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Amados Hijos y Venerables Hermanos Nuestros, salud y bendición
apostólica
1. Introducción: El Papa congratula
a los Obispos por su valiente y heroica conducta
Todos fácilmente comprenderéis, Amados Hijos Nuestros
y Venerables Hermanos, cómo nos agobia la tristeza a causa de
la encarnizada y sacrílega guerra que, en casi todas partes del
mundo, se ha desatado contra la Iglesia en estos azarosos tiempos, y
ante todo en la infeliz Italia, donde ella desde hace muchos años
fue declarada por el gobierno piamontés y estimulada de día
en día; pero en medio de Nuestras gravísimas angustias,
volviendo la vista a vosotros, Nos llenamos de sumo gozo y consuelo,
pues vosotros, a pesar de haber sufrido contumelias, con toda clase
de injusticias y de violencias, arrancados de vuestra grey, enviados
al destierro, y hasta encerrados en la cárcel, sin embargo, revestidos
con la fuerza de lo alto, nunca habéis dejado, ya de palabra,
ya por escrito, de defender denodadamente la causa, los derechos y la
doctrina de Dios, de su Iglesia y de esta Sede Apostólica, y
de proveer a la salud de vuestro rebaño. Por esto, de todo corazón
os congratulamos por vuestra alegría de haber sufrido contumelias
por el nombre de Jesús y os tributamos las merecidas alabanzas,
sirviéndonos de las palabras de Nuestro predecesores San León
cuando dijo: Aunque me compadezca con todo mi corazón de los
sufrimientos que habéis soportado por la defensa de la fe católica
y de lo que vosotros habéis padecido; sin embargo, comprendo
que hay más motivo para alegrarse que para entristecerse, al
ver que, fortificados por Nuestro Señor Jesucristo, habéis
permanecido invencibles en la doctrina evangélica y apostólica...
Y mientras los enemigos de la fe cristiana os arrojaban de vuestras
sedes, preferisteis sufrir las amargura del exilio a mancillaros con
cualquier categoría de impiedad.
2. Progresa el error y el mal. Persecución
religiosa.
¡Ojalá pudiéramos anunciaros el fin de tantas calamidades
para la Iglesia! Mas la corrupción de las costumbres que nunca
puede deplorarse suficientemente, va en aumento por todas partes estimulada
por los escritos antirreligiosos, vergonzosos y obscenos, por espectáculos
teatrales, el establecimiento casi por doquiera de casas de prostitución
y se promueve también con otras malas artes; los más monstruosos
errores se difunden por doquiera; crece el nefando aluvión de
todos los vicios y crímenes; el mortífero veneno de la
incredulidad y del indiferentismo se propaga intensamente; displicentemente
se desprecia la la potestad eclesiástica, las cosas sagradas
y las leyes; injusta y violentamente se despoja a la Iglesia de sus
bienes; feroz e ininterrumpidamente se persigue a los ministros sagrados,
a los religiosos y a las vírgenes consagradas a Dios; se odia
con odio perfectamente diabólico a Cristo, a la Iglesia, su doctrina,
a esta Sede Apostólica. Un sin número de otros actos que
los encarnizados enemigos de la Religión, que cada día
nos vemos precisados a lamentar parece prolongar y diferir el tiempo
tan deseado en que Nos será dado asistir al completo triunfo
de Nuestra santísima Religión, de la verdad y de la justicia.
3. El triunfo de la Iglesia.
Este triunfo vendrá aunque Nos no conozcamos el tiempo que el
omnipotente Dios le tiene señalado, quien con su admirable y
divina Providencia todo lo rige y gobierna, encaminándolo a Nuestra
utilidad. Pero, aunque el Padre celestial permita que su santa Iglesia,
que milita en esta misérrima y mortal peregrinación sea
atormentada y con muchas penalidades e infortunios afligida, sin embargo,
estando fundada por Nuestro Señor Jesucristo sobre firmísima
e inconmovible roca, no sólo ningún poder ni ningún
embate puede jamás derribarla ni echarla por tierra, sino que
lejos de disminuir con las persecuciones, aumenta y el campo del Señor
se viste de una mies tanto más abundante cuanto que los granos,
que caen uno a uno, nacen multiplicados.
