Frutos que se consiguen con el estudio de este Catecismo
Si por los frutos se conoce el árbol, necesariamente los que ha de producir este Catecismo han de ser copiosos y excelentes, ya que él es reconocido universalmente por su relevante mérito.
El primer fruto que ha de producir su estudio es la renovación de las ideas y enseñanzas adquiridas en el estudio de la Sagrada Teología. Por esta razón dijo el inmortal León XIII de este Catecismo que era "Un precioso resumen de toda la Teología dogmática y moral". Ahora bien, ¿a quién no puede ser de sumo provecho después de haber terminado el estudio de la ciencia sagrada, conservar siempre claro su recuerdo por medio de un precioso compendio de la misma? Es verdad que a muchos, por razón de sus ocupaciones, ni tiempo les resta para dedicarse sosegadamente a tan provechoso estudio; pero ¿quién no podrá hallar cada día algunos momentos para consagrarlos a una ciencia necesaria, y de tan gran provecho, así para nosotros mismos como para los confiados a nuestro cuidado? Y si bien existen muchos compendios de Teología, ¿cuál como este tan sabiamente escrito, tan claro y de tanta autoridad?
Además, uno de los principales cargos de los que tienen el cuidado de los fieles es la enseñanza catequística. Esta es una obligación ineludible, necesaria y de gran responsabilidad. Su cumplimiento exige preparación, exige estudio, exige un conocimiento perfecto de las verdades cristianas, de las obligaciones propias de cada estado. No basta un conocimiento general y superficial de los divinos dogmas, si la enseñanza catequística ha de ser provechosa y fructífera. La necesidad de esta preparación nos la recuerda el Papa Pío X en su inmortal Encíclica Acerbo nimis, con estas palabras: "No quisiéramos que nadie, en razón de esta misma sencillez que conviene observar, imagine que la enseñanza catequística no requiere trabajo ni meditación; por lo contrario, los exige mayores que otra alguna. Es más fácil hallar un orador sagrado que hable con abundancia y brillantez, que un catequista cuyas explicaciones merezcan en todo alabanza. De suerte que, por mucha facilidad de formar conceptos y expresarlos con que le haya dotado la naturaleza, sépase que nadie hablará bien de Doctrina cristiana, ni alcanzará fruto en el pueblo y en los niños, si antes no se ha preparado y ensayado con seria meditación. Se engañan, pues, los que, fiando en la inexperiencia y torpeza intelectual del pueblo, creen que pueden proceder negligentemente en esta materia; antes al contrario, cuanto mayor sea la incultura del auditorio, mayor celo y cuidado se requiere para acomodar la explicación de las verdades religiosas (de suyo tan superiores a un entendimiento vulgar) a la débil comprensión de los ignorantes, que no menos que los sabios necesitan conocerlas para alcanzar la eterna bienaventuranza". (1)
Esto supuesto, ¿en dónde hallar un libro más propio para la instrucción y formación de aquellos que han de enseñar la Doctrina cristiana al pueblo como el que ofrece a todos los párrocos la Iglesia en el Catecismo Tridentino?
Este debería ser el libro favorito, el más apreciado por los que tienen el deber de ilustrar la mente de los ignorantes en las verdades religiosas, por los que han de procurar la verdadera regeneración de la sociedad cristiana mediante el conocimiento de las verdades de la fe, únicas que, enseñando al cristiano sus deberes, su dignidad, su fin sobre la tierra, pueden hacerle feliz en este mundo, mostrándole el camino infalible de la verdadera dicha mediante el amor y la obediencia a su Padre celestial.
Este debería ser el consultor y el maestro de aquellos que, por amor de Dios y del prójimo, se todo fruto sazonado, nada se halla en el inútil, nada superfluo.
Es modelo perfectísimo que todos deberíamos imitar en la exposición de las verdades religiosas. Cuantas veces lo leo, 'me admiro del modo ingenio-so con que sabe proponer los misterios de la fe para hacernos comprender la importancia de los mismos.
He aquí, en confirmación de esto, cómo empieza a tratar de cada uno de los Sacramentos:
Del Sacramento del Bautismo. —"El que atentamente leyere al Apóstol tendrá por cosa cierta que el perfecto conocimiento del Bautismo es muy importante a los fieles, persuadiéndose de esto por la mucha frecuencia y gravedad de palabras llenas del Espíritu de Dios con que el santo renueva la memoria de este misterio, recomienda su divina virtud y nos pone ante los ojos la muerte, sepultura y resurrección del Redentor, ya para considerarlas, ya también para imitarlas".
