Puede
dividirse la santa misa en tres partes: la primera va desde el comienzo
al ofertorio; la segunda, desde el ofertorio hasta la Comunión;
la tercera, desde la Comunión hasta el fin.
Cuando el sacerdote ore al pie del altar humillándose
por sus faltas, confesad también vosotros vuestros pecados,
adorad con humildad para asistir dignamente al santo Sacrificio.
Durante el Introito, tened presente los deseos de los patriarcas
y de los profetas cuando aún no había venido el Mesías;
desead como ellos que Jesucristo venga y establezca en vosotros su
reinado.
Al Gloria, juntaos en espíritu con los ángeles
para alabar a Dios y darle gracias por el misterio de la Encarnación.
Durante las oraciones, unid vuestras intenciones y demandas con las
de la Iglesia; adorad al Dios de bondad de quien procede todo don.
La Epístola, escuchadla cual si oyerais a un profeta
o a un apóstol; adorad la santidad de Dios.
Durante el Evangelio, escuchad al mismo Jesucristo que os
habla, y adorad la verdad de Dios.
Decid el Credo con sentimientos de fe viva; renovad vuestra fe uniéndola
a la de la Iglesia, protestando que dispuestos estáis a morir
para defender todas las verdades del símbolo.
En la segunda parte de la misa unid vuestras intenciones con las de
la Iglesia y ofreced el Sacrificio por estos cuatro fines
1° Como homenaje de suprema adoración,
ofreciendo al eterno Padre las adoraciones de su hijo encarnado, y
juntando las vuestras con las suyas y las de la Iglesia; ofreceos
vosotros mismos juntamente con Jesucristo para amarle y servirle.
2° Como homenaje de agradecimiento ofreciéndoselo
al Padre para darle gracias por los merecimientos, los dones y la
gloria de Jesucristo; para darle asimismo gracias por los merecimientos
y el honor de la Virgen santísima y de los santos todos, como
también por cuantos beneficios habéis recibido o estáis
por recibir merced a los merecimientos de su Hijo.
3º Como hostia satisfactoria, ofreciéndosela
por la satisfacción de todos vuestros pecados, por la expiación
de tantos pecados como se cometen en el mundo; recordad al eterno
Padre que nada puede negarnos, pues nos ha dado su hijo, el cual está
en su acatamiento en estado de víctima y de sacrificio por
nuestros pecados y los de todos los hombres.
4° Como sacrificio impetratorio, o sea hostia
de oración, ofreciéndoselo al Padre como prenda que
de su amor nos ha dado, para que podamos esperar de El todos los bienes
espirituales y temporales. Exponedle en detalle vuestras necesidades
y pedidle sobre todo la gracia de corregiros de vuestro defecto dominante.
Al Lavabo, purificaos mediante un acto de contrición,
a fin de haceros verdadera hostia de alabanza agradable a Dios y capaz
de atraer sus miradas de complacencia.
Al Prefacio, uníos al concierto de la corte celestial,
para alabar, bendecir y glorificar al Dios tres veces santo por todos
sus dones de gracia y de gloria, y en especial porque nos ha rescatado
por medio de Jesucristo.
Durante el Canon, uníos a la piedad y al amor de todos
los santos de la nueva ley, para celebrar dignamente esta nueva encarnación
y nueva inmolación que se realizará a la sola palabra
del sacerdote.
Suplicad al Padre celestial bendiga este sacrificio y lo acepte con
agrado, bendiciendo también juntamente con El los demás
sacrificios que le ofrezcáis.
Mientras el sacerdote, rodeado de una muchedumbre de ángeles,
se inclina profundamente por respeto al acto divino que va a realizar;
mientras consagra el pan y el vino en cuerpo y sangre del hombre Dios
y renueva el misterio de la cena, hablando divinamente en persona
de Jesucristo, admirad el poder inaudito concedido al sacerdote en
favor vuestro.
Luego, una vez que a la palabra del sacerdote haya Jesús bajado
al altar, adorad la hostia santa, el cáliz de la sangre de
Jesucristo que clama misericordia por vosotros; recibid, como Magdalena
al pie de la cruz, la sangre que de las llagas de Jesús mana.
Ofreced la divina víctima a la justicia de Dios por vosotros
y por el mundo entero; ofrecedla a su divina e infinita misericordia
para enternecer el corazón de Dios a vista de vuestras propias
miserias y abrid sobre vosotros el manantial de la infinita bondad
de Dios. Ofrecedla también a la bondad divina para que aplique
sus frutos de luz y de paz a las almas que sufren en el purgatorio,
para que esta sangre, acabando de purificarlas y extinguiendo las
llamas, las haga dignas del paraíso.
Decid el Pater con Jesucristo perdonando en la cruz a sus enemigos;
perdonad también vosotros de todo corazón y sinceramente
a cuantos os hayan ofendido.
Al Libera nos, pedid, por intercesión de María
y de todos los santos, que os libre de todos los males presentes,
pasados y futuros, así como de las ocasiones de pecar.
Al Agnus Dei, daos golpes de pecho como los verdugos en el
calvario; recogeos luego en actos de fe, humildad, confianza, amor
y deseo para recibir a Jesucristo.
Si no comulgáis sacramentalmente, comulgad a menos espiritualmente
haciendo los siguientes actos
Concebid un gran deseo de uniros con Jesucristo, reconociendo la gran
necesidad que tenéis de vivir de su vida. Haced, apoyándoos
en la bondad y santidad de Dios, un acto de contrición perfecta
de todos vuestros pecados pasados y presentes.
Recibid espiritualmente a Jesucristo en el fondo de vuestra alma,
pidiéndole que viváis únicamente para El, puesto
que no podéis vivir más que por medio de El.
Imitad a Zaqueo en sus buenos propósitos, y dad gracias a nuestro
Señor por haber podido asistir a la santa misa y hacer la comunión
espiritual. Ofreced en acción de gracias algún obsequio
particular, como un sacrificio o un acto de virtud, y pedid a Jesucristo
su bendición para vosotros y para todos vuestros parientes
y amigos.
"Obras Eucarísticas de San Pedro
Julián de Eymard"