La Santa Eucaristía. Comentarios
del Catecismo Romano.
P. Alfonso MaríaGubianas O. S.
B. Monje de Montserrat.

Catecismo Romano:
XXVII. En la Eucaristía está ciertamente
el Cuerpo de Cristo que nació de Santa María Virgen.
Pues para tratar en primer lugar de la primera de estas tres
cosas, han de procurar los Pastores explicar cuán claras
y expresas son las palabras con que Nuestro Salvador mostró su
real presencia en este Sacramento. Porque cuando dice: “Éste
es mi cuerpo; ésta es Mi Sangre” , ningún
hombre de recto juicio puede ignorar lo que debemos entender
por éstas palabras, mayormente tratándose de la
naturaleza humana, la cual a ninguno permite la fe católica
dudar que verdaderamente la tubo Cristo. Y por esto aquel santísimo
y doctísimo varón Hilario esclarecidamente: “de
la verdad de la carne y sangre de Cristo ya no cabe duda alguna,
pues por testimonio del mismo Señor y conforme a nuestra
fe, su carne es verdaderamente comida”.
Comentario:
“En primer lugar, enseña el santo Concilio,
y clara y sencillamente confiesa, que después de la consagración
del pan y del vino, se contiene en el saludable Sacramento de la
santa Eucaristía, verdadera, real y substancialmente
nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo
las especies de aquellas cosas sensibles; pues no hay en efecto
pugna alguna en que el mismo Cristo nuestro Salvador esté siempre
sentado en el cielo a la diestra del Padre según el modo
natural de existir, y que al mismo tiempo asista sacramentalmente
con su presencia, y en su propia substancia en otros muchos lugares
con tal modo de existir, que si bien apenas lo podemos declarar
con palabras, podemos no obstante alcanzar con nuestro pensamiento
ilustrado por la fe, que es posible a Dios y debemos firmísimamente
creerlo. Así, pues, han profesado clarísimamente
todos nuestros ante-pasados, cuantos han vivido en la verdadera
Iglesia de Cristo, y han tratado de este santísimo y admirable
Sacramento; es a saber, que nuestro Redentor lo instituyó en
la última cena, cuando después de haber bendecido
el pan y el vino, testifico a sus Apóstoles con claras y
enérgicas palabras, que les daba su propio cuerpo y su propia
sangre. Y siendo constante que dichas palabras, mencionadas por
los santos Evangelistas, y repetidas después por el Apóstol
San Pablo, incluyen en sí mismas aquella propia y patentísima
significación, según las han entendido los santos
Padres; es sin duda execrable maldad, que ciertos hombres contenciosos
y corrompidos las tuerzan, violenten y expliquen en sentido figurado,
ficticio e imaginario, por el que niegan la realidad de la carne
y sangre de Jesucristo, contra la inteligencia unánime de
la Iglesia, que siendo columna y apoyo de ver dad, ha detestado
siempre como diabólicas estas ficciones excogitadas por
hombres impíos, y conservado indeble la memoria y gratitud
de este tan excelso beneficio que Jesucristo nos hizo.” (Cap. I,
ses. XIII, Con. Trident. Celebrada el 11 octubre de 1551).
“Una es en verdad la universal Iglesia de los fieles, fuera de
la cual, ninguno de ningún modo se salva, en la cual uno
mismo es sacerdote y sacrificio Jesucristo, cuyo cuerpo y sangre
verdaderamente se contienen en el sacramento del altar bajo las
especies de pan y vino.” (Definitio contra Albigen. aliosq. haeret.
in Conc. Leteran. IV, 1215). “Firmísimamente se ha
de creer y de ningún modo dudar, que el íntegro Cuerpo
de Cristo y la sangre, así bajo la especie del pan, como
de la del vino, verdaderamente están contenidos.” (Ex. ses.
XIII, Con. Const. 1415).
“Dando consejo a sus discípulos de ofrecer las primicias
a Dios de sus criaturas, no como si él estuviese necesitado,
sino para que ellos no sean ingratos ni estériles,
tomó pan, y dió gracias, diciendo: Este es mi cuerpo.
