Capítulo
Tercero
Por institución de Cristo se inmola la Eucaristía
Ex institutione Christi Eucharistiam immolari
Sin
embargo, los católicos sabemos que en los textos sagrados
está marcada la inmolación de la Eucaristía.
Los evangelistas, en efecto (especialmente San Lucas 22, y más
aún San Pablo, en 1 Corintios 1), nos dicen que luego de
muchas otras cosas que hizo Nuestro Señor Jesucristo en la
cena, les mandó: Haced esto en memoria de Mí. Estas
palabras, al ser de Jesucristo, tienen que ser muy bien examinadas,
tanto el pronombre Esto, como el verbo haced, como en memoria de
Mí.
¶ Para entender lo que se indica con el pronombre Esto, hay
que examinar las palabras que preceden. Lo que precede es que Jesús
tomó el pan, dio gracias, lo rompió, lo dio y dijo:
Tomad y comed, esto es mi Cuerpo que por vosotros se rompe, o según
San Lucas, se da. E inmediatamente añadió: Haced esto
en memoria de Mí. Como el pronombre Esto no se limita a señalar
unas y a no señalar otras de las cosas que preceden, se sigue
que señala la totalidad de las que preceden.
¶ La palabra Haced encierra muchos misterios, pues
no dice: ‘Decid esto’, sino, ‘Haced esto’,
para señalar que lo que manda no consiste en decir sino en
hacer, y que el ‘decir’ que figura aquí no es
para ‘decir’ algo sino para ‘hacer’ algo;
para que comprendiésemos que las palabras de la consagración
son palabras que producen lo que significan.
Al añadir, en memoria de Mí, distingue ‘hacer’
de ‘conmemorar’. No dijo más expresamente: ‘Conmemorad
esto’, sino: Haced esto en memoria de Mí. Nuestro Señor
Jesucristo manda que Esto, es decir todo lo que precede, se haga
en memoria suya. Lo que se manda es ‘hacer esto’ y que
se haga ‘para recordar’ a Nuestro Señor Jesucristo.
¶ Como en las palabras hacer esto se entiende no sólo
‘hacer’ el Cuerpo de Cristo sino también hacer
el Cuerpo de Cristo ‘que se rompe o se da’ por nosotros,
queda claro que Nuestro Señor Jesucristo mandó que
hiciésemos su cuerpo que por vosotros se rompe y sé
da, como si dijese: ‘Que se inmola por vosotros’,
pues sólo se rompe y se da en cuanto se rompe y se da en
la cruz (esto quiere decir ‘se inmola’) por vosotros.
Por consiguiente, hacer mi Cuerpo que se inmola por vosotros es
lo mismo que hacer mi Cuerpo en cuanto que se inmola por vosotros.
¶ Para que entiendas mejor lo que decimos, advierte que si
Nuestro Señor Jesucristo hubiese añadido las palabras
que por vosotros se rompe o se da sólo para expresar
la verdad de su Cuerpo, hubiese sido suficiente decir: ‘que
veis en mi persona’, o algo así. Pero lejos de Nuestro
Señor Jesucristo un lenguaje impreciso, pues negado esto,
se quita toda certeza a las palabras. Eso sería perderse
en medio de infinitas posibilidades. Al decir, pues, que por
vosotros se rompe o se da, significa exactamente: haced mi
Cuerpo en cuanto se ofrece por vosotros, y eso mismo hacedlo en
memoria de Mí.
¶ Hacer esto en memoria de Cristo es más
que hacer el Cuerpo de Cristo consagrándolo, porque es además
hacer el Cuerpo de Cristo que se da y se rompe por vosotros.
También es más que recordar a Cristo, porque es hacer,
en recuerdo de Cristo, su Cuerpo que se da y se rompe por nosotros.
Además, darse y romperse por nosotros es lo mismo
que ser inmolado por nosotros, pues darse significa genéricamente
ofrecerse, y romperse significa específicamente
el modo de ofrecerse, es decir, rompiéndose: El se dio a
sí mismo a Dios en la Cruz a través de la ruptura
de sus manos, pies y costado por nosotros. Por consiguiente, cuando
Nuestro Señor Jesucristo mandó haced esto en memoria
de Mí, mandó: haced esto por modo de
inmolación en memoria de Mí. Hacer ‘el
Cuerpo de Cristo que se inmola’ es hacerlo inmolándolo
o por modo de inmolación, de modo que sea el Cuerpo de Cristo
en cuanto que se inmola. Si no hacemos estas dos cosas 1ª:
hacer el Cuerpo de Cristo ‘consagrándolo’; y
2ª: ‘inmolando’ lo que se da y se rompe por nosotros,
no hacemos “el Cuerpo de Cristo en cuanto que se inmola”.
