Encomios tributados al Catecismo Romano 

Si bien con lo apuntado hasta aquí podemos formarnos el concepto más elevado sobre la excelencia del Catecismo del Concilio de Trento, no queremos perder ocasión tan propicia para dejar consignados algunos encomios tributados al mismo por hom­bres distinguidos, después de estudiar y admirar los tesoros de sabiduría verdaderamente cristiana que en él están como depositados para enriquecer la inteligencia de cuantos en sus hermosas páginas quisieran estudiar la doctrina de la Iglesia.

Si el catolicismo no pudiera ostentar otros mil títulos que le hacen acreedor a la admiración y al amor de todos los hombres, este solo libro sería suficiente para colocarlo en el lugar más eminente y superior al de todas las comuniones separadas de la Iglesia Romana. ¿Cuál de éstas puede ofrecer un compendio tan sabio, tan ordenado y luminoso como el que nos presenta la Iglesia Católica en el Catecismo Romano?

"Sólo él contiene más verdad y ciencia y más espíritu y unción celestial y divina sabiduría que los portentosos y abultados volúmenes de todos los modernos reunidos". —Jorge Eder. In praefat. ad partitiones Catechismi, anni 1567.

"Es como un compendio de todos los Catecismos católicos, porque en él se enseña toda la teología necesaria para la formación de los párrocos e instrucción de los pueblos. Sus doctrinas fueron dic­tadas por el Santo Concilio Tridentino, inspirado por el Espíritu Santo". —Posevino. Bibli., libro VII, capítulo XII.

"Lo que el Santo Concilio de Trento dijo sucintamente sobre las principales verdades de la religión, eso explica y propone más difusa y distintamente el Catecismo Romano según la mente del mismo Concilio. Por lo cual, veo que su doctrina es de tanta autoridad, que el contradecirla es ma­nifiesta temeridad, ya porque la doctrina de este Catecismo es, en cierta manera, doctrina del Concilio Tridentino, ya también porque este Catecismo fué publicado por dos autoridades, a saber: la de un Concilio general y la del Sumo Pontífice, por lo cual, con justa razón, parece se ha de afirmar que fué compuesto con especial asistencia del Espíritu Santo". —Juan Bellarini. In praef. ad lib. De doct. Cathol.

"Si por gran beneficio se suele estimar una obra que por dictamen particular de un hombre se pu­blica para ilustración de la fe católica, ¿cuánto debemos apreciar este Catecismo, que, comenzado por dictamen de un Concilio general, y perfeccionado por los desvelos de los varones más célebres de toda la cristiandad, ha sido confirmado por la autoridad de la Silla Apostólica, y, finalmente, publicado por mandamiento de San Pío V, Pontífice tan prudente como el que más en el gobierno de la Iglesia, y tan santo, que apenas le aventaja otro en estos tiempos en religión? ¿Por ventura, después de las santas Escrituras, hay otra obra que deba ocupar las manos de los Pastores con prefe­rencia al Catecismo Romano?"—Andrés Fabricio Leodio. In praef. ad Catechism.

"Es tal este libro, que sólo él equivale a todos, ya por cuanto consolida toda la jerarquía antigua de la Iglesia, ya también por el método prontísimo con que ataja y extinque las peregrinas extravagancias que esparcen los herejes. Cualquiera que se familiarice con el estudio de este Catecismo, con su frecuente lectura, oirá, no palabras de hombres que se deban examinar a la luz de la razón, o comparar con otros dictámenes de otros sabios, sino las mismas lenguas de los apóstoles que ha­blan las grandezas de Dios". —Alberto, duque de Baviera.

"Este Catecismo es antídoto contra el veneno de las herejías, piedra de toque e infalible norma a cuyo contraste se han de examinar todas las doctrinas, teniendo el primer lugar entre todos los escritos de los Doctores, porque expresa, no el pensamiento de un hombre particular, sino el juicio de toda la Iglesia, que es columna y firmamento de la verdad". —Jaime Bayo.

"El Catecismo Romano es obra tan excelente, que, ya en lo relativo a la gravedad de las sen­tencias, ya por la elegancia de sus palabras, juz­gan los hombres doctos que no ha salido otra más ilustre desde muchos siglos, porque todas las cosas tocantes a la instrucción y educación de las almas, están explicadas en él con tanto orden, tal clari­dad y majestad, que parece no habla hombre algu­no, sino que la santa Madre Iglesia enseñada por el Espíritu Santo, es la que instruye a todos".—Agustín Valerio, cardenal y obispo de Verona.

"Los Pastores y demás encargados de la cura de almas deben traer entre manos día y noche este Catecismo del Concilio Tridentino, que goza en la Iglesia Católica de grandísima autoridad, para que puedan imbuir de sana doctrina y educar con bue­nas costumbres el pueblo que Dios les ha confiado". —Ignacio Jacinto Gravesón.