Asimismo el cáliz, confesó que era su sangre, y enseñó una
nueva oblación del nuevo testamento.” (Ex S. Ireneo.
Adversus haereses. n. 5.) “Este pan, que Dios Verbo confiesa ser
su sangre, es palabra que sacia y embriaga de mas, palabra que
procede de Dios Verbo, y pan del pan celestial, el cual ha sido
puesto sobre la mesa, de “la cuál está escrito: Preparaste
en mi presencia una mesa contra los que me atribulan. Y esta bebida
que Dios Verbo confiesa ser su sangre, es palabra que nacía
y embriaga de un modo excelente los corazones de los que beben,
el cual está en el cáliz de quien está escrito:
Y tu cáliz que embriaga cuánto es excelente! (Ex
Origene. In Matthaeum commen, 85).
“Después que Judas dejó a los apóstoles,
el Salvador tomó el pan y le bendijo y le dió a sus
discípulos y les dijo: Este es mi cuerpo tomadle,
comed de él todos . También sobre el vino, así le
bendijo y les dijo: “Esta es mi sangre, nuevo testamento,
qué por muchos será derramada para perdón
de los pecados.” Asimismo hacedlo en memoria mía cuando
os reuniereis. Así que aún no había sido prendido
el Señor. Habiendo dicho estas cosas, se levantó del
lugar en donde había celebrado la pascua y había
dado su Cuerpo en comida y su sangre en bebida, y salió con
sus discípulos para él lugar donde fué prendido.
Más aquel que comió su Cuerpo y bebió su
sangre se tiene como muerto. El Señor con sus mismas manos
dió su Cuerpo para ser comido, y antes de ser crucificado
dió su sangre para ser bebida” (Aphraates. Demostrationes.
n. 16. Fueron escritas por los años 337-345).
“Esta sola institución del bienaventurado Paulo, es suficientemente
abundante para proporcionaron una fe cierta de los divinos
misterios, mediante los cuales recibidos dignamente, habéis
sido hechos corcorpóreos y consaguíneos de Cristo.
El poco ha clamaba: Que en aquella noche en la cual era entregado,
etc. Habiendo él por lo tanto pronunciado y dicho del pan:
Este es mi cuerpo, ¿quién se atreverá después
a dudar? Y habiendo él asegurado y dicho: Este es mi
cuerpo y mi sangre, enseñándonos a no atender
a la naturaleza de la cosa propuesta sino que se transmuda por
la acción de gracias en carne y sangre.” (Ex Theodoro Mopsuesteno.
Fragm in Matth. Murió en el año 428).
“Honremos a Dios en todas partes, ni le contradigamos,
aun cuando lo que dice, parezca contrario a nuestra razón
e inteligencia. Obremos así en los misterios, no atendiendo
solamente a lo que está sujeto a los sentidos, sino conservemos
sus palabras; su palabra no puede faltar, mas nuestro sentido fácilmente
es engañado; su palabra nunca deja de realizarse, mas los
sentidos muchas veces son engañados. Y ya que él
dijo: Este es mi cuerpo, obedezcamos, creamos, y contemplémosle
con ojos espirituales; nada sensible nos dió Cristo, mas
aun en las cosas sensibles todo es espiritual. Así en el
bautismo por medio de una cosa sensible, se concede el don del
agua: pero lo que se realiza es espiritual: la generación
y renovación. Pues, si fueses incorpóreo, te hubiera
dado dones incorpóreos y puros; mas porque el alma está unida
al cuerpo, mediante las cosas sensibles te concede los bienes espirituales.” (Ex
S. Joann. Chryson. Hom. in Matth. 84. Fué escrita por el
año 390).
“Y se llevaba en sus manos. Esto en verdad, hermanos,
cómo
puede realizarse en el hombre, ¿quién lo entenderá?
