Valor histórico de la Sagrada Escritura.
Como hemos visto, toda religión sobrenatural supone una
revelación, y siendo ésta un hecho histórico,
debe ser probada por testimonios que sean completamente ciertos. ¿Dónde
encontraremos, pues, esos testimonios irrecusables que nos den
fe de las menores comunicaciones que Dios ha tenido con la humanidad?
En unos libros tenidos, durante largos siglos, en veneración
excepcional y del todo merecida. La reunión de ellos forma
lo que se llama la Sagrada Escritura o la Biblia, es decir, el
libro por excelencia.
La Sagrada Escritura se divide en Antiguo y en Nuevo Testamento.
ANTIGUO Testamento (1). -El
Antiguo Testamento se compone de libros inspirados, escritos antes
de la venida de Jesucristo. Estos libros son en número de
cuarenta y cinco, y pueden dividirse en cuatro clases.
1ª. Los libros llamados históricos,
los cuales cuentan la historia de la religión desde la creación
-del mundo hasta Jesucristo. El principal de ellos es el Pentateuco,
y consta de cinco partes ó libros: el Génesis,
el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio.
Refieren estos libros, desde muchos siglos antes de Jesucristo,
los orígenes del inundo y la historía del pueblo
de Dios, hasta el tiempo en que éste tomó posesión
de la Tierra prometida. Pero hay que notar que el Pentateuco no
se propone decir todo lo que hay respecto de esta historia, ni
qué parte corresponde a los pueblos contemporáneos
de Abraham ó anteriores á él, sino señalar
tan sólo lo que dice relación con su fin y objeto
religioso: Los otros libros históricos van continuando la
narración de éste, partiendo de la entrada de Israel
en la Tierra de promisión hasta el advenimiento del Redentor.
Estos son: el libro de Josué, el de los jueces, los cuatro
libros de los Reyes, los dos libros de los Paralipómenos,
los dos de Esdras, de los que el segundo lleva también el
nombre de Nehemías, y los dos libros de los Macabeos. -Además
de esta historia general, hay cinco libros que contienen relatos
particulares: estos son los libros de Job, de Ruth, de Tobías,
de Judit y de Ester. (2)
2ª. Los libros de alabanza, o cánticos dirigidos á la
Divinidad: tales son los Salmos y el Cantar de los Cantares.
3ª. Los libros de moral, que dan reglas para el buen régimen
de la vida: los Proverbios, el Eclesiastés, la Sabiduría
y el Eclesiástico.
4ª. Los libros de los Profetas, que
ya reprenden los vicios del pueblo, ya predicen los castigos que
le amenazan, ya, principalmente, anuncian la venida del Mesías.
Los profetas son en número de diez y seis: cuatro principales, á saber,
Isaías, jeremías (con Baruc), Ezequiel y Daniel,
los cuales son llamados Profetas mayores á causa de la importancia
de sus escritos. Los otros, á los que por la brevedad de
sus libros se da el nombre de Profetas menores, son en número
de doce: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás,
Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías
y Malaquías.
NUEVO Testamento. El Nuevo Testamento se compone de libros inspirados
y escritos después de la venida de Jesucristo y
en tiempo de los Apóstoles; comprende el Nuevo Testamento
ventisiete libros, que se dividen en cuatro categorías.
1ª. Los Evangelios, que comprenden
la historia de la vida y de la predicación de Jesucristo,
su doctrina, su muerte y su resurrección. Los Evangelios
son cuatro, y tienen por autores, respectivamente, á San
Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan.
2ª. Los Hechos de los Apóstoles, que describen
las primeras etapas del Cristianismo en el mundo. Esta narración,
que tiene por autor al Evangelista San Lucas, discípulo
que fué de San Pablo, llega hasta la primera cautividad
de San Pablo en Roma.
3ª. Las Epístolas ó Cartas de los
Apóstoles, escritas á diferentes Iglesias, y
también á personas particulares, para darles consejos é instrucciones.
Cuéntanse catorce de San Pablo, tres de San Juan, dos de
San Pedro, una de Santiago y otra de San judas.
4ª. El Apocalipsis, ó revelación
hecha á San
Juan en la isla de Patmos. (4)
PUNTO DE VISTA DESDE EL QUE CONSIDERAMOS LA SAGRADA
ESCRITURA. -Para el católico, todos los libros que acabamos
de enumerar tienen carácter sagrado, porque todos ellos
se le presentan como divinamente inspirados, es decir,
como escritos por los autores bíblicos, bajo la moción
del Espíritu
Santo; lo cual basta para que podamos decir que dichos libros tienen á Dios
por autor, y que «Dios, por su medio, no puede engañarnos.
Pero, notémoslo bien, nosotros no vamos á estudiarla
precisamente bajo este respecto. El fin del apologista qué se
reduce á demostrar á la razón que debe
creer porque la religión cristiana le ofrece pruebas
irrecusables de verdad, no puede alegar una inspiración
que suponga ya constituída la fe ni el reconocimiento
de la infalibilidad de la Iglesia. Haremos, pues, aquí abstracción
completa de la inspiración de los Libros Santos, para no
ocuparnos más que de su valor histórico; los trataremos,
según cumple á nuestro propósito, como si
se tratara de los Comentarios de César ó de los Anales
de Tácito.
Estos libros, de los cuales hay unos que anuncian al Mesías
y otros que relatan su historia, están también
llenos de hechos que prueban que Jesucristo es el mismo Mesías
y que su obra es divina. Pero digamos, ante todo, cuál
sea la autoridad de los libros contenidos en la Biblia.
Notas:
(1) V.
Pelt. Hist. de l'Ancien Testament, 4.ª edic. Lecoffre, París,
1904.
(2) Respecto a estos últimos
libros, preguntan algunos hasta qué punto los relatos que
en ellos se contienen deben ser considerados corno históricos.
No parece que la exégesis baya pronunciado sobre ello
su última palabra. V. Etudes P. Piat, Progrés
et tradicion en exégése. 5 de Dic. 1902, p. 624.
(3) La
Biblia es, en verdad, el libro del Mesías, el libro de Nuestro
Señor
Jesucristo, de la cual El es punto culminante y como la idea central.
Jesucristo, según S. Pablo, es lapis summus angu laris,
la piedra principal del ángulo que une á entrambos
Testamentos con la más perfecta trabazón. «El
Antiguo Testamento, dice S. Agustín, es la figura del Nuevo,
y toda la religión mosaica, sus patriarcas, sus vidas,
sus alianzas, sus sacrificios, son otras tantas figuras de lo que
nosotros vemos; y todo el pueblo judío no es sino un gran
profeta de Jesucristo y de su Iglesia. Y Pascal aflade: «Jesucristo
es el foco donde convergen ambos Testamentos: el Antiguo como á su
expectación, el Nuevo como á su modelo, y uno y otro
como á su centro.» El mismo Jesucristo afirma con
frecuencia, y con las expresiones más enérgicas,
que todo el Antiguo Testamento se ocupa de Él. Así,
por ejemplo, dice á los hostiles é incrédulos
fariseos. «Escudriñad las Escrituras ya que en ellas
pensáis que consiste la vida eterna, pues ellas son las
que dan testimonio de mí.» «Si creyerais en
Moisés, creeríais sin duda en mí, porque de
mi es de quien él ha escrito.» A este libro remitía
todos sus discípulos y amigos: "Y comenzando por Moisés
y por todos los profetas, interpretaba cuanto dicen referente á El
las Escrituras.» Joan. V_39, 46; Luc. XXVI, 27, 44. -V. Fillion,
La Sainte Bible, t. I, Introd. p. 3.