EL SANTO ROSARIO, PRENDA DILECTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE
MARÍA
Viernes 22
de agosto: Fiesta del Inmaculado Corazón de María
La
meditación de los principales misterios de la vida de Jesús
y de Mana constituye como el alma del Rosario, así como el
rezo vocal de los Padrenuestros y Avemarías constituye como
su cuerpo material. Ambas cosas son absolutamente necesarias
para que exista el Rosario. Quien se limitare a rezar los Padrenuestros
y Avemarías, pero sin meditar en los misterios, haría,
sin duda, una excelente oración, pero no rezaría
el Rosario. Y el que meditara atentamente los misterios, pero sin
rezar los Padrenuestros y Avemarías, haría una excelente
meditación, pero es claro que tampoco habría rezado
el Rosario. Para que exista el Rosarios preciso, imprescindiblemente,
juntar las dos cosas: rezo de las oraciones y meditación de
los misterios.
¿De qué modo se puede rezar eficazmente el Rosario?
Para obtener del santo Rosario toda su eficacia impetratoria y santificadora,
es evidente que no basta rezarlo de una manera mecánica y distraída,
como podría hacerlo una cinta magnetofónica. Es preciso
rezarlo digna, atenta y devotamente, como cualquier otra
oración vocal.
En teoría hay que reconocer que es difícil rezar bien
el Rosario, precisamente porque hay que juntar la oración vocal
con la mental, so pena de invalidarlo en cuanto Rosario. Pero en la
práctica es fácil encontrar algunos procedimientos que
ayudan eficazmente al rezo correcto y piadoso de la gran devoción
mariana.
El Rosario debe rezarse dignamente. Esta primera condición
exige, como programa mínimo, que el rezo del Rosario se haga
de una manera decorosa, como corresponde a la majestad de Dios, a
quien principalmente dirigimos nuestra oración.
El mejor procedimiento es rezarlo de rodillas ante el Sagrario o ante
una devota imagen de María, pero en general puede rezarse en
cualquier otra postura digna modestamente sentado, paseando por el
campo, etc. Sería indecoroso rezarlo en la cama- salvo por
razón de enfermedad, o interrumpiéndolo constantemente
para contestar a preguntas ajenas al rezo, o en un lugar público
y concurrido que hiciera poco menos que imposible la atención.
El Rosario debe rezarse atentamente. La atención es
necesaria para evitar la irreverencia que supondría si fuera
plenamente voluntaria. ¿Cómo queremos que Dios nos escuche,
si empezamos por no escucharnos a nosotros mismos?
Sin embargo, no toda distracción es culpable. No tenemos el
control despótico sobre nuestra imaginación, sino únicamente
político, y no podemos evitar que se nos escape sin permiso,
como un siervo desobediente e indómito, que tal es "la
loca de la casa" (la imaginación). Las distracciones
involuntarias no invalidan el efecto meritorio e impetratorio de la
oración, con tal que se haga lo posible por contenerlas y evitarlas.
Escuchemos a Santo Tomás explicando admirablemente este punto
interesantísimo al preguntarse "si la oración
debe ser atenta":
"Esta cuestión afecta principalmente a la oración
vocal. Y para resolverla con acierto hay que distinguir, en primer
lugar, lo que es mejor y lo que es absolutamente necesario. Es evidente
que para obtener el fin de la oración es mejor que sea atenta.
Sin embargo, si nos fijamos en lo que es absolutamente necesario,
hay que distinguir en la oración un triple efecto: meritorio,
impetratorio y cierto espiritual deleite que produce en el alma del
que ora.
"Para los efectos meritorio e impetratorio, no es necesario que
la oración sea atenta de una manera constantemente actual (o
sea, todos y cada uno de los momentos) sino que basta y es suficiente
la atención virtual, que es aquella que se puso al principio
de la oración y perdura a todo lo largo de ella aunque se produzcan
distracciones involuntarias. Desde luego, si faltara la primera intención,
la oración no sería meritoria ni impetratoria. En cambio,
la atención actual es absolutamente necesaria para obtener
aquel espiritual deleite que lleva consigo la oración fervorosa,
que es incompatible con la distracción, aunque sea involuntaria.
