LLAMAMIENTO
A LOS CORAZONES VALIENTES
Una
noche, mientras se disponían a cenar en la intimidad de su
hogar, Mel Gibson le confió a su padre el proyecto que venía
acariciando desde hacía bastante tiempo: filmar una película
sobre Nuestro Señor. La respuesta del anciano, entre emocionada
y firme, fue levantarse de la mesa y acercarse a su hijo con un libro
entre sus manos: "Aquí tienes el guión, hijo".
Eran los Santos Evangelios. Y la historia comenzó.
Nadie del ambiente cinematográfico quiso secundar lo que, en
principio, parecía una locura: filmar una película religiosa,
con actores de poco o ningún renombre, y en lenguas que la
casi totalidad de la gente ignora: latín y arameo. Sucede que
Hollywood no tiene más religión que la del dinero, ni
más ideal que el de la taquilla. Los grandes productores y
quienes manejan el efectivo. dieron su inapelable veredicto: con ese
proyecto se acabaría la carrera del protagonista de "Corazón
Valiente".
Sin embargo, a puro corazón y confiando a tiempo y a destiempo
en el más Sagrado de ellos, Mel comenzó la tarea, y
el elegido para personificar al Rey de Reyes fue Jim Caviezel, un
actor de... 33 años. Para este joven, que no duda en proclamar
su fe católica, el papel de Cristo "representó
un desafío espiritual y físico que afronté con
esfuerzo, oración, meditación y la permanente asistencia
de María".
En una entrevista concedida al diario canadiense "Globe and
Mail", el testimonio de Caviezel estremeció a la
reportera Gayle MacDonald. Según ella, el trabajo de este actor
ha trascendido el intenso frío del invierno italiano y el dolor
de huesos: no en vano se pasó los últimos quince días
casi desnudo, colgado en una cruz para escenificar la Crucifixión.
"«Cuando el viento toca la cruz, a tantos pies de altura,
el aire te congela los huesos. La cruz comienza a temblar y piensas
que se va a romper. Todo lo que haces es moverte y rezar», confiesa
el actor, que agrega no haber estado nunca tan exhausto, ni haber
atravesado tanto dolor físico y mental.
"«Después de mi primer día en la cruz, casi
llego ala hipotermia. Debieron traer calentadores que funcionaban
bien cuando había viento, pero cuando el clima se calmaba,
podían quemarme las piernas. Trataba de comer algo, pero sólo
tenía náuseas. Sabía que este papel sería
el más duro y difícil de mi carrera. También
ha sido increíble».
"Para seguir su trabajo, Caviezel asegura que le es «absolutamente
necesario rezar todo el tiempo y no sólo con mi cabeza, sino
con el corazón. Es el único camino para encontrar la
paz, afirma el actor, que nunca se desprende de un escapulario en
forma de cruz que declara en caso de una emergencia mortal: «Soy
católico, por favor llame a un sacerdote».
"El día de la entrevista, Caviezel había pasado
17 horas rodando el interrogatorio de Cristo, cargando sogas y cadenas
a merced de Poncio Pilato y sus centuriones: «Para tener la
apariencia de un hombre que ha sido humillado y golpeado hasta que
la carne cuelgue de su cuerpo, el maquillaje puede tardar ocho horas.
Tengo que levantarme a las dos de la mañana para estar listo
a en el set a las 10 u 11», revela.
"Su representación de Cristo parece tan real, que la gente
de Sassi di Matera aún no se acostumbra a verlo sin exclamar
«¡Jesús!» cuando camina por las calles, o
en la iglesia donde asiste a diario a Misa y reza su rosario. «Todas
las descripciones que he leído sobre lo que realmente le pasó
a Jesucristo son más duras de lo que estamos mostrando, y no
podemos mentir. Uno de los látigos que usaron con Jesús
tenía garfios que literalmente le arrancaron la carne del cuerpo.
Fue terrible», asegura.
"-¿De verdad sentiste como si estuvieras muriendo?
