Esperamos
y pedimos por la oración, que estos últimos acontecimientos
sean una ocasión de reflexión y de luz para todos:
Para los fieles a fin de que vuelvan a tener conciencia tanto de su
propio deber de glorificar a Dios santificándose, como de su
derecho correspondiente -absolutamente inalienable- a recibir de los
Pastores de la Iglesia todos los medios necesarios para obtener este
fin: una doctrina pura e íntegra, sacramentos correctamente
administrados y una liturgia que sea una confesión sin equívocos
de la Fe Católica.
Para los Pastores, a fin de que vuelvan a ser conscientes del deber
que tienen de dar a las almas todos los medios necesarios para su
salvación eterna, porque sólo ese deber funda el derecho
correspondiente a ser escuchados y seguidos por el rebaño.
Para todos, a fin de que se restablezca la exacta concepción
de la "obediencia" en cuya virtud no se obedezca
a los hombres más que porque se quiere obedecer a Dios, de
forma tal que en caso de conflicto, se obedezca "a Dios antes
que a los hombres" (107)
De lo cual se sigue que, si los Pastores se arrogan, como lo hacen
desde hace alrededor de 20 años, el poder -con el que Cristo
no los dotó y que está en contradicción con su
deber de Pastor -de callar, de disminuir, de obliterar, aunque sea
sólo un punto de la Verdad recibida de Cristo y transmitida
por su Iglesia; de alterar la administración aunque sea de
un solo Sacramento; de imponer un único rito litúrgico
ambiguo, entonces el católico, cuyo deber es preferir la muerte
a la negación de una sola verdad de Fe o a la transgresión
de un solo mandamiento divino, tiene el deber de resistir a la Autoridad,
en nombre de Dios. De otra manera, ninguna "obediencia"
bastará para justificar, ante Dios la apostasía más
o menos larvada.