DEL LUGAR Y TIEMPO DE LA CELEBRACIÓN

En las circunstancias que rodean este Sacramento debe atenderse por una parte a la representación de aquello que se refiere a la pa­sión de Cristo y por otra a la reverenda debida al Sacramento en que está Cristo realmente presente. Así es que se ' consagran los vasos, ornamentos y templos en que se celebra, para honor del misterio y significación del efecto de santidad proveniente de la pasión de Je­sucristo.

Regularmente el sacrificio se celebra en el templo, por el cual se simboliza la Iglesia según compara San Pablo al decir a i Timoteo cp. III. " Para que sepas cómo debes conducirte en la casa
de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo".

Pues fuera de la Iglesia no está el lugar propio para el sacrificio. Como la religión de Cristo no debía circunscribirse a los límites del judaísmo, Cristo no padeció su muerte en la ciudad sino fuera de ella, para que todo el mundo fuese el templo de la pasión. Por esto prescribe el Código de Derecho Canónico que " la misa debe cele brarse sobre altar consagrado y en Iglesia u oratorio consagrado o bendecido". (Canon 822) Convenientemente se consagra l a Iglesia donde debe celebrarse el sacrificio, para simbolizar la santidad que ha conseguido con la Pasión del Señor e indicar la consagración in­terior de la gracia con que deben acercarse a recibir el Sacramento. Por el altar se simboliza a Cristo pues por El ofrecemos la hostia de alabanza a Dios (Hebreos - XIII 15) ; por la consagración del altar, la santidad de Cristo. Ya que Cristo es la fuente de la santídad de la Iglesia, por eso no se consagra ésta sin consagrar el altar; pero muchas veces puede consagrarse el altar sin la Iglesia. Porque primero es Cristo cuyo símbolo es el altar.

Esta consagración no se hace en las cosas inanimadas como ;si ellas recibiesen la gracia, sino porque adquieren una cierta virtud es­piritual, que las hace aptas para el culto, moviendo la piedad de los hombres y su devoción. Esto hace da impetración de la Iglesia pi­diendo la expulsión del poder diabólico.

Los vasos sagrados son elegidos de metal precioso por la reve­rencia y cuidado que debe ponerse en la administración del Sacramento. La sangre de Cristo debe ponerse en el cáliz que es más seguro, y el cuerpo sobre los corporales de lino, porque Cristo fué envuelto en su sepultura con un lienzo tal; para significar la pureza del alma que lo recibe; y puesto que el lienzo debe elaborarse con trabajo, se simboliza la pasión del Señor.

En la celebración del misterio se atiende a la representación de da pasión de Cristo y a los frutos que de ella derivan para las almas; el tiempo de su celebración debe determinarse por los mismos moti­vos. Así como todos los días necesitamos del provecho espiritual de la muerte de Cristo por nuestros pecados de cada día, cada día se celebra en la Iglesia la oblación del misterio Eucarístico. " Si es pan cotidiano — dice San Agustín — ¿por qué lo has de recibir al cabo de un año? Recíbelo cada día, lo que cada día te aprovecha " .

Se celebra la Pasión de Cristo, en cuanto deriva sus frutos a los fieles. En tiempo de Pasión, se hace memoria de ella en cuanto fué realizada en la cabeza; lo cual se cumplió una sola vez perfectamente. Por eso es que una vez al año se recuerda la pasión del Señor. Pero los fieles reciben cada día los frutos de la muerte de Cristo; y así cada día se celebra su memoria, y para perpetuo re-cuerdo.

Siendo este Sacramento una representación de la pasión, el día en que la Pasión de Jesús se conmemora como realizada, el Viernes Santo, ese día no se ofrece el Sacrificio de la Misa, porque viniendo la realidad, debe cesar la figura o representación. Pero para que la Iglesia no quede ese día sin percibir los frutos de la Pasión, el día anterior se consagra y se reserva para la comunión del si­guiente.

El día de la Navidad del Señor se celebran tres misas en re p re­sentación de la triple Natividad del mismo.