Pues, ¿quién se lleva en sus manos? Con las manos
de los otros puede ser llevado el hombre, con sus manos, nadie
se lleva. Como se entienda esto en David, según lo
que indican las palabras, no lo hallamos; mas en Cristo lo hallamos.
Se llevaba Cristo en sus manos, cuando recomendándonos su
mismo cuerpo, dijo: “Este es mi cuerpo.” Pues llevaba
aquel cuerpo en sus manos.” (Ex S. August. Enarratio in Psalm.
XXX, 110).
“De un modo demostrativo dijo: "Este
es mi cuerpo y Esta es mi sangre" ; no
pensaras era figura lo que se ve, sino que por una razón
oculta, era transformado por el omnipotente Dios en cuerpo y
sangre de Cristo verdaderamente ofrecida, de lo cual hechos participantes,
recibimos la vivificante y santificante virtud de Cristo.” (Ex
S. Cyrillo Alexan. In Matth. comment. n. 26).
“El Cuerpo está verdaderamente unido a la divinidad, el
cual tuvo principio de la santa virgen; no porque descienda el
cuerpo que fué recibido del cielo, sino porque el mismo
pan y vino se transmudan en cuerpo y sangre. Si quieres saber de
qué modo se haga esto, sea para ti suficiente saber que
se hace por el Espíritu Santo. Así como de la Santa
Madre de Dios, el Señor tomó para sí la carne,
la cual subsistiese en el mismo, ni sabemos o entendemos nada más,
sino que la palabra de Dios es verdadera y eficaz y que todo lo
puede, pero el modo cómo se realizó no podemos investigarle.
No es ajeno a esto decir, que así como naturalmente el pan
por la digestión, y el vino y agua con la bebida se transforman
en cuerpo y sangre del que come y bebe, ni se hacen otro cuerpo
diferente del que antes existía, así el pan que estaba
preparado, el vino y el agua, mediante la invocación
del Espíritu Santo y su existencia, sobre lo que puede la
naturaleza se convierten en cuerpo y sangre de Cristo de tal manera
que de ningún modo sean dos cosas, sino una misma. Ni el
pan y el vino son figura del cuerpo y sangre de Cristo, lo cual
no permita Dios lo creamos, sino el mismo cuerpo del Señor
dotado de la divinidad, habiendo dicho el mismo Señor: Este
es, no figura del cuerpo, sino mi cuerpo, ni figura de
la sangre, sino mi sangre. Por lo cual si algunos
llamaron al pan y vino antitipo del cuerpo y sangre del Señor,
como lo hizo el divino Basilio, esto no lo dijeron después
de la consagración, sino que dieron este nombre a las oblaciones
antes que fuesen consagradas. Se llaman antitipos de las cosas
futuras, no porque no sean verdaderamente cuerpo y sangre
de Cristo, sino porque ahora por ellos nos hacemos participantes
de la divinidad de Cristo, y después íntelectivamente
por la sola visión.” (Ex S. Joanne Damas. De fide orthodoxa,
n. 13).
“Los herejes docetas se abstienen de la Eucaristía y oración,
porque no creen que la Eucaristía sea la carne de nuestro
Salvador Jesucristo, la cual padeció por nuestros pecados,
la cual el Padre por su benignidad resucitó. Por lo mismo
los que disputando contradicen el don de Dios, mueren.” (S. Ignat.
Antioch. Epist. ad Smyrneos, n. 7).
“¿Cómo constara a los mismos herejes
que aquel pan con el cual se han celebrado gracias, sea el cuerpo
de su Señor,
y el cáliz de su sangre, si no confiesan que él mismo
que fabricó el mundo es el Hijo, esto es su Verbo, por el
cual el árbol fructifica, manan las fuentes, y la tierra
primeramente da el heno, después la espiga, y finalmente
el trigo que llena la espiga?” (Ex S. Irenaeo. Adver. haereses.
18).
“Os quiero instruir con los ejemplos de vuestra religión.
