¿ES
AUN CATOLICA LA IGLESIA CONCILIAR DEL VATICANO II?
La siguiente conferencia
dictada en Argentina en Agosto de 1981, por S.E. Monseñor Lefebvre
nos lo dice.- (Texto tomado de la revista "ROMA" de Buenos
Aires, Argentina.)

EL
PAPEL DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL
SAN PIO X EN EL SENO DE LA IGLESIA
Sabemos
que se formulan muchas preguntes acerca de mi actitud en la Iglesia,
de mi posición en la Iglesia.
¿Cuál es la actitud de Monseñor Lefebvre en la
Iglesia Católica?
¿Cuál es la situación de la Fraternidad Sacerdotal
San Pío X en el seno de la Iglesia?
Pienso que encontrándome ante un auditorio selecto, ante un
auditorio profundamente católico, profundamente cristiano,
no me será necesario Insistir sobre cuál fue la situación
de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano 11. Se puede decir, de un
modo general, que la Iglesia, los hombres de la iglesia, tal. cual
eran en tiempos del Papa Pío XII, a quien conocí personalmente
cuando fui Delegado Apostólico para el Africa Francesa, eran
muy distintos a los actuales. Tuve oportunidad de encontrarme frecuentemente
con Pío XII, todos los arios durante once años.
Puedo decir, de una manera general, que en las Congregaciones Romanas
y en el Vaticano existía un sentido muy profundo de la fe católica.
Se trabajaba, realmente, para el reinado de la Fe de Nuestro Señor
Jesucristo y para el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo,
reinado sobre las personas, sobre las familias y sobre la sociedad.
Por supuesto, ustedes saben bien que desde hace cuatro siglos se han
realizado grandes esfuerzos para luchar contra esa doctrina católica,
contra esa Fe de la Iglesia, pero lo cierto es que cuando uno Iba
al Vaticano encontraba que la Fe Católica estaba viva en todas
esas Congregaciones romanas y allí se encontraba un apoyo considerable,
sobre todo para un obispo misionero como era yo.
En ese tiempo, si necesitábamos esclarecer nuestra fe sobre
algún punto de la doctrina, era suficiente consultar a la Congregación
del Santo Oficio para obtener una respuesta clara y precisa, conforme
a la Fe de la Iglesia y a su magisterio.
No había ninguna vacilación.
De la misma manera, para conocer qué clase de relaciones quería
mantener el Vaticano entre la Santa Sede y las sociedades civiles
era suficiente dirigirse a la Secretaría de Estado, que entonces
tenía principios muy claros y muy precisos frente a los estados
que no eran católicos, con relación a los estados enteramente
católicos.
En todos estos dominios se experimentaba, entonces, la sabiduría
secular de la Iglesia, de nuestra Santa Madre la Iglesia, como puede
sentirse la sabiduría y la protección de la Santísima
Virgen María hacia sus hijos. Cuando los principios de las
relaciones entre el Vaticano y los estados estaban facilitados por
la Fe Católica, no existían dificultades en lo que se
refiere a las relaciones de los estados con la Iglesia.
Respecto de su misión de salvar las almas, cuando los estados
eran católicos, la Santa Sede contaba con el apoyo de los jefes
de estado, a quienes pedía que fuera Nuestro Señor Jesucristo
quien reinara en la sociedad. Cuando los jefes de estado redactaban
una constitución consignaban en el primer artículo que
la religión católica es la única reconocida oficialmente
por el Estado". Así se cumplía lo que deseaba la
Santa Sede: el reinado de Nuestro Señor Jesucristo para la
salud de las almas, no para tener una influencia temporal en esos
estados.
Cuando se trataba de estados que no eran católicas, por ejemplo
el Senegal, en el cual estuve durante quince anos como Arzobispo,
sobre 3.500.000 habitantes había 3.000.000 de musulmanes y
500.000 animistas, de los cuales, felizmente, 100.000 se convirtieron
a la fe católica. Eramos, por consiguiente, una pequeña
minoría. ¿Y qué hacía la Iglesia en este
caso? Enviaba sacerdotes obispos, religiosos y religiosas, hermanos
de las escuelas cristianas, hermanos que se dedicaban a enseñar
al pueblo, de manera que lentamente, seguramente, los que no creían
en Nuestro Señor Jesucristo, se convirtieron a la Iglesia,
se transformaran en cristianos, aun al precio de la sangre de esos
predicadores. ¡Cuántos de estos misioneros enviados por
la Iglesia en el curso de los siglos han sido masacrados, porque decían
que Nuestro Señor Jesucristo debía ser el Rey de las
personas, el Rey de la sociedad!
