LA AUTENTICIDAD DE LA SÁBANA SANTA
DE TURÍN
Las reliquias hay que estudiarlas. Algunas no hay que estudiarlas
porque ciertamente son falsas. En algún sitio te enseñan
una pluma del arcángel san Miguel: evidentemente que es
falsa. Otras hay que estudiarlas, porque si hay por el mundo cincuenta
clavos de Cristo, los cincuenta no pueden ser verdaderos.
No se pueden aceptar las reliquias sin un estudio previo. No puedes
tampoco rechazarlas sin más. Tan necio es el que rechaza
una cosa sin haberla estudiado como el que la acepta sin más.
El estudio de la Sábana Santa
La Sábana Santa ha sido exhaustivamente estudiada, y todas
las investigaciones han sido favorables a su autenticidad. Hace
dos mil años que murió Cristo y hoy podemos contemplar
su fotografía, ver su estructura atlética, su armonía
de proporciones y, sobre todo, su rostro. Ver la cara que tuvo
Jesús. A pesar de que la cara de Jesús en la Pasión
estaba deforme. Le habían pegado un golpe. Tenía
un pómulo hinchado. Pero, aunque deforme, es emocionante
estar viendo la huella que dejó en el lienzo el rostro de
Cristo sin que mano de hombre lo haya tocado.
Tenemos una foto tridimensional de la NASA americana,
obra de los doctores en Ciencias Físicas Jackson y Jumper,
técnicos de fotografía aerospacial de la NASA. Se
hizo con un complicado aparato, que se llama analizador de imagen
VP-8. Se hizo para estudiar la orografía del planeta Marte.
Esta máquina tiene la particularidad de reproducir en relieve
lo que fotografía.
Tuve la dicha de estar en Turín en un congreso
científico
internacional donde se reunieron los que más saben en el
mundo sobre la Sábana Santa. Allí nos presentaron
una escultura de Cristo, una cabeza de Cristo sacada electrónicamente
de la Sábana Santa. Era deforme, porque tenía las
cejas abultadas, y el bigote también muy abultado.
Empapado con la corona de espinas, que no tenía forma de
anillo como representan los artistas, sino forma de casquete.
El doctor Tamburelli, catedrático de Electrónica
de la Universidad de Turín, hizo una foto robot electrónica
eliminando del rostro de Cristo todo lo que era dolor. Un rostro
de Cristo, también tridimensional, pero mucho más
suave que el de la NASA. Para hacer esta foto robot electrónica,
Tamburelli tuvo que realizar mil millones de operaciones
matemáticas. Con computadora tardó quince horas,
sin computadora habría necesitado doscientos años.
Así me lo manifestó a mí en Turín.
Sobre estas fotos se lograron dos fotos robot artísticas,
siguiendo la técnica que utiliza la policía
cuando busca a un individuo al que no ha visto nunca. Con los datos
que recoge reconstruye un rostro de enorme parecido. Y así debió de
ser el rostro de Jesús que vio María Santísima.
Es emocionante. No ha habido pintor en la historia
del arte que haya pintado una cara mejor que la que Él
tuvo. Ni Velázquez, ni el Greco, ni nadie. Es un rostro
que tiene majestad, belleza, grandeza, bondad, paz, serenidad,
unción,
dulzura y virilidad al mismo tiempo. El doctor Marañón,
el famoso especialista en sexología, dijo en una ocasión
al ver las fotografías de este rostro: «Así debió de
ser el rostro del varón perfecto. »
En aquel congreso al que asistí en Turín
había
gente de lo más variado. Había un equipo de la NASA,
había médicos de talla internacional, el norteamericano
doctor Bucklin, el inglés Wednissow, los italianos
Rodante y Morano. Estaba también el criminólogo
suizo Max Frei. Por supuesto, también había teólogos,
entre los que destacaba monseñor Ricci, uno de los que más
saben en el mundo de la Sábana Santa.
Otro gran investigador de la Sábana Santa
es un padre jesuita de Chicago. Se llama Filas. Este hombre logró fotografiar
una moneda en el ojo de Cristo. Cuando la NASA publicó su
foto tridimensional, a todo el mundo le llamaron la atención
los ojos muy abultados. La cara de hombre más maravillosa
que nadie ha podido imaginarse, ¿con unos ojos saltones? ¿Qué ocurre?
