|
||
| Quotiescumque..., mortem Domini annuntiabitis. "Cada
vez que comiereis este pan y bebiereis este cáliz, anunciaréis
la muerte del Señor." Para oír
bien la santa misa, meditad las circunstancias de la pasión
del Salvador, que se renueva en ella de un modo admirable. Entrada del Sacerdote. Va al altar llevando el cáliz. –Ved a Jesús yendo al huerto de Getsemaní para comenzar su pasión de amor; acompañadle con los apóstoles; pero vigilad y orad con El. Renunciad a toda distracción, a cualquier pensamiento extraño al tremendo misterio. Al
pie del altar el sacerdote ora, inclínase y se humilla profundamente
a la vista de sus propios pecados. -En el huerto,
Jesús se pone de rodillas rostro en tierra; humíllase
por los pecadores; sudor de sangre, fruto de su inmenso dolor, cubre
su cuerpo, tiñendo los vestidos y la tierra. Toma sobre sí
todos nuestros pecados con toda su amargura. Confesad los vuestros
a una con el sacerdote, pedid por ellos humildemente perdón
y recibid la absolución para asistir con pureza al santo sacrificio. El
sacerdote sube al altar y lo besa. -Judas va al huerto
de los olivos. Da a Jesús un beso pérfido. ¡Ah!
¡Cuántos besos de éstos no ha recibido Jesús
por parte de sus hijos y de sus ministros infieles! Al comenzar el introito y persignarse el sacerdote. -Jesús es conducido ante el gran sacerdote Caifás. Allí, Pedro le reniega. ¡Cuántas veces no he renegado también yo de mi maestro y de su verdad y ley, así como de mis promesas! Más culpable soy que Pedro, porque si he renegado de mi Salvador, no ha sido como él por temor o por sorpresa. ¡Ay de mí! Las lágrimas de Pedro siguieron muy luego a su falta, que lloró durante toda su vida, en tanto que yo tengo aun corazón duro e insensible! Al
Kyrie. -Jesús clama a su Padre e intercede
por nosotros; aceptad como El todos los sacrificios que os pidiere. El
sacerdote lee el evangelio. -Jesús da testimonio
de su realeza delante de Pilatos. Oh Jesús, sed el rey de mi
mente por vuestra verdad, el rey de mi corazón por vuestro
amor, el rey de mi cuerpo por vuestra pureza, el rey de mi vida toda,
por el deseo de consagrarla a vuestra mayor gloria. El
sacerdote ofrece a Dios Padre el pan y el vino, la
hostia del sacrificio. -Pilatos presenta a Jesús al pueblo
diciendo: Ecce Homo, he aquí al hombre. Está en el estado
que más puede mover a compasión; acaban de flagelarle
hasta la sangre; una corona de espinas hace chorrear sangre por su
cara; un viejo manto de púrpura y una caña que tiene
en la mano le convierten en rey de teatro. Pilatos propone al pueblo
ponerlo en libertad, mas el pueblo no quiere y contesta: Sea crucificado,
Crucifigatur (1).
En este momento Jesús se ofrecía a su Padre por la salvación
del mundo, y en especial de su pueblo, y el Padre aceptó esta
ofrenda. El sacerdote invita a los fieles en el prefacio a alabar a Dios. Jesús, varón de dolores, aclamado poco ha por este mismo pueblo, coronado hoy de espinas, atado a un poste, recibe los honores burlescos y sacrílegos de sus verdugos; se le abruma de ultrajes irritantes; se le escupe a la cara; se le denuesta. Estos son también los homenajes que nuestro orgullo, sensualidad y respeto humano tributan a Jesucristo Al canon, el sacerdote se inclina, ora y santifica las ofrendas con numerosas señales de cruz. -Jesús inclina sus hombros bajo el peso de la cruz; tómala con cariño esta.su ama da cruz; la besa y lleva afectuosamente al ponerse en camino para el calvario encorvado bajo esta carga de amor. Lleva mis pecados para expiarlos, mis cruces para santificarles. Sigamos a Jesucristo cuando lleva su cruz y sube con harta dificultad por el monte calvario. Acompañémosle junto con María, las santas mujeres y Simón el cirineo. El
sacerdote impone las manos sobre el cáliz y la hostia.
-Los verdugos se apoderan de Jesús, despójanle violentamente
de sus vestiduras y le extienden sobre la cruz, en la que le crucifican. El
sacerdote, profundamente inclinado, invoca la clemencia divina para
sí y para todos. -Escuchad a Jesús decir
a su Padre: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.
Adorad esta bondad que hasta a los culpables excusa, no dándoles
ni siquiera el nombre de enemigos o de verdugos. El
sacerdote ruega por los muertos. Jesús ruega
en la cruz por los espiritualmente muertos, por los pecadores, y su
oración convierte a uno de los criminales que comenzaron por
insultarle y blasfemar contra El. "Acuérdate de mí
cuando hayas llegado a tu reino", le dice el buen ladrón.
Y Jesús le contesta: "Hoy mismo estarás conmigo
en el paraíso." Al
Pater, el sacerdote invoca al Padre celestial. -En
la cruz Jesús encomienda su alma al Padre. Pedid la gracia
de la perseverancia final. El
sacerdote divide la santa Hostia. -Jesús inclina
la cabeza para dirigirnos una mirada más de amor, y expira
diciendo: Todo se ha consumado. Al Agnus Dei, el sacerdote se da tres golpes de pecho. -Al expirar Jesús, el sol se eclipsa de dolor, la tierra se estremece de horror y los sepulcros se abren, danse golpes de pecho los verdugos, desagravian a Jesús pendiente en la cruz, proclamándole hijo de Dios, y vuelven contritos y perdonados. Uníos al pesar que entonces experimentaron, y mereceréis perdón lo mismo que ellos. El
sacerdote se da golpes de pecho y comulga: -Jesús
es bajado de la cruz y puesto en las manos de su dolorosa madre. Embalsámanle,
le envuelven en un lienzo blanco y le colocan en un sepulcro nuevo. El
sacerdote purifica el cáliz y lo cubre con el velo.
-Jesús sale del sepulcro glorioso y triunfante, si bien ocultando
por amor a los hombres el resplandor de su gloria. El
sacerdote bendice al pueblo. -Jesús bendice
a sus discípulos antes de subir al cielo; inclinaos bajo su
mano y esperadlo todo de esta bendición que produce lo que
promete. |