HISTORIA DE UNA CONFIRMACION INESPERADA 

En el 72 el padre O' Callaghan descubrió que el fragmento 7Q5 hallado en Qumrán correspondía a dos versículos del evangelio de Marcos, escrito antes del 50. En el 91 30Días lanzó el caso en portada. Este es el balance de cuatro años de debates 

por Stefano Alberto.



El estudioso español José O' Callaghan.

“Marcos vio. Y ense­guida escribió”. Con este título de efecto seguro se abría no sólo un largo artículo del periodista Antonio Socci, publica do en el semanario italiano Il Sabato (25/5/1991, pp. 86-90), sino un “caso” periodístico y cultural todavía en pleno desarrollo.

En el artículo en cuestión se daban a conocer por primera vez al gran público los descubrimientos del estudioso español del Instituto Bíbli­co de Roma, José O'Callaghan (efectuados casi veinte años antes) sobre la identificación del contenido de un fragmento de papiro (7Q5) hallado en la cueva 7 de Qumrán con dos versículos del Evangelio de san Marcos (Mc 6,52s.).

La consecuencia más extraordi­naria del descubrimiento era que se confirmaba las hipótesis (expuestas por algunos estudiosos, entre ellos Carmignac y Robinson) que fecha­ban con mayor anterioridad el Evangelio, anterior y de todos modos no posterior al año 50.

Hasta el descubrimiento de O'Callaghan se creía que la redac­ción de los Evangelios sinópticos había que situarla en un periodo de tiempo entre el 70 y el 100. Ahora se estaba ante un documento que destruía los presupuestos de los que habían partido los exégetas durante más de un siglo. Como re­cientemente observó el estudioso luterano Carsten Peter Thiede, « la exégesis moderna había establecido de una vez para siempre que los Evangelios habían sido escritos por las generaciones posteriores a los primeros testigos. Muchos es­tudiosos, por ello, los considera­ban creaciones tardías que no po­dían otorgar credibilidad a aque­llos documentos desde el punto de vista histórico. Exégetas y teólogos ilustres, tanto católicos como pro­testantes, invitaban a considerar los hechos importantes de la vida de Jesús, como los milagros, e in­cluso la resurrección, como sim­ples leyendas, mitos elaborados por la comunidad cristiana que si­guió a los primeros apóstoles. Pero descubrir, en cambio, que quien es­cribió aquellos relatos fue testigo, o recogió el testimonio directo de quien había "visto y oído', es para ellos desconcertante. Para defen­der estos presupuestos, se niegan a aceptar incluso la realidad científi­ca» (30Días, n. 82/83,1994).

La novedad del descubrimiento de O'Callaghan volvía a aparecer en Il Sabato del 1/6/1991, que dedi­caba al tema la portada ("Un descu­brimiento que cambia todo") y un largo artículo en su interior. Los artí­culos de la revista iban a despertar no sólo vivas y opuestas reacciones en los expertos (que habían silencia­do prácticamente el descubrimientc de O'Callaghan, cuando no lo ata­caron ferozmente, durante casi veinte años), sino también el interés de un vasto público no especializa­do. Llegó también la voz de 30Días, a partir del número 45 de 1991 (El título deportada era: "Marcos escri­bió inmediatamente. Una revolu­ción llamada 7Q5").

En estas breves notas trataremos de delinear sintéticamente los con­tenidos esenciales de las aportacio­nes hechas a partir de finales de la primavera de 1991 por los artículos de las dos revistas, no sólo sobre la historicidad de los Evangelios en particular, sino más generalmente sobre la factibilidad histórica del acontecimiento cristiano (mediante una serie de testimonios arqueológi­cos, artísticos, literarios...).

Las diferentes intervenciones de los últimos cuatro años (1991-1994), tanto en Il Sabato (hasta que terminó su andadura en octubre de 1993), como en 30Días , son por el momento más de setenta (entre edi­toriales, artículos, entrevistas, fichas de documentación, cartas), que ocu­pan en total más de 150 páginas. El estilo es naturalmente periodístico, y no pretende adentrarse en los so­fisticados detalles requeridos por las publicaciones científicas. Pero esto no es óbice para la cantidad y cali­dad de la documentación, presenta­da con un lenguaje que hace accesi­ble tan difíciles temas a un público no especializado.

