CARTA AL SANTO PADRE
22 de junio de 1976

Esta carta fue hecho pública, por monseñor Lefebvre, el 12 de julio de 1976. Le ha agregado una "nota preliminar" cuyo texto es el siguiente:

La carta que sigue es la tercera del mismo estilo dirigida al Santo Padre durante un año. Le fue entregada por intermedio de la nunciatura de Berna, adonde fue enviada el 22 de junio en respuesta a la carta de S. E. monseñor Benelli que el nuncio de Berna me comunicaba el 17 de junio. Esta carta del 17 de junio me prohibía proceder a las ordenaciones del 29 de junio.

El domingo 27 de junio, un enviado especial de la secretaría de Estado vino a verme en Flavigny-sur-Ozerain, en Francia, mientras predicaba el retiro a los ordenandos. La carta que me traía de S. E. monseñor Benelli era presentada como una respuesta a la carta adjunta.

Ella confirma la prohibición de las ordenaciones y las amenazas de sanción, no hace ninguna alusión a la posibilidad de un diá­logo, ni siquiera por interpósita persona. Así aparece imposible abordar el problema de fondo, que es el acuerdo de la Iglesia con­ciliar, como Su Excelencia misma monseñor Benelli la llama en su última carta, con la Iglesia católica.

Que nadie se equivoque, no se trata de un di f erendo entre monseñor Le febvre y el papa Paulo VI. Se trata de la incompatibilidad radical entre la Iglesia católica y la Iglesia conciliar, representando la misa de Paulo VI el símbolo y el programa de la Iglesia con­ciliar.

Muy Santo Padre:

Que Su Santidad tenga a bien comprender el dolor que me oprime y mi estupefacción al escuchar por una parte los llamados pater­nales que Su Santidad me dirige y por otra parte la crueldad de los golpes que no cesan de asestarnos, el último de los cuales alcanza sobre todo a mis queridos seminaristas y a sus familias en vísperas de su sacerdocio, al que se han preparado desde hace cinco o seis años.

Su Santidad me conoce desde mil novecientos cuarenta y ocho y sabe perfectamente cuál es la fe que profeso, que es la de su "Credo", y conoce igualmente mi profunda sumisión al sucesor de Pedro, la que renuevo en manos de Su Santidad.

El desconcierto y la confusión difundidos en la Iglesia estos últimos años, y que Su Santidad denuncia en su discurso al último consistorio, son precisamente la razón de las graves reservas que hacemos sobre una adaptación peligrosa de la Iglesia al mundo mo­derno.

Pero estoy íntimamente persuadido de es­tar en plena comunión (1) de pensamiento y de fe con Su Santidad. Suplico pues a Su Santidad que nos permita un diálogo con en­viados elegidos por Ella entre los cardenales que nos conocen desde hace mucho tiempo y, con la ayuda de la, gracia de Dios, no cabe duda de que las dificultades se allanarán.

Esperando que esta sugestión sea del agrado de Su Santidad, le aseguro mi entera dis­ponibilidad, mi respetuoso y filial afecto in Christo et Maria.

(1) Véase la nota preliminar.

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STAT VERITAS