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de Agosto
Ramillete espiritual: «Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis
en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi
Padre, y permanezco en su amor.» Jn 15, 10
San
Pedro Julián nació cerca de Grenoble, en Francia, el
año 1811. Recorrió varios caminos hasta encontrar su
vocación definitiva, pero siempre, en todas las etapas de su
vida, se empleó a fondo, sin desviaciones.
Quizá la fortaleza de su carácter la recibió
de la formación cristiana y austera que le dio su madre. Desde
muy niño acompañaba a su madre, a la iglesia, muy de
mañana, para asistir a la Misa y comulgar.
Esto me recuerda el caso, de Ryckmans, que explica así su vocación
sacerdotal: Mi madre me despertaba a las 6,30. Yo podía quedarme
a estudiar antes del desayuno, o ir a Misa con ella. Todos los días
la acompañaba para oír Misa y comulgar. Si mi madre
no me hubiese hecho madrugar cada mañana, no hubiera tenido
coraje para ir a Misa de 7 cada día, ni menos la idea y el
coraje de hacerme sacerdote. Éste es el origen de mi vocación.
Eymard realizó también, hasta los 18 años, un
duro trabajo con su padre en una prensa de aceite. Pero no olvidaba
la piedad. Las horas libres las pasaba en el templo. Y de este modo
surgió en él la vocación religiosa.
Su padre se oponía rotundamente. Pero Pedro Julián no
cejaba en su empeño. Estudiaba latín a escondidas, en
los ratos libres, y de este modo se preparaba lo mejor posible para
cuando llegara el momento oportuno.
Por fin intervino el sacerdote Guibert, futuro cardenal y arzobispo
de París, y su padre cedió. Julián entró
en el noviciado de los Oblatos de Marsella. Pero la dura disciplina
le debilitó y hubo de dejarlo.
Estuvo después en el seminario de Grenoble, donde fue ordenado
sacerdote. Trabajó cinco años en varias parroquias,
y luego ingresó en los Padres Maristas de Marsella, donde desempeñó
diversas tareas.
Desde que, de niño, acompañaba a su madre a la iglesia,
se distinguió por su ardiente amor al Santísimo Sacramento.
Sentía hacia él una atracción irresistible, un
vivo deseo de contrarrestar las tristes secuelas que había
dejado el jansenismo, siempre prontas a rebrotar.
De aquí nació el deseo de fundar una congregación
dedicada exclusivamente al culto eucarístico. Dejó la
Congregación de los Maristas y fundó la Congregación
del Santísimo Sacramento. Sus miembros, llamados vulgarmente
Sacramentinos, se dedican a adorar al Señor en la Eucaristía,
día y noche, como carisma principal de su apostolado.
Fundó además la Congregación de Religiosas Siervas
del Santísimo Sacramento. También organizó la
archicofradía del Santísimo Sacramento, que se estableció
en muchas parroquias. Promovió por todo el mundo, y con todos
los medios a su alcance, el culto a la Eucaristía. Este era
su mensaje: "Sólo en la vuelta a Cristo Sacramentado está
la salvación".
En una de sus correrías apostólicas conoció Eymard
a la señorita Tamisier. Ingresó Tamisier en la Congregación
de las Siervas del Santísimo Sacramento. Luego recorrió
diversos países, como viajera del Santísimo Sacramento
y como organizadora de los Congresos Eucarísticos, que se siguen
celebrando con notable provecho. El primero fue en Lille en 1881.
Tenía también San Pedro Julián una tierna devoción
a la Virgen María. En una ocasión terminaba así
su predicación: "Honremos a María con el título
de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento". Y
desde entonces María es invocada con este título, que
sus Hijos propagan por doquier.
San Pedro Julián murió el 1 de agosto de 1868. Muy pronto
se extendió su devoción. El Papa Juan XXIII lo canonizó
el año 1962.