La secta de los Testigos de Jehová fue fundada por Charles
T. Russell, en los años 80 del siglo pasado. Así como él,
también sus sucesores dirigían la Congregación
de los Testigos con un poder absoluto y dejaron el sello de su
personalidad y su interpretación de la Biblia. Es por eso,
que conforme a la cantidad de sus presidentes, en la evolución
de la Congregación se pueden enumerar cuatro períodos:
período de Charles Russell,
fundador de la secta (1872-1916).
período del "juez" Joseph Rutherford (1917-1942).
período de Nathan Khorr (1942-1977).
período de Frederick Franz (1977-1992).
No obstante como los testigos afirman que el mismo Dios se manifiesta
como autor de su doctrina, entonces es importante comparar la diversidad
de su enseñanza en estos cuatro períodos. Ante esto
se descubre el hecho sorprendente de que cada presidente de la
Congregación entendía la Biblia precisamente a su
manera y con frecuencia en contrariedad con los anteriores presidentes
de la Congregación. Este hecho, habla de que la afirmación
de los testigos de Jehová, de que Dios es el autor de su
doctrina, es absurda, puesto que Dios no puede contradecirse a
sí mismo. En otras palabras, la Congregación no es
guiada por Dios, sino por hombres equivocados.
El fundador de la Congregación Charles Russell, siendo
educado entre los presbiterianos, aun joven renegó de esta
doctrina y se adhirió a los congregacionalistas, también
no por mucho tiempo. Más tarde se familiarizó con
la prédica de los adventistas del séptimo día.
Aquí entró en él la fe en el divino contenido
de las Sagradas Escrituras, y Russell comenzó a predicar
su doctrina. Asimismo, también le llegó la hora de
separarse de los adventistas, en el terreno de la discordancia,
en lo que concierne a la forma de la Segunda Venida. Russell rompió con
ellos "en la firme convicción de que antes de él
nadie había sido capaz de entender correctamente la Escritura,
y que Dios lo llamó para explicarle a los hombres su pensamiento
verdadero."
En 1879 Russell fundó la revista "Atalaya de Sión" ...
y en 1881, la Sociedad del Atalaya el inmediato antecesor de los
testigos de Jehová. En este tiempo él comenzó la
publicación de sus siete tomos: "Estudios de las Escrituras," los
cuales colocaba más alto que las mismas Escrituras. Russell
aseveraba que este estudio vino de Dios mediante la iluminación
del Espíritu Santo, y este estudio es absolutamente indispensable
para el creyente, para llegar al correcto entendimiento de la Escritura
(Séptimo tomo Studies in Scriptures, 1918). Él advertía
a sus seguidores, que si alguno de ellos deja de leer su Estudio,
e inmediatamente comienza a estudiar la Biblia, pronto se sumergirá en
la oscuridad. Y al contrario, si un hombre nunca leyó la
Biblia y solo leyó su Estudio, entonces permanecerá en
una constante luz. En otras palabras, Russell enseñaba que
es indispensable el nuevo divinamente inspirado intérprete
de las Escrituras para su correcto entendimiento y que él
- Russell, es ese maestro elegido por Dios. Sin embargo, la doctrina
contemporánea de la Congregación Atalaya claramente
contradice muchos de los dogmas principales "de la divina
interpretación " de Russell. Ahora se declara inspirada
intérprete de la Biblia no Russell, sino la misma Congregación,
y ella pretende en esa autoridad, la que tenía Russell,
que precisamente su entendimiento de la Biblia es el correcto,
y que el aprendizaje de la Biblia por sí mismo, lleva a
la oscuridad y a la herejía. Es así, como su revista
oficial "Atalaya" condena a aquellos, "que dicen
que es suficiente el estudio de la Biblia por sí mismo,
en la casa o en pequeños grupos hogareños"..."Mediante
este estudio de la Biblia ellos nuevamente cayeron en doctrinas
apóstatas del clero cristiano" (The Watchtower, abril
15, 1981).
Es interesante, que la misma Congregación Atalaya reconoce,
que si el hombre va a estudiar la Biblia solo, entonces invariablemente
llegará a la enseñanza cristiana tradicional. Sin
embargo, la obra de Russell, la cual él declaró completamente
indispensable para el correcto entendimiento de las Sagradas Escrituras,
en la actualidad es ignorada por la Congregación.
Aunque los seguidores de Russell aumentaban, su
propia vida corría
por una pendiente. En 1912 Russell presentó juicio a un
pastor bautista, acusándolo de calumnia. Igualmente ante
la revisión de las pruebas, él mismo fue hallado
mintiendo, porque no pudo citar una sola palabra del texto original
del Nuevo Testamento, aunque bajo juramento manifestó conocer
el idioma griego.
Además de esto, en el juicio se aclaró que aunque
Russell pretendía el título de pastor, nadie lo había
ordenado y por eso él es un impostor. Luego de un año
continuaron las incomodidades, cuando su esposa ganó contra él
el proceso de divorcio, hallándose causa contra él: "egoísmo
estúpido, tendencia al tiranismo y conductas inmorales con
mujeres extrañas." No mucho después se conocieron
sus maquinaciones deshonestas con el trigo "milagroso," lo
que le trajo a Russell un gran beneficio monetario.
Esta es la imagen moral del fundador de la secta
de los testigos. Russell quien escribió siete tomos de la interpretación
de la Biblia, no conocía ni un idioma bíblico, no
estudió en ninguna escuela eclesiástica, no estaba
familiarizado con la filosofía y terminó solo siete
años de la escuela primaria. Por ello, su ignorancia la
compensaba con su aplomo desmesurado.
Russell murió en 1916. Lo sucedió en calidad de
líder un nuevo movimiento de un conocido jurista y "juez" Joseph
F. Rutherford, que había sido bautista y desde 1906 miembro
de la Congregación del Atalaya. Durante la presidencia de
Rutherford, la organización se volvió aun más
autoritaria. Él impuso el comienzo de la "época
de cambios," ignorando que cambiaba el aspecto y directamente
rechazaba muchas aseveraciones de Russell. Rutherford justificaba
sus cambios "con revelaciones progresivas," las que lo
empujaban a verter una "nueva luz" sobre las ideas de
su antecesor (Edmond Gruss, Apostles of Denial...Grand Rapids,
MI 1972). Por esta razón, muchos seguidores de Russell desde
el principio, entendiendo que Rutherford se separó de su
antecesor, abandonaron la Congregación. Ellos creían
que Russell estaba iluminado desde arriba, y que por ello cambiar
su enseñanza es equivalente al rechazo de Dios. Sin embargo,
la mayoría de los miembros de la Congregación, sin
contradecir, se sujetaron a la doctrina cambiada.
Para diferenciarse de la reputación de su fundador, los
miembros de la Congregación, en 1931, comenzaron a denominarse
Testigos de Jehová.
El centro de la actividad de los Testigos de Jehová pasó desde
el estudio de las Escrituras, a la afiliación masiva de
nuevos miembros.
