Las consagraciones de 1988: diez años después
(y II)
Monseñor Bernard Fellay
Los Sacramentos
Vivimos una época inverosímil, en la que a menudo los Sacramentos son administrados inválidamente, y esto vale para los siete Sacramentos.
El Bautismo
Cuando se toma a un niño entre diez y se vierte el agua sobre este niño diciendo que, por supuesto, como el bautismo es una ceremonia de recepción en la Iglesia, basta que lo reciba simbólicamente uno para que los demás sean recibidos también en la Iglesia. Pues bien, en este caso hay sólo un bautismo e incluso se puede dudar de la validez de éste, ya que el bautismo borra en primer lugar el pecado original. Es verdad que nos incorpora al Cuerpo místico, pero en primer lugar borra el pecado original: el agua que se vierte significa este baño, esta purificación del alma respecto al pecado original y respecto a los pecados originales en el caso de los adultos. Si no se cree ya en el pecado es cierto que el bautismo no tiene ya mucho sentido.
Las celebraciones penitenciales
Otro ejemplo. En una iglesia de Australia una pareja de jóvenes se dirige, con un revólver en la mano, a través de la nave central. Tiran al aire, ante el estupor de todo el mundo, y seguidamente el párroco, ante el micrófono, explica que “ahora hemos matado todos vuestros pecados” . La mitad de los feligreses se ha venido con nosotros...
Hay otras ceremonias penitenciales en las que por ejemplo se escribe sobre un trozo de papel los supuestos pecados para depositarlo después alegremente sobre el altar, haciéndolo quemar a continuación. No vale nada todo eso. La absolución colectiva no ha sido nunca una práctica habitual en la Iglesia. La absolución de los pecados mortales requiere la confesión auricular.
La Confirmación
Muchos obispos no creen que la Confirmación sea un Sacramento. Piensan que se trata de un simple desarrollo del Bautismo. Cerca de aquí tenemos un ejemplo. En París, una religiosa dominica de Pontcalec, después de las confirmaciones conferidas por el obispo en Saint Cloud, vuelve muy nerviosa porque las confirmaciones han sido dadas por un obispo que no cree en el Espíritu Santo. ¡Y no es el único!
La Unción de enfermos, tal como se dice hoy
La extremaunción sólo es válida si la persona que la recibe está en peligro de muerte, debido a enfermedad o vejez. Si no hay peligro de muerte el Sacramento es conferido inválidamente. ¿Qué hacen hoy en día? Se reúne a las personas, incluso sin ser demasiado ancianas, a partir de los sesenta años. Se celebra una pequeña fiesta y se les confiere el sacramento de la extremaunción, que no llaman ya extremaunción, pues ya no es extrema, y se piensa que el Sacramento ha sido conferido. Sencillamente esto es inválido.
El Matrimonio
Cuántas veces por falta de preparación hay personas que se casan, incluso en la Iglesia Católica, proponiendo previamente unas condiciones que hacen que el matrimonio sea inválido. Por ejemplo, dicen que “si las cosas no van bien, nos separamos” , o sino “nada de niños por el momento” . Esto se oye con bastante frecuencia. Entonces resulta que si esto son condiciones previas, es decir “no me caso si no me puedo separar” , resulta que el matrimonio es inválido.
El Orden
¿Qué se puede pensar de un obispo que unos meses después de haber ordenado a un sacerdote le llama y le dice. “dudo seriamente que tu ordenación sea válida, ya que tienes un concepto tan retrógrado del sacerdocio que de verdad me pregunto si has sido ordenado válidamente”. Era el obispo de Denver en los Estados Unidos.
Dejemos a un lado la situación de los Seminarios, aunque habría de qué hablar en todos los sentidos. En un Seminario de los Estados Unidos un joven diácono, a quien se le niega la ordenación sacerdotal, es seriamente interrogado: “No le podemos ordenar -¿Por qué? –Tiene usted ideas tan conservadoras, ultratradicionalistas, que no puede ser, no le podemos ordenar”. Y el joven diácono contesta: “Pero vamos a ver, me gustaría corregirme, díganme qué es lo que hago mal. -Siempre lleva usted pantalones negros”. Y como penitencia le han obligado a que predicase todos los domingos en una congregación protestante. Una vez sacerdote se ha venido con nosotros para aprender a celebrar la Misa tradicional, en nuestro Seminario de Ridgefield.
