Sobre
el Sacrificio de la Misa y su Rito contra los Luteranos
De Missae Sacrificio et Ritu, adeversus Lutheranos
Capítulo
Primero
De qué trata esta obra
Quae sitintentio operis
El
único Maestro de todos, Nuestro Señor Jesucristo,
al refutar a los saduceos sólo argüía a partir
de los libros de Moisés, que eran los únicos que éstos
aceptaban. Así nos mostró que contra los herejes no
empleemos pruebas que ellos no admiten, sino sólo los testimonios
sagrados que ellos no niegan.
Por esto, al escribir sobre el sacrificio de la Misa contra los
herejes denominados luteranos que se apoyan únicamente en
los testimonios de la Sagrada Escritura, pretendo llevar a cabo
toda la discusión y la explicación apoyándome
sólo en las [mismas] Sagradas Escrituras. No sólo
para que no se gloríen diciendo que al negar el sacrificio
de la Misa se basan en el sólido fundamento de las Sagradas
Escrituras, sino también para que los que tienen menos instrucción
no vayan a pensar que el Sacrificio de la Misa no se funda en la
autoridad de la Escritura sino sólo en la institución
de la Iglesia; y también para que los luteranos que yerran
por ignorancia puedan recapacitar.
Para que todos puedan conocer claramente la verdad, se va a explicar
primero en qué están de acuerdo y en qué se
diferencian los luteranos de los católicos; luego, qué
se encuentra en las Sagradas Escrituras acerca del sacrificio de
la Misa; y finalmente, se van a resolver las objeciones luteranas.
Capítulo
Segundo
Coincidencias y diferencias entre católicos
y luteranos sobre el sacrificio de la Misa
Convenientia et differentia Lutheranorum cum
Catholicis circa sacrifcium Missae
Los
luteranos están de acuerdo en que la Misa se puede llamar
‘sacrificio memorial’, porque el verdadero Cuerpo de
Cristo, con su verdadera Sangre, se consagra, venera y recibe en
memoria del sacrificio ofrecido en la cruz; pues dice el Señor:
Haced esto en memoria de Mí [Luc. 22, 19; 1 Cor. 11, 24-25].
Pero niegan dos cosas. La primera: que el cuerpo y la sangre de
Cristo se ofrezcan a Dios. De modo que aunque admiten que en el
altar está el verdadero cuerpo de Cristo, niegan sin embargo
que se ofrezca a Dios este verdadero Cuerpo.
La segunda: que en el altar haya una hostia o sacrificio para la
expiación de los pecados, tanto de los vivos como de los
difuntos.
Ambas cosas las fundan en la doctrina de la Epístola a los
Hebreos, donde aparece claramente que para los pecados de todo el
mundo basta el ofrecimiento del Cuerpo de Cristo hecho una sola
vez en la Cruz. De ahí concluyen que, aunque el culto al
Cuerpo de Cristo en memoria de su pasión y muerte fue instituido
por Cristo mismo, sin embargo el ofrecimiento de su Cuerpo como
hostia por el pecado es un invento humano, contrario a los textos
de la Sagrada Escritura.