Concilios y Sumos Pontífices que
lo han recomendado

En la imposibilidad de enumerar los Concilios Provinciales y Sínodos diocesanos que recomendaron este Catecismo como el más propio para la educación religiosa del pueblo cristiano, tan sólo apuntaremos los más importantes.

El primer Concilio Provincial de Milán, celebrado bajo la presidencia de San Carlos Borromeo, el alío de 1565, aun antes de la publicación del Catecismo Tridentino, estableció que "los clérigos, des­pués de haber entrado en los catorce años, a fin de poder meditar de día y de noche la Ley del Señor, en cuya suerte se hallan, tengan, cuando no abundancia, a lo menos el necesario número de libros sagrados; pero imprescindiblemente posean el Antiguo Testamento y el Catecismo que se publicará en Roma, tan pronto salga a luz". Además de San Carlos Borromeo, asistió a este Concilio, Hugo Boncompagnus, miembro que fué también del Concilio Tridentino, y después Sumo Pontífice con el nombre de Gregorio XIII; Nicolás Sfondrato, obispo de Cremora y después Sumo Pontífice con el nombre de Gregorio XIV; el cardenal Guido Fe rreiro, obispo de Vercelli; el cardenal Federico Cornelio, obispo de Bérgamo, y otros muchos, ilus­tres por su virtud, piedad y doctrina, todos los cuales asistieron al Concilio Tridentino.

En el Concilio Provincial de Benevento, celebrado el año de 1567, siendo arzobispo de aquella Sede el cardenal Jaime Sabello, se ordenó a los párrocos y demás que tenían el cuidado pastoral: "Por cuanto su principal cuidado debe consistir en instruir al pueblo que está a su cargo en los artículos de la fe que se contienen en el Credo, en los Mandamientos del Decálogo, en los Sacramen­tos de la Iglesia y en la inteligencia de la oración dominical, para desempeñar esta obligación tengan continuamente entre manos el Catecismo que se ha publicado por disposición de Pío Pontífice, a fin de que así puedan enseñar todas estas cosas según la sana y eclesiástica doctrina". De los diez prelados que asistieron a este Concilio Provincial, seis habían concurrido al Concilio Ecuménico de Trento.

El Concilio Provincial de Rávena, celebrado el año de 1568 y presidido por el cardenal arzobispo Julio Feltrio, en el cap. IV, tít. de Seminario, establece: "Principalmente tengan los seminaristas de continuo entre manos el Catecismo que poco ha se publicó por disposición de nuestro Santísimo Padre Pío V". Este Concilio, al que asistieron quince sufragáneos, fué aprobado por el Papa San Pío V.

El segundo Concilio de Milán, celebrado bajo la presidencia de San Carlos Borromeo el año de 1569, y en el que se reunieron 13 obispos, ordena a los párrocos: "Que, reuniéndose, traten, con frecuen­cia, alguna lección del Catecismo Romano".

El Concilio de Salzburgo del 1569, celebrado bajo la presidencia del arzobispo Juan Santiago, esta­blece en la constitución 26, cap. III: "Cuando los párrocos hubieren de administrar los Sacramentos, como también los obispos cuando hubieren de hacerlo, deben explicar a los que estuvieren a su cargo, la virtud y uso de los Sacramentos en nuestra lengua vulgar alemana, acomodándose a la capacidad de los que los reciben, según lo que se con-tiene en el Catecismo Romano, a la verdad utilí­simo y en nuestros tiempos muy necesario, el cual, traducido también ahora en lengua alemana, todos le pueden adquirir por poco precio". Asistieron al mismo Concilio ocho obispos, siendo confirmado por el Sumo Pontífice Gregorio XIII, el día 5 de julio de 1574.

El tercer Concilio Provincial de Milán, celebrado en 1573 por San Carlos Borromeo, manda: "Que los párrocos usen en la administración de los Sacramentos los lugares y doctrina del Catecismo Romano". Además del cardenal Paulo Adressio, concurrieron trece obispos al mismo Concilio. Fué aprobado por Gregorio XIII.

El Concilio Provincial de Génova, celebrado en el año de 1574 bajo la presidencia de Cipriano Palavicini, dispone: "Que los párrocos reciten a los niños, palabra por palabra, alguna cosa del Catecismo Romano". Este Concilio fué aprobado por la Congregación de los Cardenales, intérpretes del Concilio Tridentino el día 9 de octubre de 1574.

