"En los altares caídos habitan demonios”
Hans Sedlmayr encabeza con estas palabras de Ernst Jünger su estudio acerca de "Los Demonios", Goya y sus "disparates", colección de grabados que menciona como una de las fuentes del arte moderno. Podríamos decir que la época moderna –ésta donde hasta la Iglesia post-concilio lo es- genera sus propios "disparates" o "pesadillas" no ya sobre un lienzo ni sobre una pantalla de cine o televisión, cosa por demás fuera de discusión. La atrocidad (uno de los sentidos de tal palabra, disparate, que remite a una contradicción de suyo evidente) ha llegado a la profanación; pero entendamos, de un lugar ya deshabitado, abandonado, y por un abandono propiciado por una jerarquía eclesiástica que les ha abierto las puertas de par en par a los enemigos de Cristo. Es el mundo de lo formalmente monstruoso que se avizora y aproxima donde la fe ha apostatado. Los monstruos figurados en gárgolas de las catedrales medievales que cobran vida y bufan sus excrecencias de impotentes dentro del templo. N. Berdiaeff escribió: "Los dirigentes de la Revolución no saben ellos mismos cuáles son los demonios que los poseen. Su actividad es aparente, pero en realidad son pasivos, porque sus almas están en poder de los demonios que dejaron penetrar en su interior”.
¿Qué razones pueden tener aquellos celebrantes del odio y el resentimiento, de la persecución cenagosa y obsesiva de un afán de venganza y petrificación en un tiempo donde la muerte y la violencia se erguían tras la máscara que la revolución coloca siempre renovada, qué razones para llevar a cabo tal exhibición en una Iglesia a la cual no pertenecen? "La forma más baja de supervivencia – dice E. Canetti en "Masa y poder"- es la del matar. Así como se ha matado al animal del que uno se alimenta –que yace indefenso ante uno y se puede cortar en trozos y repartirlo como presa que uno incorpora a sí y a los suyos-, así también el hombre quiere matar al hombre que se interpone en su propio camino, que se le opone, que se yergue ante él como enemigo. Lo quiere derribar para sentir que él aún existe y el otro ya no. Pero no debe desaparecer enteramente; su presencia como cadáver es indispensable para lograr este sentimiento de triunfo. Ahora sí puede hacer con él lo que quiera, mientras que a él no le puede hacer nada. Está tendido, permanecerá siempre tendido; nunca volverá a levantarse ". 'Esta idea de la supervivencia por sobre el cadáver de su adversario exhibido obscenamente –ya visto en el caso de las FF.AA. y propiciado en la institución familiar cristiana- es la que los lleva a la "emotiva" ocupación –celebrada por los medios que sirven al padre de la mentira-, a creer en la "derrota" final de sus enemigos, y, en este caso, de la única y verdadera Iglesia. Pero sabemos que lo mismo pensaron quienes llevaron a la crucifixión a Nuestro Señor, como así vencedores se vieron quienes llevaron al martirio a los cristianos de todo tiempo y lugar. Sentimiento de victoria que se ensoberbece y engría más ante el acobardamiento de los pusilánimes que ofician de pastores, quienes ni siquiera ya se declaran sus enemigos, sino que desean la amistad de todos porque, como dijo un liberal canonizado, "hay que amar apasionadamente al mundo". Pero esto, ¿puede ya sorprendemos? No importa, nos sobrevienen la consolación de la Esperanza en la promesa de Nuestro Señor de su vuelta, en el triunfo de nuestra Madre que anunció "Mi Corazón Inmaculado triunfará", con la renovación de la Iglesia en lo venidero, pero a la vez, en este tiempo de dar pelea nos invade la consternación, la congoja, el repudio que nos llevan a decir, con el Padre Castellani
"Pobre patria en manos de hombres tenderos o charlatanes, ¡será posible hayan muerto ya todos tus capitanes!
Pobre patria en este ambiente de necios y de pelaires; ¡Que Dios te mande tormenta y buenos aires!"
Pobre patria, pobre Iglesia, pecados de los hombres, oración flaca la nuestra, penitencia que olvidamos, devoción inconstante, pensamiento débil, obediencia ciega, acción no meditada, jerarquía de palabra, pastores de nadie, Verdad escondida y no predicada, cobardía y "democacaracia".
"Mas yo os digo: " Amad a vuestros enemigos, y rogad por los que os persiguen, a fin de que seáis hijos de vuestro Padre celestial" (Mat. V, 44) ¡Curiosa interpretación le dan nuestros obispos y sacerdotes a las palabras del Divino Maestro, olvidando que todo amor se debe al Padre, y ellos ocultándolo, negándolo, no buscan la conversión de los pecadores sino su aquiescencia, por temor a verse perseguidos!
Mas Nuestro Señor nos advierte: "Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Los conoceréis por sus frutos". (Mt. VII, 15-126)
La casa del Padre celestial ya no es casa de oración. Es una casa tomada por sus enemigos. Pero, ¿es que no saben que sus discípulos recuerdan que está escrito: "El celo de tu casa me devora"? ¿Y que irremisiblemente les llegará el desalojo del lugar santo por el Rey de Reyes y Señor nuestro Jesucristo?
Ánimo, porque no todo está perdido, porque Dios nos ha dicho:
"No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros" (In XIV, 18).
Flavio Mateos
Imágenes de las notas que inspiraron éste artículo:

Las "madres de Plaza de Mayo", las mismas que gritan "Iglesia basura vos sos la dictadura..."
ahora son aceptadas por el episcopado argentino.

Diario Clarín del lunes 25 de julio del 2005. La Iglesia de Santa Cruz, en el barrio de San cristóbal, estuvo colmada por herejes y apóstatas.

Los sacrílegos actos dentro de la Iglesia de Santa Cruz.

Sin palabras. Se necesita de la "diversión" para atraer a las gentes a las "misas" y olvidarse que la misa es, antes que todo, UN SACRIFICIO. Si éste padre necesita de títeres para que vayan a misa, pues, parece que su prédica es bastante estéril.
En la misa de cierre de la peregrinación a Luján:
Diario Clarín del 30 de octubre del 2005.

¿A qué se refiere exactamente con "sacarle jugo a la vida" el Obispo auxiliar de Buenos Aires? ¿Que los jóvenes de Cromañón le estaban sacando "el jugo a la vida"?
Siempre el modernismo habriendo las puertas a las malas interpretaciones.

Un sacerdote anima uno de los momentos de la misa (se ve que los peregrinos ya se estaban durmiendo o la cosa era muy aburrida) ¡Hay que divertirlos a los chicos!... ¡bailemos todos!