CARTA AL SANTO PADRE
17 de julio de 1976
Muy Santo Padre:
Al serme prohibidos todos los accesos que permiten llegar hasta
Su Santidad, que Dios haga que esta carta La encuentre para expresarle
nuestros sentimientos de profunda veneración, y por la misma
oportunidad formularle con un apremiante ruego el objeto de nuestros
más ardientes deseos que ¡ay! parecen estar sujetos
a litigio entre la Santa
Sede y muchos católicos fieles.
Muy Santo Padre, dignaos manifestar vuestra voluntad de ver extenderse
el reinado de Nuestro Señor Jesucristo en este mundo, restaurando
el Derecho público de la Iglesia, devolviendo a la Liturgia
todo su valor dogmático y su expresión jerárquica,
según el rito latino romano consagrado por tantos siglos de
uso, volviendo a honrar la Vulgata, devolviendo a los catecismos
su verdadero modelo, el del concilio de Trento.
Haciendo esto, Su Santidad restaurará el sacerdocio católico
y el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo sobre las personas,
sobre las familias y sobre las sociedades civiles.
Devolverá su justa concepción a las
ideas falsificadas convertidas en los ídolos del hombre
moderno: la libertad, la igualdad, la fraternidad, la democracia,
a ejemplo de sus Predecesores.
Que Su Santidad abandone esa nefasta empresa de compromiso
con las ideas del hombre moderno, empresa que tiene su origen
en un entendimiento secreto entre altos dignatarios de la Iglesia
y los de las logias masónicas, desde antes del concilio.
Perseverar en esta orientación, es perseguir la destrucción
de la Iglesia. Su Santidad comprenderá fácilmente
que nosotros no podemos colaborar en un designio tan funesto,
lo que haríamos si consintiéramos en cerrar nuestros
seminarios.
Que el Espíritu Santo se digne dar a Su Santidad las gracias
del don de fortaleza, a fin de que manifieste por medio de actos
no equívocos que es verdadera y auténticamente
el Sucesor de Pedro, proclamando que no hay salvación sino
en Jesucristo y en su mística esposa, la santa Iglesia católica
y romana.
Y que Dios...