Esta
segunda división de la "Misa de los Fieles", abarca
desde el Prefacio hasta el Paternoster.
Es la parte más importante y más esencial, de la Misa,
en la cual tiene lugar la gran Acción del Sacrificio, la Oblación
de la Víctima, la Consagración. Por lo mismo, es éste
el corazón de la Misa.
En los antiguos misales empezaba aquí el Canon. En el actual
comienza después del "Prefacio" y del "Sanctus".
Nosotros nos atendremos, para estudiarlo, a la disposición
del Misal actual.
8. El "Prefacio".
La conclusión Per ómnia saecula saeculórum de
la última "Secreta", sirve de lazo de unión
de ésta con el "Prefacio", el cual es un magnífico
himno de acción de gracias y de triunfo, que sirve de introducción
(de ahí su nombre actual) a la gran Plegaria Eucarística,
o sea al CANON. El celebrante lo canta con los brazos extendidos,
para expresar más vivamente su emoción y emocionar a
los demás, y lo prepara cambiando con el pueblo un breve diálogo,
a fin de excitarlo a la gratitud.
Se cree que el "Prefacio" es anterior al cristianismo, en
el sentido -dice Dom Cabrol- de no ser él más que la
oración, algo modificada, que decía el jefe de familia
en el banquete pascual de los judíos, a quien ha sustituido,
en la Cena eucarística, el Pontífice cristiano (5).
Al principio, el Prefacio, corno todas las oraciones colectivas, era
improvisado por el Pontífice, razón por la cual existe
en los antiguos misales o "Sacramentarios" una variedad
casi infinita de fórmulas distintas. Sólo en el Sacramentarlo
leonino se cuentan más de 267, los que se aumentaron todavía
más en la época carolingia, llegando a haber fiestas
con dos, tres y hasta cuatro prefacios propios. Desde el siglo XI,
empero, se redujeron a doce, siendo ahora quince los existentes en
el Misal romano universal, a saber: el de Navidad, Epifanía,
Cuaresma, Pasión, Pascua, Ascensión, Pentecostés,
Trinidad (que se usa todos los domingos libres), Cristo Rey, Sagrado
Corazón, Sma. Virgen, San José, Apóstoles, Difuntos,
y uno común.
Cada Prefacio consta como de tres partes: el dialoguillo de introducción;
el cuerpo del texto, donde antiguamente se enumeraban, para agradecérselos,
los grandes beneficios de Dios (Creación, Encarnación,
Redención, etcétera) y hoy se alude al misterio o fiesta
a que cada uno se refiere; y una invitación a la corte del
Cielo a unir su voz a la del pueblo.
9. El "Sanctus" o "Trisagio".
Respondiendo a la invitación que acaba de hacerles
el celebrante, y con él toda la Iglesia militante, los Ángeles
y toda la Iglesia triunfante entonan el himno del Cielo: "Santo,
Santo, Santo, etcétera"; al que, por proclamar el poder
y majestad de Dios, se le ha llamado "himno de la victoria",
y por referirse al Dios "tres veces santo", los griegos
denominan "Trisagio", y por ser el canto de los Ángeles
lo denominan muchos "Hymnus seráphicus".
El "Sanctus" se usaba ya en las reuniones de la Sinagoga,
en los oficios matutinos, y de él hablan claramente los Padres
Apostólicos. En la Misa, no obstante, no debió entrar
hasta' el siglo II. Aunque cae muy bien a continuación del
Prefacio, como un eco celestial del mismo, rompe la perfecta unidad
de la Plegaria Eucarística, que empieza con el Prefacio y continúa
en el "Te ígitur". Para relacionarlo con el prefacio,
hubo necesidad de aludir en éste a los Ángeles, en la
forma que se estila hoy.
La primera parte del "Sanctus" es un extracto de Isaías
(c. VI, 3), quien cuenta que lo oyó cantar en el Cielo a dos
serafines; y la segunda está formada con frases del Salmo 117
y del Evangelio de San Mateo (c. XXI, 9). En la Edad Media se le adornó,
lo mismo que a los Kyries, al Gloria, etc., con tropos (6).
Al rezarlo, el celebrante se inclina profundamente en honor de la
Sma. Trinidad, a quien aclama. El monaguillo toca la campanilla para
advertir a la asamblea que el momento solemne se va acercando y que
debe esperarlo de rodillas y en el más respetuoso silencio.
En las misas cantadas, el "Benedictus" se deja para después
de la Consagración, habiéndose visto obligada la Iglesia
a esta tolerancia por la excesiva exuberancia de los compositores
músicos, que han sacrificado la unidad y santidad del Canon
a los caprichos de su fantasía (7).
NOTAS
(5) Cf. La Or. de la Igl., c. IV.
(6) Explicación
de algunos términos:
Sábaoth: Palabra hebrea que significa "Dios de los Ejércitos";
de los Ejércitos, se entiende, celestiales.
Hosanna: Otra palabra hebrea; es el "viva" de los judíos,
v nuestro.
(7)
Sin duda han olvidado los compositores músicos que el "Sanctus"
primitivamente se cantaba en el mismo tono que el "Prefacio",
es decir, con melodía silábica