Santo Tomás de Aquino
DESPUÉS DE ESTA VIDA NO SON REMITIDOS LOS PECADOS MORTALES, SINO SÓLO LOS VENIALES
"Compendio de Teología"

CAPÍTULO CLXXV

Los pecados mortales son tales pecados mortales por el alejamiento del fin último, alejamiento en que el hombre queda inmovilizado después de la muerte, según se ha dicho; pero los pecados veniales no miran al fin último, sino a la vía que conduce a este fin. Si la voluntad de los malos está completamente fija en el mal, siempre apetecerán como excelente lo mismo que antes apetecieron, sin que se duelan de haber pecado, porque nadie siente haber seguido en pos de aquello que consideraba excelente. Debemos saber, sin embargo, que los condenados a las penas eternas no podrán tener después de la muerte aquello que desearan como bien sumo. En efecto, los lujuriosos no tendrán ya facultad para entregarse al libertinaje; los iracundos y los envidiosos tampoco podrán insultar ni dañar, y lo mismo podremos decir de todos los vicios. Los condenados conocerán, sin embargo, que los que han tenido una vida virtuosa gozan de aquello que habían deseado como sumo bien. De este modo los malos se duelen de haber pecado, no porque el pecado les desagrade, porque aun entonces quieren más bien pecar, si pudieran, que poseer a Dios, sino porque no pueden poseer lo que habían elegido, y podrían tener lo que habían desechado. Su voluntad, pues, estará firmemente obstinada en el mal, y, sin embargo, sentirán vivamente haber pecado y haber perdido la gloria. Este sentimiento es llamado remordimiento de la conciencia, porque este sentimiento es llamado por metáfora en las Sagradas Escrituras un gusano roedor, como en este pasaje de Isaías, capítulo último: «El gusano de su conciencia no muere.»

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