Sin embargo el conflicto
surgido entre "obediencia" y verdad reposa, en realidad
sobre un equívoco. Reside en el hecho de identificar falsamente
la obediencia debida a la jerarquía con-una adhesión
a orientaciones impuestas por miembros de la jerarquía contra
el precedente Magisterio de la Iglesia. Tomemos el ejemplo del liberalismo
y del ecumenismo que inspiran la nueva marcha -de la Iglesia y que
suscitan la más viva resistencia de los "tradicionalistas".
El liberalismo que "defiende la libertad civil de todos los cultos,
la cual no es en sí contraria a los fines de la sociedad, sino
con forme a la razón y al espíritu evangélico"
ha sido condenado varias veces por la Iglesia a través del
Magisterio de una larga serie de Pontífices, particularmente
por Gregorio XVI, Pío IX, León XIII etc...(22).
El Padre Garrigou-Lagrange agrega en su libro De Revelatione: "Los
Soberanos Pontífices siempre enseñaron eso, por ejemplo
Bonifacio VIII en la bula Unam Sanctam" (Dz.469), Martín
V en la condenación de los errores de Juan Hus y de Wiclef
f (Dz 469) y también León X condenando ex cathedra los
errores de Martín Lutero..."
Aún en 1967, el Padre Malteo da Casola contaba en el rango
de los "cismáticos" que niegan la autoridad del Pontífice
Romano en alguna materia en particular, a los "católicos
liberales" y "a quien admita el sistema político
religioso del liberalismo puro que enseña la absolu ta yplena
independencia del Estado en relación a la Iglesia" (23).
De allí que la "Declaración sobre la libertad religiosa"
(Dignitatis Humanae),que se quiere imponer a todo precio a los católicos,
fue redactada por „cismáticos".
No entremos en debate. Basta aquí destacar que una mirada rápida
sobre los documentos pontificios de los últimos 150 años
permite demostrar que la nueva orientación eclesial es obra
de una vieja corriente, desde hace mucho tiempo obstinadamente rebelde
al Magisterio (24). Esta corriente,
después de que la oposición fue reducida al silencio
por medios más o menos honestos durante el Concilio, se instaló
en los puestos de comando en el pos-Concilio, y exige hoy obediencia
a sus propias orientaciones personales, contra todo el Magisterio
precedente de la Iglesia. Lo mismo pasa con el ecumenismo irénico
(25) de origen protestante
que inspira todos los textos equívocos o inaceptables del Concilio
antes del revoltijo litúrgico de Pablo VI. Este ecumenismo,
que impuso e impone a los católicos las determinaciones más
numerosas y graves, fue condenado repetidas veces por la Iglesia a
través del Magisterio de León XIII (Testem benevolentiae,
Satis cognitum), de San Pío X (Singulari quadam), de Pío
XI (Mortalium animos), de Pío XII (Humana generis),
No nos detendremos porque lo hemos denunciado e ilustrado suficientemente
en este periódico. Pío XII escribía en su Mortalium
animos que la caridad "no puede volverse en detrimento de la
Fe" y que en consecuencia "la Sede Apostólica no
puede de ninguna manera participar de sus congresos, (de los ecumenistas),
y que de ninguna manera los católicos pueden votar a favor
de tales proyectos o colaborar con ellos; si lo hicieran, acordarían
una autoridad a una falsa religión cristiana enteramente ajena
a la única Iglesia de Cristo'."' ¿Podemos soportar
-continúa el Papa- que sea puesta en arreglos la verdad, y
la verdad divinamente revelada? Sería el colmo de la iniquidad.
Pues en tal circunstancia se trata de respetar la verdad revelada."
Es la demostración del conflicto entre la Verdad y una pretendida
"obediencia", conflicto que viven hoy tantos católicos.
En cuanto al "diálogo" que habría que trabar
con todos los errantes y todos los errores, no es más que una
invención personal de Paulo VI, absolutamente sin precedente
en los dos mil años de historia de la Iglesia.(26)
No obstante, el católico no tiene el deber de estar en comunión
con el Sucesor de Pedro más que en la medida en que él
cumple los deberes de su cargo, es decir en la medida en que él
guarda, transmite e interpreta fielmente el depósito de la
Fe. No tiene ningún deber de estar en comunión con las
"adinventiones", las invenciones - opiniones, puntos de
vista, orientaciones personales -del Sucesor de Pedro. Más
aún, si esas orientaciones están en conflicto con la
pureza y la integridad de la Fe, la fidelidad a Cristo requiere resistir
a quien quisiera de alguna manera imponerlas. Esto por la clara distinción
que hay que establecer entre la obediencia debida a la autoridad y
la adhesión a puntos de vista, a opiniones, a orientaciones
personales de los que detentan la autoridad.
Y como no es raro que se aproveche el equívoco descripto aquí
arriba para tratar de hacer sentir remordimientos de conciencia a
los "tradicionalistas", hoy más que nunca es necesario
tener ideas claras sobre el Papado y sobre su función en la
Iglesia.
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