A estos misioneros, la Iglesia los ha puesto en los altares y los
ha considerado mártires.
De la misma manera, la Iglesia colocó en los altares muchos
santos, santos Papas, santos obispos, santos sacerdotes, religiosos,
religiosas, padres de familia, madres de familia, reyes, reinas, pobres.
La Iglesia mostraba así, el ejemplo de estas personas que habían
trabajado, cada una en su medio, que habían trabajado en el
curso de su vida para santificarse por el reinado de Nuestro Señor
Jesucristo y para establecer su reino en las almas. Todos estos reyes
y reinas, que han, sido canonizados, nos dan un ejemplo extraordinario
que bien podríamos adoptar en nuestros días.
¡Qué orgullosos podríamos estar de tener en nuestras
lías ejemplos de reyes de reinas, que vivieran como santos!
¡Qué ejemplos significarían para el mundo entero!
Y esta postura la conservó la Iglesia hasta los tiempos de
Pío XII.
Pero, desgraciadamente, debernos reconocer que algo ha cambiado en
la Iglesia. Por supuesta que cuando digo la Iglesia tengo conciencia
de que la Iglesia no puede cambiar, ya que la Iglesia será
siempre eterna santa, universal, católica y apostólica.
De manera que, cuando hablo de la Iglesia, se descuenta que no quiero
atacar a la Iglesia. Tengo una inmensa veneración por la Iglesia
y creo que sigo trabajando siempre para la Iglesia, como lo hice en
tiempos de los Papas Pío XI y Pío XII.
Pero no podemos dejar de reconocer que algo importante ha cambiado
en la Iglesia.
Si nos remontamos hasta las primeras causas de la situación
actual, si buscamos quién es el primer autor de estos cambios
nos encontraremos con el primer enemigo,, el gran enemigo de Nuestro
Señor Jesucristo, su enemigo jurado, con Satanás mismo.
El demonio luchó siempre contra Nuestro Señor Jesucristo
y pudo pensar que triunfaba en el momento de la Crucifixión,
en el momento de¡ Calvario, pero allí también
fue derrotado, por lo que siguió atacando al Cuerpo Místico
de Cristo, a la Santa Iglesia Católica, y entonces, desde el
principio y durante tres siglos hubo miles y miles de cristianos martirizados
que dieron testimonio de la Fe, de su Fe en Nuestro Señor Jesucristo.
Después vinieron las herejías, los cismas, los ataques
contra la Fe, las divisiones suscitadas por el demonio y así,
desgraciadamente, Millones de cristianos se separaron de la Iglesia.
Inventó también Satanás falsas religiones que
hicieron Imposible la conversión de pueblos enteros, dificultando
así el trabajo de las misiones. Esa fue la obra del demonio
durante quince siglos, podemos decir que hasta el momento de la Revolución
Francesa.
Hasta esa época el demonio trabajaba como enemigo de la Iglesia,
para destruir la Iglesia desde el exterior de la misma y así
pudo sustraer a pueblos enteros del reinado de Nuestro Señor
Jesucristo y llevarlos hasta las puertas del infierno, Después,
para atacar con más seguridad a la Iglesia, que era defendida
por sus hijos y gobernada por ésos que se llamaban lugar tenientes
de Nuestro Señor Jesucristo, por los príncipes católicos,
Satanás atacó a los mismos gobiernos de los estados
católicos y desaté una persecución contra esos
estados católicos, de resultas de la cual no hubo más
estados católicos.
Los estados ateos, los estados que no profesaban ninguna religión,
persiguieron a la Iglesia Católica, que fue atacada, entonces,
por los mismos estados laicos que se habían convertido en estados
anticatólicos. Esto constituyó un éxito considerable
para Satán, en el Interior de esos estados de esas universidades,
de esas escuelas en las cuales formó generaciones Imbuidas
de liberalismo, de modernismo, de ateísmo, de suerte que llegó
el momento, para Satán, de apoderarse de esos estados. Todos
los ambientes católicos terminaron por dejarse penetrar por
ese clima.