"-Absolutamente. Sobre la cruz estaba congelándome. No
podía controlar mis manos, temblaba incontrolablemente. Cuando
me tenían en la cruz, el dolor de mis hombros estaba simplemente
matándome. Tenía el hombro dislocado mientras cargué
la cruz. Fui golpeado dos veces por los latigazos, varias veces recibí
golpes mientras cargaba la cruz, y no pude dejarla porque era muy
pesada. No había tiempo para descansar. En el último
día de filmación, hicimos el Sermón de la Montaña
y fui golpeado por un rayo. La gente estaba gritando, y mi pelo estaba
quemándose. Quienes vieron esto dijeron que no vieron el rayo
sino que me vieron iluminado. Todo el proceso de la película
parece una verdadera experiencia religiosa...
"«Antes de comenzar la grabación, yo le dije a Mel:
Tenemos que asistir a Misa todos los días. Antes de subirme
a esa cruz, antes de filmar la película, necesito recibir la
Eucaristía. Tuve confesiones diarias. Alguien me dijo que a
veces los pecados más serios son los pecados de omisión.
No amo lo suficiente, y esa frase es mía. Rezarnos el Rosario.
Tenía todas las reliquias que pedía y las guardaba conmigo:
San Francisco de Asís, Santa María Goretti, San Antonio
de Padua, San Pío de Pietrelcina e incluso Ana Catalina Emmerich,
además de dos piezas de la Cruz de Cristo».
Ya hemos leído la nota de Vittorio Messori en la cuál
narra algunos sucesos extraordinarios ocurridos durante la filmación,
como conversiones repentinas y fenómenos climáticos,
por lo cual no abundaremos ahora en ellos. El día del estreno
se acercaba, y la presión de los grupos de siempre se hacía
insoportable:
"Jerusalén, Israel, 26 de febrero. El principal rabino
israelí instó el jueves al Papa a reiterar en público
que los judíos no fueron responsables de la muerte de Jesús,
para evitar que la nueva película de Mel Gibson, titulada «La
pasión de Cristo», reavive tales creencias. El rabino
Yona Metzger dijo que ha envia do una carta al Papa Juan Pablo II
con una solicitud al respecto. Metzger dijo desear que el Santo Padre
reitere una decisión clave de la Iglesia, tomada en la década
de 1960, que revocó la doctrina centenaria de que los judíos
fueron los responsables de la Crucifixión: «El Vaticano
y el Papa deben explicar hoy... que la nación judía,
el pueblo judío, no mataron a Jesús», dijo Metzger
a Associated Press en una entrevista". Dichos grupos se
retratan más claramente en la siguiente crónica:
"Mel Gibson es sin duda un católico practicante y,
en mi opinión, militante, que es bastante distinto. Se ha embarcado
en una película que, por lo menos, no intenta dar una visión
de Cristo ni negativa ni heterodoxa, cosa que es de agradecer. Además,
altas jerarquías de la Iglesia, que incluyen al propio Papa,
han mostrado su parecer favorable e incluso entusiasta (...) No hace
falta mucha perspicacia para situar las cosas en su sitio. Las acusaciones
contra la película sólo vienen de tres grandes grupos:
la progresía fracasada, de diverso pelaje, que es incapaz de
soportar un hálito de grandeza en otros y que se han designado
a sí mismos como conciencia del mundo; ciertos sionistas fanáticos
que se creen representantes exclusivos del judaísmo y desoyen
las opiniones de representantes altamente cualificados de su propio
pueblo, y sencillamente personas sin demasiado criterio que esperan
sacar partido arrimándose a la ideología dominante.
Estos últimos sí que pretenden hacer un negocio (...)
Mel Gibson ha acometido una labor titánica. Se quiera o no,
debido al enorme poder de convicción del cine, la obra de Gibson
está llamada a ser una tarea de reevangelización, con
todo lo que esto significa, porque el tema que trata está en
el fondo más íntimo del corazón de millones"
(Eduardo Arroyo, "El Semanal Digital", España,
28 de febrero).
"La Pasión" se estrenó, finalmente,
el Miércoles de Ceniza en Estados Unidos y Australia. La primera
impresión, vino de Nueva York: "«La Pasión»
de Gibson abre un «cisma» entre católicos y judíos".
"Fue una auténtica peregrinación. Cuando el
miércoles de ceniza 2.800 cines norteamericanos abrieron sus
puertas para mostrar por primera vez «La pasión»,
de Mel Gibson, hordas de personas abarrotaron las salas, a las que
llegaron, en muchos casos, con la cruz marcada sobre sus frentes.
