Todo lo que se ha dicho
hace ver claramente que:
-no existe un "cisma" de Monseñor Lefebvre,
como ha sido decretado con extrema superficialidad, no sin una buena
dosis de mala fe y -hay que agregar- con un apresuramiento sospechoso;
-la excomunión no puede afectar a Monseñor Lefebvre,
porque "un estado de necesidad funda un derecho de necesidad"
lo que a la luz, tanto del antiguo como del nuevo Código de
Derecho Canónico, hace no imputable la violación material
de la ley;
-la excomunión no hiere tampoco a los fieles que "quieren
adherir al cisma de Monseñor Lefebvre" (104);
1º. Porque no hay cisma;
2º Porque los "tradicionalistas"
no "quieren" de ninguna manera adherir a un "cisma"
sino que al contrario, su firme intención es la de resistir
a quienquiera a fin de permanecer en la Iglesia Católica: no
siguen á la "persona" de Monseñor
Lefebvre; siguen a Cristo y a 'su Iglesia, decididos a no desviarse
"ni a derecha ni a izquierda" (Exodo).
Si continúan siguiendo a Monseñor Lefebvre es porque
"sciunt voceen Eius" (Jn.10, 4): reconocen en las palabras
de este pastor, la palabra de su Pastor Eterno, ese Pastor según
el cual los pastores que se suceden en el tiempo tienen la obligación
de reglar su gobierno. Y cuando esos fieles resisten a los otros Pastores
en la Iglesia, no es por gusto de rebelión, desobediencia o
cosa peor. Es porque "las ovejas no siguen a un extraño
sino que le huyen, porque no conocen la voz de los extraños"
(Ibídem).
Si hay hoy una crisis en la iglesia, como lo han reconocido Pablo
VI y Juan Pablo II, como lo admite el Cardenal Ratzinger, es precisamente
porque la voz de los Pastores se ha mudado en voz de extraños
y las ovejas no reconocen más en sus voces a la de su único
Pastor, la voz de la Iglesia, su Madre. El Señor, diciendo
a sus Apóstoles "Quien os escucha a Mí escucha"
no ha conferido a los miembros de la jerarquía la facultad
de hacerle decir a El lo que les plazca; de la misma manera que El
no enseñó más que lo que había aprendido
del Padre (105), así
tampoco la Iglesia enseña otra cosa más que lo que Ella
aprendió de Cristo (106).
Toda deformación, todo agregado, toda desviación, toda
contradicción, resumiendo, toda ingerencia "personal"
indebida de los Pastores, nada de todo eso pertenece a la Iglesia
y sus hijos tienen el deber de no adherir si no quieren salir realmente
-esta vez si- de la comunión con la Esposa del Verbo Encarnado.
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