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||
| CAPÍTULO CCIII Nestorio, queriendo
evitar estas consecuencias, se separó en parte del error de
Focio, afirmando que Cristo era hijo de Dios, no sólo por una
gracia de adopción, sino por la naturaleza divina, en la cual
era coeterno al Padre. Sin embargo, incurrió también
en el error de Focio, diciendo que el Hijo de Dios no estaba de tal
modo unido al hombre que hubiese en él una sola persona divina
y humana, sino que en Él no había unión más
que por la habitación en Él. Así pues, este hombre,
que según Focio es llamado Dios sólo por gracia, según
Nestorio es llamado Dios, no porque lo sea verdaderamente, sino porque
el Hijo de Dios habita en Él, lo cual es una pura gracia. Este
error es contrario a la autoridad de las Sagradas Escrituras. En efecto,
el Apóstol, en su Epístola a los filipenses, dice lo
siguiente: Que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación
el ser Él igual a Dios, sino que se anonadó a sí
mismo tomando forma de siervo. |