•  n a su eterna natividad, que para nosotros es oculta; y por eso se celebra en la noche, en la cual dice el Introito: "El Señor me dijo: Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado " .t r a es la natividad temporal, pero espiritual de Cristo en nuestras almas, porque Cristo nace " como el lucero en nuestros co­razones " (2. Petri - cp. I) ; y por eso se celebra en la aurora en la cual dice el Introito "Hoy brillará la luz sobre nosotros porque nos ha nacido el Señor " .

•  a t e r c e r a natividad de Cristo es la tem p oral y cor­poral, según la cual se hizo visible saliendo del seno de su madre virgen; y por eso se celebra en el día, cuyo Introito dice: " Ha na­cido para nosotros el niño y se nos ha dado al Hijo " .

Pero como la pasión de Cristo fué hecha entre la hora tercia y nona, regularmente se celebra en la Iglesia, con solemnidad, en esa parte del día. Y celebra el sacerdote una sola vez al día pues, según dice el decreto de Alejandro II, " basta al sacerdote celebrar una misa al día, porque Cristo padeció una sola vez y redimió a todo el mundo; y muy feliz es quien puede celebrar una "dignamente " . Pero en virtud de una necesidad, dice Inocencio III, puede más veces hacerlo.

 

LA RECTITUD Y CONVENIENCIA DE LO QUE SE DICE Y HACE EN
LA SANTA MISA

En este sacramento, se encierra todo el misterio de nuestra sa­lud, razón por la cual se celebra con mayor solemnidad: Pues se dice en la Sagrada Escritura: " Guarda tu pie al entrar en la casa del Señor (Ecles. _ IV) y Prepara tu alma antes de la oración .(Ecli. XVIII) ; por eso antes de la celebración del misterio primero se hace una preparación para realizar dignamente lo que se debe celebrar; y esto es el Introito que se toma de los salmos o al menos .se dice con el Salmo. Pues " los salmos encierran a modo de alaban­za todo lo que se contiene en la Escritura". (Dionisio - Ecclesiast. Hierarch:) Luego se hace conmemoración de la miseria presente, cuando se pide misericordia rezando tres veces K y r' í e e l e i-son a la persona del Padres; tres veces Chríste eleison a l a persona del Hijo, y tres veces K y r i e eleison al Es­píritu Santo, en remedio a la triple miseria de la ignorancia, de la culpa y de la pena y para significar que las tres personas están uní-das en la Divinidad.

Se recuerda después la gloria eterna a la cual vamos, diciendo: " Gloria a Dios en las alturas " . Se dice en los días festivos que re­cuerdan la gloria, y se omite en los días de llanto que se hacen para recordar nuestra miseria.

Finalmente el sacerdote hace una oración por el pueblo para que sea encontrado digno de tan gran misterio.

Segundo: se hace una instrucción al pueblo fiel, porque este sacramento es misterio de fe. Instrucción que sirve de preparación, por la doctrina de los profetas y de los Apóstoles, la cual leen los lectores y subdiáconos; canta luego el coro el gradual que significa el adelantamiento y provecho de la vida del espíritu; el A le 1 u i a que dice alegría espiritual o el Tracto signi­ficativo del gemido espiritual; todo eso debe conseguir el fiel de la anterior enseñanza.

Se instruye a continuación con perfección al pueblo, por el Evan­gelio de Jesucristo que lo leen los ministros superiores, los diáconos; y puesto que creemos a Cristo, como a verdad divina, luego se recita el Credo como testimonio de nuestro asentimiento a la fe de Cristo.

Así preparado el pueblo e instruido, se procede a la celebración del misterio que se ofrece como sacrificio, se consagra y se recibe como sacramento. Por eso primero se hace la oblación, luego la con­sagración y finalmente la comunión.

En la oblación se realiza la alabanza del pueblo, al cantar el ofertorio, como señal de alegría en los que ofrecen: ade­más la oración del sacerdote que pide la aceptación de la oblación del pueblo.