4. Pruebas de este triunfo actual. Tonkín
y Cochinchina.
Vemos que esto sucede también, Dilectos Hijos Nuestros y Venerables
Hermanos, por un singular beneficio de Dios en estos luctuosísimos
tiempos, pues, aunque la inmaculada Esposa de Cristo se vea al presente
en gran manera afligida por obra de los impíos, sin embargo triunfará
de sus enemigos. Triunfa de ellos y resplandece maravillosamente, ya
por la fidelidad, amor y respeto que todos vosotros y todos nuestros
demás Venerables Hermanos, los prelados de todo el mundo católico
manifestáis a Nos y a esta Cátedra de Pedro, por vuestra
admirable constancia en defender la unidad católica: ya por medio
de tantas obras piadosas de Religión y caridad cristiana, que
con la gracia de Dios se multiplican más cada día en el
orbe católico: ya por medio de la luz de la sagrada fe, con la
cual se iluminan siempre más los países: ya por el egregio
amor y solicitud de los católicos hacia la Iglesia, hacia Nos
y esta Santa Sede; ya por la inmortal e insigne gloria del martirio.
Pues sabéis cómo en las regiones de Tonkín principalmente
y Cochinchina, los Obispos, sacerdotes, los laicos, y hasta las débiles
mujeres y tiernas jovencitas y jovencitos, emulando los antiguos ejemplos
de los mártires, con ánimo invicto y heroico valor desprecian
los tormentos más crueles, y llenos de regocijo se glorían
sobre manera de poder dar la vida por Cristo. Todo lo cual debe servir,
en verdad para Nos y para vosotros de gran consuelo en medio de las
mayores amarguras que nos agobian.
5. Renovada condenación de los
errores modernos.
Mas el cargo de Nuestro Ministerio Apostólico exige perentoriamente
que con todo cuidado defendamos la causa de la Iglesia que Nuestro Señor
Jesucristo nos ha encomendado y que recobremos a todos aquellos que
no vacilan en combatir y conculcar a la misma Iglesia y sus sagrados
derechos, a sus ministros y a esta Sede Apostólica, por estas
Letras confirmamos, declaramos y condenamos nuevamente todas y cada
una de aquellas cosas que en muchas de nuestras Alocuciones consistoriales
y en otras Letras Nuestras, con mucha pena de Nuestra alma, nos hemos
visto obligados a lamentar, señalar y condenar.
6. Error de la bondad de todas las religiones.
Y aquí, queridos Hijos nuestros y Venerables Hermanos, es menester
recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente
se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven
en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica
pueden llegar a la eterna salvación . Lo que ciertamente se opone
en sumo grado a la doctrina católica. Notoria cosa es a Nos y
a vosotros que aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra
santísima Religión, que cuidadosamente guardan la ley
natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos
y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y
recta, pueden conseguir la vida eterna, por la operación de la
virtud de la luz divina y de la gracia; pues Dios, que manifiestamente
ve, escudriña y sabe la mente, ánimo, pensamientos y costumbres
de todos, no consiente en modo alguno, según su suma bondad y
clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, si no es reo
de culpa voluntaria.
7. Solo la Iglesia Católica salva.
Pero bien conocido es también el dogma católico, a saber,
que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, y que
los consumases contra la autoridad y definiciones de la misma Iglesia,
y los pertinazmente divididos de la unidad de la misma Iglesia y del
Romano Pontífice, sucesor de Pedro, “a quien fue encomendada
por el Salvador la guarda de la viña”, no pueden alcanzar
la eterna salvación. Son en efecto muy claras las palabras de
Nuestro Señor Jesucristo: Quien no oyere a la Iglesia, sea para
ti como un gentil o un publicano(1). El que a vosotros oye, a mí
me oye, y el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia; y el
que a mí me desprecia, desprecia a Aquel que me ha enviado(2).
El que no creyere se condenará(3). El que no cree ya está
juzgado(4). El que no está conmigo está contra mí,
el que conmigo no recoge, desparrama(5). De aquí que el Apóstol
San Pablo diga que estos hombres están corrompidos y condenados
por su propio juicio(6). Y que el Príncipe de los Apóstoles
los llame maestros de la mentira que introducen sectas de perdición,
niegan a Dios y atraen sobre sí una pronta condenación.(7)
8. Socorro a los errantes y cismáticos.
Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás
en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los
vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos
son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras
miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos
los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre y, ante todo,
pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que
míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y
a la madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles
sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que, fundados
y firmes en la fe, esperanza y caridad y fructificando en toda obra
buena [Col. 1, 10], consigan la eterna salvación.