Junto a los contenidos trataremos de las razones fundamentales que aducen ambas revistas para justificar la insistencia en un tema considerado, con razón, decisivo, como lo es la historicidad de los Evangelios.

1. El "caso 7Q5 (y 7Q4)"

El padre O'Callaghan, papirólogo de fama internacional y docente del Pontificio Instituto Bíblico de Ro­ma, publicó en 1972 los resultados de sus investigaciones sobre algu­nos de los 19 fragmentos de papiro en lengua griega encontrados en la cueva n.7 (1) , particularmente sobre el fragmento 7Q5 (no mucho más grande que un sello de correos) que comprendía veinte letras dispuestas en cinco renglones. Un importante papirólogo británico, Cecil H. Ro­berts, basándose en criterios cientí­ficos de datación de la escritura, ha­bía declarado que aquel fragmento se remontaba a una fecha no poste­rior al año 50 d. C.

El padre O'Callaghan, utilizando un ordenador con un programa es­pecífico para la ocasión, trató en pri­mer lugar de atribuir las letras del fragmento a un pasaje del Antiguo Testamento, pero sin éxito. Por pu­ra curiosidad lo confrontó con el Nuevo Testamento y descubrió con sorpresa que un pasaje del Evangelio de san Marcos (Mc 6,52s.) coincidía con el contenido del fragmento.

El descubrimiento, que el propio padre O'Callaghan presentó al principio con gran prudencia y cir­cunspección, fue objeto enseguida de numerosos ataques por parte de otros expertos, comenzando por uno de quienes había preparado la edición de los papiros de la cueva 7, el padre Baillet, luego del padre Be­noit, hasta los del conocido exégeta de Münster, Kurt Aland.

Sobre el descubrimiento del pa­dre O'Callaghan cayó el silencio, interrumpido sólo por ataques que no se limitaron a argumentaciones científicas, sino que en algunos ca­sos llegaron a atacar a la persona del jesuita español (autor de más de 200 trabajos, cuyas identificacio­nes papirológicas habían consegui­do hasta entonces muchos recono­cimientos), llegando a poner en du­da la seriedad de las intenciones.

Tras muchos años fue el estu­dioso luterano Carsten Peter Thie­de quien rompió el silencio en tor­no al descubrimiento. Con sus es­tudios posteriores (2) confirmó con rigurosos criterios papirológicos lo correcto del método seguido por el jesuita español y lo fundado de las conclusiones a que había llegado en relación a la identificación del 7Q5 con Mc 6,52s. como la única plausible. (3)

Al terminar la primavera de 1991, gracias a la iniciativa de Il Sa­bato y de 30Días, el descubrimien­to de O'Callaghan salía del minúscu­lo círculo de expertos y se daba a co­nocer a un vasto público. Expertos en ciencias bíblicas entrevistados por ambas revistas se declararon sustancialmente de acuerdo con las tesis del papirólogo español (por ejemplo, Vanhoye, Ghiberti, De La Potterie, Barsotti, Galbiati) (4) , aunque no faltaron voces totalmente en contra (Ravasi y Grelot) (5). El padre O'Callaghan, que había alcanzado por fin una notoriedad que no había buscado, pudo de este modo pre­sentar sus conclusiones ante miles de personas concentradas en el Me­eting de Rímini en septiembre de 1991 (cf. 11 Sabato, 14/9/1991: J. O'Callaghan, "En pie de guerra por Marco", pp. 56-58) y en una serie de concurridas conferencias organi­zadas por diferentes instituciones culturales en las ciudades italianas más importantes.

En octubre de 1991, en el pri­mer Simposio científico internacio­nal organizado sobre el tema en la Universidad Católica de Eichstátt (Alemania) (6), expertos de fama mundial, como los profesores Hun­ger, de Viena, y Riesenfeld, de Uppsala, confirmaron la credibili­dad de la identificación neotesta­mentaria del 7Q5 (7). En aquella mis­ma ocasión, los estudiosos presen­tes lanzaron un llamamiento al gobierno israelí para que hiciera posi­ble la reanudación de las investiga­ciones en el área de la cueva 7 de Qumrán.