La revista el "Atalaya" comenzó a repartirse
por las calles gratuitamente. El tono de su prédica se tornó más
agresivo: Rutherford agresivamente llevaba todas las formas de
la religión organizada y despertaba en sus seguidores una
abierta enemistad hacia todas las iglesias cristianas.
En el transcurso del tercer período, bajo la dirección
de Nathan H. Khorr (1942-1977), la cantidad de miembros de la Congregación
rápidamente aumentó. Khorr organizó la escuela
del Atalaya. Él propagó el trabajo misionero en grandes
proporciones, abriendo sucursales por todo el mundo. La mayor atención
estaba dirigida a la preparación de predicadores con entendimiento
específico de la Biblia, asimismo significativamente se
propagó la actividad editorial.
En el período de la conducción de Khorr, en el año
1950, fue hecha la nueva traducción de la Biblia al idioma
inglés, conocida por el nombre "Traducción del
Nuevo Mundo." Los nombres de los traductores se conservan
en estricta reserva. El texto en esta traducción fue cambiado
en su esencia, en muchos lugares, convenientes para la doctrina
de los testigos. Sin embargo, todos los bibliógrafos más
importantes y los conocedores de los idiomas antiguos, no están
de acuerdo con esta traducción de las Escrituras, llamándolas
inexactas y tendenciosas.
La conducción del presidente Frederick W. Franz (1977-1992),
puede caracterizarse como la "era de crisis," porque
miles de seguidores de la Congregación, conociendo mas de
cerca la historia y los métodos de la Sociedad, se convencieron
de que ella no es una organización divina y la abandonaron.
Hasta el sobrino del presidente Franz, Raymond,
se decepcionó de
la Congregación Atalaya. En su libro "Crisis of Concience," demuestra
con fundamentos, porque la Congregación Atalaya no puede
pretender a la revelación divina. Siendo uno de los principales
líderes de la Congregación, Raymond pone en evidencia
muchas maquinaciones secretas de la conducción de esta secta.
Él pinta el cuadro de un grupo de hombres autoritarios,
a los que no importan los medios que se usen, para mantener el
poder en sus manos, y asumir en sí mismos la imagen de profetas
iluminados del cielo. Su aseveración de que esta Congregación
no es de Dios, Raymond la fundamenta con los siguientes hechos:
Alteración de textos bíblicos.
Amontonamiento de falsas profecías.
Cambios bruscos en la enseñanza doctrinaria
de la secta.
Mentiras y apañamiento de vicios.
Destrucción de los lazos familiares.
Aquí también él remarca asimismo, que muchos
de los dirigentes de la secta, no entendían bien la Biblia.
Todo el hincapié no se hace por fidelidad a Dios, sino por
fidelidad a la Congregación. La Congregación practica
métodos de amenazas, contra aquellos que se atrevan a cuestionar
su autoridad.
Pero lamentablemente, aun mucha gente ingenua
cae con la carnada de los agresivos testigos, los cuales prometen
dar las respuestas a todas las cuestiones religiosas, prometen
solución a los
problemas personales y enaltecen sus propias cualidades morales.
Características de la secta
Desde el año 1909, el cuartel general de los Testigos de
Jehová, se encuentra en New York, Bruklin. Los grupos locales
(en la cantidad de mas de 20 mil), llaman a sus centros "Palacios
del Reino." El entendimiento del sacerdocio para ellos esta
ausente, cada miembro activo del culto es llamado "servidor." Aquellos
que se entregan por completo al trabajo de la organización,
son llamados editores dirigentes.
Los Testigos de Jehová firmemente captan para sí seguidores:
golpean en las casas y departamentos, reparten literatura, se paran
en las calles mas transitadas. Aparte de eso, los distingue un
grupo de interesantes particularidades: ellos no aceptan la transfusión
de sangre (considerando esto otra variedad de canibalismo), no
festejan las fiestas religiosas y/o civiles, sea Navidad, el Día
de Gracias o los cumpleaños. Desaprueban dar honores a la
bandera nacional y el servicio militar, reconociendo solo como
lícita su organización.
Provocó muchas críticas la traducción de
las Escrituras de los testigos, con la cual ellos quieren falsificar
el texto bíblico original. Esta traducción no es
reconocida como válida por contener muchas desviaciones.
Además, en la base de esta traducción incorrecta,
los testigos hacen muchas predicciones falsas, que aceptan como
profecías divinas. Así por ejemplo, la profecía
sobre el fin del mundo la trasladaron muchas veces hacia tiempos
posteriores: desde 1877 a octubre 1914, luego a 1925, después
seguidamente a 1930, 1931, 1933...Solo en el período desde
1940 al año 1943 cambiaron 44 veces la fecha del fin del
mundo! Después de repetidos fiascos con respecto a las predicciones,
no se inmutaron y continúan fijando nuevas fechas. Estos
y otros razonamientos de los testigos, considerados por ellos como
profecías divinas, manifiestan cuan falsa es su pretensión
a la directa revelación Divina y toda su doctrina.
Sin embargo, todos estos fiascos no debilitan la agresividad de
la secta de los testigos.
En su desfiguración del cristianismo, los testigos llegaron
a una aseveración absurda, que su propia, (permitiéndonos
decir) "Biblia" semanalmente se completa en 32 páginas
con cada nuevo número de su revista "Atalaya." Tal
menosprecio hacia el texto sagrado es característico para
algunos cultos contemporáneos. Por ejemplo, la secta de
los Mormones, coloca su libro de Mormona al mismo nivel de las
Sagradas Escrituras.
Equivocación de los testigos de
Jehová
Los testigos desfiguran el cristianismo tan profunda y esencialmente,
que su enseñanza no puede llamarse cristiana. Ellos rechazan
el misterio de la Santísima Trinidad, la Divinidad de Jesucristo,
y del Espíritu Santo. Su enseñanza sobre la resurrección
de Cristo, el alma, la vida después de la muerte, la Segunda
Venida y la vida eterna, tienen completamente otro contenido anticristiano,
inventado por ellos. Habría sido mucho más honorable
de su parte no remitirse a la Biblia, sino predicar su doctrina
como una nueva religión, lo cual es prácticamente
así. Pero ellos de mala fe, utilizan la autoridad de la
Biblia, el nombre de Cristo y la terminología cristiana
para atrapar rápidamente en sus redes a la gente ingenua,
quien quizás conoce poco del cristianismo, pero en principio
lo respeta.
Divinidad de Cristo, enseñanza sobre
la Santísima Trinidad.
Nosotros los cristianos creemos que Dios, siendo único
en esencia, se manifiesta trino en Hipóstasis, que el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo - es un Dios Tri - Personal.
En otras palabras, así como el Padre es verdadero, eterno
y todopoderoso Dios, lo son Su Hijo y Su Espíritu Santo.
Y al mismo tiempo no tres, sino un Dios - Trinidad consubstancial
e indivisible. Esta fe la recibimos de los apóstoles.
Los Testigos de Jehová rechazan esta doctrina, y la llaman "satanista" y "razonamientos
paganos." Ellos se burlan de la enseñanza cristiana
y dicen que nosotros creemos en "tres dioses" o en "un
monstruo de tres cabezas."
