POR EL HONOR DE NUESTRA SEÑORA

 

Es norma ya en la televisión argentina ofender y blasfemar el santo Nombre de Dios y de su Santísima Madre, la Virgen María Nuestra Señora. 

Recientemente lo ha hecho, y del modo más procaz y escatológico que se pudiera imaginar, un seudo cómico, disfrazado de mujer, quien, sin otro motivo aparente que denigrar el honor de María y agredir, de tal suerte, los sentimientos públicos de todos aquellos que la amamos y veneramos, ha hecho gala de una impudicia tal (por el contexto de todo el “sketch” en que aconteció) que no dudo un instante de calificar de satánico. 

A tal extremo hemos llegado en nuestra pobre patria que, después de tan vil atentado mediático, contra su Excelsa Patrona NINGUNA AUTORIDAD PUBLICA NI NINGUN OBISPO HASTA LA FECHA (hasta donde por los múltiples medios a mi alcance estoy informado) ha salido en PUBLICA Y AIRADA DEFENSA DE LA MADRE DE DIOS.

Y digo bien “airada” porque ofensas de tal calibre sólo pueden ser restañadas por medio del ejercicio de la virtud de la “santa ira”, tal como la ejecutó Jesucristo con los mercaderes del Templo (Mt. 21, 12). 

¿Qué cosa más delicada, sutil y profunda que la dignidad de la madre? ¿Qué hijo fiel toleraría un mínimo agravio a su presencia o a su memoria? ¿Y nosotros que nos decimos varones toleraremos, pasivamente, que un bujarrón despreciable agravie, en nombre del arte y de la libertad de expresión, el sacrosanto Nombre de la más pura de todas las Madres?

Si los perros que deberían ladrar (según el mandato bíblico) se han vuelto “perros mudos”, o si las ovejas se ven hoy pastoreadas por el lobo camuflado de pastor, DEBEMOS NOSOTROS MISMOS CON NUESTROS GRITOS Y NUESTRO LLANTO, CON NUESTRA PROTESTA PUBLICA Y NUESTRA CONDENA, COMO CATÓLICOS Y COMO ARGENTINOS, en esta festividad de la Inmaculada Concepción de María, DESAGRAVIAR la nefasta burla de que fuera (y es continuamente) objeto, en los medios masivos de comunicación, estatales y privados. 

En esta hora nefanda del “poder de las tinieblas” sólo los que confiesen al Hijo de Dios y a su Santísima Madre, delante de los hombres, salvarán el pellejo (Mt. 10, 32-33).

Todo lo que no procede de Dios, procede del padre de la mentira. Y esta es la victoria que vence al mundo: “nuestra fe” (I Jn. 5,5).

RICARDO FRAGA

 

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STAT VERITAS