Durante los meses siguientes, Il Sabato y 30Días publicaron nu­merosos testimonios de personali­dades eclesiásticas (entre ellos los cardenales Saldarini y Stickler) y de estudiosos insignes (Betz, Ma­gen, Sordi, Montevecchi) favora­bles a la identificación testamenta­ria del 7Q5.

El propio Thiede había propuesto mientras tanto en el Simposio de Eichstátt la identificación del frag­mento más grande (y uno de los me­jor conservados) de los encontrados en la cueva 7, el 7Q4, con un pasaje de la primera carta de san Pablo a Timoteo, identificación confirmada por importantes expertos, entre ellos Puech y Riesenfeld (cf. 30Días, n 2 51, 1991, pp. 48-54)

2. El significado de los nuevos descubrimientos.

A las críticas de quienes argumenta­ron que estos descubrimientos no añadían nada al mensaje cristiano, el profesor Harald Riesenfeld, de la

Universidad de Uppsala, luterano convertido al catolicismo, responde en una entrevista concedida a Il Sa­bato: «La fe, por supuesto, no está fundada ni originada por este descu­brimiento científico. Pero con ese razonamiento se opone la razón del hombre a la fe, como si la fe pudiese subsistir incluso en lo absurdo más total. Pero Dios ha entrado en la his­toria dirigiéndose precisamente a la razón del hombre, y esto sigue ocu­rriendo en la Iglesia» (II Sabato, 2/11/1991, p. 56).

Como observaba un editorial de Il Sabato, «es la naturaleza del cris­tianismo como hecho histórico lo que queda exaltado por el descubri­miento del padre José O'Callag­han. No un etéreo mensaje ético o religioso, sino un acontecimiento realmente ocurrido que ha genera­do una historia que ha llegado has­ta nuestros días. Parece una dife­rencia de nada, pero entre ambos puntos de vista hay un abismo. No por nada, quien revive hoy el mis­mo proceso de adhesión al Hecho cristiano -un encuentro imprevis­to, el reconocimiento de una Pre­sencia humanamente excepcional, una secuela que no requiere condi­ciones- se entusiasma también cien veces más por las conclusio­nes a que llegó el estudioso jesuita: Lo que confirma que sólo a partir de un encuentro actual puede re­descubrirse y amarse el depositum de la Tradición» ( Il Sabato, n. 22, 1/6/1991, Editorial: "Cronistas de un Hecho").

Estos descubrimientos, efectiva­mente, no son en su novedad más que una singular confirmación de lo que la fe y la tradición de la Igle­sia proclaman desde siempre con respecto a la historicidad de los Evangelios.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución dogmática sobre la di­vina Revelación, declara solemne­mente que «la santa madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima cons­tancia, que los cuatro Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin dudar -quorum histori­citatem incunctateraffirmat-, na­rran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hom­bres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la ascensión fide ter tradere guae Iesus Dei Filius, vitam inter homines degens, ac aeternam eorum salutem reapse fecit et docuit, usque in diem que. assumptus est-» (Dei Verbum, 19). En la redacción de este pro­nunciamiento solemne intervinc personalmente con una carta del 18 de octubre de 1965 Pablo VI (in­satisfecho por la formulación he­cha en precedencia por la Comi­sión Doctrinal, "vera et sincera", referida a la narración evangélica, porque «no garantizaba la historici­dad real de los Evangelios»).

3. “El caso Carmignac” y otras intervenciones sobre la historicidad de los Evangelios En esta línea hay que colocar el in­terés de las dos revistas en divulgar testimonios como el representado por el 7Q5.