Tal vez esto les parezcan monstruosidades de otro mundo o de no sé dónde. Lo que les he contado son sencillamente hechos. Y a los que permiten eso nadie los condena. Están en plena comunión, como dicen ellos. Pero nos preguntamos con qué y con quién. Son simplemente unos demoledores. Esta es la razón por la que hablamos de estado de necesidad. Y por eso Monseñor Lefebvre, ante sus responsabilidades de obispo, creyó que no podía abandonar a los fieles que acudían a él y que tras su muerte nadie los iba a ayudar. Y esta ayuda viene precisamente a través de los sacerdotes y éstos llegan a ser sacerdotes gracias a los obispos.
¿Qué ocurre actualmente?
No ha habido ninguna mejora. En Roma el Papa sólo tiene una idea, la que lo mantiene todavía en vida, el gran Jubileo del año 2000. Hemos sabido hace poco que sólo recibe de forma habitual a cuatro Cardenales de la Curia, a los que él conoce y en los que confía. El Cardenal Etchegaray, encargado del año 2000, el Cardenal Sodano, Secretario de Estado, el Cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, y el Cardenal Gantin, prefecto de la Congregación para los obispos. Los otros, por ejemplo el Cardenal Medina, prefecto para la liturgia, no ha visto todavía al Papa en una audiencia de trabajo desde que fue creado Cardenal.
Hay dos ideas que laten en este Jubileo: el Ecumenismo y el nuevo ejercicio del Primado. Uno se pregunta en qué consiste esta última idea. Una cuchara sirve para algo muy concreto y ustedes pueden preguntarse qué es lo que se puede inventar como nuevo servicio de una cuchara: se puede intentar cogerla por el otro extremo pero nadie podrá decir que esto surtirá efecto... Un nuevo ejercicio del Primado es muy difícil de concebir, si no se quiere confesar que lo que se va a hacer es cambiar este Primado, que va a ser otra cosa distinta, mas esto equivaldría a decir que los predecesores no supieron cumplir plenamente con su función de Primado, ¡algo que sería muy desconcertante!
Sin embargo da la impresión que en Roma existe un frente que se ha roto. Hay una serie de movimientos que no son exclusivamente ideológicos sino de personas. Por ejemplo hemos sabido que en el mes de agosto del pasado año, 1997, había 18 Cardenales que buscaban el apoyo de otros purpurados para deponer al Papa, y creo que esta información que me han hecho llegar es digna de crédito. Junto a esto había además una petición masiva de firmas, tantas como siete millones, que llegaron a Roma el pasado año 1997 para pedir la dimisión del Papa así como vía libre para el aborto, el sacerdocio femenino y luego, sin duda alguna, la abolición del celibato; se trata por lo tanto de una protesta popular muy fuerte. Por otro lado tenemos al Cardenal Ratzinger que en sus últimos libros intenta distanciarse respecto a este movimiento de signo progresista. Tanto en el libro “La sal de la Tierra” como en el de más reciente aparición, que es una autobiografía de su primer medio siglo de vida, ataca de una forma bastante fuerte a la Nueva Misa e incluso dice que la reforma litúrgica ha constituido una catástrofe para la Iglesia. ¡No está mal! Aunque también dice que no es posible dar marcha atrás.
Su libro “La sal de la Tierra” rezuma un pesimismo terrible sobre el futuro de la Iglesia. Para el Cardenal Ratzinger la Iglesia del futuro estará compuesta por pequeños grupos –como la sal en la Tierra- una diáspora. (...) Todavía guarda una esperanza al contemplar a ciertos grupos carismáticos, como los neocatecumenales; admite que estos grupos son problemáticos, pero al menos, dice, tienen vida. Sin embargo los movimientos neocatecumenales son heréticos: ¿cómo pueden parecerle bien estos movimientos?
