El Pueblo de Dios es una nueva denominación
para designar la Iglesia. Esta denominación muy de moda y ampliamente
generalizada corresponde realmente a una redefinición de la
misma Iglesia, se trata de una nueva concepción de la Iglesia.
El mismo Juan Pablo II lo afirma y dice en su libro: “Signo
de Contradicción” BAC pág. 24. La iglesia de nuestro
tiempo se ha hecho particularmente consciente de esta verdad y, por
ello, a su luz ha logrado redefinir en el Concilio Vaticano II su
propia naturaleza.
Se trata de una nueva concepción de la Iglesia aunque esto
no siempre sea explícito para la mayoría de los fieles
Se pretende falsamente hacer del concepto Pueblo de Dios algo muy
antiguo que nos viene de las Sagradas Escrituras. La expresión
como tal se encuentra en las Sagradas Escrituras, pero el concepto
bajo el cual hoy se le invoca es totalmente otro. Se utiliza el mismo
término pero con un significado diferente.
A continuación veremos cómo esta denominación
del Pueblo de Dios corresponde a una concepción de la Iglesia
distinta de la noción tradicional de la Iglesia como cuerpo
místico de Cristo, la cual es superada y reabsorbida dentro
de un contexto más amplio y abierto como el ecumenismo.
Es importante que se analice cuál es el significado que tiene
el Pueblo de Dios con el cual se redefinió a la Iglesia. Es
muy expresivo lo que el nuevo Derecho Canónico dice, y más
aún cuando la finalidad fue justamente la de poner en lenguaje
canónico el espíritu del Concilio Vaticano II, especialmente
lo relacionado con lo que constituyó su novedad y que el nuevo
Código de derecho quiso expresar en lenguaje canónico,
esto es, lo referente a la doctrina sobre la Iglesia o eclesiología.
La expresión Pueblo de Dios corresponde a una nueva doctrina
sobre la Iglesia, es la expresión de la nueva eclesiología
ecuménica que destruye y disgrega a la Iglesia.
Esta concepción de la Iglesia según la nueva eclesiología
ecumenista, está vertida en el nuevo Código de Derecho
Canónico, en el canon 204, el cual dice que la Iglesia de Dios
subsiste en la Iglesia Católica. Ya no se dice como siempre
se ha dicho, que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica.
Ahora esto se relativiza con el verbo subsiste, dejando entender que
además (hay o puede haber) Iglesia mas allá de la Iglesia
Católica, o sea, fuera de la Iglesia Católica. Esto
es precisamente lo que designa actualmente la expresión Pueblo
de Dios, la cual abarca mucho más que la Iglesia Católica,
a la cual comprende y supera.
Uno de los pseudo-teólogos de mayor influencia y renombre en
el Concilio Vaticano II, el sacerdote modernista Karl Rahner, es quien
va a darnos la pauta sobre la significación del Pueblo de Dios.
Este teólogo progresista manifiesta que hay una unión
real y ontológica entre Dios y cada hombre por el hecho de
la Encarnación. Pues, el Verbo al tomar la carne para hacerse
hombre se une con todos y cada uno de los hombres, sacramentalizándose
así la humanidad y el mundo.
Esta unión de Dios con la humanidad, con cada hombre, por el
hecho de la Encarnación constituye el pueblo de los hijos de
Dios o más abreviadamente el Pueblo de Dios. Dentro de la nueva
eclesiología el término pueblo de Dios significa la
humanidad entera (todos los hombres sin excepción) sacramentalizada
por el hecho de la Encarnación. Luego abarca mucho más
que lo que abarca la noción de Iglesia Católica, pues
todos los hombres sin dogmas que dividan ni credos que se pongan pertenecen
al Pueblo de Dios.
