Transcribimos aquí un breve
pero interesante comentario de Peter Kreeft (Cristianismo para
paganos modernos)
sobre algunos pensamientos de Pascal y la confiabilidad de las
Escrituras. Tema que, actualmente, es atacado por el ateísmo
militante y el modernismo, dando a entender que las escrituras
datan del siglo primero pero, como sabemos y está demostrado,
las escrituras son de la era apostólica (año 50 D.
C. aprox.).
Confiabilidad de la Escritura
Aunque oscura , la Escritura es confiable.
Aunque nos da pistas y datos más bien que
pruebas, las pistas son confiables y los datos verdaderos.
Esto es así especialmente para el centro crucial de la
Escritura, aquello que Dios más quiere revelarnos: Cristo.
Pascal, cristocéntrico como la Escritura misma, se focaliza
en los relatos del Evangelio, especialmente la proclamación
clave de la Resurrección.
La crítica modernista de la Escritura duda de e impugna
la confiabilidad de las transcripciones escriturísticas,
especialmente los Evangelios, y ha convertido a muchas universidades
y seminarios católicos y del protestantismo troncal en los
lugares más eficaces del mundo para perder la fe. Pascal
se enfrenta con el corazón de la progenie escriturística
vigente defendiendo la confiabildiad de la Escritura con argumentos
simples y de sentido común más bien que técnicos
y eruditos.
332
Profecías. Si
un hombre solo hubiera escrito un libro prediciendo el tiempo
y el modo de la venida de Jesús y Jesús hubiera venido
en conformidad con estas profecías, esto tendría
un peso infinito.
Pero aquí hay mucho más. Hay una sucesión
de hombres durante un período de cuatro mil años,
surgiendo consistente e invariablemente uno después
de otro, profetizando el mismo advenimiento; hay un pueblo
entero proclamándolo, existiendo por cuatro mil años
para atestiguar en masa la certeza que sienten al respecto, de
la cual no pueden ser apartados por cualesquiera amenazas y persecuciones
que puedan sufrir. Esto es de un orden de importancia muy diferente.
(710)
[332]
Como la mayoría de los apologetas cristianos premodernos,
Pascal enfatiza fuertemente el cumplimiento en Cristo de las profecías
del Antiguo Testamento y también sus milagros -dos énfasis
hoy generalmente pasados de moda para los eruditos pero argumentos
perennemente poderosos para el sentido común. Incluimos
aquí solamente un pensée y omitimos docenas
de otros a causa de su gran detallismo, número y naturaleza
especializada. (Para el tratamiento de los milagros por Pascal,
ver el punto 22.)
Si fueras a calcular la probabilidad de que en
cualquier persona se cumplan, por pura casualidad, todas las profecías
mesiánicas
del Antiguo Testamento que se cumplieron en Jesús, esta
sería tan astronómica como la de ganar la lotería
todos los días durante un siglo. Aun si Jesús hubiera
tratado deliberadamente de cumplir las profecías, ningún
mero hombre podría tener el poder para disponer el tiempo,
lugar, sucesos y circunstancias de su nacimiento o los sucesos
posteriores a su muerte.
No obstante, las profecías son usualmente un tanto oscuras,
y aun después de que se han cumplido hay un pequeño
espacio para la duda, pues Dios las otorgó como pistas fuertes,
no como pruebas compulsivas.
303
Un artesano hablando de riquezas, un abogado hablando
de la guerra, o del oficio real, etc., pero el hombre rico bien
puede hablar de riquezas, ...y Dios bien puede hablar de Dios.
(799)
[303]
La autoridad está basada en la experiencia. Cuando quieres
la palabra autorizada sobre una novela, escucha al autor.
Así es que el hombre rico, no el artesano,
es la autoridad en el tema de las riquezas; el soldado, no el abogado,
es la autoridad sobre la guerra; y Dios, no el hombre, es la autoridad
sobre Dios.
Este es un argumento en favor de la necesidad de la revelación.
Lo que imagina un chico de tres años sobre la vida de una
persona de treinta resulta ridículamente desacertado,
a menos que la persona de treinta se lo diga al chico
de tres. Aún menos esperanza hay para nuestra comprensión
de Dios a menos que El tome la iniciativa y nos diga, esto
es, que se revele.
Cuando queremos conocer algo que es mucho menos que nosotros mismos
-por ejemplo, una roca-, es sencillo. Toda la actividad está de
nuestra parte; la roca no se puede esconder. Cuando queremos conocer
un animal, es más difícil. Es activo. Puede escapar.