Sobre la “visión” que tiene el Papa respecto a la celebración del año 2000, -a eso lo llama él una visión- afirma que es importante tener “visiones” pues así se mantienen ciertos dinamismos, y termina su reflexión diciéndonos: “En cuanto a saber si la visión se ajusta a la verdad, debemos dejarlo enteramente en las manos de Dios. Por el momento lo veo como algo lejano a nosotros.” 1 No es de extrañar pues se sabe que el Papa no habla ya con el cardenal Ratzinger sobre el año 2000, se ha convertido en un tema tabú. El Papa sabe que al Cardenal Ratzinger no le gusta este tema y no hace comentarios, así de sencillo.
Se está dando en cierto sentido marcha atrás, aunque no es algo generalizado, más bien se trata de personas. Hay algunas que han comenzado a decir que no vamos por buen camino, sin saber tampoco qué camino tomar y que en todo caso no es cuestión de volver a lo de antes. Situación difícil y conflictiva. Nos han llegado rumores de una reciente discusión entre Cardenales, más bien acalorada, sobre la cuestión de la misa tradicional, y eran Cardenales de Curia. ¿Adónde será preciso llegar para que se den cuenta?
Algunas personas nos miran con simpatía. No es que esto sea mucho, pero hay algunas. Otros empiezan a abrir algo los ojos, dándose cuenta de la situación dramática de la Iglesia, pues ven cómo hay diócesis y países enteros invadidos por el cisma, y todo lo que se hace o se lleva a cabo no es nada más que guardar las apariencias. Un ejemplo lo tenemos en Alemania. Tras una intervención de tres obispos, llamados los obispos del Rin, respecto al Sacramento de la Comunión administrado a los “divorciados que se han vuelto a casar”, el Vaticano, a través del Cardenal Ratzinger, ha creído que debía dar un toque de atención diciendo que eso no estaba, por supuesto, permitido. Los obispos alemanes no aceptaron esta carta, a excepción de tres: el Cardenal Meissner quien declaró que la solución había que buscarla en una ampliación de los tribunales eclesiásticos encargados de los matrimonios...; Monseñor Dyba y Monseñor Braun. Nada más. Finalmente el Cardenal Ratzinger dijo que el camino del diálogo sigue abierto con los obispos alemanes. El camino del diálogo, a esto queda reducida la comunión eclesial.
Otro ejemplo ocurrido en Alemania: el Papa prohibe a los obispos alemanes la entrega de certificados de asesoramiento en relación con el aborto. 2 El único obispo que se ha pronunciado de forma clara es Monseñor Dyba, los otros han contestado que por supuesto que vamos a obedecer, pero dentro de un año. Afirmando tiempo después que lo que Roma pide es impracticable. Así es como se obedece.
En Suiza el Cardenal Schwery habla en sus entrevistas de cisma. La Iglesia Católica sería cismática, sobre todo en la parte de Suiza de lengua alemana.
Son muchos los que han oído hablar del famoso asunto Haas :
*Monseñor Haas recibió el apoyo del Papa no hace mucho tiempo.
*El Papa reprendió a los obispos suizos y les pidió que colaborasen con él.
*Entonces era obispo de la diócesis de Coira, a la que pertenece Zurich, una de las diócesis más grandes de Suiza, con 1.800.000 habitantes; en la actualidad es un arzobispo con 20.000 almas a su cargo, de su antigua diócesis, y siete sacerdotes. Se le ha encomendado una pequeñísima parte de su gran diócesis y lo han hecho arzobispo de Liechtenstein. ¡Increíble!
El Cardenal Meissner, que fue obispo de Berlín antes de la caída del muro, afirma que la situación de su diócesis actual, Colonia, es peor que la que conoció en la época de nazis y comunistas. Leamos lo que nos dice de su diócesis y de lo que puede hacer para gobernar a esta diócesis de Colonia, la más rica del mundo. El Cardenal Meissner es presidente de una comisión litúrgica que prepara con esmero un nuevo misal para el año 2000. No es un avión supersónico ni un cohete espacial sino un misal, pero en la era espacial todo debe ir muy deprisa y esta comisión prepara un “ritus simplex”. Parece que será de una duración de doce minutos, y eso contando con que se ha alargado la parte que corresponde a la “reflexión en común”... ¿Qué es lo que queda? Y el Cardenal Meissner, presidente de esta comisión, no está en absoluto de acuerdo, pero no puede hacer nada. Hay que obedecer a la mayoría.