9. Amor propio y la codicia. Advertencia
de la Biblia.
Ahora, empero, Dilectos Hijos Nuestros y Venerables Hermanos, no podemos
pasr por alto otro error y mal perniciosísimo que, en nuestra
infaustísima época miserablemente arrebata y perturba
el espíritu y las almas de los hombres. Hablamos pues de aquel
desenfrenado y perjudicial amor propio y aquella codicia con que muchos,
sin preocuparse en lo más mínimo del prójimo, no
buscan otra cosa ni tienden sino a sus propias utilidades y bienestar;
hablamos de aquella insasiable pasión de dominar y de ganar,
con la cual, desechando las normas de la honestidad y de la justicia,
no dejan de juntar y de cualquier modo acumular las riquezas con codicia;
y, concentrados ansiosamente sólo en las cosas terrenas, olvidados
de Dios, de la Religión y de sus almas, ponen criminalmente toda
su felicidad en amontonar riquezas y tesoros pecuniarios. Recuerden
estos hombres y mediten seriamente las palabras muy graves de Nuestro
Señor: ¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo,
si pierde su alma?(8), y reflexionen cuidadosamente sobre lo que enseña
el Apóstol San Pablo cuando dice: Los que quieren hacerse ricos
caen en la tentación y en el lazo del diablo, en muchos deseos
inútiles y nocivos los que van sumiendo al hombre en la muerte
y en la perdición; porque la avaricia constituye la raíz
de todos los males; por causa suya se desviaron muchos de la fe y se
precipitaron en una multitud de dolores(9).
10. Diversidad de trabajo, unidad del fin.
Cierto es que los hombres, según la propia y diversa condición
de cada uno deben procurarse con sus fatigas los recursos necesarios
para vivir ora cultivando las letras y las ciencias ora ejerciendo las
artes liberales o profesionales ora desempeñando cargos públicos
y privados, ora dedicándose al comercio; pero es de todo punto
indispensable lo hagan con honestidad, con justicia con integridad y
caridad; que siempre tengan a Dios presente, y guarden cuidadosamente
sus mandamientos y preceptos.
11. Asociaciones condenables del Clero.
Ya no podemos, empero, ocultar que Nos aflige un acerbísimo dolor
por haber en Italia miembros de uno y otro clero que, a tal extremo
se han olvidado de su santa vocación que no se avergüenzan
en lo más mínimo de difundir, aun por escritos perniciosos,
falsas doctrinas, instigando lo s ánimos de los pueblos contra
Nos, contra esta Silla Apostólica, atacando el principado civil
de esta misma Sede Nuestra y favoreciendo descaradamente con todo empeño
y diligencia a los perversísimos enemigos de la Iglesia Católica
y de esta Silla. Estos Clérigos, después de separarse
de sus Prelados, de Nos y de esta Santa Sede, y, apoyados en el fervor
y auxilio del Gobierno Subalpino (piamontés) y de sus Magistrados,
llegaron a tanta audacia, que, despreciando totalmente las censuras
y penas eclesiásticas no temían en lo más mínimo
establecer ciertas sociedades del todo reprobables, llamadas Clérigo-liberales,
De socorro mutuo, Emancipadora del Clero Italiano y otras más,
animadas del mismo espíritu; y aunque sus obispos, con toda justicia
los hayan suspendido del sagrado ministerio, sin embargo, no trepidan
en absoluto en ejercerlo a guisa de intrusos de un modo criminal e ilícito,
en muchos templos.
12. Reprobación y amonestación
del Clero extaviado.