Los hebreos tenían la costumbre de poner
sobre los
párpados unas monedas para mantener los ojos cerrados. Son
las monedas que había en los párpados las que dan
unos ojos abultados. El padre Filas fotografió el ojo, aumentándolo
descomunalmente, y se ve la moneda. Maravilloso, la moneda
que hoy descubrimos en el ojo de Cristo está en los catálogos
de los numismáticos, y resulta ser un leptón,
la moneda más pequeña en tamaño y en
valor que usaban los hebreos en tiempos de Jesús. Un leptón
acuñado por Poncio Pilatos y que circuló en
Palestina entre los años 26 y 36 de nuestra era.
En la moneda se ve un bastón de mando y una inscripción
griega. En las monedas siempre se pone una cara. Ahora ponemos
la cara del rey, en tiempos de Poncio Pilatos, la cara del emperador.
Pero los hebreos no querían caras, no querían
efigies, no querían imágenes. Y Pilatos, para no
herir los sentimientos de los judíos, en lugar de una
cara pone un bastón de mando. Se ve perfectamente. Y una
inscripción griega. Se lee: UCAI. ¿Qué es
UCAI? U es la última letra de Tiberiou; y CAI las tres
primeras de Caisaros. La inscripción total es Tiberiou Caisaros:
de Tiberio César. Pero como es de cobre, y es: blanda, y
está gastada por el uso, de Tiberiou Caisaros sólo
se lee UCAI.
Aunque Caisaros se escribe en griego con k y no
con c, como aparece en la moneda, pudo ser una equivocación
del grabador, por influjo del latín, en el que se escribe
con c. Según
el numismático Michael Marx, de Oak Lawn, estas equivocaciones
en las grabaciones de las monedas no eran raras, pues las monedas
se grababan una a una y a mano.
Todos los descubrimientos vienen en cadena. Cada
descubrimiento trae otro mejor. Esta moneda ha tenido el enorme
valor de que data la fecha de la Sábana Santa con una precisión
de diez años, dado que sabemos que esta moneda circuló en
Palestina entre los años 26 y 36. Lo normal es que a Cristo
le pusieran la moneda que circulaba, la que llevaban en el bolsillo.
La historia de la Sábana Santa
Vamos a pasar a la parte histórica. Sabemos
que la Sábana
Santa pasó de Jerusalén a Edesa, hoy Urfa, en Armenia,
Turquía meridional. De Edesa pasó a Constantinopla.
El emperador quiso reunir en Constantinopla todas las reliquias
importantes de la Pasión de Cristo, y entre otras estaba
la Sábana Santa. Se exponía todos los viernes a la
veneración de los fieles en la iglesia de Blanquerna,
mandada construir para ello por santa Pulqueria, emperatriz
de Bizancio. Estuvo en Constantinopla desde el año
944.
Pero, a veces, Dios escribe derecho con renglones
torcidos. Fue necesario un latrocinio, el saqueo de Constantinopla
por los caballeros de la Cuarta Cruzada, para salvar este lienzo
de la destrucción. Otto de la Roche, un jefe de la
Cuarta Cruzada, robó este lienzo durante el saqueo de la
ciudad y se lo trajo a Europa, a Besançon. Después
estuvo en Lirey, Chambéry, y hoy está en Turín.
Dios escribe derecho con renglones torcidos porque
cuando aquellos cristianos de Constantinopla descubrieron
que los cruzados les habían robado la Sábana Santa,
es lógico
que montaran en cólera. Pero fue providencial, porque, muy
pocos años después de aquel saqueo por los cruzados,
Constantinopla fue saqueada por los musulmanes, que arrasaron
todo rastro de cristianismo. Si los cruzados no se traen a Europa
la Sábana Santa, la habrían destruido los musulmanes,
y hoy no la tendríamos.
De su trayectoria por Europa hay abundante documentación
en los archivos; sin embargo, no hay documentación alguna
sobre los mil primeros años.
Pero tenemos un documento infalsificable. ¿Cuál?