"Téngase en cuenta, además, que en la oración
vocal puede ponerse una triple atención. La primera y más
imperfecta se refiere a la correcta pronunciación de las palabras
de que consta. La segunda se fija en el sentido de esas palabras.
La tercera, finalmente, pone todo su empeño en el fin de la
oración, o sea, en Dios y en la cosa por la que se ora. Esta
última es la más importante y necesaria y pueden tenerla
incluso las personas de cortos alcances o que no entienden el sentido
de las palabras que pronuncian (por ejemplo, por rezar en latín).
Esta última atención puede ser tan intensa que arrebate
la mente a Dios, hasta `el punto de hacernos perder de vista todas
las demás cosas".
Teniendo en cuenta estos principios del Doctor Angélico y con
el fin de facilitar la atención en el rezo del santo Rosario
y extraer de él su máxima eficacia santificadora, puede
seguirse el siguiente método, que ha sido ensayado con éxito
por muchas personas que sufrían distracciones en el rezo del
mismo:
1°. Durante el rezo del Padrenuestro, fijarse únicamente
en el sentido maravilloso de cada una de las palabras, sin pensar
para nada en el misterio correspondiente del Rosario, ya que es psicológicamente
imposible atender eficazmente a dos cosas a la vez.
2°. Durante el rezo de las tres primeras Avemarías,
fijarse exclusivamente en el sentido de esas Avemarías, saludando
a la Virgen con ellas y sin tener para nada en cuenta el misterio
a que pertenecen, por la razón ya indicada.
3°. Durante el rezo de las tres siguientes Avemarías,
pensar solamente en el misterio correspondiente que se está
rezando, sin pensar para nada en las Avemarías que se recitan.
4°. Durante las tres o cuatro Avemarías finales,
pensar sólo en las consecuencias prácticas
que se desprenden del misterio correspondiente (ej.: humildad de María,
su amor a la cruz, etc.)
5°. Durante el Gloria, pensar únicamente en glorificar
con él a la Santísima Trinidad.
En segundo término, el Rosario ha de rezarse devotamente.
La devoción consiste en una prontitud del ánimo para
las cosas tocantes al servicio de Dios. Es imposible que el alma no
se sienta llena de devoción si reza tan perfectamente como
le es posible el Rosario.
Una cosa importantísima hemos de advertir aquí. El fin
principal de toda oración vocal o mental es unir el alma con
Dios de la manera más íntima realizable. Todo lo demás,
incluso la impetración de las gracias que pedimos, es secundario
en relación a esta finalidad suprema. De donde hay que concluir
que, si durante el rezo del Rosario o de cualquier otra oración
vocal no obligatoria se sintiera el alma llena de un amor de Dios
tan intenso que el rezo le resultara muy penoso o poco menos que imposible,
habría que suspender inmediatamente el rezo sin escrúpulo
alguno, para "dejarse abrasar en silencio" por
aquella llama de amor viva "que sabe a vida eterna y paga
toda deuda" como dice San Juan de la Cruz.
El rezo del Rosario en las condiciones que acabamos de indicar constituye
una de las más grandes y claras señales de predestinación
que podemos alcanzar en este mundo, al reunir la eficacia infalible
de la oración impetratoria de la perseverancia final y la
poderosísima intercesión de María como mediadora
universal de todas las gracias. Quiera Dios conceder a cada uno de
los lectores el deseo ardiente de un gran devoto de la Virgen en su
doble advocación del Carmen y del Rosario:
Cuando
con blanco sudario
cubran los despojos míos,
¡sálveme tu escapulario
y tengan mis dedos fríos
las cuentas de tu Rosario!
ANTONIO Royo MARÍN O.P.
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STAT VERITAS