Ateos a causa del mal ejemplo
Hay otro tipo de hombres que no creen porque han tenido la desgracia
de recibir el impacto del mal ejemplo de un mal católico.
Esto ocurre. Dicen: « Si ése es católico,
y hace esto y hace lo otro, pues yo no quiero ser como ése. »
O de un mal sacerdote. Quiera Dios que nunca en la vida tengáis
la desgracia de tropezar con un mal sacerdote, porque los hay. Si
entre los doce apóstoles hubo un Judas, entre los cuatrocientos
mil sacerdotes que hay hoy los habrá. Quiera Dios que nunca
tropecéis con uno, porque os quitan la fe; y la fe es lo que
más vale en el mundo. Ojalá que todos los sacerdotes
fueran «otro Cristo». Tienen la obligación
de serlo. Y el que en lugar de ser otro Cristo en la Tierra, 1o que
hace es acabar con la fe de la gente con su mal ejemplo y con lo
que dice, ése tiene una enorme responsabilidad. Por eso, cuando
un hombre ha tenido la desgracia de recibir el impacto de un mal,
sacerdote, instintivamente da la espalda a todo lo que ese sacerdote
significa. Sin embargo, esa actitud tampoco soluciona nada.
Porque si ése es un mal sacerdote, será su problema,
pero no te justifica a ti.
El hecho de que haya malos sacerdotes no es razón para alejarse
de la Iglesia. Si alguien se tropieza con un mal médico
busca otro médico que sea bueno, pero no se aparta de la medicina.
Si llevamos nuestro coche a un taller y lo arreglan mal, se busca
otro taller, pero no nos quedamos con el coche estropeado. Exactamente
lo mismo se ha de hacer con los sacerdotes. Si se da con uno que
no cumple, se busca otro mejor.
Supuesto esto, resumamos lo hasta ahora visto. Hay hombres de ciencia
que son ateos; pero su ateísmo hay que buscarlo por otros
caminos, no por razones científicas. No hay ningún
argumento científico que demuestre que no hay Dios. En
cambio hay muchas razones científicas que apoyan la fe
del creyente.
Si hubiera razones científicas que impidieran creer en Dios,
no habría hombres de ciencia creyentes. Cuando nos encontramos
grandes hombres de ciencia creyentes es porque la ciencia no es obstáculo
para creer.
Vamos a ver algunos ejemplos. No voy a referirme a sabios del
siglo pasado, como Volta o Ampère (que dieron sus nombres
a las medidas eléctricas voltio y amperio), que eran creyentes.
Me voy a referir a sabios de nuestros días que son creyentes.
Von Braun, el cerebro de los vuelos espaciales americanos,
era creyente y rezaba todos los días.
Otro gran talento, Heisenberg, premio Nobel de Física. Uno
de los talentos más grandes del siglo. Descubrió la
fórmula unitaria de los tres campos energéticos: gravitatorio,
electromagnético y nuclear. Es una fórmula que
Einstein estuvo buscando toda su vida y no dio con ella. Este hombre
dijo que él creía en Dios, que él sabe que Dios
es el Autor del cosmos.
Max Planck, premio Nobel de Física, autor de la teoría
cuántica, un genio. También él creía
en Dios. Paul Dirac, premio Nobel de Física, profe sor de
Cambridge, en un discurso durante un congreso internacional
de premios Nobel -él, premio Nobel, a hombres premio
Nobel- en Lindau, Alemania, afirmó que él creía
en Dios, Autor del universo. Premios Nobel de este siglo, grandes
talentos que creen en Dios.
Debemos dar gracias a Dios porque, sin merecerlo, hemos nacido
en un país católico y en una familia católica,
y hemos recibido una educación en la fe. Nosotros, desde pequeños,
hemos creído en esas verdades en las que creen los grandes talentos
que hoy tiene la humanidad. Quizá ellos llegaran a esta conclusión
después de muchas horas de estudio y reflexión.
Nosotros nos lo hemos encontrado. Quizá sepamos menos de ciencia
que otros, pero tenemos más fe, que es más importante.
Demos gracias a Dios, no somos ateos, somos creyentes.