Capítulo Cuarto
Por institución de Cristo, la Eucaristía se inmola en remisión de los pecados
Ex institutione Christi immolari Eucharistiam in remissionem peccatorum

Con el mismo mandamiento de Nuestro Señor Jesucristo y siguiendo idéntico procedimiento se puede refutar fácilmente la otra cosa que niegan los luteranos: que haya una Hostia para la expiación de los pecados.
En San Mateo 26, 28 Nuestro Señor Jesucristo, al tomar el cáliz, no sólo dijo: Esta es mi Sangre que se va a derramar por vosotros, sino que añadió: En remisión de los pecados, y por fin: Haced esto en memoria de Mí.
De modo que en el mandamiento : Haced esto, se incluye hacer la Sangre de Cristo en el cáliz, inmolándola, no sólo en cuanto se derrama, sino también en cuanto se derrama por muchos para la remisión de sus pecados. Lo que exactamente quieren decir estas palabras es que así como el derramamiento de sangre en remisión de los pecados es la víctima cruenta misma por nuestros pecados, del mismo modo, hacer, como tal, el cáliz de la Sangre que se derrama para la remisión de los pecados es inmolar el cáliz de la Sangre en cuanto se derrama para la remisión de los pecados, en cuanto realiza esa misma remisión. Derramarse para la remisión de los pecados es realizar esta misma remisión en cuanto está de su parte, independientemente de cuál sea el efecto. Por lo tanto, no es invención de los hombres sino entender y obedecer al mandamiento divino no sólo ofrecer el cuerpo y la sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino en memoria de Nuestro Señor Jesucristo, sino también ofrecerlos en expiación de los pecados. Es más, el uso de todas las Iglesias, no solo Latinas y Griegas sino también de las Armenias, Persas y demás difundidas a través de toda la tierra, es la mejor interpretación de esta ley, ya que desde antiguo siempre lo interpretaron así.

 

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