Rechazando la Trinidad, los testigos rechazan también la
naturaleza divina del Señor Jesucristo, considerándolo
creado, a semejanza de los ángeles, identificándolo
con el Arcángel Miguel, sin ningún fundamento. Con
esto repiten la antigua equivocación de los Arrianos, cuya
doctrina fue minuciosamente revisada y refutada por la Iglesia,
en el Primer Concilio Ecuménico en el año 325 en
la ciudad de Nicea.
Ellos aseveran, que al encarnarse, Jesús se despojó de
su existencia espiritual, y se convirtió en un hombre común.
Cuando Jesús se bautizó en el Jordán, Dios
- Jehová lo hizo Cristo - profeta, sumo pontífice
y ungido. Cumpliendo la misión encomendada, Jesús
perece, clavado al madero (la forma tradicional de la cruz, la
excluyen como abominable símbolo pagano).
Por esta hazaña espiritual, Dios condecora a Jesús
con la inmortalidad. Él resucita a Jesús, habiendo
seccionado su cuerpo en elementos componentes, y rehaciéndolo
como "espíritu glorioso," para que aquel pudiera
encabezar la organización mundial de los Testigos de Jehová.
Esta herejía se fundamenta en la cita de su traducción
errónea del primer versículo del Evangelio de San
Juan: "En el principio era la Palabra, y la Palabra era con
Dios, y la Palabra era uno de los dioses" (es decir, creación).
Es correcto leer aquí: "Y la Palabra era Dios."
Resurrección de Cristo y la vida
luego de la muerte.
Los sectantes - atalayas no aceptan la enseñanza cristiana
sobre la resurrección física de Jesucristo, al tercer
día, luego de la crucifixión. Ellos enseñan
a tres "Jesuses": hasta la encarnación era el
arcángel Miguel, creado por Dios. Durante la encarnación
Cristo se hizo hombre común, quien luego sufrió y
murió y de esta manera cesó su existencia. Durante
la resurrección del sepulcro, Jesús apareció como
una nueva esencia, a la que otorgaron divinidad, pero no Dios según
su naturaleza.
Esta atroz desfiguración del verdadero fundamento cristiano,
armoniza completamente con su rechazo general de la inmortalidad
del alma y de la vida luego de la muerte. Russell imitó de
los adventistas la idea de que con la muerte del cuerpo concluye
toda vida. Durante la Segunda Venida de Cristo, los rectos serán
recreados nuevamente, según las cualidades, con las que
Dios los escribió en su memoria. Esto es semejante, por
ejemplo, a una nueva silla recién construida según
los planos conservados del viejo modelo. Para nosotros es evidente,
que esta "resurrección" jehovista no tiene nada
que ver con la doctrina cristiana.
La fe cristiana enseña, que saliendo del cuerpo en el momento
de la muerte, el alma continua pensando, sintiendo y deseando como
antes. La personalidad del hombre, la memoria, el conocimiento
del "yo," se conservan enteramente en el alma del hombre.
La muerte es el género de sueño para el cuerpo. Durante
la resurrección de los muertos el alma de cada hombre se
juntará con su cuerpo anterior, pero renovado, y así el
hombre se presentará inmortal e incorruptible, como debió haber
sido según los planos principales de Dios.
Segunda Venida y reino milenario.
El tema de la Segunda Venida de Cristo y del reino milenario en
la tierra, se manifiesta como lo principal en la enseñanza
jehovista. He aquí que todo el interés de Russell
hacia la religión propiamente comenzaba con las pruebas
de computar la fecha de la llegada de Cristo. Según cálculos
matemáticos no muy claros, él dedujo, que Cristo
vendría en el año 1874. Cuando esto no sucedió,
Russell comenzó a enseñar, que Cristo igualmente
vino, pero invisiblemente (!) y ahora se encuentra en el aire,
donde fue recibido por un pequeño rebaño de testigos
fieles. Según sus cálculos, en 1914 llegó a
su final el período pagano, y en el aire Satanás
comenzó su feroz guerra contra Cristo y sus santos. Russell
llamó a este año batalla de Armagedón, luego
de la cual Cristo debía descender a la tierra. Cuando esto
no sucedió, los testigos empezaron a mover la fecha de la
llegada visual al año 1916, 1918, 1924, 1928 y así sucesivamente.
Finalmente, el "juez" Rutherford llegó a una genial
explicación, que la batalla de Armagedón esta suspendida
hasta que los Testigos de Jehová terminen su prédica
universal y prevengan a todas las naciones de la tierra del peligro
inminente.
Corrigiendo a Russell, Rutherford enseñaba que el diablo
estaba tan ofendido con el entronamiento de Cristo, que comenzó la
Primera Guerra Mundial, la que terminó solamente cuando
se produjo la "purificación del templo de Jehová" en
1918 (sobre que significa exactamente esto, las opiniones se dividen).
Entonces cuando fueran re - hechos los muertos de la elite ungida,
ellos se unirán con el Señor en el cielo. Desde entonces
Cristo sigue juzgando a las naciones, separando a las "ovejas" de
los "cabritos," este proceso se realizará con
una guerra entre Cristo y el diablo en Armagedón (Ap. 16:16),
la terrible y última batalla será de una aniquilación
total. Junto con el diablo serán combatidas todas las organizaciones
religiosas del mundo, que estén contra Dios; cristianas
y otras, simbolizadas como la ramera de Babilonia (Ap. 17).
Esta última batalla ya - ya esta por comenzar, es por eso
que hay que "iluminar" rápido como sea posible
a la mayor cantidad de personas: porque todos aquellos que estén
con el diablo contra los Testigos de Jehová, serán
aniquilados.
Su enseñanza sobre la batalla de Armagedón y el
reino milenario, los testigos la fundamentan en su versión
de la interpretación del libro Apocalipsis (Revelación),
especialmente en su capítulo 20. Es sabido, que el libro
del Apocalipsis es profundamente misterioso. Esta lleno de imágenes
simbólicas y alegorías, en las cuales a través
de imágenes visibles, nombres y cantidades se esconden profundos
misterios divinos. Por eso, no es correcto arrancar de su contexto
lugares separados e interpretarlos literalmente.
Bajo la imagen de reino milenario de los santos, la Iglesia Ortodoxa
enseña a entender, no un reino futuro, sino todo el período
de existencia de la Iglesia, comenzando desde la resurrección
de Cristo y terminando con el fin del mundo. Mil años, no
es una cantidad exacta, sino un largo período. Todos nosotros
vivimos y participamos en los sucesos del ya corriente período "milenario." Así entiende
la Iglesia Ortodoxa el capítulo 20 del Apocalipsis.