El Papa San Pío X en su primera encíclica de 1904, dice
textualmente: "De ahora en más el enemigo no está
fuera de la Iglesia sino dentro de la Iglesia misma" y San Pío
X designa los lugares donde se encuentra el enemigo: el enemigo está
en los seminarios, el enemigo se Infiltró en los seminarios,
entre los profesores de los seminarios. Esto está claro: es
San Pio X mismo quien lo dice.
Cincuenta años entes de este texto de San Pío X, el
Papa Pío IX mostró a los obispos el plan de las sociedades
secretas y pidió que se publicaran las actas de las sociedades
secretas Italianas. En estos documentos se puede leer: de ahora en
adelante penetraremos en las parroquias, en los obispados, y en los
seminarios y tendremos así párrocos, obispos y cardenales
que serán nuestros discípulos, y de estos cardenales
esperamos tener un día un Papa, que estará imbuido de
nuestro Ideas y que no parecerá elegido por las Sociedades
secretas, Así, el pueblo cristiano creerá seguir la
tiara de Pedro y en su lugar nos seguirá a nosotros.
Cincuenta años después, este plan satánico se
realiza, según las mismas palabras de San Pío X, y desde
entonces, desde hace cincuenta años, en los cincuenta años
siguientes, no sólo las sociedades secretas revelaron este
plan y esta actividad, sino que la misma Santísima Virgen María
en La Salette predijo que un día el enemigo subiría
hasta los más altos puestos de la Iglesia.
Fui testigo, en particular, en una última sesión del
Consejo preparatorio del Concilio (pues yo era miembro de la Comisión
Central en la cual habla setenta cardenales y veinte obispos, entre
los que me contaba como presidente de la Asamblea Episcopal del Africa
Francesa) de una violenta discusión entre el Cardenal Bea y
el Cardenal Ottaviani sobre el documento de la libertad religiosa.
El Cardenal Ottaviani defendió la tesis tradicional de la Iglesia
y el Cardenal Bea la tesis liberal. Estas dos tesis fueron sometidas
a votación. Los cardenales votaron y nosotros comprobamos de
acuerdo con los resultados, que ellos estaban divididos totalmente.
Unos eran liberales y apoyaban al Cardenal Bea y otros eran conservadores
y tradicionalistas y apoyaban al Cardenal Ottaviani. Así resultó
de acuerdo con lo que hemos visto en el Concilio, que ganaron los
liberales, No se puede negar. Fueran ellos quienes dominaron en el
Concilio Vaticano II, desgraciadamente con el apoyo de Su Santidad
Pablo VI.
Serían necesarias varias horas para poder mostrarles como los
liberales dominaron durante el curso del Concilio Vaticano II. Para
que ustedes puedan conocer ésta exactamente, por ustedes mismos,
me parece oportuno aconsejarles la lectura de un libro del Padre Ralph
Wiltgen "El Rhin se arroja sobre el Tíber", que fue
escrito originalmente en inglés y luego fue traducido a otros
idiomas, francés, italiano y alemán, donde se muestra
imparcialmente, ya que su autor no era un tradicionalista, la imagen
del combate que se desarrolló en el Concilio.
No podemos olvidar que el Papa Juan XXIII pidió expresamente
a los cardenales de la Curia Romana, que eran sin duda los más
tradicionalistas, que no intervinieran en las discusiones del Concilio.
De hecho, los cardenales romanos, aunque integraron las comisiones,
ya no hablaron más. Esto fue un golpe muy duro para los grupos
conservadores que se mantenían fieles a la tradición
de la Iglesia Católica, que no eran innovadores, que no eran
modernistas.
Yo les quiero dar sólo un ejemplo de lo que fue el Concilio:
hicimos lo posible para que el Concilio Vaticano II condenara al comunismo.
Siendo un - concilió pastoral (no debemos olvidar que el Concilio
Vaticano II fue un concilio pastoral), es decir, un concilio que tiene
como preocupación principal la salvación de las almas,
que tiene como objeto destruir los errores que amenazan a las almas,
era necesario, sin dudas, que este Concilio se opusiera al peligro
más grave que se presenta en esta época, como es el
comunismo, un peligro que se extiende por todo el mundo.
