Capítulo
Tercero
Segundo error: que la mencionada credulidad alcanza
la remisión de los pecados
2º in praerecitatis error, quod dicta credulitas
apprehendit remissionem peccatorum
Cuando
dicen que esa credulidad alcanza la remisión de los pecados
puede decirse y entenderse bien y mal. Si se dice y se entiende
que esa credulidad consigue la remisión de los pecados informada
por la fe y la caridad, es verdad. Pero si se excluye que esté
informada por la caridad es falso, porque, como dice San Agustín
(Tratado de la Trinidad, Lib. 15, cap. 18) nada hay
más excelente que este don de Dios, pues es el único
qué divide a los hijos del rey eterno de los hijos de la
eterna perdición.
¶ Hay que saber que esta credulidad es común a todos
los que se acercan devotamente a los sacramentos, pues cualquiera
que se acerca devotamente a un sacramento, cree que al recibirlo
se justifica por el mérito de la Pasión y de la muerte
de Cristo; de otro modo, no se acercaría. Esta credulidad,
sin embargo, no es igual en todos, pues uno cree ser justificado
más que otro; y normalmente esta credulidad está en
la mente con la duda de lo contrario, pues no hay ningún
texto en la Sagrada Escritura ni nos enseña ningún
documento de la Iglesia que es preciso tener tal credulidad sin
vacilación alguna. El motivo de la duda es que comúnmente
nadie sabe si por parte de uno hay algún impedimento para
poder recibir el don de la remisión de los pecados, y normalmente
nadie sabe si carece de la gracia de Dios. Por este motivo, al vacilar
no se le hace ninguna injuria a la promesa divina, porque la duda
no es sobre el sacramento sino sobre sí mismo, pues está
escrito [Sal. 18, 13]: ¿quién entenderá
los pecados? Esta duda común sobre el efecto particular
de la divina misericordia, es decir sobre la remisión de
los pecados de tal persona en concreto que devotamente se convierte
a Dios, está atestiguada en el libro del Profeta Joel 2,
12-14. Ahí, tras mencionar la excelencia de la divina misericordia
sobre los pecados de aquellos que se tenían que convertir
a Dios de todo corazón, en el ayuno, en el llanto y lágrimas,
añade: ¿Quién sabe si Dios cambiará
de parecer y perdonará? De modo que ninguno de los que
se convertían estaba seguro, sino que manifiesta que todos
dudaban si Dios les iba a perdonar.
¶ Vamos a confirmarlo. La vacilación de la credulidad
no cesa razonablemente sino por alguna de estas tres causas: -O
por divina revelación, lo que aquí no viene al caso,
pues aunque Dios haya revelado que todos los que correctamente conflan
conseguir interior y exteriormente la remisión de los pecados
por medio de los méritos de Cristo la consiguen, sin embargo
no ha revelado que tal persona en concreto se convierta correctamente
interior y exteriormente, pues este efecto particular no está
comprendido en la revelación sobre la que. apoya la fe cristiana.
-O por la suficiencia de los testimonios convincentes para creer
algo singular, del mismo modo que los testimonios suficientes convencen
a quien nunca ha salido de Roma a que crea que existe la isla de
Ceilán o Sri Lanka. Pero está claro que en la credulidad
con la que tal persona cree que se justifica no intervienen estos
testimonios que convencen al entendimiento para que crea que tal
efecto se realiza en este momento en él. -O por la calidad
de los testigos, por ejemplo si están más allá
de toda reserva, según lo que dijo el Apóstol, Rom.
8, 16 que el Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu
de que somos hijos de Dios. Mas esta atestación supone
que ya ha tenido lugar la remisión de los pecados, pues presupone
que aquel de quien se atestigua es hijo de Dios, como de modo claro
se entiende literalmente; mientras que la credulidad que ponen los
luteranos no presupone en uno la remisión de los pecados,
sino que la logra, como lo que precede logra lo que sigue. Decir
que tal credulidad en la palabra de Cristo y en el mérito
de su pasión, etc., da infaliblemente la remisión
de los pecados, es una opinión infundada. Por eso entre los
artículos de Lutero condenados por León X [Denzinger
741 ss] figuran los artículos que dicen: A nadie le son
perdonados los pecados si, cuando el sacerdote le perdona, no cree
que le son perdonados, es más, el pecado permanecería
si no se creyese perdonado; porque no basta la remisión de
los pecados y la donación de la gracia, sino que es preciso
creer también que se está perdonado. En modo alguno
confíes en ser absuelto por tu contrición, sino por
la palabra de Cristo: Cuanto desatares, etc. Confia pues en esto
si obtienes la absolución del sacerdote y cree con fuerza
que eres absuelto, y así serás absuelto verdaderamente
sea lo que sea de tu contrición. Si por un imposible el que
se ha confesado no está contrito o el sacerdote no absuelve
de modo serio sino sólo en broma, pero él cree que
queda absuelto, lo queda muy ciertamente.