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| CAPÍTULO CM Eutiques ha seguido a estos heresiarcas en ciertos puntos. En efecto, sostiene que después de la Encarnación hubo unidad de naturaleza divina y humana, pero no afirma que Cristo careciera de alma, de inteligencia, ni de nada de lo que es necesario para la integridad de la naturaleza. No es menos evidente, sin embargo, la falsedad de esta proposición. La naturaleza divina es en sí perfecta e inconmutable. Una naturaleza que es perfecta en sí, no puede confundirse con otra en una unidad de naturaleza, sino convirtiéndose ella misma en esta otra naturaleza, como sucede con el alimento en el que lo toma, o transformándola en su esencia, como el fuego transforma la leña, o transformando a ambas en una tercera naturaleza, como se transforman los elementos en un cuerpo mixto; es así que la inmutabilidad divina rechaza todas estas suposiciones, porque lo que se transforma o amalgama no es inmutable; luego no es posible que la naturaleza divina, perfecta en sí, se confunda al mismo tiempo con una naturaleza cualquiera. Además de esto, según el orden de las cosas, la adición de una perfección mayor cambia la especie de la naturaleza, porqué lo que es y vive, como la planta, es de una naturaleza diferente de lo que existe solamente; así como lo que es, vive y siente, como el animal, es de una especie diferente de lo que no tiene más que el ser y la vida, como la planta. Por último, lo que tiene ser, vida, sentimiento e inteligencia, como el hombre, es de una especie diferente de lo que no tiene más que ser, vida y sensación, como el bruto; luego si aquella una naturaleza que se supone en Cristo tiene, además de estas calidades, alguna cosa de divino, esta naturaleza es de una especie diferente de la naturaleza humana, del mismo modo que la naturaleza humana es diferente de la del bruto. Cristo no era un hombre de la misma naturaleza que los demás, lo cual se ha demostrado ser falso, porque Cristo tuviera su origen en los hombres, según la carne, como lo expone san Mateo al principio de su Evangelio cuando dice: «Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrabam.» |