"Monseñor
Lefebvre no comprende la realidad dela Tradición". Es
lo que afirma el Cardenal Ratzinger en una entrevista concedida a
la televisión italiana. Prosigue: "El Santo Padre en su
carta escrita con ocasión del tiempo pascual como en su «Motu
Proprio, ha explicado muy bien el concepto de tradición y el
fundamento del desacuerdo. hay una idea muy anquilosada de tradición,
fijada de una vez por todas en ciertas fórmulas, y la tradición
es una idea viva siempre inspirada en una gran fidelidad, pero animada
también del dinamismo del Espíritu Santo, que nos empuja
siempre más hacia la verdad (1)".
He aquí los textos a los que se refiere el Cardenal Ratzinger:
1) "Mientras que la primera tendencia (el "progresismo")
parece reconocer como justo lo que es nuevo, la otra (el "conservadurisrno"
o "integrismo") al contrario, no tiene por justo sino lo
que es "antiguo", considerándolo como sinónimo
de la Tradición. Sin embargo, ni lo "antiguo" como
tal, ni lo "nuevo" en sí, son los que corresponden
al concepto exacto de la Tradición en la vida de la Iglesia.
Este concepto designa, en efecto, la fidelidad duradera de la Iglesia
a la verdad recibida de Dios, a través de los acontecimientos
cambiantes dula historia. La Iglesia, como el dueño de casa
del Evangelio, saca con sabiduría «de su tesoro, lo nuevo
y lo viejo» (cf r. Mt.13,52), permaneciendo en una obediencia
absoluta al Espíritu de Verdad que Cristo dio a la Iglesia
como divino guía. Y esta obra delicada de discernimiento, la
cumple la Iglesia por su Magisterio auténtico (cfr. Lumen Gentium,
ns 25) (2)".
2) "En la raíz de este acto cismático
se encuentra una noción incompleta y contradictoria de la Tradición.
Incompleta, porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter
vivo de la Tradición que, como lo ha enseñado claramente
el Concilio Vaticano II, tiene su origen en los Apóstoles,
se continúa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu
Santo: en efecto, la percepción de las cosas tanto como de
las palabras transmitidas se acrecienta, sea por la contemplación
y estudio de los creyentes que las meditan en su corazón, sea
por la inteligencia interior que experimentan, de las cosas espirituales,
sea por la predicación de aquellos que, con la sucesión
episcopal, reciben un carisma cierto de verdad" (...)
"Pero sobre todo es una noción contradictoria de la Tradición,
que se opone al Magisterio universal de la Iglesia, el cual pertenece
al Obispo de Roma y al cuerpo de Obispos. Nadiepuedepermanecer fiel
a la Tradición rompiendo el lazo eclesial con aquel a quien
Cristo, en la persona del apóstol Pedro, confió el ministerio
de la unidad de la Iglesia (3)".
La advertencia implica a todos aquellos que, reclamándose de
la Tradición católica, se resisten al nuevo rumbo eclesial.
Examinaremos por consiguiente, a la luz de la doctrina católica,
la ortodoxia de la posición de aquellos llamados "tradicionalistas".
Tanto más dado que el mismo Santo Padre invita a "todos
los fieles católicos" a "reflexionar sinceramente
sobre su propia fidelidad a la Tradición de la Iglesia, auténticamente
interpretada por el Magisterio eclesiástico ordinario y extraordinario,
especialmente en los Concilios ecuménicos, desde Nicea hasta
Vaticano II. De esta reflexión, todos deben sacar una convicción
renovada y efectiva, de la necesidad de profundizar más su
fidelidad a esta Tradición, rechazando todas las interpretaciones
erróneas y las aplicaciones arbitrarias y abusivas en materia
doctrinal, litúrgica y disciplinaria (4)".
Lo "antiguo", sinónimo
de Tradición en sentido objetivo
"El Espíritu Santo -declara el Vaticano I- no fue prometido
a los Sucesores de Pedro para que hagan conocer bajo su revelación
una nueva doctrina, sino para que con su asistencia guarden santamente
y expongan fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles,
es decir el depósito de la fe (5)".
Entonces:
1) La Tradición (del latín tradere:
transmitir) es la transmisión de la Revelación divina.
2) El sujeto de la transmisión es el Magisterio
infalible, divinamente asistido, y no el simple "Magisterio auténtico"
(mere au thenticum) (6)
del que se había por el contrario en los textos pontificios
citados por el Cardenal Ratzinger.
3) El objeto de la transmisión es el depósito
de la Fe" (Tradición objetiva o pasiva), depósito
que comprende: a) la Revelación divino-apostólica (objeto
primario). b) todo lo que está presupuesto por la Revelación
divina o que se encuentra íntimamente ligado a ella (objeto
secundario) (7).
