GRITAR CONTRA EL LOBO

Dice San Francisco de Sales: “Es un acto de caridad gritar contra el lobo, dondequiera que sea, cuando se encuentre entre las ovejas.” (1). La sal se ha vuelto insípida, ha apostatado y se ha vuelto digna de ser arrojada y pisoteada de los hombres. No reconoce más a su Madre, no quiere defenderla, no quiere defender a Su Hijo, “mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial” . (Mat. X, 33)

Al Obispo de la Iglesia de Sardes, dice el Ángel: “Conozco tus obras: no eres ni frío ni hirviente. ¡Ojalá fueras frío o hirviente! Así, porque eres tibio, y ni hirviente ni frío, voy a vomitarte de mi boca.” (Apocalipsis III; 15) Estamos en tiempos de oscuridad, en tiempos esjatológicos, donde quedan pocas barreras para detener al armazón que sostendrá al Anticrsito. Es el tiempo en que las aguas comienzan a dividirse, en que comienzan a vislumbrase los dos reinos, las dos ciudades. Los últimos tiempos serán tiempos marianos dice San Luis María Grignon de Montfort. “No solamente ha puesto una enemistad, sino enemistades, no solo entre María y el Demonio, sino entre la raza de la Santísima Virgen y la raza del Demonio; es decir, que Dios a puesto enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del Diablo; ellos no se aman mutuamente no tienen correspondencia interior unos con otros. Los hijos de Belial, los esclavos de Satán, los amigos del mundo (pues es la misma cosa), han perseguido siempre hasta aquí y perseguirán más que nunca ha aquellos y aquellas que pertenecen a la Santísima Virgen. (…) Pero la humilde María tendrá siempre la victoria sobre ese orgulloso tan grande, que llegará hasta aplastarle la cabeza donde reside su orgullo” . (2)

Las repetidas blasfemias contra Nuestra Santísima Madre, contra Su Santísimo Hijo, contra la Iglesia Católica Apostólica y Romana, nos muestran cada vez y, de manera más clara, los tiempos que estamos viviendo. Si al Hijo llegamos por su Madre, si Ella es Nuestra intercesora, Nuestra Abogada, ¡cuánto más debemos defenderla! ¡Somos sus hijos! “A todo aquel que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre celestial” . (Mat. X, 32)

Frente al escándalo público es deber obligatorio del cristiano hacer pública la defensa, de dar testimonio. Es tiempo de gritar contra el lobo, aunque la misma sal de la tierra se halla vuelto insípida, se halla vuelto en contra de su madre aceptando con éste silencio cómplice todas las blasfemias que a cada rato debemos soportar. Seamos parte de la minoría que resiste y no de la mayoría que desiste.

Al pobre blasfemo de León Ferrari, blasfemo y amargado, amargado porque no conoce la Verdad, de espíritu negativo y obras negativas, negativo porque no puede aceptar la Verdad y su desdichada vida, negativo porque su obra existe porque existe la Iglesia Católica Apostólica y Romana depositaria de la Verdad de Cristo, negativo porque su obra solo quiere negar igual que su espíritu, negativo porque critica algo sin conocerlo, negativo porque fundó una secta, un club para acompañarse de amargos como él, amargos que no tienen correspondencia entre sí. Sin la Iglesia no es nadie. Así que hagamos que nuestro corazón diga junto a San Bernardo: “Fatigado mi espíritu por tanta multitud de gente que busca cosas distintas, ¡con qué ansias retorno a este recinto para reparar mi alma! Gracias a Dios, mi deseo no ha quedado defraudado, ni frustrada mi esperanza. Ardía en deseos de ver: lo he visto y estoy totalmente relajado. Me siento lleno de ánimos, reboso de alegría. Bendigo al Señor con toda mi alma y todo mi ser proclama: Señor, ¿Quién como tú?” (3)

AUGUSTINUS


(1) “Introducción a la vida devota” San Francisco de Sales.
(2)
“Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen”. San Luis María Grignion de Montfort.
(3) Sermo 3, “in labore messis”. San Bernardo.

 

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