Era el símbolo inequívoco de los orígenes católicos
de muchos espectadores que habían acudido al ritual eclesiástico
del miércoles de ceniza antes de encaminarse hacia una «experiencia
nueva y diferente». «No se trata de ver una película,
se trata de que te cambie la vida, así fue para mí»"
(B. D'Amico, "The New York Times"). Luego del estreno
del filme, las criticas ya se animaban a expresarse más contundentemente:
"La Cuaresma, que es tiempo de saco y de ceniza, ha traído
la noticia de que los jóvenes se van de la Iglesia, pero que
viene «La Pasión de Cristo», película del
estadounidense Mel Gibson sobre las doce últimas horas de Jesucristo.
Si Yahvé habló un día a través de la burra
de un tal Balaam (Libro de los Números, capítulo 22),
bien pudiera hacerlo ahora mediante un cineasta...
"Según el «New York Times», Gibson adhiere
a una facción católica que rechaza el papado moderno
y las reformas del Concilio Vaticano II, que en 1965 repudió
el cargo de «deicidio» contra los judíos. Obviamente,
en tiempos en que hasta el antisemitismo de Shakespeare en «El
mercader de Venecia» resulta de mal tono, Gibson puede ser el
héroe de la incorrección política. Héroe,
como siempre. Los méritos de la cinta, si es que importan,
tienen más que ver con la fe del espectador. en Cristo y/o
en la película" ("La Prensa Asturiana",
25 de febrero).
Y por fin, la película ya está entre nosotros. Los grupos
que presionan ya comenzaron su tarea. Para eso están, y eso
hacen. La Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas
(D.A.I.A.) ya emitió un comunicado para alertar sobre "los
riesgos de incitación al odio antisemita que representa"
la película.
"El filme reitera de manera exacerbada, exaltando la violencia
más desenfrenada, antiguos estereotipos antijudíos que
han sido rechazados por dignatarios católicos y protestantes
y que contradicen la letra y el espíritu de lo expresado por
el Concilio Vaticano II hace casi cuarenta años, el que ha
permitido avanzar lenta pero sostenidamente en el diálogo judeo-cristiano",
remarcó.
El presidente de la entidad, Gilbert Lewi para quien la película
es "muy mala, horrible, violentísima"-,
explicó que la entidad, junto a otras organizaciones judías,
vio la película en una función privada organizada por
la compañía Fox. En su comunicado, la D.A.I.A. exhortó
a "las autoridades religiosas cristianas a reafirmar ante
sus fieles las enseñanzas de Nostra Aetate y de los numerosos
documentos vaticanos que condenan al antisemitismo como un pecado
contra Dios y el hombre, fortaleciendo los valores de respeto y armónica
convivencia que hoy prevalecen".
Que la D.A.I.A. reclame al Vaticano la reafirmación de las
enseñanzas de un documento conciliar, es un buen motivo para
dudar de la ortodoxia del Concilio. Por nuestra parte, tenemos entre
manos una fantástica ocasión para ejercer una medida
de acción directa contra la D.A.I.A.: ver el filme, llevar
a nuestros familiares y amigos a este pequeño retiro espiritual
pascual de 127 minutos de duración. Los Padres de esta
Casa han conseguido reservar una Sala exclusivamente para nosotros...
¿acaso no seremos capaces de llenarla? Y si alguien nos dice
que la película es violenta, que en Estados Unidos una mujer
murió durante su estreno a causa de un paro cardíaco,
al menos podemos pensar que, en esta tierra donde no sabemos el día
ni la hora de nuestro final, no es mala cosa cerrar los ojos para
siempre con el corazón estremecido por el sufrimiento de Aquel
que antes lo ha sufrido todo por nosotros. Ya está aquí
"La Pasión de Cristo", para que sepamos
si el nuestro es un corazón valiente, o, como decía
Francisco de Quevedo, es de piedra:
De piedra es, hombre duro, de diamante
tu corazón, pues muerte tan severa
no anega con tus ojos tu semblante.
Mas no es de piedra, no; que si lo fuera, de lástima de ver
a Dios amante,
entre las otras piedras se rompiera.
Álvaro
Varela.