El Padre Pío y la
Misa

En 1974 se publicó una obra en italiano,
titulada «Cosí parlò Padre Pio»: «Así
habló el Padre Pio» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia),
con el imprimatur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia.
En este presente trabajo sacamos algunos pasajes en los que el Padre
Pío hablaba de la Santa Misa:
Padre, ¿ama el Señor el
Sacrificio?
Sí, porque con él regenera el mundo.
¿Cuánta gloria le da la
Misa a Dios?
Una gloria infinita.
¿Qué debemos hacer durante
la Santa Misa?
Compadecernos y amar.
Padre, ¿cómo debemos asistir
a la Santa Misa?
Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres.
Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al
Sacrificio cruento de la Cruz.
Padre, ¿qué beneficios
recibimos al asistir a la Santa Misa?
No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando
asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima
que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla
propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor
y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La
Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce
inspiración.
Padre, ¿qué es su Misa?
Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi
responsabilidad es única en el mundo -decía llorando.
¿Qué tengo que descubrir
en su Santa Misa?
Todo el Calvario.
Padre, dígame todo lo que sufre
Vd. durante la Santa Misa.
Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión,
aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer
una creatura humana. Y esto, a pesar de cada uno de mis faltas y por
su sola bondad.
Padre, durante el Sacrificio Divino,
¿carga Vd. nuestros pecados?
No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.
¿El Señor le considera
a Vd. como un pecador?
No lo sé, pero me temo que así es.
Yo lo he visto temblar a Vd. cuando
sube las gradas del Altar. ¿Por qué? ¿Por lo
que tiene que sufrir?
No por lo que tengo que sufrir, sino por lo que tengo que ofrecer.
¿En qué momento de la
Misa sufre Vd. más?
En la Consagración y en la Comunión.
Padre, esta mañana en la Misa,
al leer la historia de Esaú, que vendió su primogenitura,
sus ojos se llenaron de lágrimas.
¡Te parece poco, despreciar los dones de Dios!
¿Por qué, al leer el Evangelio,
lloró cuando leyó esas palabras: «Quien come mi
carne y bebe mi sangre»...?
Llora conmigo de ternura.
Padre, ¿por qué llora Vd. casi siempre cuando lee el
Evangelio en la Misa?
Nos parece que no tiene importancia el que un Dios le hable a sus
creaturas y que ellas lo contradigan y que continuamente lo ofendan
con su ingratitud e incredulidad.
Su Misa, Padre, ¿es un sacrificio
cruento?
¡Hereje!
Perdón, Padre, quise decir que en la Misa el Sacrificio de
Jesús no es cruento, pero que la participación de Vd.
a toda la Pasión si lo es. ¿Me equivoco?
Pues no, en eso no te equivocas. Creo que seguramente tienes razón.
¿Quien le limpia la sangre durante
la Santa Misa?
Nadie.
Padre, ¿por qué llora
en el Ofertorio?
¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento
en que el alma se separa de las cosas profanas.
Durante su Misa, Padre, la gente hace
un poco de ruido.
Si estuvieses en el Calvario, ¿no escucharías gritos,
blasfemias, ruidos y amenazas? Había un alboroto enorme.
¿No le distraen los ruidos?
Para nada.
Padre, ¿por qué sufre
tanto en la Consagración?
No seas malo... (no quiero que me preguntes eso...).
Padre, ¡dígamelo! ¿Por
qué sufre tanto en la Consagración?
Porque en ese momento se produce realmente una nueva y admirable destrucción
y creación.
Padre, ¿por qué llora
en el Altar y qué significan las palabras que dice Vd. en la
Elevación? Se lo pregunto por curiosidad, pero también
porque quiero repetirlas con Vd.
Los secretos de Rey supremo no pueden revelarse sin profanarlos. Me
preguntas por qué lloro, pero yo no quisiera derramar esas
pobres lagrimitas sino torrentes de ellas. ¿No meditas en este
grandioso misterio?
Padre, ¿sufre Vd. durante la
Misa la amargura de la hiel?
Sí, muy a menudo...
Padre, ¿cómo puede estarse
de pie en el Altar?
Como estaba Jesús en la Cruz.
En el Altar, ¿está Vd.
clavado en la Cruz como Jesús en el Calvario?
¿Y aún me lo preguntas?
¿Como se halla Vd.?
Como Jesús en el Calvario.
Padre, los verdugos acostaron la Cruz
de Jesús para hundirle los clavos?
Evidentemente.
¿A Vd. también se los
clavan?
¡Y de qué manera!
¿También acuestan la Cruz
para Vd.?
Sí, pero no hay que tener miedo.
Padre, durante la Misa, ¿dice
Vd. las siete palabras que Jesús dijo en la Cruz?
Sí, indignamente, pero también yo las digo.
