Santo Tomás de Aquino
ERROR DE NESTORIO SOBRE LA ENCARNACIÓN: SU REFUTACIÓN
"Compendio de Teología"

CAPÍTULO CCIII

Nestorio, queriendo evitar estas consecuencias, se separó en parte del error de Focio, afirmando que Cristo era hijo de Dios, no sólo por una gracia de adopción, sino por la naturaleza divina, en la cual era coeterno al Padre. Sin embargo, incurrió también en el error de Focio, diciendo que el Hijo de Dios no estaba de tal modo unido al hombre que hubiese en él una sola persona divina y humana, sino que en Él no había unión más que por la habitación en Él. Así pues, este hombre, que según Focio es llamado Dios sólo por gracia, según Nestorio es llamado Dios, no porque lo sea verdaderamente, sino porque el Hijo de Dios habita en Él, lo cual es una pura gracia. Este error es contrario a la autoridad de las Sagradas Escrituras. En efecto, el Apóstol, en su Epístola a los filipenses, dice lo siguiente: Que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación el ser Él igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando forma de siervo.
No es, pues, un anonadamiento para Dios habitar por la gracia en una criatura racional, porque de otro modo el Padre y el Espíritu Santo quedarían también anonadados, habitando como habitan también por la gracia en la criatura racional. Por esto el Señor, hablando de sí y del Padre, dice por san Juan, cap. XIX: Vendremos a É1 y habitaremos en Él. Y el Apóstol, hablando del Espíritu Santo en la Epístola IV a los Corintios, cap. I, dice: El espíritu de Dios habita en vosotros. Además, no convenía a aquel hombre hablar como Dios, si no fuera Dios personalmente, razón por la que hubiera dicho con infinita presunción: El Padre y yo somos uno, y en otra parte: Yo existía antes de que Abrabam existiera. El pronombre yo demuestra la persona del que habla: es así que era el hombre el que hablaba; luego no hay más que una sola persona, Dios y hombre todo junto. Para destruir estos errores, después de haberse hablado en el Símbolo de los Apóstoles y en el de los Padres de la persona del Hijo, se añade: Que fue concebido por el Espíritu Santo que nació, sufrió, murió y resucitó. No se atribuiría al Hijo de Dios lo que concierne al hombre, si no hubiera sido la misma la persona de Dios y del hombre, porque lo que conviene a una persona no conviene por lo mismo a otra, a la manera que lo que conviene a Pablo no es por esto mismo predicado de Pedro.

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