Podríamos recordar los artículos dedicados a la obra del padre Jean Carmignac, uno de los más impor­tantes especialistas del mundo de hebreo y arameo, que trabajando en los semitismos del texto griego de los sinópticos formuló en un bre­ve aunque denso estudio publicado en 1983 la conclusión cuidadosa­mente documentada de que los si­nópticos fueron redactados origi­nalmente en una lengua semítica, probablemente el hebreo, y posteriormente traducidos al griego. Este descubrimiento, que excluía el lar­go proceso de elaboración de los Evangelios por parte de la comuni­dad cristiana primitiva (con posibles añadidos e interpolaciones) y situa­ba su redacción en torno a los años de Jesús (en cualquier caso antes del 50), le acarrearon al padre Car­mignac feroces críticas y el ostracis­mo, que aún sigue, en torno a su obra (cfr. Il Sabato, 1/2/1992, pp. 54-58; 30Días, n°- 53, p. 3; II Sa­bato, 14/3/1992, pp. 56-59; 6/6/1992, pp. 54-57).

El tema de la historicidad de los Evangelios lo volvieron a retomar las citadas revistas indicando obras y autores que abrían nuevos hori­zontes respecto a los estereotipos dominantes de mucha exégesis. Obras que a pesar de diferenciarse en el método y los contenidos tie­nen como denominador común an­ticipar sensiblemente la fecha de redacción de los Evangelios, insistiendo en el valor de su historicidad. Fue así como se fueron dando a conocer al gran público las obras sobre el Evangelio de san Juan de Jacqueline Genot-Bismuth, docen­te de judaísmo antiguo medieval en la Sorbona de París (I1 Sabato, 10/10/1992, "El cronista Juan", pp. 57-59), del rabino americano Jacob Neusner, quien en su libro A Rabbi talks with Jesus (Nueva York, 1993) defiende la credibilidad de las narraciones evangélicas ("El rabino que defiende los evange­ lios", 30Días, n°- 76, 57-60). Esta obra fue definida por el cardenal Ratzinger «con mucho el libro más importante para el diálogo entre hebreos y cristianos que se haya pu­blicado en el último decenio». Po­dríamos también citar el trabajo de Hans-Joachim Schulz (Die aposto­lische Herkunft der Evangelion, Freiburg, 1993) sobre la redacción de todos los Evangelios, compren­dido el de Juan, antes del año 70 (30Días, n°- 77, pp.60-63). Debe­mos recordar también la publica­ción íntegra de la intervención de la profesora Marta Sordi, de la Uni­versidad Católica de Milán, en las Jornadas patrísticas turinesas de abril de 1994. La importante estu­diosa de historia griega y romana, partiendo de los descubrimientos del 7Q5, afirma con sólidos argu­mentos sacados de las fuentes de la tradición, la tesis de que el Evange­lio de san Marcos fue escrito en Ro­ma hacia el 42, basado en la predi­cación de Pedro (30Días, n-° 80, pp. 36-40).

Junto a estas aportaciones po­dríamos señalar además toda una serie de artículos sobre los testimo­nios arqueológicos en Palestina, desde los grandes hallazgos de los padres franciscanos Bagatti y Cor­bo en Nazaret, Belén y Cafarnaún (8) , a los descubrimientos más recientes (tumba de Caifás y nuevos estudios sobre el Santo Sepulcro) (9), hasta los resúmenes sobre el desarrollo del debate sobre los rollos del Qumrán. (10)

4. Importancia de la reapertura del debate.

Algunos círculos eruditos, eclesiás­ticos y laicos, han sospechado de las iniciativas de Il Sabato y de 30Días, y han tratado de redimensionar su alcance presentándolas como un intento meramente apolo­gético sin ninguna base científica, o como la acrítica manifestación de un "fundamentalismo bíblico" que (a la par del de los protestantes americanos) quisiera volver a poner en discusión todos los progresos científicos de la exégesis católica a partir de los reconocimientos de la Encíclica Divino afflante Spiritu de Pío XII y de la Dei Verbum, del Vaticano II. Un biblista famoso juz­gaba el fenómeno en 1992 de esta manera: «Continúa, a menudo de manera descompuesta y frenética, el interés por el Jesús de la histo­ria». El propio autor recordaba la consideración de que los evangelios no son «puros y simples documen­tos de historia sobre Jesús de Naza­ret», sino que son más bien «su ela­boración teológica».

