"El único
cuerpo de la Iglesia una y única no tiene más que una
sola cabeza, no dos, como un monstruo. Y es Cristo y su Vicario, habiendo
el Señor dicho a Pedro: Apacienta a mis ovejas. Las mías
dice..." (27).
La única Iglesia de Cristo es entonces Una y bajo uno solo
(28). Y porque Cristo y su Vicario no son dos cabezas distintas sino
una sola y única Cabeza, la Iglesia no puede recibir de Cristo
y del Papa dos orientaciones divergentes y menos aún, opuestas.
Si el hecho se produjera, es inútil decir a quien corresponde
el deber de fidelidad.
El Papa es el Vicario y no el Sucesor de Cristo (29),
y la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y no el Cuerpo
Místico del Papa (30).
Por ello San Jerónimo escribía al Papa Dámaso:
"YO no sigo a nadie más que a Cristo como primera
cabeza: luego estoy ligado por la comunión a Vuestra Beatitud,
es decir a la Cátedra de Pedro, sabiendo que sobre esa piedra
está edificada la Iglesia" (31).
Cristo es la "piedra angular" sobre la cual se
edificó la Iglesia; Pedro es piedra sólo "por
participación" (32).
Sí, él escuchó que "debía ser
piedra; sin embargo no de la misma manera que Cristo. Cristo es la
piedra verdaderamente firme. Pedro es firme por la virtud de Aquella"
(33). Sin duda el Papa es "cabeza
y jefe de la Iglesia, pero en el plano visible, en el orden jurisdiccional
en la medida en que es asistido por Cristo (infalibilidad) durante
el tiempo medido de su pontificado" (34).
De allí que la comunión con el Papa es inseparable de
la comunión con Cristo, la unidad de la Iglesia es la unidad
con Cristo y su Vicario, jamás unidad con el Vicario fuera
de Cristo o contra Cristo. La razón misma nos dice que "se
debe obediencia a cada uno según su rango", si no,
se altera el orden de la justicia (35).
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