El cuarto Concilio Provincial de Milán, celebrado por San Carlos Borromeo en 1576, ordena: "Que el párroco muestre a la vista, cuando hiciere la visita, entre otros libros, el Catecismo Romano". Y en las advertencias a los clérigos: "Trabajadores dice con el mayor cuidado, para tener presentes y bien considerados, según la doctrina del Catecismo Romano, mayormente los cuatro lugares que son los doce artículos de la fe, los siete Sacramentos, los diez mandamientos y la oración dominical". Este Concilio fué aprobado por el Papa Gregorio XIII.

El quinto Concilio Provincial de Milán, celebrado en 1579 por San Carlos Borromeo, establece: "Que en la enseñanza de los misterios de la fe se siga principalmente la doctrina del Catecismo Romano, También fué aprobado por Gregorio XIII. Además, manda su lectura en los seminarios y que se pregunte a los ordenandos si tiene el Catecismo Romano, averiguando si poseen su doctrina.

En este mismo año de 1579, el clero de toda la Galia, en la asamblea de Melun, ordena: "Que aquellos que tienen cura de almas tuviesen continuamente entre manos el Catecismo del Concilio Tridentino".

El Concilio Provincial de Ruan, celebrado en el año 1581 bajo la presidencia del cardenal Carlos de Borbón, en el tít. De Curat. Officiis, manda: "Para que todo párroco pueda cumplir con su ofi­cio, tengan todos el Catecismo Romano en latín y francés, y, según él prescribe, enseñen la doctrina del Credo, de los Sacramentos, del Decálogo y de-más cosas necesarias para la salvación " . Fué apro­bado por el Sumo Pontífice Gregorio XIII, el 19 de marzo de 1582.

El Concilio Provincial de Burdeos, celebrado en el año 1583 por Antonio Prevoste, en el tít. VIII De Sacramentis, ordena: "A los párrocos que trai­gan continuamente entre manos el Catecismo del Concilio Tridentino, en donde con toda claridad se explica la virtud y eficacia de los Sacramentos". En el tit. XVIII de Parochis, dice: "Todos los días de fiesta expliquen los párrocos al pueblo alguna cosa del Catecismo Tridentino (el cual, publicado ya por nuestra orden en latín y francés, les encargamos le tengan consigo), en orden a todo lo que el cristiano ha de saber, a fin de que así entiendan los fieles qué es lo contenido en los artículos de la fe y qué piden cuando rezan la ora­ción dominical y cuál es el número, virtud, eficacia y efecto de los Sacramentos". Fué aprobado este Concilio por el Papa Gregorio XIII el día 3 de diciembre de 1583, y por los cardenales intérpretes del Concilio Tridentino el día 9 del mismo mes y año.

El Concilio Provincial de Turs, celebrado el año de 1583 y presidido por el arzobispo Simón de Maille, en el tít. De pro f f. fid. tuenda, manda : "Que todos los admitidos a oír confesiones estén obligados a tener el Catecismo del Concilio Tridentino y a saberlo de memoria." Fué aprobado por el Sumo Pontífice Gregorio XIII, el día 8 de octubre de 1584.

El Concilio de Reims, celebrado en 1583 por el cardenal arzobispo Ludovico de Guisa, en el tí­tulo VI, de Curatis, establece: "Que los párrocos no sólo vivan santamente, sino que, además, tengan siempre en las manos algún libro que trate del modo de administrar los Sacramentos, o el Cate­cismo del Concilio Tridentino, ya en latín o en lengua vulgar, del cual saquen cada domingo lo que sea conforme al Evangelio y se deba proponer al pueblo". Fué confirmado por el Papa Grego­rio XIII, como puede leerse en las letras que ex-pidió el día 30 de julio de 1584.

