Santo Tomás de Aquino
ERROR DE FOCIO SOBRE LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
"Compendio de Teología"

CAPÍTULO CCII

Este misterio de la Encarnación fue combatido y aun destruido por Focio, en cuanto pudo hacerlo. Este heresiarca, siguiendo el ejemplo de Evión, de Cerinto y de Pablo de Samosata, enseñó que Nuestro Señor Jesucristo había sido puro hombre, que no había existido antes de la Virgen María, pero que mediante sus méritos, la excelencia de su vida y los sufrimientos de su pasión y muerte, mereció la deificación; habiendo sido llamado Dios, no porque lo fuera por naturaleza, sino por una gracia de adopción. Si de este modo fuera, no habría habido unión de la divinidad con el hombre; habría habido una deificación del hombre por la gracia, lo cual no es una cosa singular en Cristo, porque en esto conviene con todos los santos, aun cuando en esta gracia unos sean más excelentes que otros.
Este error es contrario a la Sagrada Escritura. En el cap. I de san Juan se lee: En el principio era el Verbo; y después añade: El verbo se hizo carne; luego el Verbo, que era al principio un Dios, tomó carne, y no la tomó el hombre que antes no había sido deificado por una gracia de adopción. En el cap. VI de san Juan, dice el Señor: Bajé del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para hacer la voluntad del que me envió. Según el error de Focio, no podría decirse de Cristo que descendió, sino que ascendió, diciendo el Apóstol, como dice en su carta a los de Éfeso: Y que subió, ¿qué es sino que antes había descendido a los lugares más bajos de la tierra? De donde claramente se deduce que Cristo no hubiera ascendido si antes no hubiera descendido.

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