Todas las equivocaciones de los testigos, relacionadas con la
Segunda Venida y lo que sucederá luego de ella, directamente
fluyen de su incredulidad en la inmortalidad del alma. Según
Russell y sus seguidores, el hombre no tiene alma independiente,
así como su cuerpo es su alma, también su alma es
el cuerpo. Cuando el hombre muere deja de existir. No existe ninguna
alma inmortal. El hombre murió y no existe. Russell aseguraba,
que las palabras de Cristo relacionadas con el ladrón en
la cruz: "De cierto te digo: que hoy estarás conmigo
en el paraíso," corresponde traducir de otra manera,
es a saber: "Hoy te digo, que estarás conmigo en el
paraíso." Es sorprendente la insolencia de parte del
hombre, quien no-solo no entendía el original del idioma
griego, en el cual fue escrito el Evangelio, sino que ni siquiera
conocía el alfabeto griego!
Según Russell, en el reino milenario los resucitados, o
mejor dicho las personas re - creadas tendrán una segunda "oportunidad" en
cuanto a las condiciones del Nuevo Testamento. De esta manera,
la presente vida no es la única. La Biblia, por supuesto,
no explica nada semejante. Al contrario, ella dice que: "...esta
establecido a los hombres que mueran una vez, y después
el juicio" (Hebreos 9:27). Los testigos insisten en que durante
el reinado milenario se podrá volver a vivir la vida y corregir
los errores anteriores. Todo dependerá de cómo se
comporte el hombre en las nuevas y más favorables condiciones.
Según Russell, luego del juicio los hombres serán
divididos en tres clases:
1° Clase: compuesta de los 144 mil testigos elegidos, será llevada
al cielo y allí incorporeamente reinarán con Cristo
- Miguel, y regirán la vida de la gente que quede en la
tierra. Ahora viene la pregunta: Si según su enseñanza,
la cantidad de 144 mil ya había sido reunida en el año
1935, entonces adonde irán a parar el resto de los testigos,
que se sumaron a la Congregación luego de 1935? Para qué seguir
predicando y esforzándose, cuando de todas maneras no entrarán
en la cantidad de los privilegiados?
2° Clase: los "resucitados" estará compuesta
del resto de jehovistas salvados. Ellos quedarán en sus
cuerpos en la tierra, y no podrán heredar el reino celestial.
Ellos disfrutarán de una completa tranquilidad y bienestar,
no sufrirán guerras o enfermedades. No habrá muerte.
Podrán casarse, multiplicarse y poblar la tierra. Pero qué será de
la tierra, luego de un continuo crecimiento poblacional, cuando
nadie morirá, esto queda a imaginación del lector.
3° Clase, los indignos de vivir en la tierra serán
exterminados junto con Satanás y sus espíritus.
Según la enseñanza de los testigos, los muertos
solo cesan de existir. Los lugares de la Biblia que hablan del
infierno y de la gehena de fuego, los interpretan como alegóricos,
y la enseñanza cristiana sobre esto la denominan mito pagano.
En general, toda la doctrina de los testigos sobre la salvación
es arbitraria y llena de contradicciones.
Ellos enseñan que Cristo "no trajo una completa redención
por los pecados, sino que solo le dio al hombre la posibilidad
de merecer la salvación ahora y luego en el reino milenario."
No existe nada semejante en la Biblia. La Escritura enseña
que todos los hombres son llamados hacia la salvación a
través de la fe en Jesucristo. La Biblia no hace ningunas "castas" de
salvados. Por lo cual, la salvación no se limita con ninguna
determinación temporal (1000 años). La salvación
comienza desde el momento en que el hombre vuelve a Cristo, y se
prolonga hacia toda la eternidad. "De cierto, de cierto os
digo: el que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene
vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de
muerte a vida" (S. Juan 5:24).
La notoria inconsecuencia se observa en otros puntos de la doctrina
de fe de esta secta. "Los Atalayas," autoritariamente
cambiaron en relación hacia la vacunación, y ahora
permiten hacer inoculaciones. La dirección de "Atalaya" propagó el
entendimiento de la infalibilidad en las cuestiones de la creencia,
desde el primer presidente de la secta, hacia todo el actual aparato
guiador.
En un tiempo los jehovistas oficialmente afirmaban, que los esfuerzos
del primer presidente no tienen ahora sentido práctico,
pero luego nuevamente volvieron con él, abrazándolo
como "profético." El trato oficial de la imagen
del ángel, en el capítulo 9 del Apocalipsis, como
Satanás, mas tarde fue interpretado como imagen de Jesucristo.
En la etapa primaria los jehovistas no tenían nada en contra
de la transfusión de sangre para los enfermos, ahora son
irreconciliables con respecto a esto. Al principio los testigos
reconocían la veneración de Jesucristo, ahora rechazan
esto. Al principio la resurrección de los muertos se preveía
para todos los hombres, ahora solo para unos pocos. Antes Israel
se tomaba ene el sentido literal de la palabra, como nación
separada, y ahora se interpreta por los jehovistas como una congregación
espiritual independiente de la nación.
El entendimiento de Armagedón, la fecha de la Segunda Venida,
la fecha del reinado milenario y las características de
este reinado fueron cambiadas por ellos varias veces. Estos y otros
cambios semejantes en la creencia, demuestran que la dirección
de la secta en los tiempos presentes, parece haberse enredado en
razonamientos propios, así que actualmente para el simple
sectante, es muy problemático entender que se enseña
ahora por verdad. Esta fue una de las muchas razones, por las cuales
cerca de un millón de jehovistas dejaron la secta, en los últimos
diez años. No obstante, que los testigos abiertamente están
en contra de las estructuras de los gobiernos establecidos, llamándolos
diabólicos, cuando les conviene, ellos mismos defienden
estos gobiernos.
Influencia del ocultismo.
Aun el Apóstol Pablo advertía a los cristianos,
que fueran precavidos con cualquier revelación nueva: "Mas
aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio
del que os hemos anunciado sea anatema" (Gálatas 1:8).
Familiarizándonos con mayor profundidad con la doctrina
de los testigos, encontramos en ella mucho en común con
lo que anuncian los espíritus actuales a través de
sus médiums.
Realmente, hasta el "juez" Rutherford aseguraba que
los ángeles ayudaron en la confección de su revista
periódica; diciendo que "Dios a través de sus ángeles
procura que Su gente reciba a tiempo la información necesaria" (J.
F. Rutherford, Prophecy WBTS, Watchtower Bible & Track Society,
1929, Riches 1936, pag. 316; Vindication, 1932, pag. 250). En otra
oportunidad él reconoció que el "espíritu
santo" dejó de ser su maestro, y en su lugar quedaron
los ángeles, quienes le inducían los pensamientos
necesarios. (The Watchtower, sep. 1930, pag. 263, febrero 1, 1935,
pag. 41).
El cuarto presidente de la Congregación F. Franz también
mencionaba a los ángeles, que conducían la Congregación
Atalaya. Él dijo: "Nosotros creemos que los ángeles
de Dios conducen a los Testigos de Jehová" (William
and Joan Cetnar, Questions for Jehovah's Witnesses, Kunkletown
PA 1983, 55). La revista Atalaya confirma que los ángeles
iluminan, consuelan y traen verdades frescas, y comunican las revelaciones "al
pueblo ungido de Dios." En otro sitio la revista afirma que "los
Testigos de Jehová hay, comunica la buena noticia del reino
bajo la dirección directa de los ángeles" (The
Watchtower, abril 1, 1972, pag. 200).