Otro ejemplo lo tenemos en la Hermandad de San Pedro y la peregrinación París-Chartres. Este año, el Prefecto de la Congregación para la Sagrada Liturgia había dado su visto bueno para celebrar una Misa pontifical en la Catedral de Chartres. Igualmente se contaba con la aprobación de la Secretaría de Estado, no así con la de los obispos de Francia que prohibieron la celebración de la Misa. Lo mismo sucedió en la peregrinación de la Hermandad de San Pedro a Roma: el citado Cardenal se prestaba gustoso para celebrar una Misa pontifical pero al final se comunicó a este intrépido Cardenal, prefecto de la Congregación para el culto divino, que la celebración del rito tridentino dependía de la Comisión “Ecclesia Dei” y no de la Congregación para la liturgia. A estos extremos se ha llegado en Roma.
Cierto día planteé a un Cardenal una pregunta relativa sobre limitación de competencias: ¿quién decide esto o lo otro? Me respondió así: ¡qué joven es usted! Y de hecho tenía razón. En este caso quería hacerme ver que no se sabía bien quien decidía esto o aquello, pues no están bien delimitadas las funciones de una u otra Congregación.
Un ejemplo típico lo tenemos en el documento del pasado año -1997- en el que podía leerse que la Iglesia nos condenaba y que fue publicado sin miramientos por el Obispo de Sion (Suiza) en el mes de mayo, mientras que él lo había recibido durante el mes de octubre del año anterior. Las preguntas las planteó el obispo a Roma pero la contestación la recibió de la Nunciatura.
Una pregunta se refería a la Misa tridentina: ¿está prohibida? - ¿quién puede celebrarla? No hay respuesta. Las otras dos se refieren a la Hermandad de San Pío X: ¿quién está excomulgado y quién no lo está? Así que en ese mes de mayo da a conocer las dos respuestas.
Dice que una de estas respuestas ha sido dada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, mientras que la otra respuesta la ha dado la Comisión para la interpretación de Textos legislativos. Cuando leemos el texto se nos presentan varias dudas y pedimos ciertas puntualizaciones a este Obispo, ya que se nos habla de un Decreto de excomunión del 1 de junio de 1988.
Nada hay de esto en las Acta y además se habla de un Decreto de otra Congregación. El documento aportado, presentado como propio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hace referencia a otro Decreto. Sin embargo no ha habido ningún Decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe ni a principios ni a finales de junio. Sí ha habido uno de la Congregación para los Obispos.
Así que habiendo pedido algunas precisiones a Monseñor Brunner, nos ha dicho lo siguiente: “Estos textos los recibí así de la Nunciatura. Es cierto que la fecha es inexacta, pero repito que los textos los recibí así y no tengo nada más que añadir.” Ningún dato esclarecedor, ninguna firma, ni fecha, ni nombre alguno, nada de nada. Algunas semanas más tarde se publicó el mismo texto en la publicación “Documentation catholique” resultando que el primer texto ya no es un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe sino de la Congregación para los Obispos. Es decir la Nunciatura no sabía ya quién había redactado estas líneas, este borrador, y eso es lo que representan los documentos oficiales de Roma relativos a la Hermandad de San Pío X.
Hace poco que un feligrés nuestro escribió al Cardenal Ratzinger para preguntarle si estos documentos son algo oficial y serio. Monseñor Perl le respondió así: “Referente a su pregunta, le tengo que decir que estamos preparando un documento en regla.” Así que en lo que respecta a la competencia de Roma, ¡un verdadero desastre!
Después de todo esto, ¿estamos excomulgados o no? Si damos crédito a los documentos romanos, lo estarían los cuatro obispos. En cuanto a los demás, es difícil decirlo. Algunos dicen que sí, otros lo niegan. Algunos hablan de cisma, otros opinan que lo único que estamos es al margen de la Iglesia. En cuanto a los Sacramentos algunos creen que son válidos, otros que no lo son. ¡Y todo eso en Roma!