Del Sacramento de la Confirmación. —"Si algún tiempo requiere en los Pastores gran cuidado para explicar el Sacramento de la Confirmación, ninguno en verdad más que el presente pide que se exponga con toda claridad, cuando en la Iglesia de, Dios muchos abandonan del todo este Sacramento y son poquísimos los que procuran sacar de él el fruto que deberían de la divina gracia".
Del Sacramento de la Eucaristía. —"Así como entre todos los sagrados misterios que como instrumentos ciertísimos de la divina gracias nos encomendó nuestro Salvador y Señor, ninguno hay que pueda compararse con el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, así tampoco hay que temer de Dios castigo más severo de alguna otra maldad, como de que no se trate por los fieles santa y religiosamente una cosa llena de toda santidad, o más bien, que contiene al mismo Autor y fuente de la santidad".
Del Sacramento ele la Penitencia. —"Así como es a todos manifiesta la fragilidad y miseria de la naturaleza humana y cada uno luego la reconoce en sí por experiencia propia, así ninguno puede ignorar lo muy necesario que es el Sacramento de la Penitencia. Y por esto, si el cuidado que han de poner los párrocos en cada argumento debe medirse por la gravedad e importancia del asunto que tratan, necesariamente debemos confesar que, por muy diligentes que sean en la explicación de este Sacramento, nunca les ha de parecer suficiente".
Del Sacramento de la, Extremaunción. —Dándonos las Divinas Escrituras, este documento: "En todas tus obras acuérdate de tus postrimerías, y nunca más pecarás", tácitamente amonestan a los párrocos que en ningún tiempo se ha de dejar de exhortar al pueblo fiel a que ande meditando continuamente la muerte. Y como el Sacramento de la Extremaunción no puede menos de recordar este último día, es fácil comprender que se debe tratar de él con frecuencia, así porque conviene en gran manera descubrir y explicar los misterios de lo conducente a la salvación, como también porque, considerando los fieles la necesidad de morir en que todos nos vemos, refrenen sus depravados apetitos".
Del Sacramento del Orden. —"Si se considerare con cuidado la naturaleza y condición de los de-más Sacramentos, luego se verá que, en tanto grado dependen todos ellos del Sacramento del Orden, que, sin él, Apóstol que "cada uno tiene su propio don de Dios, uno de una manera y otro de otra", y además de esto, estando el Matrimonio dotado de grandes y divinos bienes, de suerte que se cuenta verdadera y propiamente entre los demás Sacramentos de la Iglesia Católica, y habiendo el mismo Señor honrado con su presencia la celebración de las bodas, bien podemos comprender que se ha de explicar esta materia, mayormente si atendemos a que, así San Pablo como el Príncipe de los Apóstoles, dejaron escrito en muchos lugares lo relativo al Matrimonio, no solamente en orden a su dignidad, sino también a su oficio".
¿No es verdad que con tan pocas palabras nos enseña la necesidad que hay de explicar cada uno de los Sacramentos, indicándonos los motivos más poderosos y que más deben movernos a procurar que sea perfecta su explicación? Pues bien, como los párrafos transcritos hallará muchísimos quien se resuelva al estudio de este precioso tesoro, pues verdadero tesoro es para todo cristiano ilustrado, para todo celoso catequista, para todo ministro de la divina palabra.
Notas:
(1) "Nolumus porro, ne ex eiusmodi simplicitatis studio persuadeat quis sibi in hoc genere tractando, millo labore nullaque meditatione opus esse: quin immo maiorem plane, quam quodvis genus aliad, requirit. Facilius longe est reperire oratorem, qui copiose dicat ac splendide, quam catechistam qui praeceptionem habeat omni ex parte laudabilem. Quacumque igitur facilitate cogitandi et eloquendi quis a natura sit nactus, hoc probe teneat, numquam se de christiana doctrina ad pueros vel ad populum cum animi fructu esse dicturum, nisi multa commentatione parafum atque expeditum. Falluntur sane qui plebis imperitia ac tarditate fisi, hac in re negligentius agere se posse autumant. E contrario, quo quis ruidores nactus sit auditores, eo maiore studio ac diligentia utatur oportet, ut sublimissimas veritates, adeo a vulgari intelligentia remotas, ad obtusiorem imperitorum aciem accomodent, quibus aeque ac sapientibus, ad aeternam beatitatem adipiscendam sunt necessarias."