De algunos animales domésticos de que me he servido para estimularme
a la práctica de las virtudes
El
Espíritu Santo me dice: Perezoso, aprende de la hormiga
la prudencia (Prov. 6, 6), y yo la aprenderé no sólo
de la hormiga, sino también del gallo, del burrico y del perro.
Quis dedit gallo intelligentiam? (Job 38,36 ¿Quién
dio al gallo inteligencia?) Gallus cantavit. (Mc 14,
68: Cantó el gallo.)
1.º El gallo me llama, y yo, como Pedro, debo recordarme de mis
pecados para llorarlos.
2.º El gallo canta en las horas de día y de noche. Yo
debo alabar a Dios en todas las horas del día y de la noche.
Y además debo exhortar a los otros para que lo hagan.
3.º En gallo de día y de noche vigila su familia. Yo debo
vigilar día y noche las almas que el Señor me ha confiado.
4.º El gallo, al más pequeño rumor o aprensión
de peligro, da voz de alarma. Yo debo hacer lo mismo: avisar a las
almas al más pequeño peligro de pecar.
El gallo defiende su familia cuando el gavilán u otro animal
o ave de rapiña viene para ofenderla. Yo debo defender las
almas que el Señor me ha confiado de los gavilanes de errores,
vicios y pecados.
6.º El gallo es muy generoso; apenas halla alguna cosa que pueda
servir de alimento, cuando, privándose de ello, llama a las
gallinas para que lo cojan. Yo debo abstenerme de regalos y conveniencias
y ser generoso y caritativo con los pobres y necesitados.
7.º El gallo antes de cantar mueve las alas. Yo antes de predicar
debo mover y batir las alas del estudio y oración.
8.º El gallo es muy fecundo. Yo debo serlo espiritualmente, de
modo que pueda decir con el Apóstol: Per evangelium ego
vos genui (Cor. 4, 15: Yo soy el que os he engendrado
(en Jesucristo) por medio del Evangelio)
El
burrico
Ut
jumentum factus sum apud te, et ego semper tecum. (Sal. 72, 32
Como jumento he sido delante de ti; y yo he estado siempre contigo)
1.º El burrico es el animal más humilde por naturaleza;
su nombre es de desprecio; su habitación es el lugar más
humilde y bajo de la casa, su comida es pobre, y pobres son todos
sus aparejos. Yo también debo procurar que la habitación,
comida y vestido sean pobres, a fin de procurarme la humillación
y el desprecio de los hombres, y así poder alcanzar la virtud
de la humildad, ya que por la naturaleza corrompida soy soberbio y
orgulloso.
2.º El burrico es un animal muy paciente; lleva las gentes y
las cargas y sufre los golpes sin quejarse. Yo también debo
ser muy paciente en llevar las cargas de mis obligaciones y sufrir
con resignación y mansedumbre las penas, trabajos, persecuciones
y calumnias.
3.º La Santísima Virgen María se valió del
burrico cuando fue a Belén para alumbrar a su hijo Jesús,
y cuando se fue a Egipto, para librarle de Herodes. Yo también
me ofrezco a María Santísima para llevar con gusto y
alegría su devoción y predicarla en sus excelencias,
en sus gozos y en sus dolores, y además meditaré día
y noche en esos santos y adorables misterios.
4.º Jesús se valió del burrico cuando quiso entrar
triunfante en Jerusalén. Yo también me ofrezco gustoso
a Jesús, por si se quiere valer de mí para entrar triunfante
de los enemigos: mundo, demonio y carne en las almas convertidas y
en las poblaciones; con el bien entendido que los honores y alabanzas
que me tributen, pensaré que no son para mí, que soy
el burrico, sino para Jesús, cuya dignidad, aunque indigno,
llevo.
El
perro
Canes
muti qui non valuerunt latrare (Is. 56, 10: Perros mudos,
que no pueden ladrar)
1.º El perro es un animal tan fiel y tan constante compañero
de su amo, que ni la miseria, ni la pobreza, ni los trabajos, ni otra
cosa alguna es capaz, de hacerle separar de su dueño. l o mismo
debo hacer yo; tan fiel, tan constante he de ser en el servicio y
amor de Dios, que pueda decir con el Apóstol que ni la muerte,
ni la vida, ni otra cosa alguna pueda separarme.
2.º El perro es más leal que un hijo, más obediente
que un criado y más dócil que un niño. No sólo
hace voluntariamente lo que el amo le manda, sino que además
mira la cara del amo para conocer su inclinación y voluntad,
a fin de cumplirlas sin esperar que se lo mande, lo que hace con la
mayor prontitud y alegría, y aun se hace participante de los
afectos del amo; por manera que es amigo de los amigos del amo y enemigo
de sus enemigos. Yo debo practicar todas estas bellas cualidades en
el servicio de Dios, mi querido Amo. Sí, gustoso haré
lo que me mande, estudiaré su voluntad para cumplirla, sin
esperar que me mande; ejecutaré con prontitud y alegría
todo lo que disponga por sus representantes, que son mis Superiores.
Seré amigo de los amigos de Dios y trataré a los enemigos
de Dios como El disponga, ladrando contra sus maldades para que desistan
de ellas.
3.º El perro vigila de día y por la noche redobla su vigilancia;
él guarda la persona del amo y todas las cosas que al amo pertenecen;
él ladra y embiste a cuantos conoce o barrunta que pueden perjudicar
a su amo y a sus intereses. Yo debo procurar vigilar continuamente
y declamar contra los vicios, culpas y pecados, y contra los enemigos
del alma.
4.º El perro el mayor gusto que tiene es el estar y el andar
a la presencia de su amo. Yo procuraré andar siempre con gusto
y alegría a la presencia de Dios, mi querido Amo, y así
no pecaré nunca, y seré perfecto, según aquella
palabra: Ambula coram me, et esto perfectus (Gen. 17,1: Anda
en mi presencia y se perfecto.)
San
ANTONIO MARÍA CLARET, “Escritos autobiográficos”.