Nos han asegurado que se va a solucionar la situación, que se van a poner las cosas en su sitio, aunque hace ya seis meses que seguimos las vueltas y revueltas de un anunciado documento que debía publicarse con motivo de los diez años de “Ecclesia Dei”. 3 Un día parece que va a salir ya, al día siguiente de lo dicho no hay nada, al otro día nadie ha oído hablar de él; finalmente, si de una vez llegara, pero las altas instancias no saben nada... y resulta que días después se ha enviado el documento para que le corrijan... quedando en el olvido. Tal documento se debía componer de dos partes. La primera haría referencia a una mayor flexibilidad para celebrar la Misa tridentina, y la otra, en cuanto a la Hermandad, sería más bien un mazazo. Pero según las últimas noticias, esta parte habría sido tachada del documento. (...)
Sin embargo hay que ser más rigurosos en este asunto. No basta con una declaración de Roma, hay que justificar esa excomunión, ya que toda excomunión es una sanción impuesta por la Iglesia a causa de pecados muy graves. El motivo expuesto para nuestra excomunión sería el cisma, pretenden hacer ver, contra viento y marea, que somos un grupo separado de la Iglesia, ya que la consagración de obispos en contra de la voluntad del Papa equivale a la instauración de un cisma. Esta tesis, que forma parte de los documentos romanos que nos atañen, es falsa porque nunca ha sido la posición de la Iglesia. En el Código de Derecho Canónico de 1917 no se señalaba ninguna excomunión para el obispo que consagrase sin la anuncia de Roma. Existía otra pena canónica que se denomina suspensión , pero no la excomunión. Pío XII sí excomulgó a los obispos chinos que realmente cayeron en cisma al consagrar obispos elegidos por el pueblo, primeros pasos para la iglesia nacional china a las órdenes del gobierno comunista.
Hay otro elemento importante en esta reflexión. El Código de Derecho Canónico dividía las penas canónicas y censuras en varias partes: primero los pecados contra la Fe, después los pecados contra la unidad de la Iglesia, siendo el cisma un pecado contra la unidad de la Iglesia. Después vienen, por ejemplo, los pecados relativos a la falsificación de textos de la Santa Sede, pecados contra la Sagrada Eucaristía, de usurpación de poder. Y ocurre que la pena, incluso en el nuevo Código de Derecho Canónico, que castiga una consagración episcopal sin mandato apostólico, no se encuentra en el capítulo de pecados contra la unidad de la Iglesia, sino en el de la usurpación de poder. Son dos cosas muy diferentes. Dicho de otra forma, una consagración episcopal sin mandato apostólico no ha sido, ni lo es ahora, según la enseñanza de la Iglesia, un inicio de cisma. Y los canonistas oficiales, como por ejemplo Monseñor Valdrini, de la Facultad de teología católica de París, su colega de Munich, así como el Cardenal Lara, miembro de la Comisión de Derecho Canónico de Roma, lo han dejado muy claro. Cismático es aquel que no sólo realiza un acto de desobediencia respecto al Papa, sino que rechaza la autoridad del Romano Pontífice. Tiene que producirse esta ruptura con la Iglesia para que haya cisma. Nosotros nunca hemos querido separarnos de la Iglesia Católica y hemos tomado todas las medidas a nuestro alcance para dejar bien claro que no usurpamos lo que por derecho pertenece al Papa en una consagración episcopal y que es la jurisdicción que él otorga a los nuevos obispos, es decir el lugar en que éstos van a ejercer de forma ordinaria su poder episcopal. Siempre hemos dicho que no tenemos ese poder y lo ponemos en práctica mediante un ejercicio físico muy particular que, en este caso, es volar de un extremo al otro del mundo para hacer ver que no tenemos territorio asignado: acudimos allí donde hay un incendio para intentar apagarlo, es decir allí donde hay fieles que piden nuestra ayuda. Frente a la excomunión que han lanzado contra nosotros nos defendemos con la ley suprema que rige todas las leyes de la Iglesia, haciéndolas válidas o inválidas, ley suprema que es la salvación de las almas.