Este Concilio, donde estaban reunidos 2.500 obispos responsables de
la Iglesia Católica ¡no fue capaz de condenar formalmente
al comunismo!
Nosotros, por nuestra parte, hicimos todos los esfuerzos posibles
para que se condenara al comunismo. Así logramos reunir 450
firmas para pedir esa condenación. Monseñor Sigaud y
yo fuimos a ver a Monseñor Felici, el Secretario del Concilio,
llevando en nuestras manos las firmas que habíamos reunido
dentro del tiempo establecido de acuerdo con el Reglamento interno,
a fin de que se propusiera esta condenación del comunismo a
los padres conciliares. Cuando Monseñor Garrone, que era el
relator del Concilio hizo referencia a este documento, dijo que tan
sólo un obispo había presentado la posibilidad de que
se condenase al comunismo, siendo que nosotros habíamos reunido
450 firmas. Él dijo: "Yo no he oído hablar de eso".
Sabemos que Monseñor Glorieux, que era uno de los secretarios
del Concilio, hizo desaparecer esta lista de firmas, de manera que
nosotros no pudimos buscar otras para ser presentadas a los padres
conciliares. Ante esta situación, pensamos dirigirnos a los
cardenales y a los obispos de atrás de la cortina de hierro:
el Cardenal Wyszynski, el Cardenal Beran y el Cardenal Slipyi que
habían sido perseguidos por el comunismo, que habían
estado presos. Creíamos que si conseguíamos el apoyo
de estos tres cardenales, tal vez podríamos llegar a obtener
cerca de mil firmas. Fuimos los dos entonces a ver al Cardenal Wyszynski,
al Cardenal Beran y al Cardenal Slipyi. Habíamos preparado
un proyecto con una redacción muy cuidada a cargo de Monseñor
Carli, en la que se pedía a los padres conciliares la condenación
del comunismo.
En primer lugar, fuimos a ver al Cardenal Beran, que en ese momento
era arzobispo de Praga. El Cardenal Beran nos dijo: Estoy totalmente
de acuerdo con ustedes, quiero firmar el documento, pero no solo.
Si firmo solo, los comunistas van a atacar a mi familia en Checoslovaquia.
Quiero firmar, pero quiero que otros obispos, otros cardenales apoyen
también esta posición. porque siendo 'muchos les será
mucho más difícil atacarme. Finalmente, firmó
y nosotros le prometimos que si ningún otro obispo firmaba
la declaración le devolveríamos su firma. Luego nos
dirigimos a ver al Cardenal Slipyi que vivía en el mismo Vaticano,
detrás de la sacristía de San Pedro. Al dar con 61 y
presentarlo el documento, nos dijo: Estoy totalmente de acuerdo con
ustedes. Si hay un error que debemos condenar es el comunismo. Ya
saben cual es mi posición, pero yo soy un huésped del
Vaticano y estoy seguro que allí, arriba (señalando
la cúpula de San Pedro) no quieren que se condene al comunismo.
Esto lo sé muy bien. Por último, fuimos a ver al Cardenal
Wyszynski, y al no encontrarlo en sus habitaciones le hablé
por teléfono. El Cardenal Wyszynski me dijo: Monseñor,
usted sabe cuál fue mi intervención sobre este punto
en el Concilio. Yo pedí en el Concilio que se redactara un
documento completo para condenar al comunismo y nadie me apoyó;
mi proposición fue rechazada, y yo ya no quiero Intervenir
más. Entonces nos vimos obligados a devolver su firma al Cardenal
Beran, arzobispo de Praga. Esta es la verdadera historia de este documento
de condenación del comunismo que nunca fue aprobado por el
Concilio. Este solo ejemplo muestra lo que fue el Concilio Vaticano
II, un Concilio en el que estaban reunidos 2.500 padres que no se
enfrentó el comunismo, el mayor enemigo de Dios, de la Iglesia,
de todo principio espiritual. Un Concilio que actúa de esta
manera se condena por sí solo.