Los líderes jehovistas, ni siquiera se inmutan al utilizar
la terminología de la Nueva Era, cuando afirman que ellos
son los guías de Dios (canales de comunicación),
quienes activamente transmiten (canal) la revelación. En
otras palabras, abiertamente se reconocen como médiums.
(The Watchtower, diciembre 1981, pag. 27). En la página
200, afirman que toda la conducción espiritual la reciben
de ángeles invisibles, que el mismo nombre "Testigos
de Jehová" y su doctrina de la llagada invisible de
Cristo en 1914, les fueron transmitidas (canalizadas por los médiums)
por intermedio de ángeles invisibles (Atalaya, diciembre
15, 1987 pag. 7). Semejantes declaraciones se pueden hallar en
la revista Atalaya, marzo 1, 1972 pag. 155, abril 1, 1987 pag.
19.
Estas y otras declaraciones públicas de los líderes
de la Congregación, con respecto a las revelaciones "angelicales," nos
convencen de que se doctrina no es de Dios, como el apóstol
Pablo advertía: "Empero el Espíritu (Santo)
dice manifiestamente, que en los venideros tiempos algunos apostatarán
de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas
de demonios" (1 Timoteo 4:1).
Conclusión
El constante recorrido por las casas hecho por los predicadores
jehovistas, para captar nuevos miembros, asimismo la masiva propagación
de su literatura en muchos idiomas, contribuyó para que
de un pequeño grupo de hombres que estudiaban la Biblia,
la secta creciera en una organización de muchos millones,
con recursos materiales ilimitados. La conducción de la
secta se efectúa por un pequeño grupo de líderes
de la Congregación, quienes despótica e inapelablemente
definen la creencia y política de la misma.
Una rápida mirada a todas las enseñanzas equivocadas
de los Testigos de Jehová, muestra que están llenas
de contradicciones y estupideces que conducen a la perplejidad
de cómo es posible que aun existan y se multipliquen. En
el plano espiritual de todo su sistema esto es una quiebra. Podemos
resumir toda la enorme colección compuesta por Russell,
Rutherford y sus sucesores, y no hallar en ellas ni el mínimo
vestigio de las virtudes cristianas fundamentales, como la humildad,
el arrepentimiento y la misericordia. No existe ni una palabra
sobre el amor hacia Dios o a los prójimos, no se recuerda
sobre el desarrollo de la perseverancia para ahogar las pasiones,
sobre llevar la cruz, sobre el camino angosto hacia el Reino de
los Cielos. Aquí esta todo el hincapié: "Lee,
cree y vende los libros de Russell - Rutherford, habla de Dios
como de Jehová y de todas las iglesias y gobiernos como
del anticristo. Actúa así y te salvarás!."
La enseñanza de los testigos de que "Dios nunca condena,
ni en esta ni en la otra vida," abre el camino hacia la disolución
y el pecado. Como vivas ahora resulta irrelevante para la vida
eterna. Todos tendrán una segunda oportunidad. Pero si tú te
mostraras también indigno de la condecoración, entonces
simplemente dejarás de existir. Pasarás a la inexistencia
sin sufrir dolor.
Los testigos manipulan arbitrariamente los textos sagrados, ignoran
totalmente los hechos históricos y los más elementales
reglamentos de la exegética, de la literatura sobre lógica
y consecuencia. Ellos rechazan las principales verdades cristianas
- la doctrina de la Santísima Trinidad, la divinidad de
Jesucristo, la inmortalidad del alma y otras verdades - sobre la
resurrección, el Temible Juicio y la vida eterna - lo desfiguran
hasta lo irreconocible.
Los Testigos de Jehová se preparan con urgencia para el
encuentro de Armagedón, luego del cual esperan entrar en
el reino milenario terrenal. La medida de su fervor se debe a aquella
energía, con la que ellos pasando cuadra tras cuadra, expanden
su enseñanza. Anualmente reparten en forma gratuita 150
millones de ejemplares de libros y publicaciones en 106 idiomas.
Esta organización pretende bombardear al mundo, utilizando
sus enormes recursos y nuevos métodos de propaganda.
Su obstinada prédica sobre el acercamiento del feliz reino
milenario propaga la idea de que es indispensable finalmente para
todas las naciones reunirse en un único gobierno mundial.
Solo él podrá vencer por completo los ancestrales
problemas de la humanidad, como la guerra, las violaciones, la
desigualdad social, la pobreza, el hambre y otros. De las Escrituras
sabemos que realmente, antes de la Segunda Venida de Cristo se
levantará un gobierno semejante - "Babilonia," que
será guiado por la "bestia" - el feroz enemigo
de Cristo y la Iglesia. Él entonces ofrecerá al mundo
su religión universal, compuesta de diferentes doctrinas,
entre las cuales estará también la cristiana. En
el nuevo panteón de los profetas venerados y divinidades
será colocado también un pedestal para Cristo, como
uno de los grandes maestros y profetas. Rechazando su divinidad
y desfigurando Su doctrina, los testigos de Jehová preparan
al mundo para la "era pos - cristiana."
La guerra espiritual, que llevan los Testigos de Jehová contra
la Iglesia y el cristianismo, no es acaso aquel Armagedón
espiritual, que se anuncia en el Apocalipsis?
Y así nadie que respete por lo menos un poco la autoridad
de las Sagradas Escrituras y la doctrina cristiana, puede obrar
de otra manera, que no sea rechazando la vituperación de
la enseñanza de los falsos Testigos de Jehová!
Jesucristo:
¿Dios u Hombre?
La fe en la divinidad de Jesucristo se manifiesta como el fundamento
de todas nuestras convicciones religiosas.
Ella vuelca en nosotros fuerzas espirituales, inspira para hacer
lo bueno, dirige nuestros esfuerzos y esperanzas. Sin ella el cristianismo
pierde su sentido, su fuerza espiritual y se transforma en una
colección de mitos antiguos y promesas imposibles.
Pero ante toda su excepcional importancia, la verdad de la Divinidad
de Cristo, no-se auto evidencia. Algunos sitios en los Evangelios
pareciera que contradicen esto. Es por eso, que la gente que impugna
la Divinidad de Cristo, no encuentra obstáculos en buscar
estos textos bíblicos, los que pareciera confirman sus ideas
de que Jesucristo fue solo un hombre o puede ser un ángel
encarnado, y por eso no puede ser llamado Dios en el sentido propio
de esta palabra. Ante esto los adversarios de la fe en la divinidad
de Cristo se basan en que el mismo Jesús nunca se llamó a
sí mismo Dios y de esto sacan una conclusión errónea,
que este título le fue concedido mas tarde.
Las ideas contrarias con relación a la naturaleza de Cristo,
comenzaron a verterse desde los primeros días del cristianismo.
