EL DRAMA LITÚRGICO
Notas y Comentarios
(Desde el comienzo hasta el Ofertorio)
(1) Se han suprimido las oraciones al pie del altar. La Iglesia romana no había conservado el simbolismo de la entrada en el "Sancta Sanctorum" del templo de Jerusalén; sí lo hicieron las Iglesias orientales, en las que los prestes pasan más allá del iconostasio para celebrar el misterio de la eucaristía recatados de los ojos de la multitud; pero la idea de esta solemne entrada en el lugar del sacrificio se conservó en esas oraciones previas. Algo más que el simbolismo se ha perdido al abolir estas preces al pie del altar, y no compensa su pérdida el breve saludo pronunciado por el oficiante de cara a los fieles desde la sede, al que sigue un confiteor abreviado y rezado conjuntamente. Si el altar es sencillamente una mesa desnuda colocada en medio de un vestíbulo desierto, sin sagrario o barandilla de comulgatorio, no se ve lugar alguno en el que se pueda entrar.
Se puede probar con toda certeza que jamás ha existido, ni en la Iglesia de Oriente, ni en la de Occidente, una celebración "versus populum", sino que únicamente todos se volvían hacia Oriente para rezar. Fue Martín Lutero el primero que pidió que el sacerdote en el altar se volviese al pueblo.
Al proclamar la palabra de Dios, el sacerdote aparece realmente como el que tiene una ofrenda que hacer. Durante el sermón, el sacerdote se vuelve al pueblo. Pero las cosas son completamente distintas en la celebración eucarística propiamente dicha. Aquí la liturgia no es una "ofrenda" sino un acontecimiento sagrado en el curso del cual se unen los cielos y la tierra y el Dios de la gracia se inclina hacia nosotros. Por ello, para orar, la mirada de los asistentes y la del celebrante debe dirigirse hacia el Señor. Solo en el momento de la distribución de la comunión, la cena eucarística en su verdadero sentido, se da un cara a cara entre el sacerdote y el que comulga.
Precisamente estos cambios en la posición del sacerdote en el altar durante la misa, tienen un sentido simbólico y sociológico verdadero. Cuando el sacerdote ora y sacrifica tiene, al igual que los fieles, los ojos puestos en Dios; y cuando explica la palabra de Dios o distribuye la eucaristía se vuelve hacia el pueblo. Este principio hasta ahora se había observado constantemente; pero, sobre todo por razones teológicas, ha sobrevenido un cambio en la Iglesia romana. El futuro mostrará las graves consecuencias de este cambio (Klaus Gamber, op.cit., pág. 41).
En adelante sufriremos una liturgia que no se centra ya en Dios –hasta ahora los ojos de los fieles estaban fijos en su Hijo, hecho hombre, clavado en una cruz y en las imágenes de los Santos– sino en la parroquia reunida para la cena comunitaria. La asamblea se asienta dando la cara al "presidente de la celebración eucarística" y espera de este último (si ha asimilado bien el "moderno" espíritu de la Iglesia) que sea no tanto el intermediario de la gracia de Dios, sino más bien quien le facilite las ayudas y los medios para su vida diaria y sus necesidades. (K.Gamber, op.cit., p.54)
(2) En la oración del "Confiteor", que se recita ahora solo en forma colectiva, el sacerdote ya no es más juez, testigo y mediador ante Dios; por consiguiente, no se imparte más al pueblo la absolución sacerdotal, que se tenía en el antiguo rito. En efecto, el sacerdote viene simplemente connumerado entre los "hermanos".
Esto coincide con la pretensión protestante de transformar al sacerdote en un "presidente" de la asamblea de fieles, participando todos indistintamente del sacerdocio colectivo.
Además, el Confiteor es solamente opcional y el celebrante puede omitirlo si lo desea.
Desde el comienzo, el acento está puesto en la presencia espiritual del Señor, que va a dominar la ceremonia. Tras haberle quitado valor a la presencia de Cristo víctima, hecho presente substancialmente por la acción del sacerdote ministerial, el nuevo misal exalta la presencia espiritual del Señor, presencia cuyo ministro es el pueblo de Dios.
(3) Por medio del "Confiteor" que decía el sacerdote solo, se demostraba claramente cómo él mismo, como ministro en representación de Cristo, profundamente inclinado, se reconocía indigno de celebrar el "tremendo misterio" y más aún de ingresar al Sancta Sanctorum (en la oración "Aufera nobis"). Además esta oración evoca el sacrificio del Antiguo Testamento, con el sacerdote entrando en el Santo de los Santos para ofrecer la sangre de las víctimas.