No voy a insistir más acerca de todos aquellos hechos del Concilio,
de este Concilio pastoral que produjo frutos sin duda desastrosos.
Luego del Concilio, los liberales que habían triunfado completamente
en él ocuparon todas las Comisiones que tenían a su
cargo llevar adelante las reformas proclamadas. Todas las personas
que dirigían esas comisiones, que eran las encargadas de llevar
todo a la práctica, todas las Congregaciones estaban en manos
de los modernistas y de los liberales. Aún actualmente, podemos
decir, de una manera general, que las Congregaciones romanas están
en manos de los modernistas y de los liberales que han sucedido a
aquéllos que ya han muerto.
Habiendo mostrado cuál fue mi actitud, vuelvo entonces a las
preguntas que hice al comenzar esta conferencia. ¿Se asombran
ustedes de que alguien nos condene? Ahora que los jefes de las congregaciones
romanas son aquellos liberales que triunfaron en el Concilio, es evidente
que ellos tendrán como objetivo perseguir a todos los tradicionalistas.
Por ejemplo a mi, que he formado un seminario que ha sido aprobado
regularmente por el Obispo de la diócesis del lugar y que ha
sido constituido de acuerdo con todas las reglas canónicas.
El hecho de que el seminario se haya desarrollado los ha inquietado
y han preparado una especie de complot contra él y contra la
Fraternidad que ha fundado, un complot, en definitiva, contra nosotros,
para llegar a suprimir la tradición de la Iglesia. Creo que
esto no puede sorprender a nadie. Podemos afirmar que ellos no tienen
enemigos a la izquierda, solamente tienen enemigos a la derecha.
Si yo los diera todos los detalles de este complot y de la forma en
que se llegó a la condenación de mi seminario y de la
Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ustedes quedarían
estupefactos. Les doy simplemente un detalle: luego de la visita que
realizaron al Seminario de Encone, Suiza, dos monseñores enviados
desde Roma, fui invitado por tres cardenales a esa ciudad para dar
algunas informaciones complementarias. Esta reunión a la que
fui invitado, no constituía de ninguna manera un juicio eclesiástico.
Puede decirse que era, simplemente, una visita de cortesía.
Al comienzo de la entrevista, en la qué estaban presentes el
Cardenal Garrone, el Cardenal Wright y el Cardenal español
Tavera, el Cardenal Garrone me preguntó: Monseñor, ¿permite
que grabemos esta conversación? Yo les dije que sí,
que podían grabarla, a condición de que después
me dieran una copia de la misma. El me dijo: Sí, por supuesto,
se la daremos.
Sin embargo, acabada la conferencia, cuando pedí la copia de
la conversación me la negaron. Un segundo ejemplo que demuestra
lo que fue esta entrevista con los cardenales romanos: queriendo saber
quién había nombrado a esos cardenales para entrevistarse
conmigo, sí constituían una comisión, si se trataba
de una iniciativa particular o era algo que había ordenado
el Papa - y que yo no sabía nada, no tenía ningún
documento, ninguna nota oficial y nunca se habla hecho nada parecido
en el Vaticano- me dirigí al Cardenal Staffa, que era el presidente
de la Signatura Apostólica del Tribunal Romano, y allí
presenté un recurso de queja. Pagué los derechos, que
se exigen en ese tribunal romano, para poder presentar el reclamo
y se me dio recibo.
Una vez que hice esto, el' Cardenal Villot, que era Secretario de
Estado en aquella época, escribió una carta de su puño
y letra al Cardenal Staffa, prohibiéndole que me entregara
ningún documento y ordenándole que clausurara inmediatamente
el proceso. Vemos de esta manera, cómo el poder ejecutivo se
inmiscuyó en la esfera del poder judicial. Algo que nunca habla
sucedido en la Iglesia e impidió al Cardenal Staffa juzgar
sobre mi querella. De tal manera que la Fraternidad, mis seminarios
y yo mismo fuimos condenados sin proceso, sin juicio, sin documentos.
De hecho, debía cerrar mis seminarios, expulsar inmediatamente
mis seminaristas, que cursaban sus estudios, a mitad de año,
y después dispersar a todos los profesores. Ustedes comprenden
que una situación como éste sólo puede atribuirse
a la ocupación de la Iglesia, a la ocupación de la Iglesia
por el modernismo que persigue a los tradicionalistas.