Especialmente fuertes discusiones y agitaciones ofreció en
el 4to. siglo la herejía arriana, la que enseñaba
que Jesucristo solo era Hijo de Dios por título pero por
naturaleza - un ángel, creado por Dios.
La herejía arriana fue minuciosamente revisada en el Primer
Concilio Ecuménico, establecido en la ciudad de Nicea en
el año 325. Los Padres del Concilio rechazaron la herejía
arriana y compusieron el Símbolo de la fe, que se utiliza
hasta hoy en la Iglesia, en el cual puntualmente expusieron la
correcta enseñanza sobre Jesucristo.
En nuestros tiempos, la secta de los Testigos de Jehová sacó del
polvo escondido la herejía arriana y en su variante enseña
como si Jesucristo fuera el arcángel Miguel encarnado. La
peligrosidad de la secta de los Testigos de Jehová se resume
en que poseyendo recursos materiales ilimitados, ella inunda al
mundo con su literatura y con sus predicadores.
Aunque las Escrituras Sagradas mencionan a Jesucristo Hijo de
Dios, las personas que impugnan su naturaleza divina se basan en
que la Sagrada Escritura denomina hijos de Dios a otras personas,
por ejemplo, a los ángeles y a los hombres. Para evaluar
esta cuestión hay que tener en cuenta lo siguiente. Al hablar
de los hombres o de los ángeles, las Sagradas Escrituras
nunca utilizan el singular y nunca llaman a determinado hombre
u ángel 'hijo de Dios', sino que siempre utiliza la forma
plural de manea colectiva: hijos de Dios. Al lector siempre le
resulta axiomático, que aquí se habla de los 'hijos
de Dios' no por naturaleza sino aceptados misericordiosamente por
el Señor, ellos son niños no por naturaleza, sino
prohijados. (Aquí el entendimiento literal de 'hijos' lleva
a la absurda conclusión de que algunos hombres, por ejemplo,
los enemigos de Dios, a quienes la Escritura denomina "hijos
del diablo," tienen otra procedencia, distinta a la de los
fieles).
Solamente con respecto a Jesucristo las Sagradas Escrituras cambian
hacia el singular, llamándolo Hijo de Dios y además
solo con respecto a Él se agregan estas palabras puntuales
como Unigénito, Amado, Hijo del Dios Vivo, Hijo de verdad
o Verdadero. (Romanos 8:22). Esto remarca que a diferencia de nosotros
Jesucristo es el Hijo de Dios por naturaleza. Él es Hijo
en el sentido real de esta palabra. Por eso los mormones cometen
un error imperdonable cuando dicen que Jesucristo tenía
otros dioses - hermanos, como por ejemplo, Lucifer (Satanás)
y distintos espíritus. Las Sagradas Escrituras severamente
distinguen al Hijo de los hijos: El Primero es nacido, los siguientes
creados.
Al principio de la prédica de Jesucristo, Dios Padre dio
testimonio sobre Su Hijo, diciendo: "Este es mi Hijo amado,
en el cual tengo contentamiento" (S. Mateo 3:4). Mas tarde
en el monte Tabor Dios Padre repitió estas palabras agregando: "A él
escuchen" (S. Mateo 17:5). Esto determina que los hombres
debemos recibir todo lo dicho por el Señor Jesucristo como
la completa e invariable verdad.
Pero que se puede por ejemplo decir a los que rechazan la divinidad
de Jesucristo, cuando el mismo Jesucristo dijo: "Mi Padre
es mayor que yo... sobre aquel día y hora (fin del mundo)
nadie sabe, ni los ángeles de Dios, ni el Hijo, solo el
Padre... el Hijo nada puede hacer, si no ve al Padre haciendo...
Mi alma esta triste hasta la muerte...No sea mi voluntad, sino
la tuya...," y frases semejantes, en las que Él se
colocó en una segunda y servidora posición en relación
con el Padre? (S. Juan 14:28, S. Marcos 13:32, S. Lucas 22:42,
S. Mateo 24:39).
Además de eso si Jesucristo realmente se hubiera creído
Dios, entonces porque no lo manifestó abiertamente? Con
esto habría disipado cualquier duda con relación
a su naturaleza.
Para entender porque Jesucristo no manifestó públicamente
acerca de su divinidad, tratemos de ubicarnos mentalmente en aquella época
y circunstancias, en las que Él predicó.
Pensemos como habrían reaccionado las personas ante las
palabras de un hombre que caminaba por la ciudad diciendo: "Yo
soy Dios." Seguramente la muchedumbre se habría burlado
de Él como si fuera un loco, y los dirigentes de la fe judía
se habrían apurado para decir que era un vituperador, y
lo habrían condenado. Solo los paganos que reconocen muchos
dioses, hubieran podido aceptar semejantes manifestaciones con
mayor seriedad que los judíos, entendiéndolo por
supuesto, en el sentido de sus creencias. (Recuerda la reacción
de los paganos al ver los milagros del apóstol Pablo, como
ellos querían tratarlo como uno de los dioses y traerle
ofrendas, Hechos: 14,11). En nuestros tiempos, escuchando a un
predicador que se llama a sí mismo dios, simplemente lo
rechazaríamos con menosprecio. De esta manera, la directa
manifestación del Salvador sobre su divinidad no habría
traído los resultados necesarios.
Realmente, el Hijo de Dios no vino al mundo para subyugar a sus
contemporáneos con su poder, como a siervos ponerlos bajo
su divina potestad; sino para convencerlos para que retornen de
sus pecados y comiencen a creer correctamente y a vivir con rectitud.
Las personas se habían alejado tanto de lo espiritual que
se les hizo imposible entender correctamente la verdad de la divinidad
de Cristo. Recuerda del Evangelio cuan difícil le era a
Cristo predicar entre los judíos, cuantas burlas tuvo que
escuchar de parte de los sabios malvados, quienes contradecían
en las disputas y hacían renegar de la fe al pueblo simple.
Por eso la primer obra para Jesucristo era llevar a los hombres
con arrepentimiento hacia Dios y cambiar sus prejuicios religiosos,
sembrar en ellos la semilla de la fe verdadera. Habiendo llegado
a esto, había que inspirarlos hacia la nueva correcta forma
de vivir, enseñar a perdonar, compadecer y amarse unos a
los otros.
Un cambio espiritual tan profundo en forma colectiva era imposible
de alcanzar con amenazas y milagros. Evidentemente, cuando el Señor
Jesucristo hacía manifiesta su naturaleza divina con algún
milagro, esto despertaba en el común de los judíos
pensamientos insanos sobre el glorioso reinado mesiánico
en la tierra, en el cual ellos iban a enseñorearse ante
las demás naciones. Es por eso que el Señor Jesucristo
tenía la necesidad de prohibir que se divulguen los milagros
por Él realizados.
Para renovar moralmente a la gente y hacerlos aptos para la fe
verdadera, Cristo escogió el buen camino, induciendo las
palabras y los ejemplos personales. Desde la compasión hacia
la gente perdida, decidió compartir con ellos su pobreza,
esfuerzos y penas. Para curar sus llagas y heridas, Él tomó sobre
sí los pecados de la gente y en la cruz los lavó con
su purísima sangre.
