Del
miércoles de Ceniza hasta el domingo de Pasión
EXPOSICIÓN DOGMÁTICA
El Tiempo
de Septuagésima nos ha recordado la necesidad que tiene el
hombre caído de asociarse por el espíritu de penitencia
a la obra redentora del Salvador. Ahora, la Cuaresma nos va a asociar
a ella efectivamente por el ayuno y las otras prácticas de
penitencia. No hay Cuaresma que merezca tal nombre sin un esfuerzo
personal para rehacer la vida y vivirla con más fidelidad,
y para reparar con algunas privaciones voluntarias las negligencias
de otros tiempos. Mas paralelamente a estos esfuerzos que pide la
Iglesia de cada uno de nosotros, ella, por su parte, levanta ante
Dios la cruz de Cristo, el Cordero divino que carga con los pecados
de los hombres y que es verdadero precio de nuestra redención.
A medida que se acerque la semana santa, irá poco a poco
predominando el pensamiento de la Pasión hasta absorber toda
nuestra atención. Pero ya está presente desde el principio
de Cuaresma y por eso, en unión con los sufrimientos de Cristo,
todo el ejército cristiano se alista en la « santa
cuarentena y camina hacia Pascua con la alegre certidumbre de participar
de su resurrección.
«He ahí el tiempo favorable, he ahí los días
de salvación. (1)»
La Iglesia nos presenta la Cuaresma con los mismos términos
con que la presentaba en otro tiempo a los catecúmenos y
a los penitentes públicos que se preparaban a las gracias
pascuales del bautismo y de la reconciliación sacramental.
Para nosotros, tanto corno para ellos, debe ser la Cuaresma un gran
retiro, unos ejercicios en que la Iglesia nos lleve a la práctica
de una vida cristiana más perfecta. Ella nos muestra el ayuno
de Cristo y, por medio de la penitencia y del ayuno, nos asocia
a sus sufrimientos para hacernos participar en su resurrección.
Acordémonos, pues, que no estamos solos ni somos los únicos
que entramos en la Cuaresma. La Iglesia pone en juego todo el misterio
de la redención. Formamos parte de un gran conjunto, en el
que somos solidarios de toda la humanidad rescatada por Cristo.
La liturgia del Tiempo no dejará de recordárnoslo.
En los maitines, la lectura del Antiguo Testamento, comenzada en
Septuagésima, continúa describiendo, por grandes etapas,
la historia del pueblo judío, en que aparecen los designios
de Dios sobre la salvación de todo el género humano.
Esaú es descartado en provecho de su hermano: ya no es la
descendencia carnal la que hace elegidos, sino la elección
de la gracia, extendida a todas las naciones. .losé, vendido
por sus hermanos y salvador de Egipto, es Jesús que salva
al mundo después de ser rechazado y traicionado por los suyos.
Moisés, que arranca a su pueblo de la esclavitud y le lleva
hacia la tierra de promisión, es Jesús que nos libra
de la cautividad del pecado y nos abre las puertas del cielo. Los
evangelios, por su parte, no son menos significativos: el relato
de la tentación de Jesús muestra al segundo Adán,
nuevo jefe de la humanidad, en lucha también él con
las astucias de Satanás, a quien aplasta con su poder divino;
la parábola del hombre armado, a quien arroja del dominio
que tenía usurpado otro más fuerte que él,
es una afirmación de la victoria de Cristo.
He ahí el sentido de nuestra Cuaresma. Es un Tiempo de ahondamiento,
en unión con toda la Iglesia, que se prepara a la celebración
del misterio pascual. Cada año, con un nuevo esfuerzo, vuelve
a emprender el pueblo cristiano, en pos de su jefe, Cristo, la lucha
contra el mal, contra Satanás y el hombre de pecado que todos
llevamos dentro de nosotros mismos, para lograr en Pascua una renovación
de vida en las mismas fuentes de la vida divina y proseguir y caminar
hacia el cielo.
NOTAS DE LITURGIA
El Tiempo de Cuaresma comienza el miércoles de ceniza y termina
el Sábado Santo; los quince últimos días de
este largo período constituyen el Tiempo de Pasión.
Antiguamente la Cuaresma se abría el 1º domingo; los
cuatro días precedentes se han añadido para tener
cuarenta días exactos de ayuno, pues antes sólo eran
36, al no ayunar los domingos.
El gran ayuno de cuarenta días, « inaugurado por la
ley y los profetas, y consagrado por el mismo Cristo », ha
sido siempre una de las prácticas esenciales de la Cuaresma.
La liturgia alude a él constantemente y el prefacio del Tiempo
lo recuerda todos los días en la misa.
Pero el ayuno va a la par con la oración. Como todos los
ejercicios penitenciales de Cuaresma, se ofrece a Dios en unión
con el sacrificio del Salvador, renovado diariamente en la santa
misa. Todos los días tienen su misa propia, debido a que
antiguamente toda la comunidad cristiana de Roma asistía
a misa diariamente durante la Cuaresma. A ello se debe también
la indicación de la «estación», o sea
la iglesia en que se celebraba la misa.
Toda misa ferial del Tiempo de Cuaresma tiene después de
la poscomunión una oración por el pueblo, precedida
de esta invitación a la penitencia y humildad: « Humillad
vuestras cabezas ante Dios.»
El carácter penitencial se acentúa con el silencio
impuesto al órgano. Los ornamentos son morados. Continúan
sin cantarse el Gloria y el aleluya. Los lunes, miércoles
y viernes se repite el tracto suplicante del miércoles de
ceniza: « Señor, no obres con nosotros según
los pecados cometidos...»
(1)
Epístola
del 1er domingo
RÚBRICAS
1. Los domingos de Cuaresma son de 1ª clase; de ellos se dice
la misa. El miércoles de ceniza, feria de 1ª clase,
no cede su oficio a ningún otro; su misa no admite conmemoración
alguna.
2. La conmemoración de la feria es privilegiada; nunca se
omite y precede a cualquiera otra.
3. Las ferias de las Témporas de Cuaresma son de 2º
clase y prevalecen sobre las fiestas particulares de 2º, clase.
Las otras ferias de Cuaresma son de 3ª clase y prevalecen sobre
las fiestas de 3ª clase. De éstas no se puede decir
la misa en Cuaresma.
4. Las Témporas de Cuaresma tienen lugar en la primera semana;
siguen las mismas reglas que las del Adviento. El miércoles
de la cuarta semana tiene también una lectura del Antiguo
Testamento.