Recuerden ustedes la historia del Cardenal Mindszenty. La manera en
que fue tratado este cardenal por el Vaticano puede considerarse innoble.
El Cardenal Mindszenty, el héroe de su pueblo, que quiso permanecer
durante largos años en la misma Hungría, encerrado en
la embajada de Estados Unidos para estar cerca de su pueblo, fue tratado
por las Congregaciones Romanas, por la Curia Romana, peor que por
los soviéticos. Otro ejemplo es el del Cardenal Slipyi. El
mismo me dijo: He sido peor tratado aquí, en Roma, que lo que
lo fui en Ucrania.
Lo que el Papa Paulo Vi intituló la "autodemolición
de la Iglesia" no es otra cosa que lo que realizan los mismos
obispos y sacerdotes dentro de la Iglesia Católica. Y yo no
quiero contribuir a la demolición de la Iglesia.
Es triste lo que acabo de decirles, pero los, cardenales que actualmente
están en Roma, de los que ciertamente conocen bien los nombres,
continúan esa nueva política, esa nueva actitud de la
Iglesia, contraria a la tradición de Cristo. Ya sea por la
liturgia, por la enseñanza, por el catecismo, por la política
en general de la Iglesia frente a los estados y a las sociedades civiles,
se ha impuesto una orientación completamente nueva. Todo ha
cambiado en la Iglesia.
En la liturgia, resulta bien claro. Se han trastrocado, se han subvertido
todos nuestros Sacramentos, todos los libros antiguos se han suprimido.
y se han reemplazado por libros nuevos. No se trata de una reforma
como la de san Pío V, que tuvo como objetivo despejar de la
liturgia de la misa los aportes hechos durante siglos que, precisamente,
no estaban muy de acuerdo con la tradición. La reforma de San
Pío X tuvo el mismo sentido: se quitaron elementos que se habian
adherido los años precedentes y que no eran muy conformes a
la tradición.
El Cardenal Mindazenty dejó Hungría, después
de sufrir presiones vaticanas para que así lo hiciera. Calificó
este alejamiento como la cruz más pesada de su vida. Posteriormente
al cumplirse los 25 amos de su Inicua condena por los comunistas,
Pablo Vi lo depuso de su sede arzobispal. (N. d. 1, R.)-.
volver a ella, Pero aquí es trata de la supresión de
la tradición, de una nueva concepción de la Misa, concepción
que es más protestante que católica, la cual estuvo
avalada por la presencia de seis pastores protestantes que fueron
llamados para transformar nuestra Misa.
Es una cosa nueva en el tratamiento de la Misa de la Santa Misa de
siempre: llamar a seis pastores protestantes para que vengan a cambiarla.
Qué podían decir estos pastores protestantes cuando
se les preguntó: ¿qué queréis que cambiemos
en la Misa? Pues alinear nuestra liturgia con la liturgia protestante.
Este es el sentido del diálogo, del que tanto se habla: una
actitud muy grave que responde a un principio general, considerar
a la religión de los otros tan verdadera como la nuestra. Por
consiguiente, considerar que la religión católica no
es la única religión por la que uno puede salvarse,
la única religión divina, fundada por Dios, fundada
por Nuestro Señor Jesucristo, con una orientación perfectamente
diferente a las otras, es inconcebible.
La Iglesia misma ha pedido a los Estados que no sean más Estados
católicos, que supriman el primer artículo de sus Constituciones,
que dice "la religión católica es la única
religión reconocida por el Estado". Es la Santa Sede misma
que ha pedido esto a los diferentes Estados, y es por eso que ya no
hay más Estados católicos. Eso se acabó. Porque
la Santa Sede desea que todas las religiones sean reconocidas igualmente
en todos los Estados, que todas las religiones sean iguales para el
Estado. Esta es una orientación completamente nueva de la Iglesia.
Nunca la Iglesia ha aceptado, nunca la Iglesia ha tomado esta posición.
La Iglesia nunca ha aceptado que se ponga en un pie de igualdad a
Nuestro Señor Jesucristo con Buda, Lutero y todos esos fundadores
de religiones falsas.