Los granos microscópicos de polen que el viento incrustó en
el tejido. Obra del criminólogo suizo de la Interpol, Max
Frei, palinólogo. Este hombre estudia el polen pegado al
tejido. El polen se pega al tejido y no hay quien lo despegue,
hasta que el tejido se quema o se entierra.
El polen de cada planta tiene formas muy diferenciadas y
fácilmente catalogables, y el especialista sabe a qué planta
corresponde cada grano de polen. Por otra parte, sabe el área
de difusión del polen, porque el viento no se lleva el polen
más allá de ciertos límites. El viento amaina
y el polen cae. El especialista que conoce las zonas donde está cada
planta y el área de difusión del polen de cada planta,
al examinar la corbata, la chaqueta o el jersey del presunto criminal,
dice: «Este hombre pasó por aquel bosque o estuvo
en aquel jardín. »
Max Frei, estudiando el polen de la Sábana
Santa, afirma que el lienzo estuvo en Palestina en el siglo I,
porque ha encontrado granos de polen que sólo se dan en
Palestina. Es más,
ha encontrado en la sábana granos de polen de plantas
hoy desaparecidas, plantas de Palestina que hoy no existen, pero
cuyos granos de polen aparecen en estratos sedimentarios de Palestina
del siglo I. Ésta es una de las pruebas irreversibles de
la autenticidad de la Sábana Santa.
El primer estudio de la Sábana Santa
En 1898, un abogado italiano llamado Seccondo
Pia pide permiso y es el primero que fotografía el lienzo.
Fotos muy malas porque la fotografía estaba en sus comienzos,
pero aunque muy malas tuvieron el valor de descubrir que aquellas
manchas
que a simple vista no dejaban ver gran cosa, al ser fotografiadas
tomaban enorme relieve y se veía perfectamente un hombre
de cuerpo entero. Estas fotografías despiertan en el mundo
un interés apasionado por estudiar la Sábana
Santa.
El papa encarga a la Academia de Ciencias de París que
haga un estudio científico de la Sábana Santa. La
Academia hace el estudio y llega a una conclusión afirmativa:
el lienzo que se conserva hoy en Turín es el mismo que cubrió el
cadáver de Jesús de Nazaret.
Esta afirmación tiene un doble valor; primero,
por la categoría
de la Academia de Ciencias de París, y segundo porque
algunos miembros de esta Academia no eran creyentes. Eran descreídos,
librepensadores, racionalistas. Ellos prescinden de si Cristo
es Dios o no es Dios, pero aceptan a Cristo como un personaje
de la Historia. Y afirman que el lienzo que hoy está en
Turín es el mismo que cubrió el cadáver de
Jesús de Nazaret.
¿Por qué llegan a esta conclusión?
Primero: esta imagen no es obra de un artista. ¿Por qué?
Porque es un negativo. Es absurdo pensar que en la Edad Media un
pintor pintara en negativo. Hoy, después de inventada la
fotografía,
sabemos interpretar la inversión del blanco y el negro,
y la técnica del negativo se emplea continuamente en tipografía. ¿Cómo
un medieval iba a pintar al revés el blanco y el negro?
Es absurdo. El medieval pinta al derecho. Lo blanco, blanco; y
lo negro, negro. Pero la inversión del blanco y el negro
antes de inventarse la fotografía es absurda, es imposible.
Un medieval que pinta un ojo pinta la pupila negra y el globo
blanco.
Además, con el analizador de imagen se
captan matices de contraste que no capta el ojo humano, por eso
no ha podido ser obra de un artista medieval.
Segundo: esto no es pintura. En el lienzo están
coloreados los hilos, pero entre hilo e hilo no hay grumo de pintura.
Si yo doy con un pincel un trazo en un lienzo, coloreo los hilos,
pero dejo grumos de pintura entre hilo e hilo. En la Sábana
Santa están coloreados los hilos, pero entre hilo e hilo
no hay grumos de pintura. Esto no es pintura.
Tercero: esta imagen está grabada a fuego.
La tela está chamuscada.
La coloración se debe a que la tela está quemada.
