nosotros, que hemos hecho algún estudio teológico, nos
quedamos perdidos en la bruma de un lenguaje abstruso.
La última intervención del Vaticano, de la cual tengamos
noticia, en el sentido de una condenación de esta pseudo-teología
tuvo lugar por el discurso del Papa Juan Pablo II en la reunión
de los Episcopados latinoamericanos en Santo Domingo, con ocasión
del glorioso V centenario de la Evangelización de América.
Queremos aclarar que no participamos de todas las afirmaciones contenidas
en los documentos supra citados menos aún de sus ambigüedades.
Pero sí encontramos en ellos, de una manera más o menos
explícita, condenada la penetración marxista en el seno
de la Iglesia a través de la Teología de la Liberación.
Remedios
1º)
Restauración de la Iglesia. La teología de la Liberación
es un problema de índole sobrenatural, no político.
Por un lado, las autoridades romanas deben tomar medidas serias, efectivas,
definitivas, para acabar con este veneno que destruye la Iglesia de
Hispanoamérica. No sirve de nada dar un documento condenatorio,
si se deja actuar libremente a los sacerdotes que propagan ideas marxistas
y, los que es más grave aún, se deja en sus puestos
a obispos que sostienen tales ideas.
Por otro lado, se debe impartir una buena enseñanza en los
seminarios, para que el futuro sacerdote tenga una visión sobrenatural
de las cosas.
Además, cada cristiano tiene aquí su parte:
* el sacerdote debe ser el hombre de Fe, por lo tanto, debe
confiar en la Divina Providencia cuando contempla situaciones de injusticia,
cuando ve la miseria en la que viven ciertas personas. De otro modo,
ciertamente tratará de solucionar las cosas a su manera y por
medios que no son cristianos. Muchos santos, antes que se conociera
el marxismo, han trabajado en favor de los menesterosos.
* los pobres deben cultivar la Esperanza; saber aceptar su
condición, no rebelarse contra Dios ni vivir embebidos de odio
y rencor hacia los que tienen más que ellos. Ser pobre no implica
ser salvo; si el pobre lleva resignadamente su condición (como
un enfermo u otro desventurado), entonces sí podrá obtener
de esa condición grandes méritos. Será una vía
segura para imitar a Aquel que no tenía donde reclinar
su cabeza.
* todo cristiano debe practicar la Caridad. La Sagrada Escritura
nos invita frecuentemente a no cerrar nuestro corazón frente
a la necesidad de los que nos rodean. En el Antiguo Testamento se
habla de los pecados que claman al cielo, y entre ellos la
opresión del pobre y la defraudación del jornal al trabajador.
Nuestro Señor nos narra la parábola del rico Epulón
y el pobre Lázaro, nos aconseja que nos hagamos tesoros en
el cielo con la inicua riqueza y nos advierte que seremos juzgados
por nuestras obras de misericordia (tuve hambre y me disteis de
comer...). El apóstol Santiago recuerda severamente a
los ricos sus deberes, y San Juan nos dirige estas tajantes palabras:
“Quien tiene bienes de este mundo y ve a su hermano padecer
necesidad y le cierra sus entrañas, ¿de qué manera
permanece el amor de Dios en él? Hijitos, no amemos de palabra
y con la lengua, sino de obra y en verdad”.
Hay que remitirse siempre a las grandes Encíclicas que forjaron
la Doctrina Social de la Iglesia, como por ejemplo Rerum Novarum,
de León XIII y Divini Redemptoris, de Pío XI,
donde se condena el comunismo. Es de notar que en los documentos actuales
del Vaticano, rara vez encontramos referencias al Magisterio anterior
al Concilio Vaticano II.
2º)
La acción armada. La Teología de la Liberación
no es sólo una ideología, sino también y sobre
todo una praxis, y por cierto no una acción pacífica.
Por lo tanto, compete a las fuerzas armadas de seguridad de nuestros
países defender de las agresiones de que es víctima
el pueblo, por el cual supuestamente luchan los libertadores.
3º)
Finalmente y para terminar, nosotros vemos en la Teología
de la Liberación el cumplimiento de la profecía
de Nuestra Señora de Fátima: “Rusia esparcirá
sus errores”. Por ello, el golpe definitivo será
dado cuando tenga lugar la consagración del mundo y de Rusia
al Corazón Inmaculado de María con todas las condiciones
puestas por Nuestra Señora.
Roguemos insistentemente para que llegue ese día en que una
vez más la Virgen poderosa como un ejército en orden
de batalla, la vencedora de todas las herejías,
aplastará la cabeza de la serpiente infernal.
Finalmente mi Corazón Inmaculado triunfará.