TIEMPO DE CUARESMA
Misal Romano Latino-Español por DomGaspar Lefebvre

Prácticas de la Cuaresma

Las tres clásicas prácticas de Cuaresma:
Oración - Abstinencia de Carne - Limosna

Del miércoles de Ceniza hasta el domingo de Pasión
EXPOSICIÓN DOGMÁTICA

El Tiempo de Septuagésima nos ha recordado la necesidad que tiene el hombre caído de asociarse por el espíritu de penitencia a la obra redentora del Salvador. Ahora, la Cuaresma nos va a asociar a ella efectivamente por el ayuno y las otras prácticas de penitencia. No hay Cuaresma que merezca tal nombre sin un esfuerzo personal para rehacer la vida y vivirla con más fidelidad, y para reparar con algunas privaciones voluntarias las negligencias de otros tiempos. Mas paralelamente a estos esfuerzos que pide la Iglesia de cada uno de nosotros, ella, por su parte, levanta ante Dios la cruz de Cristo, el Cordero divino que carga con los pecados de los hombres y que es verdadero precio de nuestra redención. A medida que se acerque la semana santa, irá poco a poco predominando el pensamiento de la Pasión hasta absorber toda nuestra atención. Pero ya está presente desde el principio de Cuaresma y por eso, en unión con los sufrimientos de Cristo, todo el ejército cristiano se alista en la « santa cuarentena y camina hacia Pascua con la alegre certidumbre de participar de su resurrección.
«He ahí el tiempo favorable, he ahí los días de salvación. (1)» La Iglesia nos presenta la Cuaresma con los mismos términos con que la presentaba en otro tiempo a los catecúmenos y a los penitentes públicos que se preparaban a las gracias pascuales del bautismo y de la reconciliación sacramental. Para nosotros, tanto corno para ellos, debe ser la Cuaresma un gran retiro, unos ejercicios en que la Iglesia nos lleve a la práctica de una vida cristiana más perfecta. Ella nos muestra el ayuno de Cristo y, por medio de la penitencia y del ayuno, nos asocia a sus sufrimientos para hacernos participar en su resurrección.
Acordémonos, pues, que no estamos solos ni somos los únicos que entramos en la Cuaresma. La Iglesia pone en juego todo el misterio de la redención. Formamos parte de un gran conjunto, en el que somos solidarios de toda la humanidad rescatada por Cristo. La liturgia del Tiempo no dejará de recordárnoslo. En los maitines, la lectura del Antiguo Testamento, comenzada en Septuagésima, continúa describiendo, por grandes etapas, la historia del pueblo judío, en que aparecen los designios de Dios sobre la salvación de todo el género humano. Esaú es descartado en provecho de su hermano: ya no es la descendencia carnal la que hace elegidos, sino la elección de la gracia, extendida a todas las naciones. .losé, vendido por sus hermanos y salvador de Egipto, es Jesús que salva al mundo después de ser rechazado y traicionado por los suyos. Moisés, que arranca a su pueblo de la esclavitud y le lleva hacia la tierra de promisión, es Jesús que nos libra de la cautividad del pecado y nos abre las puertas del cielo. Los evangelios, por su parte, no son menos significativos: el relato de la tentación de Jesús muestra al segundo Adán, nuevo jefe de la humanidad, en lucha también él con las astucias de Satanás, a quien aplasta con su poder divino; la parábola del hombre armado, a quien arroja del dominio que tenía usurpado otro más fuerte que él, es una afirmación de la victoria de Cristo.
He ahí el sentido de nuestra Cuaresma. Es un Tiempo de ahondamiento, en unión con toda la Iglesia, que se prepara a la celebración del misterio pascual. Cada año, con un nuevo esfuerzo, vuelve a emprender el pueblo cristiano, en pos de su jefe, Cristo, la lucha contra el mal, contra Satanás y el hombre de pecado que todos llevamos dentro de nosotros mismos, para lograr en Pascua una renovación de vida en las mismas fuentes de la vida divina y proseguir y caminar hacia el cielo.

NOTAS DE LITURGIA
El Tiempo de Cuaresma comienza el miércoles de ceniza y termina el Sábado Santo; los quince últimos días de este largo período constituyen el Tiempo de Pasión. Antiguamente la Cuaresma se abría el 1º domingo; los cuatro días precedentes se han añadido para tener cuarenta días exactos de ayuno, pues antes sólo eran 36, al no ayunar los domingos.
El gran ayuno de cuarenta días, « inaugurado por la ley y los profetas, y consagrado por el mismo Cristo », ha sido siempre una de las prácticas esenciales de la Cuaresma. La liturgia alude a él constantemente y el prefacio del Tiempo lo recuerda todos los días en la misa.
Pero el ayuno va a la par con la oración. Como todos los ejercicios penitenciales de Cuaresma, se ofrece a Dios en unión con el sacrificio del Salvador, renovado diariamente en la santa misa. Todos los días tienen su misa propia, debido a que antiguamente toda la comunidad cristiana de Roma asistía a misa diariamente durante la Cuaresma. A ello se debe también la indicación de la «estación», o sea la iglesia en que se celebraba la misa.
Toda misa ferial del Tiempo de Cuaresma tiene después de la poscomunión una oración por el pueblo, precedida de esta invitación a la penitencia y humildad: « Humillad vuestras cabezas ante Dios.»
El carácter penitencial se acentúa con el silencio impuesto al órgano. Los ornamentos son morados. Continúan sin cantarse el Gloria y el aleluya. Los lunes, miércoles y viernes se repite el tracto suplicante del miércoles de ceniza: « Señor, no obres con nosotros según los pecados cometidos...»

(1) Epístola del 1er domingo


RÚBRICAS
1. Los domingos de Cuaresma son de 1ª clase; de ellos se dice la misa. El miércoles de ceniza, feria de 1ª clase, no cede su oficio a ningún otro; su misa no admite conmemoración alguna.
2. La conmemoración de la feria es privilegiada; nunca se omite y precede a cualquiera otra.
3. Las ferias de las Témporas de Cuaresma son de 2º clase y prevalecen sobre las fiestas particulares de 2º, clase. Las otras ferias de Cuaresma son de 3ª clase y prevalecen sobre las fiestas de 3ª clase. De éstas no se puede decir la misa en Cuaresma.
4. Las Témporas de Cuaresma tienen lugar en la primera semana; siguen las mismas reglas que las del Adviento. El miércoles de la cuarta semana tiene también una lectura del Antiguo Testamento.

 

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