CAPÍTULO
CLXXVI
Así
como en los santos la bienaventuranza del alma se comunica en cierto
modo a los cuerpos, según se dijo antes, así también
los sufrimientos del alma serán extensivos a los cuerpos de
los condenados, teniendo, sin embargo, presente que, así como
las penas no excluyen del alma el bien de la naturaleza, tampoco le
excluyen del cuerpo. Los cuerpos de los condenados permanecerán,
pues, en la integridad de su naturaleza, pero no poseerán las
calidades pertenecientes a la gloria de los bienaventurados; no serán
ni sutiles ni impasibles; estarán, por el contrario, adheridos
de una manera más estrecha a su materialidad y pasibilidad;
no tendrán agilidad, porque apenas serán susceptibles
de ser movidos por el alma; no tendrán claridad, sino oscuridad,
a fin de que la oscuridad del alma se refleje en los cuerpos, según
estas palabras de Isaías: «Semblantes quemados los rostros
de ellos.»
Volver
al índice
STAT VERITAS