A esto se añade otra cosa más, a saber, 3ª hacerlo
‘en memoria’ de Jesucristo.
¶ Date cuenta, prudente lector, de lo que se hizo en la cena
del Señor para que entiendas cómo corresponde institución
con institución, hecho con hecho e inmolación con
inmolación. La cena Pascual, instituida en memoria de la
salida de Egipto, consistía en el hecho de una inmolación,
de modo que la misma cena era la inmolación del cordero Pascual.
De igual modo, Nuestro Señor Jesucristo, al terminar el sacrificio
del cordero Pascual, instituye nuestra nueva Pascua en sí
mismo cuando se inmola diciendo: Esto es mi Cuerpo que se da
por vosotros o se rompe: haced esto en memoria de Mí.
Como si dijese de palabra lo que expresaba con el hecho de la sustitución:
‘así como hasta ahora hacíais la Pascua en memoria
de la salida de Egipto, a partir de ahora haced esto en memoria
de mi inmolación’. Como si hablara con la misma sustitución
de la antigua Pascua por la nueva, y dijese: ‘Aquella Pascua
la hacíais inmolándola en una cena comunitaria; ahora
haced esto inmolándolo en una mesa comunitaria en memoria
de Mí’.
De modo que por esa misma sustitución de la antigua Pascua
por la nueva, se da a entender que cuando dice: Haced esto en
memoria de Mí, se refiere a que hay que hacerlo por
modo de inmolación, pues en la antigua Pascua se hacía
de ese modo.
¶ Que tal sea el sentido auténtico de este mandamiento
lo prueban los hechos relatados por San Pablo en 1 Corintios 10.
San Pablo enumera entre las cosas inmoladas el pan santo y el cáliz
de la Sangre de Cristo; trata a nuestra mesa como altar; y pone
a los que comen y beben de la mesa del Señor como a los que
comen y beben cosas inmoladas. Con esto queda claro, por una parte,
que los Apóstoles habían entendido el mandato de Cristo:
haced esto en memoria mía, como hacer la Eucaristía
inmolándola; por otra parte que en la Iglesia de Cristo,
en tiempos de los Apóstoles, la Eucaristía era no
sólo un sacramento sino también un sacrificio; y además,
que se considera como inmolación del Cuerpo y de la Sangre
del Señor no sólo en los usos de la Iglesia y en los
libros de los Doctores, sino también en la Sagrada Escritura.
Las palabras del Apóstol son estas: Huid del culto de
los ídolos. Puesto que hablo con personas prudentes, juzgad
vosotros mismos lo que os digo. El cáliz de bendición
que bendecimos ¿no es la comunión de la Sangre de
Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del
Cuerpo de Cristo? Porque todos los que participamos del mismo pan,
aunque muchos, venimos a ser un solo pan, un solo Cuerpo. Considerad
a Israel según la carne, los que entre ellos comen de las
víctimas, ¿no es verdad que tienen parte en el altar?
¿Digo yo con esto que el ídolo o lo sacrificado a
los ídolos vale algo? No, sino que las cosas que sacrifican
los gentiles, las sacrifican a los demonios y no a Dios. Y no quiero
que tengáis ninguna sociedad con los demonios, no podéis
beber el cáliz del Señor y el cáliz de los
demonios. Esto es lo que dice él.
Con estas palabras queda claro que el Apóstol coloca el pan
que partimos y el cáliz de bendición en la
misma categoría que las víctimas de Israel y las cosas
inmoladas a los demonios; que coloca la mesa del Señor en
la misma categoría que el altar de Israel y la mesa de los
demonios; y que pone a los que comen de la mesa del Señor
y beben de aquel cáliz en la misma categoría que los
que participan a las víctimas de Israel y comen las cosas
inmoladas a los demonios. Con estas razones alega que no pueden
tomar parte de las cosas inmoladas a Dios y a los demonios.
Si el pan y el cáliz de Cristo no se inmolasen a Dios, toda
la argumentación de Pablo, tanto acerca de las cosas inmoladas
al Dios verdadero por Israel como a los demonios por los gentiles,
se vendrían al suelo. Pero su testimonio sobre cómo
en su tiempo se inmolaban el pan y el cáliz de Cristo es
tan claro que no necesita ninguna explicación.