El Concilio Provincial de Aix, celebrado el año, de 1585 bajo la presidencia del arzobispo Alejandro Canigiano, determina en el tít. de Parochis: "Para que cada párroco pueda desempeñar su cargo, tenga el Catecismo Romano en latín y francés, y enseñe la doctrina del Credo, Decálogo, Sacramentos, ora­ción dominical y demás cosas necesarias para la salvación, según él enseña y prescribe". Y en el título De Seminario : " Este sea el uso perpetuo de todos los Seminarios, que el Catecismo Romano se lea primero y se explique con la mayor diligencia a los jóvenes y no se deje parte alguna suya, de cuyas doctrinas no queden aquéllos imbuidos con todo el cuidado posible". Fué aprobado este Concilio por el Sumo Pontífice Sixto V, el día 4 de mayo de 1586, y por los cardenales intérpretes del Concilio Tridentino el día 5 del mismo mes y año,

El Concilio Provincial de Gnesma, en Polonia, celebrado en 1589 bajo la presidencia de Estanis­lao Kankouski, en el tít. De Parochorum ofjicio, número VII estableció: "Que todos los días de fiesta propusiesen los párrocos al pueblo alguna cosa del Catecismo Romano, el cual procuraremos adquiera en breve nuestra provincia, acerca de lo que todos han de saber para salvarse, para que así entiendan los fieles qué es lo que comprenden los artículos de la fe, qué es lo que contiene el Decálogo, qué piden al decir la Oración Dominical, cuál es el número de los Sacramentos, su virtud y eficacia, cuál su uso, y cómo deben estar dispues­tos los fieles para recibirlos". Este Concilio fui aprobado por la Congregación de los cardenales in­térpretes del Concilio Tridentino, el día 6 de marzo de 1590, y por el Papa Sixto V, el día 9 del mismo mes y año.

El Concilio Provincial de Tolosa, celebrado el ario de 1590, siendo su presidente el cardenal ar­zobispo Francisco de Joyosa, en la part. 1, capí­tulo III, De Parochis, núm. II, estableció: "Para que más fielmente puedan (los párrocos) cumplir con su oficio, tengan perpetuamente el Catecismo Latino-Francés de la Fe Romana, y expliquen al pueblo siempre que fuere necesario, las cosas que en él se contienen acerca del Credo, Decálogo, Sa­cramentos y demás cosas necesarias para la salvación". En la part. II, cap. I, número I: "Nunca los obispos ni los párrocos pasarán a administrar los Sacramentos, sin que primero hayan explicado por el Catecismo del Concilio Tridentino, su provechoso uso y maravillosa virtud a los que los re­ciben y a los demás que oyen". En la part. III, capítulo V, De Seminariis Clericorum: "El Cate­cismo Romano se leerá con la mayor frecuencia a los alumnos de los Seminarios en ciertos y deter­minados días".

El Concilio Provincial de Tarragona, celebrado en 1581, siendo su presidente Juan Torres, arzobispo, recomienda que: "Los párrocos lean y enseñen con diligencia el Catecismo Romano".

El Concilio Provincial de Aviñón, celebrado el año de 1594 por el cardenal arzobispo Francisco María Taurusi, en el tít. De Officio Parochi, se lee: "Tenga continuamente cada párroco entre manos el Catecismo Romano, para que con su auxilio pueda conocer bien el modo de administrar debi­damente los Sacramentos y pueda imbuirse de sana doctrina para la predicación al pueblo que está a su cargo".

El Concilio Provincial de Aquileya, celebrado en 1596 por el arzobispo Francisco Barbaro, se expresa así: "Deseamos que el clero de Eslavonia lea con frecuencia el Catecismo Romano, traducido ya en lengua eslavona por disposición de Grego­rio XIII, y tengan los obispos el cuidado de guardar en el archivo arzobispal un ejemplar muy co­rrecto del mismo Catecismo, para que a su contexto se puedan en lo sucesivo reconocer y aprobar los demás ejemplares". También fué aprobado este Concilio por los cardenales intérpretes de Concilio Tridentino.

El Concilio Provincial de Burdeos, celebrado el año de 1624, siendo presidente el cardenal De Sourdis, en el cap. XII, De praedicatione Verbi Dei, establece: "Los que tienen cura de almas expliquen a sus parroquianos, desde el púlpito, el Catecismo Romano".