(4) Por ello, también invocaba (en la oración "Oramus Te Domine") los méritos e intercesiones de los Santos Mártires, cuyas reliquias se guardaban en el altar y que, por lo tanto, lo convierten en algo distinto de una simple mesa. Ambas oraciones han sido abolidas.
Un alma perdonada no es por eso plenamente acepta a Dios: en la medida en que aún no ha cumplido toda justicia sufriendo la pena debida al pecado, el alma sigue siendo parcialmente injusta, y por eso, incapaz de ofrecer por sí misma un sacrificio agradable. El misal revisado por San Pío V destaca desde el comienzo esta indignidad y la remedia interponiendo a cada momento, entre el celebrante y Dios, al mediador principal, Jesucristo, y a mediadores subordinados, los santos. El nuevo misal, en cambio, ca-si ha suprimido esta mediación de Cristo en la ofrenda del sacrificio. La expresión: "Por Cristo Nuestro Señor" se ha vuelto facultativa en la Plegaria Eucarística 1, y ha sido suprimida en el texto de las demás Plegarias Eucarísticas (solo aparece al final para introducir el Per ipsum). Respecto a los' santos, las invocaciones mencionadas no se han conservado en ninguna de las nuevas Plegarias. Solamente la Plegaria eucarística 3 menciona una vez la intercesión de los santos, pero ninguna de ellas recurre a sus méritos.
(5) En el himno de alabanza (Gloria), el texto unificado en lengua española traduce et in terra pax hominibus bonae voluntatis, del Misal de Paulo VI, por "y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor". Se dice que esta traducción está calcada del Evangelio de San Lucas en su original griego (Lc 2, 14). Pero es claro que la Iglesia siempre ha interpretado este versículo del evangelio en el sentido de que trata solo de la paz que ya poseen los hombres de "buena voluntad" (en griego = Dóxa en hypsístois Theo kai epi ges eiréne en anthrópis eudokías). "Eudokías" al terminar en sigma indica que está en genitivo y quiere decir "de buena voluntad" (bonae voluntatis).
(6) Se reduce al singular el plural de "los pecados del mundo" más afín con la idea protestante de la corrupción total de la naturaleza (ver nota 51).
(7) En conformidad con la concepción del culto protestante, la nueva organización de las lecturas sirve en primer lugar para la instrucción y "edificación" de la asamblea. Esta nueva organización ha sido visiblemente elaborada por exégetas y no por liturgistas (Klaus Gamber, op.cit., pág. 39)
En la medida en que el nuevo misal disminuye la Presencia Real, en esa misma medida aumenta la importancia de la Biblia. La Escritura y la Eucaristía se describen a menudo en la Presentación General del mismo modo, como si no fueran más que dos formas del único alimento dispensado en este banquete pascual: (IGMR N° 8, 33, 34, 56).
El Misal revisado por San Pío V reservaba estrictamente las lecturas de la Sagrada Escritura a los ministros sagrados. Con esto manifiesta la mediación necesaria de la jerarquía eclesiástica en la transmisión de la Revelación. Por el contrario, en el nuevo misal se celebra la Sagrada Escritura en sí misma, y no ya en cuanto que la anuncia la jerarquía de la Iglesia. Esto explica que la función del lector se pueda atribuir a un seglar (IGMR, N° 66, 70).
En el nuevo rito la profesión de fe se puede hacer, especialmente en el tiempo de Cuaresma y en la Cincuentena pascual, con el llamado "Símbolo de los Apóstoles" conocido popularmente como el "Credo corto".
(8) Es grave que se traduzca "de la misma naturaleza", fórmula por lo menos imprecisa que no expresa con claridad la identidad de substancia entre el Padre y el Hijo. Tanto es así que el Concilio de Nicea, en el año 325, para condenar el arrianismo impuso el término "consubstancial' (en griego homoousion, ) en vez del homoiousion, (semejante en la substancia) de los llamados semiarrianos. La expresión "de la misma naturaleza", más débil aún, proviene de la fórmula de Sirmium, en el año 357; para los arrianos, Cristo era creatura del Padre, con el que nada tenía de consubstancial. (1)
(9) Falta la referencia al poder temporal de Pilato. Se cambió por "en tiempos de Poncio Pilato", lo cual no parece poder fundarse en la importancia de este procurador romano (por cierto, no se recordaría hoy si no fuera por su inicuo papel en la Pasión de Cristo).
Este cambio parece intencionalmente buscado para silenciar la concesión que Cristo hizo al poder temporal ("Tú no tendrías poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo Alto", Jn 19, 11), algo que rechazan ciertas corrientes teológicas que quieren presentar a Cristo cumpliendo el papel de un rebelde recalcitrante enfrentado a las autoridades romanas de su tiempo.