En general, toda la obra de la salvación de la humanidad
pecadora, comenzando desde el momento de la encarnación
del Salvador y finalizando con sus sufrimientos en la cruz, fueron
para Él obras de una voluntaria auto humillación.
Según las palabras de apóstol Pablo: "Cristo
siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual
a Dios, sin embargo, se anonadó a sí mismo, tomando
forma de siervo."(Filipenses 2:6-9).
El profeta Isaías describe de esta forma el sacrificio
voluntario de auto humillación del Mesías: "No
hay parecer en Él, ni hermosura: verlo hemos, mas sin atractivo
para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres,
varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que
escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros
dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios
y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido
por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre Él;
y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos
como ovejas, cada cual se apartó por su camino, mas Jehová cargó en Él
el pecado de todos nosotros. Angustiado Él y afligido, no
abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como
oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su
boca. De la cárcel y del juicio fue quitado; y Su generación ¿quién
la contará? (Isaías 53). Con estas palabras concluyentes
el profeta se dirige hacia las conciencias de aquellos que rechazaron
con desprecio al Salvador, y como si les hablara dice: ustedes
rechazan con desprecio a Cristo sufriente y humillado, mas comprendan,
que por su causa, pecadores, Él sufre tan pesadamente. Obsérvense
en su hermosa espiritualidad, y entonces quizás, podrán
entender que Él vino para ustedes desde el mundo de arriba.
Mas voluntariamente auto humillándose para nuestra salvación,
el Señor Jesucristo, no obstante, permanentemente revelaba
el misterio de su unidad con Dios Padre a aquellos que eran capaces
de sobrepasar la burda concepción de la muchedumbre. Así por
ejemplo, les dijo a los judíos: "Yo y el Padre una
cosa somos...El que me ha visto, ha visto al Padre...Yo soy en
el Padre y el Padre en mí...Todas mis cosas son tus cosas,
y tus cosas son mis cosas...Vendremos a él, y haremos con él
morada" (S. Juan 10:30, 14:10-23, 17:10). Estas y otras expresiones
semejantes remarcan unánimemente en Él Su naturaleza
divina.
Además, el Señor Jesucristo paulatinamente revelaba
su esencia, de manera que solo Dios puede hacerlo. Por ejemplo, Él
se llamó a sí mismo CREADOR, cuando dijo: "Mi
Padre hasta ahora obra, y yo obro" (S. Juan 5:17).
Significativamente los judíos al oír estas palabras,
las entendieron enteramente y quisieron matar a Cristo con piedras
como a un vituperador, "porque no solo quebrantaba el sábado,
sino que también a su Padre llamaba Dios, haciéndose
igual a Dios" (S. Juan 5:17-18). No contradiciendo su entendimiento
el Señor con esto ratificó que ellos lo habían
comprendido bien.
En otras conversaciones el Señor Jesucristo se llamó a
sí mismo ETERNO. Cuando por ejemplo los judíos le
preguntaron: "¿Tú quien eres?" Jesús
les respondió: "El que al principio también
os he dicho" (Yo Soy, 8:24-25). Y más adelante agregó: "De
cierto, de cierto os digo: antes que Abraham fuese, yo soy" (S.
Juan 8:58). Aquí debemos prestar atención a que Jesús
no dijo "yo fui," como corresponde correctamente decir
gramaticalmente según el contexto, mas utilizó el
tiempo presente: "Yo Soy" - o puntualmente: "Yo
el que Soy." El profundo sentido de esta palabra se demuestra
en el original del idioma hebreo. Cuando Moisés ante la
zarza que ardía sin consumirse, preguntó a Dios como
era Su nombre, el Señor contestó: "Yo - el que
Soy" (en hebreo: Jehová). Entonces el mismo nombre "el
que Soy" (Jehová) remarca la diferencia de esencia
de Dios: Él es Aquel, que siempre existe, Él es eterno.
Llamándose a sí mismo "el que Soy" (Jehová)
Jesucristo usó aquel nombre con el que los hebreos llamaban
a Dios. Recuerda ante esto, que el nombre Jehová se veneraba
tanto por los judíos, que solo lo utilizaban en ocasiones
especiales y solemnes, mas en la conversación habitual usaban
los nombres Señor, Creador, Altísimo, Bendito y otros.
Luego de su resurrección de los muertos Jesucristo ratificó su
eternidad, diciendo: "Yo soy el Alfa y la Omega, principio
y fin, dice el Señor, que es y que era, y que ha de venir,
el Todopoderoso " (Ap. 1:8). En otras oportunidades Él
se denominó como Omnisciente diciendo: "Como el Padre
me conoce, y yo conozco al Padre" (S. Juan 10:15). Evidentemente
la esencia de Dios es inabarcable para las creaciones limitadas.
Solo Dios puede conocer su naturaleza en su totalidad. El Señor
Jesucristo también se llamó Omnipresente, cuando
dijo: "Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del
cielo, el Hijo del Hombre, que está en el cielo"..."Porque
donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy
en medio de ellos" (S. Juan 3:13 y S. Mateo 18:20). Aquí otra
vez Cristo usó la palabra "el que Soy," remarcando
que Él no solo estuvo o estará en los cielos, sino
que constantemente permanece allí.
De esta forma como dividiendo con Su Padre todas Sus Divinas Virtudes:
creación, eternidad, omnisciencia, omnipresencia y otros
- Jesucristo debe ser reconocido por todos igual al Padre, por
honor, por eso "todos deben honrar al Hijo, como honran al
Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo envió" (S.
Juan 5:23). Todo lo dicho aquí debe inspirar en el hombre
no prejuicioso, una verdad indubitable; es a saber, que Jesucristo
se manifiesta como Verdadero Dios, igual al Padre por naturaleza.
Aunque Jesucristo evitaba llamarse directamente a sí mismo
Dios, para no despertar en la muchedumbre inquietudes innecesarias,
igualmente Él consentía a aquellos que eran capaces
de llegar hasta esta verdad. Así por ejemplo, cuando el
apóstol Pedro en presencia de otros apóstoles dijo: "Tú eres
Cristo, Hijo del Dios Vivo." El Señor aceptó su
confesión de fe, agregando, que Pedro no llegó a
este convencimiento solo por su razonamiento, sino gracias a una
iluminación especial desde arriba: "Bienaventurado
tú Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne
ni sangre, mas mi Padre que esta en los cielos" (S. Mateo
16:16-18).
De manera semejante, cuando el apóstol Tomás hasta
ese momento dudaba viendo ante sí al Salvador resucitado,
exclamó: "Señor mío y Dos mío" (S.
Juan 20:28) - Cristo no rechazó esta denominación,
sino que además ligeramente reprochó a Tomás
por su tardanza y dijo: "Porque me has visto (resucitado),
Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron
y creyeron" (S. Juan 20:29).