Sabéis, vosotros que acostumbráis asistir a los divinos
misterios, de qué modo, cuando recibís el cuerpo
del Señor, con toda cautela y veneración le guardáis,
no se caiga de él un poco, no se resbale algo del don consagrado
; pues os creéis reos, y rectamente creéis,
si algo cae por negligencia. Por lo cual si para conservar su cuerpo
usáis de tanta cautela, y con razón la usáis, ¿cómo
pensáis que es menor culpa despreciar la palabra de Dios
que despreciar su cuerpo?” (Ex Origene. In Exod. Hom. n. 13).
“Después que comieron los discípulos
el pan nuevo y santo, y con la fe entendieron que ellos por medio
de él
comían el Cuerpo de Cristo, continuó Cristo explicando
y entregando todo el sacramento. Tomó y mezcló el
cáliz del vino; después le bendijo, signó y
santificó asegurando que era su sangre que había
de ser derramada. Cristo les mandó que bebiesen y les explicó que
aquel cáliz que bebían era su sangre: “Esta
es verdaderamente mi sangre que por todos vosotros se derrama;
tomadle, bebed todos de él, porque es el nuevo
testamento en mi sangre.” Así como habéis visto
que yo he hecho, así lo haréis en conmemoración
mía. Cuando os congregareis en mi nombre en la Iglesia
en todos lugares, haced lo que hice, en memoria mía; comed
mi cuerpo, y bebed mi sangre, testamento nuevo y antiguo.
(Ex Ephraem. Sermo 4 in hebd. Sane).
“Por lo cual con toda persuasión comamos como cuerpo y
sangre de Cristo. Pues en figura de vino se te da la sangre, para
que cuando hayas tomado el cuerpo y sangre de Cristo, te hagas
de un mismo cuerpo y sangre con él. Si distribuído
en nuestros miembros su cuerpo y sangre somos hechos Cristíferos,
así, según el Bienaventurado Pedro, nos hacemos
consortes de la naturaleza divina.” (Ex S. Cyrillo Hierosol.
myst., 4).
"El cáliz de bendición que bendecimos ¿acaso
no es la comunicación de la sangre de Cristo? Muy fielmente
lo dijo, y terriblemente; con esto quiere significar: esto que
está en el cáliz, es lo mismo que manó del
costado, y somos participantes del mismo. Le llamó cáliz
de bendición, porque teniéndole en nuestras manos
así celebramos al mismo, admirándonos, sobrecogidos
de terror por el don inefable, bendiciendo por haberle derramado,
para que no permaneciéramos en el error, y no sólo
derramó sino que él mismo ha dado a cada uno de
nosotros. Por lo tanto si deseas sangre, dijo, vete no al ara
de los ídolos ensangrentada con los brutos, sino a mi
altar rojo con mi sangre. ¿Qué cosa más
horrible que ésta? ¿Qué, pregunto, más
amable? Otra cosa veo, ¿cómo tú me dices
que reciba el cuerpo de Cristo? Esto aún nos falta que
la misma naturaleza se muda.” (Ex S. Ambrosio. De mysteriis,
n. 50).
“Asimismo Cristo tomando el pan y el cáliz, dijo: "Este
es mi cuerpo y mi sangre." Pues no es tipo del cuerpo
ni tipo de la sangre, como algunos soñaron obcecados,
sino según la verdad, cuerpo y sangre de Cristo.” (Ex
Mario Magnes.)
“Diciendo el Señor: Si no comiereis la carne del Hijo
del hombre y bebiereis su sangre, no tendréis vida en
vosotros, así debéis comulgar en la sagrada
mesa, que nada absolutamente dudéis de la verdad del cuerpo
y sangre de Cristo. Con la boca tomamos lo que por la fe se cree;
y teniendo bien entendido que en vano responden amen aquellos
que disputan de lo que reciben.” (Ex S. Leone I, Papa, Serm.
91).
“Catecismo Romano comentado” por el P. Alfonso Mª Pubianas,
O. S. B. monje de Montserrat. Editorial Litúrgica Española
S. A., Barcelona, 1926.