Y ¿a quién le dice: «Mujer,
he aquí a tu hijo»?
Se lo digo a Ella: He aquí a los hijos de Tu Hijo.
¿Sufre Vd. la sed y el abandono
de Jesús?
Sí.
¿En qué momento?
Después de la Consagración.
¿Hasta qué momento?
Suele ser hasta la Comunión.
Vd. ha dicho que le avergüenza
decir: «Busqué quien me consolase y no lo hallé».
¿Por qué?
Porque nuestro sufrimiento, de verdaderos culpables, no es nada en
comparación del de Jesus.
¿Ante quién siente vergüenza?
Ante Dios y mi conciencia.
Los Angeles del Señor ¿lo
reconfortan en el Altar en el que se inmola Vd.?
Pues... no lo siento.
Si el consuelo no llega hasta su alma
durante el Santo Sacrificio y Vd. sufre, como Jesús, el abandono
total, nuestra presencia no sirve de nada.
La utilidad es para vosotros. ¿Acaso fue inútil la presencia
de la Virgen Dolorosa, de San Juan y de las piadosas mujeres a los
pies de Jesús agonizante?
¿Qué es la sagrada Comunión?
Es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele
a Jesús que se deje sentir sensiblemente.
Cuando viene Jesús, ¿visita
solamente el alma?
El ser entero.
¿Qué hace Jesús
en la Comunión?
Se deleita en su creatura.
Cuando se une a Jesús en la Santa
Comunión, ¿que quiere que le pidamos al Señor
por Vd.?
Que sea otro Jesús, todo Jesús y siempre Jesús.
¿Sufre Vd. también en
la Comunión?
Es el punto culminante.
Después de la Comunión,
¿continúan sus sufrimientos?
Sí, pero son sufrimientos de amor.
¿A quién se dirigió
la última mirada de Jesús agonizante?
A su Madre.
Y Vd., ¿a quién mira?
A mis hermanos de exilio.
¿Muere Vd. en la Santa Misa?
Místicamente, en la Sagrada Comunión.
¿Es por exceso de amor o de dolor?
Por ambas cosas, pero más por amor.
Si Vd. muere en la Comunión ¿ya
no está en el Altar? ¿Por qué?
Jesús muerto, seguía estando en el Calvario.
Padre, Vd. a dicho que la víctima
muere en la Comunión. ¿Lo ponen a Vd. en los brazos
de Nuestra Señora?
En los de San Francisco.
Padre, ¿Jesús desclava
los brazos de la Cruz para descansar en Vd.?
¡Soy yo quien descansa en El!
¿Cuánto ama a Jesús?
Mi deseo es infinito, pero la verdad es que, por desgracia, tengo
que decir que nada, y me da mucha pena.
Padre, ¿por qué llora
Vd. al pronunciar la última frase del Evangelio de San Juan:
«Y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del
Padre, lleno de gracia y de verdad»?
¿Te parece poco? Si los Apóstoles, con sus ojos de carne,
han visto esa gloria, ¿cómo será la que veremos
en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifieste en el Cielo?
¿Qué unión tendremos
entonces con Jesús?
La Eucaristía nos da una idea.
¿Asiste la Santísima Virgen
a su Misa?
¿Crees que la Mamá no se interesa por su hijo?
¿Y los ángeles?
En multitudes.
¿Qué hacen?
Adoran y aman.
Padre, ¿quién está
más cerca de su Altar?
Todo el Paraíso.
¿Le gustaría decir más
de una Misa cada día?
Si yo pudiese, no querría bajar nunca del Altar.
Me ha dicho que Vd. trae consigo su
propio Altar...
Sí, porque se realizan estas palabras del Apóstol: «Llevo
en mi cuerpo las señales del Señor Jesús»
(Gal. 6, 17), «estoy crucificado con Cristo» (Gal. 2,
19) y «castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (I Cor. 9, 27).
¡En ese caso, no me equivoco cuando
digo que estoy viendo a Jesús Crucificado!
(No contesta).
Padre, ¿se acuerda Vd. de mí
durante la Santa Misa?
Durante toda la Misa, desde el principio al fin, me acuerdo de tí.
La Misa del Padre Pío en sus primeros años duraba más
de dos horas. Siempre fue un éxtasis de amor y de dolor. Su
rostro se veía enteramente concentrado en Dios y lleno de lágrimas.
Un día, al confesarme, le pregunté sobre este gran misterio:
Padre, quiero hacerle una pregunta.
Dime, hijo.
Padre, quisiera preguntarle qué
es la Misa.
¿Por qué me preguntas eso?
Para oírla mejor, Padre.
Hijo, te puedo decir lo que es mi Misa.
Pues eso es lo que quiero saber, Padre.
Hijo mío, estamos siempre en la cruz y la Misa es una continua
agonía.
Tradición
Católica de noviembre de 1998