Ultimamente, el Concilio de Cremona, celebrado en 1603 por César Spaciani, dice: "Inspirados por el Espíritu Santo aquellos Padres que presidieron el Concilio Tridentino, mandaron que se compusie­se cuanto antes el Catecismo Romano, para que de él, como de fecundísimas fuentes de la santa Madre Iglesia, pudiesen todos los clérigos beber la suavísima leche de la doctrina eclesiástica; por tanto, los clérigos destinados a la enseñanza de los jóvenes guarden inviolablemente de aquí en ade­lante, bajo pena de suspensión, la costumbre san­tamente introducida en nuestros Seminarios de explicar a todos los clérigos el Catecismo Romano, haciéndolo cada día o por lo menos tres veces a la semana".

Después de tan ilustres testimonios, después de tantas recomendaciones, después que con voz uná­nime es proclamada la excelencia del Catecismo Tridentino, no creo sea posible que nadie deje de convencerse del mérito de una obra así alabada y con tantos encomios enaltecida. Y no solamente los Concilios reconocieron y confesaron sus excelencias, sino que los mismos Soberanos Pontífices, Maestros infalibles de la Iglesia, son los primeros en mostrarnos el aprecio con que debe ser tenido; ellos mismos procuraron su difusión y propagación.

El Sumo Pontífice San Pío V, según puede verse por el siguiente Breve dirigido a Manucio el día 26 de septiembre de 1566, procuró adelantar cuanto le fué posible su publicación. "Deseando ejecutar, por razón de nuestro cargo, ayudados por la divina gracia con la mayor diligencia lo que fué decretado y ordenado por el Concilio Tridentino, hemos procurado que se compusiera en esta ciudad, por algunos escogidos teólogos, el Catecismo, con el cual los párrocos enseñen a los fieles lo que con-viene conozcan, profesen y guarden. El cual libro, habiendo de ser publicado con toda perfección, con la ayuda de Dios hemos dado providencia a fin de que se imprima con la mayor diligencia posible" (1).

En la Bula, de fecha 8 de marzo de 1570, establece que en todos los Monasterios del Císter se tenga este Catecismo, juntamente con la Biblia y las obras de San Bernardo. En otra Bula, publi­cada el día 30 de junio de 1570, ordena que en todos los Conventos de los Siervos de María se lea este Catecismo todos los días festivos. Finalmente, lo hizo traducir al italiano, francés, alemán y polaco, según asegura Gabutio en la vida de este celosí­simo y preclaro Pontífice.

Gregorio XIII, en un Breve del año de 1593, afirma que por su mandato y con su aprobación se publicó de nuevo el Catecismo; ordenó que fuese traducido en lengua eslava, y aprobó con su auto­ridad suprema muchos Concilios Provinciales que recomendaron el uso del Catecismo Tridentino; todo lo cual claramente nos indica el aprecio y es-tima con que miraba el Catecismo Tridentino.

La santidad del Papa Clemente XIII, en sus Letras Apostólicas de 14 de junio del año de 1761, entre otras cosas, decía así para recomendar el Ca­tecismo Tridentino : " Este libro, que los Pontífi­ces Romanos quisieron proponer a los Pastores, como norma de fe católica y máximas cristianas, para que también en el modo de enseñar la doctrina fuesen todos uniformes, ahora es cuando más os lo recomendamos, venerables hermanos, y os exhortamos encarecidamente en el Señor mandéis que todos cuantos ejercen cura de almas usen de él cuando enseñan a los pueblos la verdad católica, para que así se guarde tanto la uniformidad de enseñar cuanto la caridad y concordia de los ánimos".

Para enseñarnos el intento de la Iglesia en la publicación de este Catecismo, se expresa de este modo: "Después que el Concilio Tridentino condenó las herejías que en aquel tiempo intentaban ofuscar la luz de la Iglesia, y, como desvaneciendo la niebla de los errores, expuso con más clara luz la verdad católica, viendo los mismos predecesores nuestros que aquella sagrada asamblea de la universal Iglesia usaba de tan prudente consejo y de tanta moderación, que se abstenían de condenar las opiniones sostenidas por la autoridad de los doctores escolásticos, quisieron que, según la mente del mismo Sagrado Concilio se compusiese una obra que comprendiese toda la doctrina de que fuera necesario instruir a los fieles y estuviese muy lejos de todo error. Este fué el libro que im­primieron y publicaron con el nombre de Catecis­mo Romano, mereciendo con esto ser alabados por dos títulos, ya porque en él juntaron aquella doc­trina que es común en la Iglesia y está lejos de todo peligro de error, ya también porque, con clarísimas palabras, propusieron esta misma doctrina para ser enseñada públicamente al pueblo, obede­ciendo con esto al precepto de Cristo Señor, quien mandó a los Apóstoles que publicasen delante de todos lo que El había dicho en las tinieblas, y que predicasen sobre los tejados lo que habían apren­dido en el secreto del oído".

