De lo que acaba de ser
dicho, resulta claro que el criterio que sirve para distinguir entre
el ejercicio legítimo de la autoridad y las iniciativas "personales"
de los depositarios de la autoridad es un criterio objetivo y no subjetivo,
proporcionado a todo católico por la Tradición de la
Iglesia: "guardiana de la Fe" (51)
"Nosotros no debemos... apartarnos de la primitiva tradición
eclesiástica, ni creer en otra cosa más que en lo que
la Iglesia de Dios nos ha enseñado por medio de la tradición
sucesiva" (52).
"La
verdadera sabiduría es la doctrina de los Apóstoles...
llegada a nosotros por la sucesión de los Obispos"
(53).
"Es
constante que toda doctrina conforme a la de las Iglesias apostólicas,
madres y fuentes primitivas de la fe, debe ser declarada verdadera,
pues ella guarda sin ninguna duda lo que las Iglesias recibieron de
los Apóstoles, los Apóstoles, de Cristo y Cristo de
Dios... Estarnos en comunión con las Iglesias apostólicas,
ninguno tiene una doctrina diferente: allí está el testimonio
de la verdad." (54)
Porque si el Magisterio instituido por Jesucristo es un "magisterio
viviente", es también un "magisterio perpetuo"
(55) que no puede contradecirse
a sí mismo sin contradecir lo que la Iglesia recibió
de los Apostoles, los Apóstoles de Cristo y Cristo de Dios.