(10) El fin inmanente de la Misa: cualquiera sea la naturaleza del sacrificio, pertenece a la esencia de la finalidad de la Misa el que sea agradable a Dios, aceptable y aceptado por Él. Y el único aceptado ahora con derecho por Dios es el Sacrificio de Cristo. Por el contrario en el Novus Ordo la naturaleza misma de la oblación es deformada en un mero intercambio de dones entre Dios y el hombre: el hombre ofrece el pan que Dios transmuta en "pan de vida"; el hombre lleva el vino que Dios transmuta en "bebida espiritual". Son fórmulas vagas e indefinidas que, de por sí, pueden significar cualquier cosa. El cambio del que se habla es "espiritual" pero no "substancial" (cfr. Breve Examen..., pág. 37-38).
(11) En el Ofertorio se dice: nobis fiet painis vitae y nobis fiet potus spiritalis respectivamente. Son ambiguas las traducciones: "será para nosotros pan de vida" y "será para nosotros bebida de salvación". Por otra parte el verbo latino fio significa hacerse, convenirse. El pronombre personal latino nobis es el dativo antepuesto al verbo. Al traducirse por será para nosotros se induce a los fieles al error subjetivista pues se puede interpretar que el pan y el vino "serán" pan de vida y bebida de salvación, no en realidad, sino tan solo "para nosotros", es decir, "según nosotros".
Además, la Iglesia siempre ha distinguido, por una parte, la inmolación incruenta realizada en la consagración, y por otra, la ofrenda sacrificial, considerada esta última como "oblación estrictamente dicha", por la cual los participantes se unen a la oblación sacramental que Cristo sacerdote ha realizado en la persona de su ministro. La inmolación incruenta de la consagración que "se realiza por solo el sacerdote, en cuanto representa la persona de Cristo, no en cuanto representa a los fieles", es propiamente sacramental: acción de Cristo, actúa ex opere operato. Por el contrario, la oblación en sentido estricto solamente actúa ex opere operantis: esta participación consiste en que los asistentes se unan "por su deseo" a la ofrenda sacramental que Cristo sacerdote hace de sí mismo a su Padre en la persona de su ministro. Como el nuevo misal no hace ninguna distinción, pasa sistemáticamente en silencio la acción propiamente sacramental cuyo único agente es el sacerdote ministerial, bajo la moción de Cristo, sacerdote principal. De ahora en más, la ofrenda no le pertenece propiamente al celebrante sino al pueblo reunido. Por eso el sistemático uso del plural en oraciones donde antes había una referencia singular al sacerdote o directamente su eliminación (p.ej. "Recibe, oh Padre santo...", pág. 50).
(12) La eliminación de la oración "Recibe, oh Padre Santo..." responde a la pretensión protestante de negar el carácter sacrificial propiciatorio de la Misa, salvo en el sentido de un vago sacrificio de alabanza; para ellos la Cena es una especie de comida comunitaria. Los redactores del nuevo misal juzgaron que era preciso restituir lo que hoy llamamos "el relato de la institución" de la eucaristía, al contexto que le es propio, el de las berakoth rituales de la comida judía ("Bendito seas, Señor, ...) Estas palabras son las de una acción de gracias ordenada enteramente al banquete pascual.
(13) La oración "Oh Dios..." recordaba a la vez la primitiva condición de inocencia del hombre y su presente condición redimida por Cristo.
(14) En otra fórmula traducida se decía lo siguiente: "Por el misterio de este agua y vino, haznos partícipes de la divinidad de Aquel que se dignó participar de nuestra humanidad". Hay diferencia en el acento: no es lo mismo que Cristo participe de nuestra humanidad que comparta nuestra condición humana. Esta condición implica necesariamente el pecado y todas sus lacras.
Aquí no se aclara de ninguna manera que Cristo no pudo compartir este aspecto ineludible de la condición humana ni tampoco el hecho de que, Cristo, si bien es verdadero hombre porque tiene la misma naturaleza que nosotros, no la tiene en idénticas condiciones de existencia que nosotros (cfr. O.E. 4, pág. 67). Por ejemplo:
Nace de una mujer, pero es una Virgen, sin intervención de varón.
Crece y se hace mayor, aprende un oficio, pero también sabe lo que no aprende: "¿Cómo sabe éste letras, no habiendo estudiado?" (Jn 7, 15).
Es tentado, pero solo exteriormente: "Viene el príncipe de este mundo, que en Mí no tiene nada" (Jn 14, 30).
No siente la tristeza o la ira sino que él las enciende: "Jesús, viéndola llorar... se turbó a sí mismo" Un 11, 33).