Esto es impresionante. ¿Por qué un cadáver
ha grabado a fuego su imagen en el lienzo que lo cubre? Esto jamás
ha ocurrido con ningún cadáver. Explican los doctores
de la NASA: esto sólo ha podido ocurrir por una radiación
en el momento de la resurrección. No hay otra explicación.
La luz que desprendió el cuerpo de Cristo al resucitar grabó a
fuego su imagen en el lienzo; y no hay otra explicación.
Por eso, la Sábana Santa es un documentó científico
que está ahí, para que lo estudie el que quiera,
que confirma un dogma de fe: que Cristo resucitó.
Esta radiación también grabó a
fuego en la tela las manchas de sangre. Fue un proceso parecido
al que utilizan para grabar a fuego en una camiseta un nombre o
un dibujo.
Por el otro lado de la tela se transparentan las manchas de sangre,
pero no la imagen grabada a fuego.
Los técnicos de la NASA aportan otro dato: el hilo no está carbonizado,
está parcialmente chamuscado; y por la penetración
de la quemadura se mide la duración de la radiación,
la fracción de segundo que duró la radiación.
El dogma de fe de
la resurrección
La Sábana Santa es un documento que confirma
un dogma de fe: que Cristo resucitó; pero los católicos
creemos que Cristo resucitó no por la Sábana
Santa, sino por la Biblia. Mi fe en Cristo resucitado no se
basa en la Sábana Santa, sino en la Biblia, en el Nuevo
Testamento.
La Iglesia no me manda creer en las verdades científicas
y en las verdades históricas. La Sábana Santa es
un documento científico, un documento histórico.
Son la ciencia y la historia las que me imponen la Sábana
Santa, no la Iglesia. La Iglesia prescinde, no necesita la Sábana
Santa. Si la Sábana Santa me apoya en mi fe, muy bien.
El teorema de Pitágoras será verdad, pero la
Iglesia no me lo impone. El principio de Arquímedes será verdad,
pero la Iglesia no me lo impone. La Iglesia sólo me
impone las verdades reveladas por Dios. Si Dios lo ha dicho, eso
sí. ¿Quién soy yo para discutir a Dios lo
que Él afirma? La existencia del infierno es dogma
de fe, verdad revelada por Dios. El infierno es verdad, lo entendamos
o no. Por tanto, las verdades dogmáticas son verdades
afirmadas por Dios; que yo las entienda o las deje de entender,
está de más. No son verdad porque yo las entienda,
son verdad porque Dios las revela.
Quien no crea en la Sábana Santa no comete ningún
pecado contra la fe, lo comete contra la ciencia, contra la historia
y contra la cultura.
La Sábana Santa estaba doblada en una urna
de plata, en la iglesia de Chambéry. Hubo un incendio,
y la plata recalentada carbonizó los bordes de la tela;
es más,
parte de la plata recalentada se fundió y unas gotas
de plata fundida atravesaron el lienzo, y dejaron dieciséis
agujeritos que después fueron remendados por las religiosas
clarisas de Chambéry. Si prescindimos de las dos líneas
negras de tela carbonizada y de los dieciséis triangulitos
de remiendos, vemos perfectamente en medio la figura de un
hombre de cuerpo entero en sus dos proyecciones, frontal y
dorsal. La Sábana Santa le cubre por delante y por
detrás. Las imágenes frontal y dorsal están
yuxtapuestas por la cabeza.
Además de las quemaduras hay una porción
de manchas, por ejemplo las de las sales del agua con que apagaron
el incendio. Hay también manchas de sangre que han sido
estudiadas por el científico americano John Heller, del
Instituto de Nueva Inglaterra, Estados Unidos. Este científico
ha estudiado las manchas de sangre mediante análisis espectral
y ha confirmado los componentes de la sangre humana que hay
en el lienzo: cristales de hemoglobina y proporción
correcta de hierro.
Según el científico: «Ninguna de las pruebas
hechas hasta ahora demuestran que las manchas de sangre no sean
de sangre. Al contrario, un gran número de pruebas inducen
a pensar que verdaderamente sean de sangre. Bajo los rayos
ultravioletas, estas manchas resplandecen como si fueran
de sangre. Adicionalmente, las pruebas de rayos X demuestran el
porcentaje correcto de hierro en la sangre.»