Por eso, reprobamos y condenamos las detestables sociedades mencionadas
y la mala conducta de dichos eclesiásticos, amonestando y exhortando
al mismo tiempo una y otra vez a estos infelices clérigos a que
se arrepientan, se conviertan y atiendan a su propia salvación,
considerando seriamente que ningún prejuicio tolera Dios menos
que el causado por los sacerdotes, al ver que, habiéndolos puesto
para que sirvan de corrección a los demás, dan ejemplos
de depravación. Mediten atentamente que han de dar rigurosa cuenta
ante el Tribunal de Cristo. Plegue a Dios que estos desgraciados clérigos
obedezcan a Nuestras paternales amonestaciones, dándonos el consuelo
que otros varones de uno y otro clero nos han proporcionado y que ellos
miserablemente engañados y arrastrados al error, acudan conpungidos
por días a Nos para implorar con humildad e insistencia el perdón
de sus pecados y la absolución de las censuras eclesiásticas.
13. El Papa señala los males de la hora presente.
Conocéis muy bien, Dilectos Hijos Nuestros y Venerables Hermanos,
los escritos de toda clase salidos de las tinieblas y llenos de dolo,
mentiras, calumnias y blasfemias, conocéis las escuelas confiadas
a maestros anticatólicos, en sinnúmero de otras acechanzas
realmente diabólicas, las artimañas y los esfuerzos con
que los enemigos de Dios y de los hombres se empeñan en destruir,
si les fuese posible, hasta los cimientos de la Iglesia Católica
en la desgraciada Italia, en depravar y corromper cada día más,
principalmente a la inexperta juventud y en extirpar de todos los corazones
Nuestra santísima fe y Religión.
14. Misión de los Obispos: la defensa de la grey.
Por eso, no dudamos que vosotros, Amados Hijos y Venerables Hermanos,
fortalecidos con la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, continuaréis
en vuestro esclarecido celo episcopal, como hasta ahora con gran alabanza
de vuestro nombre lo habéis practicado, oponiendo con constancia,
espíritu unánime y redoblados esfuerzos un muro protector
para la casa de Israel, combatiendo por la buena causa de la fe, defendiendo
de las asechanzas de los adversarios a los fieles encomendados a vuestros
cuidados, advirtiéndoles y exhortándolos continuamente
a que conserven siempre la fe santísima, sin la cual es imposible
agradar a Dios, la que la Iglesia ha recibido de Cristo por medio de
los Apóstoles y que enseña, que permanezcamos firmes e
inconmovibles en Nuestra santa Religión, la única verdadera,
que prepara para la vida eterna, que conserva también en forma
extraordinaria y hace feliz a la sociedad civil.
15. Enseñanza religiosa - Los males que causa la ignorancia.
Por eso, no dejéis de enseñar, siempre y con exactitud,
los venerables misterios de Nuestra augusta Religión, su doctrina,
preceptos, y su disciplina, a los pueblos confiados a vuestros cuidados,
valiéndoos principalmente de los párrocos y de otros clérigos
que se distingan por la integridad de su vida, la gravedad de su conducta
y la santa y sólida doctrina, sea por medio de la predicación
de la divina palabra, sea por el catecismo. Pues, vosotros sabéis
muy bien que una parte notabilísima de los males nacen en la
mayoría de los casos de la ignorancia de las cosas divinas que
son necesarias para la salvación, por consiguiente comprenderéis
perfectamente que debe emplearse todo cuidado y empaño para alejar
del pueblo este mal.
16. Elogio del Clero fiel.
Antes de terminar esta Nuestra Carta, no podemos menos de rendir el
tributo de las merecidas alabanzas al Clero italiano que en su mayoría
permaneció íntimamente unido a Nos, a esta Cátedra
de Pedro y a sus Prelados, no se ha desviado en lo más mínimo
del recto camino, sino que, siguiendo los insignes ejemplos de sus Obispos
y, sobrellevando con muchísima paciencia las cosas más
arduas, cumple agregiamente con su deber. Abrigamos la esperanza de
que el mismo Clero, con el auxilio de la divina gracia, camine en forma
digna a la vocación con que ha sido llamado, luchando siempre
por dar pruebas cada vez más espléndidas de su piedad
y virtud.
17. Alabanzas a las religiosas.
Tributamos también el homenaje de Nuestro encomio a tantas vírgenes
consagradas a Dios, que arrojadas violentamente de sus monasterios,
expoliadas de sus rentas y reducidas a la mendicidad, no quebrantaron,
sin embargo, la fe que prometieron a su Esposo sino que, soportando
con toda constancia su tristísima situación, no cesan
día y noche de alzar sus manos al cielo , pidiendo a Dios por
la salvación de todos y también la de sus perseguidores,
esperando con paciencia la misericordia del Señor.