Puede esconderse. Tenemos que ganar su confianza. Con todo, la
mayor parte de la actividad corre por nuestra cuenta. Cuando se
llega al conocimiento de otro ser humano, la actividad resulta
compartida mitad y mitad. A menos que ambas partes se abran, no
hay comunicación. Cuando llegamos al conocimiento de
Dios, toda la actividad es suya. Debe haber revelación.
310
Pruebas de Jesucristo. La
hipótesis
de que los Apóstoles fueron bribones es completamente
absurda. Sigámosla hasta el fin e imaginemos estos doce
hombres reuniéndose luego de la muerte de Jesús
y conspirando para decir que había resucitado de entre
los muertos. Esto significa atacar a todos los poderes. El corazón
humano es singularmente susceptible a la inconstancia, al cambio,
a las promesas, al soborno. Solamente uno de ellos tenía
que negar su historia por estos móviles, o más
todavía a causa de posible prisión, torturas
'y muerte, y todo se habría perdido. Pensemos en esto.
(801)
[310]
El punto fundamental de toda la Escritura
es Cristo, según
el Cristianismo.
La afirmación cristiana fundamental sobre Cristo es que
es divino. Si no es divino, no puede salvarnos del pecado y la
muerte y el Infierno.
La prueba más clara y simple y poderosa
de que es divino es su Resurrección. Es también la
consumación
de su obra de nuestra salvación del pecado y la muerte
y el Infierno.
Todo sermón predicado por todo cristiano
en el Nuevo Testamento se centra en la Resurrección. La
Resurrección era
tan central para la predicación de Pablo que los atenienses
pensaron que estaba predicando dos nuevos dioses, "Jesús
y Resurrección [Anastasis]" (Hechos 17:18).
Si Cristo resucitó realmente, el Cristianismo es verdadero;
si no, es falso.
Hay sólo dos alternativas para negar una resurrección
real. Si Cristo no resucitó realmente, como los autores
del Nuevo Testamento, sus apóstoles, dicen que hizo, entonces
los apóstoles estaban engañados o eran engañadores.
O no sabían que su relato era falso, o lo sabían.
Pascal refuta ambas posibilidades. La "teoría
de la conspiración" -que conspiraron para engañar
al mundo- es absurda; pues la gente conspira para mentir solamente
por ganar alguna ventaja. ¿Qué ventaja ganaron los
apóstoles de Cristo? Excomunión, persecución,
odio, tortura, prisión, crucifixión -vaya negocio!-
El sorprendente hecho histórico de que ninguno de ellos
jamás confesó la conspiración, ni aun bajo
tortura -ni lo hizo ninguno de sus sucesores- es evidencia muy
poderosa.
La alternativa de que fueran engañados (la "teoría
ele la alucinación"), Pascal la refuta en el N° 322.
322
Los Apóstoles fueron o engañados o engañadores
(si Jesús no resucitó realmente). Ambas hipótesis
se presentan dificultosas, porque no es posible imaginar que
un hombre ha resucitado de entre los muertos.
Mientras Jesús estuvo con ellos podía sostenerlos,
pero después, si no se les apareció, ¿quién
les movió a actuar? (802)
[322]
Si los apóstoles imaginaron la Resurrección,
fueron o bien los hombres más estúpidos en la historia,
incapaces de distinguir un cadáver de un triunfante, resucitado
Señor
de la vida y de la muerte; o bien su alucinación se comportó de
un modo muy diferente de cualquier otra alucinación en la
historia, apareciendo muchas veces, a mucha gente (Pablo menciona
quinientos en I Corintios 15:6 y desafía a sus lectores
a entrevistarlos destacando que "muchos de ellos están
todavía vivos"), comiendo verdadero pescado (Lc 24:26-43),
permaneciendo cuarenta días (Hechos 1:3), y -como Pascal
destaca en la última frase- transformándolos de una
chusma asustada como conejos, huyendo en la crucifixión,
negando a su Señor (Lc 22:54-62), agachándose
detrás
de puertas cerradas (Jn 20:19), en una fuerza que conquistó al
mundo, ablandando los duros corazones romanos y endureciendo la
resolución
de los mártires, yendo hacia leones y cruces con himnos
de gozo en sus labios. Si Jesús no resucitó realmente
de entre los muertos, entonces les ocurrió un milagro aún
más grande, sin causa ninguna: ellos y miles de otros abandonaron
placeres mundanos, aceptación, seguridad, prestigio, poder,
riquezas y muy a menudo la vida misma por nada y desde nada. Nadie
ha contestado jamás la simple pregunta final de Pascal: "¿Quién
les movió a actuar?"