En tal sentido; objetivo y pasivo, la Tradición ha sido definida
por el Concilio de Trento, que habla de "tradiciones (en plural,
es decir enseñanzas) (8)...
que, recibidas por los Apóstoles de la boca misma de Cristo
o transmitidas de mano en mano por los Apóstoles, bajo el dictado
del Espíritu Santo, han llegado hasta nosotros" o de "tradiciones
que conciernen sea a la fe, sea a las costumbres, como salidas de
la boca misma de Cristo o dictadas por el Espíritu Santo, y
conservadas en la Iglesia católica por una sucesión
continuó" (9).
En el mismo sentido, objetivo y pasivo, la Tradición ha sido
igualmente definida por el Concilio Vaticano I, que retoma textualmente
los términos del Concilio de Trento (10).
4) La asistencia del Espíritu de Verdad al
Magisterio no es una prolongación de la Revelación:
ésta, contrariamente a lo que afirman los modernistas, se cerró
con la muerte de los Apóstoles (11).
Incumbe a sus Sucesores solamente transmitirla y explicarla, en el
sentido etimológico de la palabra (explicare: desplegar). Se
sigue que:
- lo "antiguo" es realmente sinónimo de la Tradición
en sentido objetivo o del objeto de la Tradición, del "depósito
de la Fe".
-el Magisterio, aún infalible, es "un órgano vivo"
pero "no un órgano de nuevas verdades" (12):
todo acto del Magisterio es un acto de tradición, es decir
de transmisión de un contenido dado de una vez y para siempre:
el Magisterio, por su misma naturaleza, es "tradicional"
(13): "Oh
Timoteo, guarda el depósito"… "el depósito
es lo que se te ha confiado a ti, no descubierto por ti; lo has recibido,
no lo has sacado de tus propios recursos. No es el fruto de una inteligencia
personal sino de una enseñanza: no reservado a un uso personal
sino que pertenece a una tradición pública. No viene
de ti, sino que ha venido a ti no puedes a su respecto, comportarte
como su autor si no como simple guardián. Tú no eres
su iniciador, sino su discípulo. No te pertenece dirigirlo,
sino que tu deber es seguirlo (14)":
Lo que no excluye, como veremos, un desarrollo doctrinal legítimo,
pero lo condiciona rigurosamente.
Perder de vista lo "antiguo', es decir la dimensión objetiva
de la Tradición, significa caer en ese subjetivismo dogmático,
de carácter protestante, típico del modernismo, que
reduce el cristianismo "a un vago sentimiento cristiano que sería
libre de adaptarse a gusto a las distintas necesidades y aspiraciones
de las generaciones sucesivas" (15);
esto significa caer en el evolucionismo o el historicismo dogmático,
que hace de la Verdad una variable dependiente de la historia; esto
significa sobre todo perder todo punto de referencia para distinguir
la verdad católica del error.
La atención a lo "antiguo",
condición de fidelidad
La asistencia del Espíritu de Verdad, precisamente por ser
tal (adsisto, me mantengo al lado) no excluye mas presupone la actividad
humana: el Magisterio infalible tiene el deber de usar todos los medios
para garantizar la fidelidad de la transmisión y entre estos
medios, en primer lugar:
a) la investigación y el estudio de las fuentes de la Revelación
(Sagradas Escrituras y Tradición Apostólica). b) el
nombramiento de obispos eminentes "amoreetstudio doctrina ab
Apostolis traditae ac par¡ detestatione omnis novitatis"
(16) ("por
el amor y el estudio de la doctrina transmitida por los Apóstoles
como por una igual aversión a toda novedad"). c) la consulta
de teólogos, notables también por su apego a la tradición
y que "conozcan bien las reglas de la Fe y estén deseosos
de seguirlas" (17).
Es entonces la constante referencia a lo "antiguo", ligada
a la asistencia del Espíritu Santo, la que asegura "la
fidelidad duradera de la Iglesia a la verdad recibida de Dios, a través
de los acontecimientos cambiantes de la historia" de la que habla
el Santo Padre (2). Al punto que, si llegan a faltar el amor y la
fidelidad a lo "antiguo", el Espíritu de Verdad impide
con una asistencia puramente negativa que una definición errónea
sea proclamada por el Magisterio infalible (18).
Al Magisterio auténtico, por el contrario, es decir, al Magisterio
que se pronuncia en un grado en el que no es infalible, ninguna asistencia,
ni positiva ni negativa le está asegurada para cada uno de
sus actos: la seguridad de la doctrina queda dependiendo solamente
del cuidado humano de apegarse a la Tradición. Esta preocupación
es por consiguiente para el Magisterio auténtico un grave deber
de prudencia. Y en efecto, el Magisterio que se expresa en general
en un nivel en el que no es infalible, propone e inculca "la
mayoría de las veces lo que… ya pertenece a la doctrina
católica" (19).
La prudencia del Magisterio auténtico condiciona el asentimiento
de los fieles: "el asentimiento prudente excluyendo habitualmente
toda duda fundada" que se debe en efecto a este Magisterio es
"legitimado por la alta prudencia con la que la autoridad eclesiástica
actúa habitualmente en esta instancia"
(20).
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