Recuerda, finalmente que la misma condenación de Cristo
para la muerte en la cruz fue oficialmente publicada por reconocerse
Su Divinidad. Cuando el sumo pontífice Caifás conjurando
preguntó a Cristo: "¿Dinos, eres tú el
Cristo, Hijo de Dios?" Cristo respondió: "Tú has
dicho," utilizando la forma determinada para la respuesta
afirmativa. (S. Mateo 26:63, S. Lucas 22:70, S. Juan 19:7).
Ahora corresponde explicar otra cosa, que esta relacionada con
esta importante pregunta: de dónde Caifás, así como
muchos judíos y hasta los demonios (¡) podrían
sacar la idea, de que el Mesías sería Hijo de Dios?
La respuesta aquí es una: de la Escritura del Antiguo Testamento. Él
especialmente preparaba el terreno para esta fe. Realmente, hasta
el rey David, que vivió mil años antes del nacimiento
de Cristo, en tres salmos nombra al Mesías Dios (Salmos
2, 44 y 109). El profeta Isaías, que vivió 700 años
antes del nacimiento de Cristo, reveló esta verdad con mayor
claridad. Prediciendo el milagro de la encarnación del Hijo
de Dios, Isaías escribía: "He aquí que
la virgen concebirá, y parirá un hijo, y llamará su
nombre Emmanuel," lo que significa: "Dios con nosotros." Y
no mucho mas adelante el profeta aun más fehacientemente
devela la Naturaleza del Hijo que debe nacer: "Y llamaráse
Su nombre: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno..." (Isaías
7:14, 9:6). Estas denominaciones no son posibles de adjudicar a
nadie mas que a Dios. Sobre la eternidad del Niño que debe
nacer escribía también el profeta Miqueas (ver Miqueas
5:2).
El profeta Jeremías, que vivió aproximadamente 200
años después de Isaías nombra al Mesías "Señor" (Jeremías
23:5 y 33:16), sobreentendiendo a Aquel Señor, que lo envió a
la prédica; y el discípulo de Jeremías, el
profeta Baruj, escribió las siguientes y maravillosas palabras
sobre el Mesías: "Este es nuestro Dios, y ningún
otro se igualará con Él. Él encontró todos
los caminos de sabiduría y la otorgó a Su siervo
Jacobo y a Su amado Israel. Luego de eso Él se apareció en
la tierra y anduvo entre los hombres" (Baruj 3:36-38) - es
decir el mismo Dios vendrá a la tierra y vivirá entre
los hombres!
He aquí el porque los judíos mas atentos, teniendo
estas indicaciones definidas en la Sagrada Escritura, podían
reconocer sin vacilación en Cristo al verdadero Hijo de
Dios. Es notablemente, que aun antes del nacimiento de Cristo la
recta Elizabeth al encontrarse con la Virgen María, que
esperaba al Niño, la recibe con el siguiente saludo solemne: "¡Bendita
tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y
de dónde esto a mí, que la madre de mi Señor
venga a mí? (S. Lucas 1:40-43). Es evidente, que la recta
Elizabeth no podía tener otro Señor, mas que Aquel
al cual ella servía desde su infancia. Como explica el apóstol
Lucas, Elizabeth no dijo esto de su parte, sino por inspiración
del Espíritu Santo.
Habiendo asimilado con fuerza la fe en la Divinidad de Cristo,
los apóstoles sembraban esta fe en Él también
entre todos los pueblos. Con la revelación de la naturaleza
Divina de Jesucristo, el evangelista Juan comienza su Evangelio:
“En el principio era la Palabra,
y la Palabra era
con Dios,
y la Palabra era dios...
Esta era en el principio con Dios.
Todas las cosas por él fueron
hechas;
y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho...
Y aquella Palabra
fue hecha carne,
y habitó entre nosotros,
lleno de gracia y de verdad...
y vimos su gloria,
gloria como del unigénito del Padre,
A Dios nadie le vió jamás;
El unigénito Hijo, que está en
el seno del Padre,
Él le declaró (a Dios)” (S. Juan
1:1-18).
La denominación del Hijo de Dios como Palabra (Verbo),
más que otras denominaciones, revela el misterio de las
relaciones recíprocas internas entre la Primera y Segunda
Hipóstasis de la Santísima Trinidad - Dios Padre
y Dios Hijo. Realmente, el pensamiento y la palabra son distintos
uno del otro en cuanto a que el pensamiento permanece en la razón,
y la palabra es la expresión del pensamiento. Al mismo tiempo
son inseparables. Ni el pensamiento existe sin palabra, ni la palabra
sin el pensamiento. El pensamiento es como la palabra escondida
en el interior, y la palabra es la manifestación del pensamiento.
El pensamiento, encarnándose en la palabra, transmite a
los que escuchan el contenido del pensamiento. En este plano el
pensamiento, siendo el principio independiente, es como el padre
de la palabra, y la palabra es como el hijo del pensamiento. Antes
del pensamiento ella es imposible, sin embargo no procede de ningún
lugar fuera, sino solo del pensamiento y queda inseparable del
pensamiento. De forma semejante el Padre, el enorme Pensamiento
que todo lo abarca, dimanó de su seno al Hijo - Palabra
(Verbo), Su primer Intérprete y Mensajero (según
San Dionisio de Alejandría).
Sobre la Divinidad de Cristo los apóstoles hablaban con
total claridad: "Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido,
y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y
estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo" (1 S. Juan
5:20). De los israelitas nació "Cristo según
la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas" (Romanos
9:56). "Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación
gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo" (Tito
2:13). "Si ustedes judíos hubieran conocido [la Sabiduría
de Dios], no hubieran crucificado al Señor de gloria" (1
Corintios 2:8). "En él (Cristo) habita toda la plenitud
de la divinidad corporalmente" (Colosenses 2:9). "Y sin
contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios
ha sido manifestado en carne" (1 Timoteo 3:16). Con respecto
a que el Hijo de Dios no es una creación, sino Creador,
que ilimitadamente esta por encima de todas las esencias creadas
por Él, el apóstol Pablo detalladamente lo demuestra
en el primer y segundo capítulo de su epístola a
los hebreos. Los ángeles son solo espíritus servidores.
Es indispensable recordar, que la denominación del Señor
Jesucristo como Dios - Theos - por sí misma habla de la
plenitud de Divinidad. "Dios" con comillas de lógica,
filosóficamente, no puede ser "segundo escalón," "menor
categoría," Dios limitado. La virtud de naturaleza
divina no depende de las condiciones, de la disminución.
Si es "Dios," lo es enteramente, y no en partes. Solamente
gracias a la unidad de las Hipóstasis en Dios es posible
reunir en una proposición el nombre del Hijo y del Santo
Espíritu en igualdad con el nombre del Padre, por ejemplo: "Por
tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos
en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo..." (S.
Mateo 28:19). "La gracia del Señor Jesucristo, y el
amor de Dios, y la participación del Espíritu Santo
sea con vosotros todos" (2 Corintios 13:13). "Tres son
los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu
Santo: y estos tres son uno" (1 Juan 5:7). Aquí el
apóstol Juan subraya, que Tres son uno - una esencia.