En la revista de la Sociedad óptica de
América, Applied
Optics, dicen textualmente los doctores John Heller
y Alan Adler: «Mediante pruebas espectroscópicas
y químicas hemos identificado la presencia de sangre en
la Sábana Santa de Turín, en las zonas consideradas
como manchas de sangre.»
El quinto Evangelio
A esta Sábana Santa se la llama el quinto
Evangelio. ¿Por
qué? Porque nos dice muchas cosas que no sabíamos.
Los Evangelios, como todo el mundo sabe, son cuatro: Mateo,
Marcos, Lucas y Juan. Pero los Evangelios se escriben para gente
que conocía cómo era la crucifixión. Los evangelistas
no se ven obligados a describir la crucifixión. Dicen: «Fueron
y lo crucificaron. » Sin más. Pero hoy tenemos muchas
dudas acerca de cómo ocurrió aquello. A la Sábana
Santa se la llama el quinto Evangelio porque nos informa de muchas
cosas que no sabíamos.
Por ejemplo: los artistas nos ponen los clavos en las palmas de
las manos. Dicen los médicos, que no pudo ser en la palma.
En la palma no hay tejido resistente que aguante el peso del cuerpo.
El clavo tuvo que estar en el carpo, en la muñeca: Hay un
punto que se llama espacio de Destot que permite introducir un
grueso clavo, que desplaza los huesos del carpo, con enorme dolor,
pero sin romper ninguno, y sujeta firmemente la mano al madero.
En la Sábana Santa, la herida no está en la palma
como ponen los artistas, está en el carpo, en la muñeca,
como dicen los médicos que tuvo que ser.
Otro dato: hay discusiones sobre el número
de clavos. Algunos artistas, como Velázquez, ponen cuatro:
las piernas paralelas y un clavo en cada pie. Otros, tres clavos:
un pie sobre otro, y un clavo para los dos pies. La Sábana
Santa decide la cuestión. A Cristo lo crucificaron con tres
clavos y no con cuatro. Tiene un pie encogido. El pie derecho deja
la huella de la planta perfectamente; y el izquierdo sólo
la huella del talón. Estuvo sobre el derecho en la cruz
y los dos pies se sujetaron con un solo clavo. Al poner las piernas
paralelas en el sepulcro, con la rigidez cadavérica, el
derecho dejó la huella de la planta y el izquierdo sólo
la huella del talón.
Otro dato: la Sábana Santa nos habla de
cómo fue
la muerte de Cristo. Cristo murió por asfixia. El crucificado
muere por asfixia. Al estar colgado por los brazos, los brazos
tiran del diafragma, oprimiendo los pulmones, no puede respirar
y se empina para tomar aire; pero, al inclinarse y descansar
todo el cuerpo sobre el clavo de los pies, el dolor es tan intenso
que se desploma. Pero al desplomarse se ahoga y se vuelve
a empinar.
El doctor Barbet, cirujano de París, afirma
que al empinarse y desplomarse, la mano giraba sobre el clavo y
le destrozaba el nervio mediano y le producía un dolor de
paroxismo. Cristo debió morir de dolor. La naturaleza no
puede aguantar tanto dolor. Se inhibe, sobreviene un síncope
y se muere de dolor. Lo que dicen de la Pasión los médicos
es apasionante. Una auténtica meditación. La Pasión
fue mucho más de lo que nosotros nos podemos imaginar. ¡Lo
que Cristo sufrió al morir por nosotros!
Finalmente, soy jesuita, voy a citar a mi padre san Ignacio, fundador
de la Compañía de Jesús. Es una frase que él
pone en el libro de los Ejercicios: «Viendo todo lo que Cristo
ha sufrido por mí, yo ahora, en adelante, ¿qué voy
a hacer por Él?»
Ésta es la pregunta que queda para que cada cual la responda
en el fondo de su corazón: viendo todo lo que Cristo
ha sufrido por mí, yo ahora, en adelante, ¿qué voy
a hacer por Él?
Jorge Loring, S. J. “Motivos
para creer”.