Sufre el extremo dolor, pero junto con el extremo gozo beatífico: "Digo estas co sas estando aún en el mundo, para que ellos tengan en sí mismos el gozo cumpli do que tengo Yo" (Jn 17, 13).
Muere, pero no le quitan su vida, sino que la entrega y la recupera: "Tengo el poder de ponerla (mi vida), y tengo el poder de recobrarla" (Jn 10, 18).
(15) Se suprime la oración propiciatoria "Offerimus tibi" que imploraba la clemencia. El sacrificio de la Misa se ofrece a Dios para cuatro fines. Uno de ellos es el propiciatorio, para aplacarlo y darle alguna satisfacción de nuestros pecados y para ofrecerle sufragios por las almas del purgatorio (los otros tres son el fin latréutico o adoración, el eucarístico o de acción de gracias por sus beneficios y el impetratorio o de petición). En el Novus Ordo se diluye el aspecto propiciatorio por los pecados, sea de los vivos, sea de los difuntos, en beneficio de la nutrición y santificación de los presentes.
(16) En el Ofertorio del pan y del vino se traduce tibi offerimus por "te presentamos" en lugar de "te ofrecemos". Obsérvese que el verbo ofrecer posee cierto sentido sagrado, del cual carece el verbo presentar.
(17) Supresión de la oración "Ven Santificador...". Quedan también abolidas o son consideradas optativas, según el caso:
las genuflexiones, de las que solo quedan tres por parte del sacerdote y una por parte del pueblo en el momento de la Consagración (y ésta, so-metida a muchas excepciones).
las abluciones de los dedos sobre el cáliz.
la preservación de los mismos dedos de cualquier contacto profano después de la Consagración.
la purificación de los vasos sagrados que no se manda hacer necesaria-mente de inmediato después de la sunción del cáliz, ni sobre el mismo corporal.
la palia, con la cual se protegía la Preciosísima Sangre de Cristo en el cáliz.
el dorado de los vasos sagrados.
la consagración del altar móvil.
la piedra sagrada y las reliquias en el altar móvil.
los tres manteles del altar, de los cuales ahora solo se prescribe uno.
prescripciones antiguas en el caso de que la Hostia consagrada cayera en tierra, que se reducen a solo esto: "tómese reverentemente la hostia". (cfr. Breve Examen..., pág. 49-51).
En la recepción de la comunión se ha establecido ampliamente una actitud desacralizante: la de recibirla de pie y en la mano, en lugar de hacerlo de rodillas y en la boca, en signo de adoración y de respeto. Y recuérdese que la comunión en la boca es un claro signo no solo de la presencia real y sustancial del Señor sino también de la distinción esencial entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial.
(18) Desaparece del Ofertorio esta plegaria ("Recibe, Trinidad Santa...") que alude al fin último de la Misa que es la alabanza que debe tributarse a la Santísima Trinidad. También desapareció la oración a la Santísima Trinidad de la conclusión pues ya no se dirá más "Séate grato..." (véase pág. 94 y cfr. nota 57) y el prefacio de la Santísima Trinidad se dirá solo una vez al año (fiesta de la Santísima Trinidad, véase pág. 58).(2)
(19) Como se observa, desaparece en la "presentación de los dones" el clima sacrificial que caracteriza al ofertorio del rito tradicional: este último precisa que el sacrificio se ofrece por nuestros pecados (Suscipe sancte Pater), puesto que queremos separarnos de nuestros pecados y de los impíos por la contrición (Lavabo). A Dios le ofrecemos pues la hostia inmaculada (Suscipe sancte Pater) y el cáliz de salvación (Offerimus), en el marco de la Redención obrada por Jesucristo (Deus, qui humanae y Suscipe, sancta Trinitas), recurriendo a la intercesión de los santos (Suscipe sancta Trinitas). Le imploramos a Dios humildemente (In spiritu humilitatis) que acepte (ibídem), por su misericordia, este sacrificio para gloria de su nombre (Veni, Sanctificator y Suscipe sancta Trinitas), para que nos alcance la salvación (Suscipe sancte Pater, Offerimus y Suscipe, sancta Trinitas) a los vivos y a los difuntos (Suscipe sancte Pater). Estas alusiones tan numerosas ya no aparecen en la nueva "presentación de los dones". Por esto, puede decirse (en coincidencia con los mismos impulsores de la reforma litúrgica): "Se ha pasado de un sentido directo de ofertorio a una simple presentación y colocación sobre el altar de los dones que serán -pan de vida y bebida de salvación- (J. M. Martín Patino, A. Pardo, A. Iniesta y P. Farnes, Nuevas normas de la Misa, BAC, p. 125, cit. en El problema de la reforma litúrgica, La misa de Vaticano II y de Pablo VI, Fudación San Pío X).
