En el conflicto que surgió
entre "obediencia" y verdad, los católicos mejor
informados eligieron la verdad, seguros en su sensus fidei de que
sólo la verdad asegura la unión con la Cabeza invisible
de la Iglesia que es Cristo. Son .por eso calificados como "'tradicionalistas"
y reputados incapaces de distinguir entre la Tradición divina
y las tradiciones humanas; entre lo que es irreformable y lo que está
sujeto al cambio dentro de la tradición de la Iglesia; entre
la evolución homogénea y la evolución heterogénea
del dogma; tachados de desobedientes y hoy, además, de excomulgados
y cismáticos. Ellos saben bien que esto no corresponde a la
realidad y que no son cismáticos, es decir "VOLENTES PER
SE ECCLESIAM CONSTITUERE SINGULAREM" (19);
ellos no tienen ningún deseo de constituir una Iglesia para
si mismos, al contrario, sólo resisten a la actual orientación
de la iglesia para permanecer en la única Iglesia de Cristo.
Entre ellos ninguno "rechaza actuar como parte de un todo"
ni quiere "pensar, rezar, comportarse y, en suma, vivir, no en
y según la Iglesia, sino como un ser autónomo que fija
él mismo la ley de su pensamiento, su oración y de su
acción" (20); todo
lo contrario, es para no cesar de pensar, rezar, actuar "en y
según la Iglesia" que resisten a la nueva corriente eclesial,
en la medida en que ésta trata de alejarlos, en la doctrina
o en la práctica, de la Fe guardada y transmitida por la Iglesia.
Tampoco rechazan "subesse capiti", estar sometidos a la
Cabeza de la Iglesia, lo que sería otra manera de ser cismáticos
(21); al contrario, para permanecer
sometidos a la Cabeza invisible de la Iglesia resisten a la actual
orientación (permitida, favorecida o querida por el Papa, poco
importa), deseando sin cesar, y a pesar de desilusiones reiteradas,
que la unión con la actual jerarquía, y sobre todo con
el Vicario de Cristo, se restablezca lo antes posible sin tener por
ello que plegarse a compromisos en un solo punto de doctrina.
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