Entonces con anterioridad a la Gracia y a la Fe, queda formando así
el Pueblo de Dios, cuya extensión es la misma que tiene la
humanidad toda por el hecho de la Encarnación que ha realizado
la unión de Dios con cada hombre, Iglesia y Humanidad quedan
identificados. Mundo e Iglesia quedan compenetrados. Todo esto queda
muy bien expresado en el siguiente comentario del Padre Meinvielle:
«Karl Rahner S.J. ha sistematizado, quizás con excesiva
fuerza, lo que él llama un cristianismo invisible, que sería
efecto de una “consagración de la humanidad por la Encarnación
del verbo”. “Al hacerse hombre el verbo de Dios, dice
Ranher, la Humanidad ha quedado convertida real-ontológicamente
en el pueblo de los hijos de Dios, aún antecedentemente a la
santificación efectiva de cada uno por la gracia”. “Este
pueblo de Dios que se extiende tanto como la Humanidad”... “antecede
a la organización jurídica y social de lo que llamamos
Iglesia”. “Por otra parte, esta realidad verdadera e histórica
del pueblo de Dios, que antecede a la Iglesia en cuanto magnitud social
y jurídica... puede adoptar una ulterior concretización
en eso que llamamos Iglesia”. “Así, pues, donde
y en la medida que haya pueblo de Dios, hay también ya, radicalmente
Iglesia, y, por cierto, independientemente de la voluntad del individuo”.
De aquí se sigue que todo hombre, por el hecho de ser hombre,
ya pertenece, radicalmente, a la Iglesia». (La Iglesia y el
Mundo Moderno, ed. Theoría, Buenos Aires 1996, pp. 143- 144).
La noción de Iglesia como Pueblo de Dios, comprende radicalmente
toda la humanidad, todo el mundo. De otra parte se explica así,
por qué la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica,
como lo expresa el nuevo Código ateniéndose a la novedad
eclesiológica del Concilio.
El nuevo Código no dice que la Iglesia de Dios es la Iglesia
Católica, pues así quedarían excluidos todos
los que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia, mientras que como Pueblo
de Dios, abarca la humanidad entera, o sea, al mundo y abarca a todos
y cada uno de los hombres, pues pertenecen al Pueblo de Dios por estar
unidos con Dios gracias a la Encarnación del Verbo.
Hay una profunda ignorancia y peor aún, una grave tergiversación
concerniente a la pertenencia de los miembros de la Iglesia y a la
justificación o salvación de los hombres, íntimamente
ligada a la cuestión: “Extra Ecclesiam nulla salus”,
fuera de la Iglesia no hay salvación pues fuera de la Cruz,
fuera de Nuestro Señor Jesucristo, no hay, ni puede haber salvación.
La expresión Pueblo de Dios designa la pertenencia radical
de todos los hombres, de la humanidad , a la Iglesia; pertenencia
radical quiere decir pertenencia en la raíz (in radice), por
el hecho de ser hombre, de pertenecer al género humano, del
cual el Verbo Divino tomó la carne y se hizo hombre, de modo
que Iglesia y Mundo quedan identificados y la humanidad sacramentalizada
junto con el Mundo.
El Pueblo de Dios cubre así una realidad más amplia
que la concepción misma de Iglesia Tradicional. El Pueblo de
Dios comprende la Iglesia Católica pero no la agota, por eso
se dice que la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica
en vez de decir que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica
como consta en el nuevo Código cuya finalidad es verter en
Ley el espíritu ecuménico y liberal del Concilio Vaticano
II, cuya preocupación fue asimilar dos siglos de cultura liberal
a partir de la Revolución Francesa de 1789.
La redefinición de la Iglesia como Pueblo de Dios se hace en
base a una nueva concepción de la Encarnación. La Iglesia,
al ser la prolongación de la Encarnación, es lógico
que, teniéndose otra visión o concepción de la
Encarnación (como la de Vaticano II y Juan Pablo II), se suscite
la necesidad de redefinir la Iglesia para que esté de acuerdo
con la nueva concepción de la Encarnación de la cual
es su prolongación.
A modo de conclusión diremos que la Iglesia del Pueblo de Dios,
es la iglesia de la Humanidad, de la ciudad del hombre, de la civilización
universal y sincretista construida bajo un nuevo orden secular en
contraposición a la Iglesia Católica, y a la civilización
Católica o Ciudad de Dios.
La Iglesia del Pueblo de Dios es la Iglesia del sincretismo religioso
de carácter gnóstico que aúna a todos los hombres
sin dogmas que dividan, bajo una falsa paz universal, donde el único
pecado será seguir siendo un verdadero católico fiel
a la Tradición de la Iglesia y a Jesucristo Nuestro Señor.