Capítulo Quinto
Objeciones de la Epístola a los Hebreos contra el Sacrificio de la Misa
Obiectiones ex Epístola ad Hebaeos contra sacrificium Missae

Apoyándose en muchos pasajes de la Epístola a los Hebreos, cap. 7 al 10 inclusive, los luteranos se levantan contra estas dos cosas que han quedado establecidas. CONTRA la celebración cotidiana del ofrecimiento de la Eucaristía replican con tres argumentos.
En primer lugar, a causa de la multiplicidad de los sacerdotes. Pues según esta Epístola la diferencia entre Cristo, sacerdote del Nuevo Testamento, y el sacerdote del Antiguo Testamento, consiste en que Cristo es único mientras que este último tenía que multiplicarse, ya que Cristo es eterno, mientras que éste último era temporal. Así que es inconveniente afirmar en el Nuevo Testamento una Hostia a la que no le basta un único sacerdote, Cristo, sino que exige un sacerdote que sucede a otro según sucesión temporal, como vemos que pasa con el sacrificio de la Misa.
En segundo lugar, a causa de la repetición del ofrecimiento. Pues según esta Epístola, la diferencia entre el sacrificio del Antiguo Testamento y el del Nuevo consiste en que aquél se repetía cada día por los simples sacerdotes y cada año a manos del sumo Sacerdote; mientras que ahora no se repite ni cada día ni cada año, sino que ha sido ofrecido una sola vez. De modo que es inconveniente afirmar en el Nuevo Testamento un sacrificio que hay que repetir a menudo.
En tercer lugar, a causa de lo que se ofrece. Pues según esta Epístola, la diferencia entre el sacrificio del Antiguo Testamento y el del Nuevo consiste en que entonces el sacerdote hacía uso de la Sangre de cabritos y otros animales, mientras que ahora Cristo ha ofrecido una sola vez su propia Sangre.
De modo que es inconveniente decir que se ofrece por nosotros bajo las especies de pan y vino, siendo que El se ofreció más que suficientemente una sola vez a sí mismo.
EN CONTRA de que la Eucaristía sea una hostia para expiación de los pecados dan, además, tres argumentos.
En primer lugar, a causa de la reiteración, porque en esta misma Epístola se atribuye la reiteración de Hostias a la incapacidad para borrar los pecados de las Hostias del Antiguo Testamento. Si hubiesen podido limpiar los pecados se hubiesen dejado de ofrecer: por eso en el Nuevo Testamento no tiene que repetirse el ofrecimiento de la Hostia que quita los pecados. Sería inconveniente, entonces, afirmar en el Nuevo Testamento una Hostia por los pecados que es necesario repetir, como es la Misa.
En segundo lugar, a causa de la suficiencia del sacrificio de Cristo. Porque Cristo, ofreciéndose a sí mismo en la cruz con un solo ofrecimiento, consumó a todos los que se le acercan, etc. De modo que añadir en el Nuevo Testamento otra hostia por los pecados sería cometer una injuria contra la enorme suficiencia de Cristo-Hostia por todos los pecados del mundo.
En tercer lugar, a causa de los pecados perdonados, porque (como se indica en esa Epístola), donde no hay ya más pecados para expiar no se necesita una hostia por ellos; sino que ya han sido abolidos todos gracias al Nuevo Testamento que quedó rubricado con la muerte de Cristo.
De modo que en el Nuevo Testamento no queda lugar para otra hostia en remisión de los pecados.

 

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