A estas críticas contestaba el pa­dre De La Potterie ("Qumrán y la historicidad de los Evangelios", 30Días, nº 61, p. 76 y ss.), obser­vando, entre otras cosas: «Seguir repitiendo hoy, con Bultmann, que el texto evangélico es kerygma y teología no debe hacernos olvidar qué ante todo transmite el testimo­nio de aquellos "que han visto". En este testimonio ocular del grupo apostólico descansa toda la fe de la Iglesia. El punto crucial del debate actual estriba precisamente en es­to: en aceptar o no el valor histórico de los Evangelios» (ibid, 78). Cree­mos oportuno ofrecer aquí una va­loración del luterano Thiede, como testimonio de una conciencia de lo central de la cuestión de la historici­dad de los Evangelios que afecta también a los sectores protestantes (e incluso parece que de manera más consciente y viva que en cierto "mundo católico"): «Es importante hallar argumentos históricos, ar­queológicos, literarios, para expli­car al hombre de hoy que su fe se funda en un hecho ocurrido en la historia real del hombre. Y docu­mentar mediante algunos papiros de Qumrán que los primeros cristia­nos eran personas reales, que el Evangelio, las cartas de Pablo son documentos reales, escritas cuando estas cosas ocurrían, es un primer paso para comprender la his­toricidad de las palabras y las accio­nes de Jesucristo. De modo que, a considerar juntos al Jesús de la fe y al de la historia nos damos cuente de que estamos mirando dos aspec­tos del mismo hombre concreto. Se puede tener una imagen más com­pleta del hombre más importante de la historia, el único que procla­mó que era Dios» (C. P. Thiede, 30Días, n°- 51, "Un fragmento de­rriba el muro de papel", p. 48 y s.).

Efectivamente, aun a pesar de estar velada por la elaboración de técnicas hermenéuticas cada vez más refinadas, la separación de los hechos históricos del significado, el Cristo histórico del Cristo de la fe, que caracteriza a gran parte de tan­ta exégesis que aún está fuertemen­te condicionada por las premisas racionalistas de la Formgeschichte bultmanniana, condena inevitable­mente a un dualismo que -como di­jo en una famosa conferencia sobre la exégesis moderna el cardenal Ratzinger- «conduce a una cristolo­gía docetista, en la que la realidad, es decir, la existencia concreta y carnal del Cristo... queda excluida del ámbito del significado. Pero de este modo se pierde la esencia del testimonio bíblico» (11).

El cardenal bávaro, prosiguiendo en su lúcido análisis, observaba que «en los últimos cien años la exégesis ha realizado grandes cosas, pero también ha cometido grandes erro­res; y estos errores se han converti­do casi en dogmas académicos. Ata­carlos incluso es sinónimo para mu­chos estudiosos de sacrilegio, sobre todo si las críticas proceden dé al­guien que no sea exégeta». En rela­ción a esto, el padre Vanhoye, se­cretario de la Pontificia Comisión bíblica, interpelado por Il Sabato sobre los descubrimientos del 7Q5 observaba que «cada vez que nos acercamos a las fuentes que históri­camente demuestran la verdad de la fe alguien se rasga las vestiduras; mientras que cada vez que las inves­tigaciones dicen lo contrario se reci­ben con grandísimo favor» (II Saba­to, 1/6/1991, p. l l).

En este contexto, el debate abierto por las iniciativas de Il Sa­bato y de 30Días sobre la historici­dad de los evangelios ha resultado ser una valiente y preciosa aporta­ción para la defensa de los aspectos esenciales de la fe y la tradición ca­tólica en relación con la historicidad de los Evangelios, incluso mediante la publicación de nuevos resultados salidos de investigaciones científi­cas de los últimos veinte años.