La lectura de la Institutio geineralis Missalis romarni (IGMR) no deja ninguna duda sobre este tema: la finalidad propiciatoria no se menciona jamás, mientras que la finalidad eucarística aparece varias veces (N°2, 7, 48, 54, 55, 62. 259, 335 y 339). Además, mientras en la IGMR se habla de "celebración eucarística", de "liturgia eucarística", de "plegaria eucarística", la palabra "misa" queda borrada, sin hablar de la expresión "sacrificio de la misa", convertida en algo obsoleto (cfr. El problema de la reforma litúrgica, pág. 45-46).
(20) En la aclamación que sigue al Prefacio, es decir, en el Sanctus, se traduce Dominus Deus Sabaoth por el Señor, Dios del Universo. La voz hebrea "Sabaoth" significa "de los Ejércitos", y se refiere tanto a los Ejércitos de la Iglesia triunfante (los ángeles y los santos del cielo) como a los Ejércitos de la Iglesia militante o peregrinante. Queda silenciado, por tanto, el carácter de milicia de Cristo que debemos tener los fieles cristianos, tanto en el ámbito individual, como familiar y social.
(1) Vale la pena citar aquí lo que pensaba Jaques Maritain (1882-19731. Si bien es acertada la afirmación de Jean Guitton de que Maritain fue "uno de los padres de lo que hoy se define como progresismo eclesial", el autor del discutido (y discutible) "Humanismo integral" consideraba "inaceptable" este punto de la traducción del Credo en francés. En un "memorándum" que escribió en 1965 para el papa Paulo VI. Maritain decía:
"Con el pretexto de que la palabra «sustancia» y, a fortiori, la palabra «consubstancial» son hoy imposibles, la traducción francesa de la misa hace decir a los fieles, en el Credo, una fórmula que es errónea en sí, e incluso estrictamente hablando, herética. Nos hace decir que el Hijo, engendrado, no creado, es «de la misma naturaleza que el Padre»: que es exactamente el homoiousios de los arrianos o semiarrianos, contrapuesto al homoousios o consubstantialis, del Concilio de Nicea. Por rechazar una iota se padeció en aquel tiempo persecución y muerte. Todo esto pertenece al pasado. (...) Si diciendo la palabra consubstancial las personas no saben qué quiere decir, se puede esperar que se lo pregunten al clero, que les recordará el catecismo y el sentido del dogma. Pero si estas personas dicen en el Credo que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre, no se preocuparán nunca de pedir una explicación, precisamente porque se han elegido palabras que para ellos no tienen ninguna dificultad, que entienden tan fácil-mente como cuando dicen, hablando con cualquiera, que un pájaro es de la misma naturaleza que otro pájaro. ¿Qué importa? —se dirá tal vez—, se trata solo de una fórmula (...) Desde el momento que lo que p iensan sobre el Padre y el Hijo es justo y exento de errores, no importa que para expresarlo usen una piensan aproximada... La verdad es que importa mucho. Porque, o bien los fieles en cuestión piensan bien usando una fórmula errónea y sabiendo que es errónea: y de hecho esos fieles... están obliga-dos a mantener el silencio o a hablar contra su conciencia; o piensan bien usando una fórmula errónea y sin saber que es errónea. En los dos casos se engaña a esos fieles. (...) Añado que los traductores ingleses... no han tenido escrúpulos en usar la palabra consubstancial, ni han pensado que los fieles pudieran sin inconvenientes, pensando bien, decir una fórmula que en sí misma está en desacuerdo con la fe católica".
Como se sabe, este error no solo no fue corregido, sino que se ha consolidado su difusión al ser incorpora-da esta fórmula arriana en algunas traducciones oficiales del Catecismo de la Iglesia Católica.
(2) La obra de desacralización se completa con los nuevos y toscos ritos del Ofertorio: se realza directamente la condición del pan, y no del pan ázimo: se concede la facultad de tocar los vasos sagrados a los mismos monaguillos (y también sin discriminación a los mismos laicos que se acercan a la comunión bajo ambas especies); se armará una barahúnda increíble en el templo, donde sin parar se suceden alternadamente el sacerdote, el diácono, el salmista, el comentarista (pero hasta el mismo sacerdote parece ser rebajado al grado de comentarista, ya que continuamente se lo invita a que explique lo que va a hacer), los lectores (sin excluir a las mujeres).... (cfr. Breve Examen... pág. 83).
Augusto del Río “El drama litúrgico”