18. El Papa celebra la fidelidad heroica del pueblo.
Nos complacemos también en alabar a los pueblos de Italia que,
egregiamente animados de sentimientos católicos, detestan tantas
impías maquinaciones contra la Iglesia y ardientemente se glorían
en permanecer fieles a Nos, a esta Santa Sede y a sus Prelados con filial
piedad, respeto y obediencia, y, pese a las dificultades sobremanera
grandes y a los peligros a que están expuestos, no dejan de darnos
todos los días y de todas maneras pruebas inconfundibles de su
singular amor e interés y de aliviar Nuestras penosísimas
angustias y las de esta Sede apostólica, ya con fondos reunidos,
ya con otros donativos.
19. Confianza en Dios en la tribulación.
En medio de tantas amarguras y tal tempestad levantada contra la Iglesia,
no nos desanimemos nunca, amadísimos Hijos Nuestros y Venerables
Hermanos, puesto que Cristo es nuestro consejo y nuestra fortaleza(10),
sin el cual nada podemos(11) y por el cual lo podemos todo(12), quien
al confirmar a los predicadores del Evangelio y a los ministros de los
Sacramentos, les dijo: He aquí que estoy con vosotros hasta la
consumación de los siglos(13), y de cierto sabemos que las puertas
del infierno nunca prevalecerán contra la Iglesia que siempre
se ha erguido y se erguirá inconmovible, siendo su custodio y
protector Nuestro Señor Jesucristo, quien la edificó y
quien fue ayer, hoy y en todos los siglos(14).
20. Plegarias por la Paz y por la vuelta
de los extraviados.
Mas no dejemos de ofrecer, amados Hijos Nuestros y Venerables Hermanos,
día y noche, con un celo cada vez , más ardiente y con
humildad de corazón, las oraciones y súplicas a Dios por
mediación de Jesucristo, a fin de que, deshecha esta turbulentísima
tempestad, su santa Iglesia respire aliviada, después de tantas
calamidades, disfrute en todas partes de la paz y libertad tan anheladas,
y obtenga sobre sus enemigos nuevos y más espléndidos
triunfos, a fin de que todos los extraviados, iluminados con la luz
de su divina gracia, vuelvan del camino del error al sendero de la verdad
y de la justicia, y, haciendo dignos frutos de penitencia, posean el
perpetuo amor y temor de su santo nombre.
21. Ayuda de la Santísima Virgen
y de los Santos. Bendición Papal.
Y para que Dios, rico en misericordia, acceda más fácilmente
a Nuestra fervorosísimas plegarias, invoquemos el poderosísimo
patrocinio de la Inmaculada Madre de Dios, la Santísima Virgen
María e imploremos la intercesión de los Santos Apóstoles
Pedro y Pablo y de todos los Santos del cielo para que con sus poderosísimas
súplicas pidan a Dios en tiempo oportuno misericordia y gracia
para todos, y aparten con poder de la Iglesia todas las calamidades
que en todas partes, y principalmente en Italia la afligen.
Finalmente, como prenda segurísima de Nuestra singular benevolencia
hacia vosotros, afectuosamente os damos de lo íntimo del corazón
la Bendición Apostólica a vosotros, amados Hijos Nuestros
y Venerables Hermanos y a la grey confiada a vuestros cuidados.
Dado en Roma, cerca de San Pedro, el 10 de agosto
de 1863, año décimo de Nuestro Pontificado.
Pio XI
NOTAS
• (1) Mateo 18, 17.
• (2) Lucas, 10, 16.
• (3) Marcos 16, 16.
• (4) Juan 3, 18.
• (5) Lucas 11, 23.
• (6) Tito 3, 11.
• (7) II Pedro 2, 1.
• (8) Mateo 16, 26.
• (9) I Timoteo 6, 9.
• (10) II Pedro 1, 16; II Corintios 12, 9.
• (11) Juan 15, 5.
• (12) Filipenses 4, 13.
• (13) Mateo 28, 20.
• (14) Hebreos 13, 8.
STAT VERITAS
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