El Sumo Pontífice León XIII, en la Carta Encíclica al clero de Francia, de 8 de septiembre de 1899, escribe así con relación al Catecismo Tridentino: "Recomendarnos que todos los seminaristas tengan en sus manos y relean frecuentemente el libro de oro, conocido con el nombre de Catecis­ mo del Santo Concilio de Trento o Catecismo Romano, dedicado a todos los sacerdotes investidos del cargo pastoral. Notable por la riqueza y exactitud de la doctrina a la vez que por la elegancia de su estilo, este Catecismo es un precioso resumen de toda la Teología dogmática y moral. Quien lo posea a fondo, tendrá siempre a su disposición los recursos con cuya ayuda puede un sacerdote pre­dicar con fruto, ejercer dignamente el importante ministerio de la confesión y de la dirección de las almas y refutar victoriosamente las objeciones de los incrédulos" (2).

Finalmente, el Santísimo Papa Pío X, en la Encíclica Acerbo nimis, de 15 de abril de 1905, orde­naba lo siguiente: "Ya que, principalmente en nuestros aciagos días, la edad viril necesita tanto de instrucción religiosa como la edad de la niñez, todos los párrocos y demás que tengan cura de almas, fuera de la acostumbrada homilía del Evangelio, que se debe predicar todos los días festivos en la misa parroquial, expliquen también el Catecismo a los fieles, en lenguaje sencillo y acomodado al auditorio, a la hora que estimen más oportuna para la concurrencia del pueblo, exceptuando solamente la del Catecismo de los niños. Por lo cual deben seguir el Catecismo del Concilio de Trento, procurando al cabo de cuatro o cinco años abarcar todo lo referente al símbolo, sacramentos, decálo­go, oración y mandamientos de la Iglesia". (3)

Notas:

(1) "Pastorali officio cupientes quam diligentissime divina adiuvante gratia fungi, et ea, quae a sacro Tridentino Concilio statuta et decreta fuerunt, exequi, cura­vimus, ut a delectis aliquot Theologis in hac alma Urbe componeretur Catechismus, quo Christi fideles de iis rebus, quas eos nosse, profiteri et servare oportet, Pare, chorum suorum diligentia edocerentur. Qui liber cum Deo iuvante perfectus in lucen edendus sit, providendum duximus, ut quam diligentissime imprimatur."

(2) "Nous recommandons que tous les Seminaristes aient entre les mains et relisent souvent le livre d'or, connu sous le nom de Catechisme du S. Concile de Trente ou Catechisme Romain dedié a tous les prêtres investis de la charge pastorale (Catechismus ad paro­chos). Remarquable á la fois par la richesse et l'exactitude de la doctrine et par l'elegance du style, ce Catechisme est un precieux abrégé de toute la Theologie dogmatique et morale. Qui le possederait á fond aurait toujours á sa disposition les ressources à L'alde desquelles un prêtre peut prêcher avec fruit, s'acquitter dignement de l'im­portant ministere de la confession et de la direction des ames, et être de refuter victorieusement les objections des incredules."

(3) "Quoniam vero, praesertim hac tempestate, gran­dior aetas non secas ac puerilis religiosa eget institutione; parochi universi ceterique animarum curam ge­rentes, praeter consuetam homiliam de Evangelio, quae festis diebus omnibus in parochiali Sacro est habenda, ea hora quam opportuniorem duxerint ad populi frequentiam, illa tantum excepta qua pueri erudiuntur, catechesim ad fideles instituant, facili quidem sermone et ad captum accommodato. Qua in re Catechismo Tridentino utentur, eo utique ordine ut quadriennii vel quinquennii spatio totam materiam pertractent quae de Symbolo est, de Sacramentis de Decalogo, de Oratione et de praeceptis Ecclesiae.