En los artículos de las dos revis­tas se ha venido proponiendo con riqueza de argumentos la racionali­dad de quien ha encontrado y vive hoy en la experiencia cristiana un acontecimiento real, la contempo­raneidad de un Hecho que hizo irrupción en la historia del hombre hace dos mil años. Esta consciencia queda resumida a la perfección en un fragmento del Editorial publica­do (como si fuera un balance final) en el último número de Il Sabato: «¿Por qué levantarse en guerra con­tra la casta de los modernos exége­tas de los textos sagrados sobre di­ferencias de fecha, en el fondo de pocos años, en relación al Evange­lio de Marcos?... Porque el cristia­nismo es una vida nueva que sor­prende al hombre en el presente (sólo el hoy cambia la vida) precisa­mente porque es una historia co­menzada hace dos mil años. En un tiempo y en un espacio preciso. Y quien la encuentra hoy ama toda esa historia. La historicidad de los Evangelios contra las teologías que reducen el hecho cristiano a mito, a simbología. Los Evangelios: trozos de memoria de personas que han visto y tocado la ‘carne' del Hijo de Dios... No es por gusto arqueológi­co... Sólo quien vive la contempo­raneidad del evento cristiano puede amar sus huellas históricas. Ensi­mismarse, amar, revivir aquella misma historia» ( Il Sabato, n. 44, 30/10/1993).

Consideraciones análogas en­contramos en un editorial de 30Días: «El fragmento 7Q5 del Evangelio de san Marcos... ¿La ma­nía del pasado? ¿Repliegue sobre la antigüedad para huir del árido pre­sente?... El cristiano no se mueve por (es decir, no depende de) un sueño, un recuerdo, un valor, ya sea futuro o pasado. El cristiano depen­de de un hecho presente. La fe... es un encuentro con un presente. Y sólo encontrando y siguiendo una presencia viva, compartiendo "sus movimientos", conviviendo con ella puede el hombre experimentar su profunda racionalidad. Pero pre­cisamente porque se trata de un acontecimiento de gracia real y pre­sente, que se hace encuentro, asombra y atrae a la razón y la liber­tad del hombre, que despierta in­mediatamente un interés, una inte­ligencia y un amor hacia todos los testimonios, podríamos decir hacia todos los indicios históricos de di­cha presencia» (30Días, n-° 50, "La fe y Palestina", p. 3).

Nota extraída de la revista 30Días

Notas:

1) "¿Papiros neotestamentarios en la cueva 7 de Qumrán?", en Biblica, 53 (1972),91-100.

2) C. P. Thiede, "7Q - Eine Rückker zu den neutestamentlichen Papyrusfunden in der siebten Hóhle von Qumran", en Biblica 65 (1984), 538-559; Id., Die äl- teste Evangelien-Handscrift? Das Markus Fragment von Qumran und dieAnfängedershriftlichen Überlie­ferung des Neuen Testaments, 1986, Wuppertal, 1990, 2 ed.

3) Confirma también lo fundado de las conclusiones de O'Callaghan el joven estudioso alemán, F. Rohrhirsch, de la Universidad de Eichstátt (Markus in Qumran? Eine Auseinandrsetzung mit den Argumenten für und gegen das Fragment 7Q5 mit Hilfe des met­hodischen Fallibilismusprinzip, Wup­ pertal, 1990).

4) Cf. Il Sabato, 1/6/1991, p. 11 y ss.; 15/6/1991, p. 79 y ss.

5) Ibidem. Cfr. también 30Días, n-° 45.

6) A. Socci, "En busca de la cueva siete", Il Sabato, 2/11/1991, 52-57.

7) Cfr. las Actas del Convenio: B. Mayer (al cuidado de), "Christentum und Christliches in Qumran?" (Eichstätter Studien 32), Regensburg, 1992.

8) Cfr. los cuatro artículos de L. Amico­ne sobre Nazaret, Belén, Ain-Karim y Cafarnaún en Il Sabato, 30/11­21/12/1991).

9) Cfr. A. Socci-N. Liffschitz, "El juez del Viernes Santo", 11 Sabato 17/10/1992, pp. 56-59 y C.P. Thie­ de, "Tras las huellas de Jesús de Nazaret", 30Días, n°- 72, pp. 68-73.

10) Cfr. entre otros A. Socci, "Qumrán, los rollos distorsionados", Il Sabato 25/4/1992, pp. 50-52.

11) J. Ratzinger, "La interpretación bíblica en conflicto", en VV.AA., La exé­gesis cristiana hoy, Casale M., 1991. 12) Ibid, p. 123.


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