UNIDAD DE FE Y UNIDAD DE COMUNIÓN


¿Cuál es entonces la función del Papa en la Iglesia?

El Concilio Vaticano I enseña: "A fin de que la muchedumbre de los creyentes se mantenga en la unidad de la fe y de la comunión (in fidei et communionis unitate), Jesús antepuso al bienaventurado Pedro a la cabeza de los Apóstoles" (46).

León XIII, quien trata ex profeso de la unidad de la Iglesia, escribe: "El autor divino de la Iglesia, habiendo decretado darle la unidad de la fe, de gobierno, de comunión, eligió a Pedro y a sus sucesores para establecer en ellos el principio y el centro de la unidad" (47).
En consecuencia, la función del Papa es asegurar "la unidad de fe y de comunión" en el seno de la muchedumbre de los creyentes, así como "la unidad de gobierno" entre la multitud de los Pastores.
Pero ¿en qué relación se encuentran en la Iglesia la unidad de la fe y la unidad de comunión, la unidad de la fe y la unidad de gobierno? "Aquel que instituyó la Iglesia única, también la instituyó una...Ahora bien, una tan grande y tan absoluta concordia entre los hombres debe tener por fundamento necesario el entendimiento y la unión dula inteligencias: de lo cual seguirá naturalmente la armonía de las voluntades y el acuerdo de las acciones. Es por ello que, según su plan divino, Jesús quiso que la unidad de fe existiera en su Iglesia: pues la fe es el primero de todos los vínculos que unen al hombre con Dios y es a ella a quien debemos el nombre de fieles" (48).
Y Pío XI le hace eco: "Es por eso, porque la caridad tiene por fundamento una fe íntegra y sincera, que es la unidad de la fe la que debe ser el vínculo principal que una a los discípulos de Cristo" (49).

Luego, unidad de fe y unidad de comunión, unidad de fe y unidad de gobierno son inseparables en la Iglesia. Siendo la unidad de fe el fundamento necesario tanto de la unidad de comunión como de la unidad de gobierno, de ello se sigue que nadie en la Iglesia tiene derecho a exigir una unidad de comunión y/o de gobierno que haga abstracción de la unidad de fe. Y si hoy los católicos suficientemente informados se sienten continuamente divididos entre una unidad de fe con la Iglesia y una pretendida "unidad de comunión" con la actual jerarquía; si los obispos (lo digan o no, se pliegan a mayores o menores compromisos, poco importa) son de hecho constantemente puestos también en disyunción entre una unidad de fe con la Iglesia y una pretendida "unidad de gobierno" con las Autoridades Superiores, es precisamente porque se reclama a unos y a otros, respectivamente, una unidad de comunión y una unidad de gobierno que no están fundadas sobre la unidad de fe sino sobre una adhesión a puntos de vista "personales" más o menos erróneos.

De la relación necesaria que liga la unidad de fe y la unidad de comunión con la jerarquía, deriva también que la comunión con la jerarquía actual no puede ni debe separarme de la comunión con la jerarquía de ayer; porque la jerarquía de hoy, como la de ayer, tiene la función de guardar, transmitir sin alteración e interpretar fielmente el depósito de la fe. Aquel que bajo Montini acusaba a los "tradicionalistas" de desobedecer "al Papa de hoy" en nombre de la obediencia a los "Papas de ayer", no estaba en condiciones, como buen modernista que era, para pesar la gravedad de esta afirmación.

La comunión con el Papa es necesariamente una comunión en la Verdad, y, como tal, comunión con todos los Papas de ayer y de hoy, teniendo en cuenta, sin duda, al desarrollo del dogma que procede por explicitación y jamás por contradicciones. Cuando se impone la necesidad de tener que elegir entre la comunión con los "Papas de ayer" y la comunión con el "Papa de hoy" es un signo de que algo no anda bien en la Iglesia. Es un signo de que la "persona" del Papa (o quienquiera en su nombre) interviene indebidamente en su "función". Y de la misma manera que el católico no debe ni puede estar en comunión con un Papa como Honorio I que favorece la herejía monotelista (50), igualmente el católico no debe ni puede estar en comunión con un Pablo VI que favorece el modernismo, el liberalismo, el ecumenismo, condenados por sus predecesores e inventa un "diálogo" que es la negación del dogma "Extra Ecciesia nulla salus" pretendiendo abusivamente orientar a toda la Iglesia según sus puntos de vista personales, tan deformados como deformantes.

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