Prima lex – la primera ley – es la salvación de las almas. En nombre de esta ley Monseñor Lefebvre consagró a los obispos, por la salvación de las almas. Y cuando se intenta usar las leyes de la iglesia contra esta primera ley de la salvación de las almas, en ese momento esas leyes se convierten en leyes inválidas. Lo que estamos viviendo es algo inaudito. Conozco a cierto profesor de Derecho Canónico que dice que en la actualidad el sistema legislativo de la Iglesia está de tal manera invertido que resulta inaplicable, es decir que se aplican las leyes al revés, justo para hacer lo contrario para lo que han sido redactadas. El fin de las leyes es la salvación de las almas. Si se usan estas leyes para cerrar las iglesias, impedir a los católicos la celebración digna del culto o la recepción de sacramentos, entones se destruye todo el cuerpo legislativo. En esa situación estamos. No podemos estar peor, pues entonces habría que decir que las puertas del infierno han prevalecido, algo imposible a causa de la promesa de Nuestro Señor. Creemos firmemente en las Palabras de Nuestro Señor y esto es lo que nos da una gran esperanza al contemplar la catástrofe actual, ya que la Iglesia ha tocado fondo significa que debe haber una intervención directa de Dios. ¿Cuándo? ¿Cómo? Todo lo que hemos vivido hasta el momento presente nos indica que Dios Nuestro Señor no calcula como nosotros. Su Sabiduría es infinitamente más grande que la nuestra y Él, el Maestro, permanece, es algo que comprobamos diariamente. Vemos cómo dispensa su gracia a las almas, a las que El escoge, cuando quiere y como quiere. Cada día contemplamos conversiones extraordinarias, magníficas, verdaderas historias de la gracia, podríamos decir cómo se convierten muchas almas, su búsqueda, cómo son atraídas hasta nuestras humildes capillas. (...)
Actualmente hay diversos sacerdotes que se van acercando a nosotros, en diversos puntos del mundo, y me parece que este movimiento no ha hecho nada más que empezar, y que sin duda alguna va en aumento. Con frecuencia comprobamos que estos sacerdotes tienen un conocimiento de la Hermandad un tanto extraño. Incluso si se dijese de nosotros que somos terroristas no sería esto lo peor, y sin embargo cuando esos sacerdotes ven con sus propios ojos lo que hacemos se sienten emocionados.
Voy a contarles el testimonio de un sacerdote de Alemania: asistió sencillamente en uno de nuestros colegios a la Bendición con el Santísimo Sacramento, con cantos de polifonía por parte de los alumnos, arrodillados ante el Santísimo: “Si no lo hubiese visto, nunca hubiese podido creer que eso existía”. O ese sacerdote filipino que durante catorce años ha tenido 17 destinos diferentes, enviado de un sitio a otro porque -decían- era lefebvrista, y cierto día pensó que quizá esto no era tan malo: “Tengo que informarme sobre quién es esa gente, creo que merece la pena” y finalmente se vino con nosotros...
Dios Nuestro Señor no nos abandona, cuida hasta el más mínimo detalle para salvar a las almas por las que ha derramado su Sangre. Y así podemos comprobar y ver sin duda alguna que somos meros instrumentos de los que Dios se sirve para comunicar su Gracia.
Y si un día hay que hablar con Roma el testimonio que daremos será el testimonio de la santificación de las almas, de su salvación, esperando que nos comprendan y creo que un día comprenderán. n
(Pour qu´Il regne, nº 28)
NOTAS
1.- Cf. “La sal de la Tierra”, entrevista del Cardenal Ratzinger con Peter Seewald.
2.- Las personas que desean abortar en Alemania deben pasar ante un organismo competente con el fin de aconsejarles adecuadamente sobre este asunto. Un 30 por ciento de estos Consejos de asesoramiento han sido organizados por católicos, creyendo que así podrían hacer ver a esas madres la gravedad del aborto. Mas ocurre que la única condición indispensable para obtener autorización de abortar es haber pasado por uno de estos consejos (Beratungsschein). Por esta razón Roma ha prohibido a los obispos alemanes que entreguen estos certificados con los cuales se tiene vía libre para el aborto.
3.- A estas alturas tendría que haber visto ya la luz... pero sigue sin aparecer.