Desde el punto de vista político, lo sabéis bien, lo
sabéis perfectamente, en casi todo el mundo los Obispados favorecen
positivamente la revolución comunista y el socialismo.
En Francia, la elección de Mitterand se debió en gran
parle a los esfuerzos de los obispos y de los sacerdotes, que pidieron
a los fieles que votaran al socialismo. Resultado: tenemos cuatro
ministros comunistas, y esto con el apoyo de obispos y clérigos.
Es inimaginable. Roma no Intervino para evitar que en Francia se constituyese
este gobierno socialista. Un gobierno que es en los hechos, ateo militante,
que va a monopolizar toda la enseñanza y que, por consiguiente,
pondrá mano en todas las escuelas católicas.
Cuándo tuve oportunidad de viajar a Méjico, en enero
pasado, se publicó un documento del Episcopado mejicano en
el cual se apoyaba expresamente la revolución de El Salvador,
al punto de llegar a pedir a los católicos mejicanos que contribuyeran,
ya sea con armas para ir a pelear contra el gobierno, ya con dinero
para ayudar a la revolución, ¿A dónde vamos?
¿Qué Iglesia es ésta? Nos dicen. Ustedes desobedecen.
Pero ¿debemos obedecer? ¿Debemos obedecer a estos obispos?
¿Acaso estos obispos representan a la Iglesia?
Otro ejemplo, el cardenal Knox. Un cardenal que es, de hecho"
sacrílego. Durante el Congreso Eucarístico de Melbourne
(en ese momento yo estaba en Australia, aunque no asistí al
Congreso), se realizó la llamada misa Kanguru. ¿Qué
es una misa Kanguru? Hizo venir a la población primitiva, que
vive en el interior de Australia, hombres vestidos de la manera que
ustedes se imaginan, los cuales danzaron sobre la tarima que se había
preparado para la Misa, junto al altar; bailaron sus danzas primitivas
mientras se pronunciaban las palabras de la Consagración. Esto
que hizo este hombre es un sacrilegio, y este hombre fue nombrado
Prefecto de la Congregación del Culto. ¿Qué es
lo que puede hacer este hombre al frente de tal Congregación?
El Cardenal Casaroli, actual Secretario de Estado, se encuentra en
la lista de la logia masónica P. 2 que publican los periódicos.
No soy yo quien lo dice, son los periódicos italianos.
Cómo puede concebirse que la Iglesia continúe su tarea
de santificación por intermedio de estos hombres. Mientras
ellos estén a la cabeza de la Iglesia, los tradicionalistas
seremos siempre perseguidos, y la Iglesia continuará su autodemolición.
Concluyo. Por nuestra parte, nosotros ya hemos elegido y esta elección
no la cambiaremos. Queremos seguir en la Iglesia de siempre. Queremos
permanecer fieles a los 250 Papas que han defendido la tradición
y la fe católica. Queremos continuar el sacerdocio de la Iglesia
y es por eso que seguiremos ordenando sacerdotes, a pesar de la prohibición
de Roma. Queremos ordenar verdaderos sacerdotes para que ellos puedan
continuar rezando la verdadera Misa, por todo el mundo y a lo largo
de la historia. Esto es indispensable.
Yo he tenido la dicha de ordenar ya más de 100 jóvenes
sacerdotes, miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
En el próximo mes de octubre contaremos con 270 seminaristas,
seminaristas que pertenecen a los cinco seminarios que han sido fundados
solamente en el curso de diez años. Ustedes saben que actualmente
hemos comenzado las obras de un seminario aquí, en la República
Argentina, a 40 kilómetros de Buenos Aires, en la localidad
de La Reja, donde ya contamos con veinte vocaciones, sin contar a
los seminaristas que habiendo hecho el año de espiritualidad
en el Seminario de Argentina, hoy prosiguen sus estudios en Econe
(Suiza), en Albano (Italia) o los que teniendo vocación monástico
lo hacen en Bedoin y San Michal en Brenne (Francia).
Nosotros ya hemos hecho nuestra elección, no la cambiaremos
porque queremos ser y queremos morir católicos.
Conferencia
en Buenos Aires, 13 de agosto de 1981.
Texto Incompleto.
Fuente: Sitio
de la tradición (México)