Al llegar a l a c o n s a g r a c i ó n, primero se despierta la devoción del pueblo en el prefacio, advirtiéndole que " debe tener levantado al Señor el corazón". Acabado el prefacio todo el pueblo alaba con los ángeles la divinidad de Cristo diciendo:" Santo, Santo, Santo", y la humanidad de El, con los niños que le acompañaron en Jerusalén, diciendo: "Bendito el que viene en el nombre del Se-ñor".

Luego el sacerdote en secreto recuerda a aquellos por quienes se ofrece el sacrificio, a saber por la Iglesia universal, por aquellos que están colocados [constituidos] en la sublimidad " (I - Timot. cp. II) el Papa, el Obispo; especialmente otros por, quienes se ofrece o ellos mismos ofrecen el Sacrificio.

Conmemora a los santos cuyo patrocinio implora por los antes recordados al decir, "Uniéndonos y venerando la memoria en primer lugar de la gloriosa siempre Virgen María, etc."

Así se prepara a la consagración, pidiendo el efecto de la misma: " La cual oblación, Dios, te rogamos... " Luego consagra por las pa-labras del Salvador diciendo: " Quien el día antes de padecer, tomó el pan . "

Se disculpa ante Dios de su atrevimiento, alegando la obedien­cia al mandato de Cristo, y dice: " Por lo que acordándonos, Señor... "

Pide además la aceptación del sacrificio realizado diciendo: "So­bre los cuales [dones] dígnate mirar.."

Luego pide el efecto del sacrificio y del sacramento primero para aquellos que lo han de recibir realmente cuando dice: "Supli­cantes, te rogamos, etc... " segundo para los que ya no lo pueden recibir, los difuntos: y así dice: " Acuérdate Señor tam­bién ... " tercero especialmente por los sacerdotes oferentes diciendo: " A nosotros pecadores tus siervos. . ."

Llega finalmente la Comunión. Sepre­para al pueblo por la oración común que es el "Padre Nuestro... " en la que se pide el " pan de cada día " . Y luego por da oración privacía del sacerdote al decir: "Líbranos, te rogamos, Señor, de todos los males..."

Se prepara también al pueblo por la paz que se da diciendo: "Cordero de Dios que quitas los pecados... danos la paz " ; pues es el Sacramento de la unidad y de la paz. En las misas de difuntos. en que se ofrece el sacrificio, no por la paz presente, sino por el descanso de los muertos, se omite' esta petición.

Luego sigue la recepción del Sacramento, recibiéndolo primero el sacerdote y administrándolo después.

Por último se termina con una acción de gracias, alegrándose todo el pueblo por la recepción del misterio, lo cual se hace en la P o s t c o m u n i ó n y en la oración de gracias recitada por el sacerdote, como hizo Cristo, que celebrada la cena, dijo el Himno, según está en el Evangelio. (Mat. 26).

Las demás cosas que se hacen en la celebración del misterio por palabras u obras sirven por representar algo de la Pasión de Cristo, como las bendiciones en forma de cruz, o las sígnaciones en la misma forma, la extensión de los brazos, la fracción de la hostia, etc...; o bien algo que se refiere al cuerpo místico de Cristo, la ablución de las manos, significando pureza de alma; la incensa­ción, el buen olor de Cristo, la elevación de las manos, orando por el pueblo, volviéndose al pueblo para darle el saludo del Señor, etc...; o bien por la reverencia del Sacramento, como nuevamente la incen­sación, la unión de los dedos del celebrante, para que no caigan las partículas adheridas, la ablución de los dedos, etc. Tal es la costumbre y uso de la Iglesia que no puede equivocarse, pues es dirigida por el Espíritu Santo (1). Por eso define el Concilio de Trento: "Si alguien dijere que las ceremonias, vestiduras y signos externos que usa la Iglesia Católica en la celebración de la Misa, son estímulos de la im­piedad más que oficios de piedad, sea anatematizado " . (Ses. XXII Canon 7). (2)

Notas:

(1) (S.Tomás - Ill - 82-aa-2-3-4-5).

(2) (D. 13. 954).