Quiénes fueron sus autores
Varios son los nombres dados a este Catecismo según los diferentes respectos con que se le considere. Es conocido con el nombre de Catecismo Tridentino, por haberse empezado por disposición de aquel Concilio Ecuménico; Catecismo de San Pío V, porque fué aprobado y publicado por este Soberano Pontífice, y también Catecismo Romano, por ser el que la Iglesia Romana propone a quienes tienen el encargo de enseñar su doctrina al pueblo como norma segura, exenta de error y la más acomodada a la capacidad de la generalidad de los fieles.
Para demostrar con cuánta verdad se le da el nombre de Catecismo Tridentino, no tenemos más que recordar lo establecido por aquella santa Asamblea en su sesión XXIV, cap. 7, por estas palabras: "Para que los fieles se presenten a recibir los sacramentos con mayor reverencia y devoción, manda el santo Concilio a todos los obispos que expliquen, según la capacidad de los que los reciben, la eficacia y uso de los mismos Sacramentos, no sólo cuando los hayan de administrar por sí mismos al pueblo, sino también han de cuidar de que todos los párrocos observen lo mismo con devoción y prudencia, haciendo dicha explicación aun en lengua vulgar si fuere menester y cómodamente se pueda, según la forma que el santo Concilio ha de prescribir respecto de todos los Sacramentos en su Catecismo, el cual cuidarán los obispos se traduzca fielmente en lengua vulgar, y que todos los párrocos lo expliquen al pueblo".
No habiendo sido posible terminar el Catecismo antes de la clausura del Concilio Tridentino, el Sumo Pontífice Pío IV encomendó este asunto al cuidado de algunos obispos y teólogos para que preparasen la materia necesaria a tan útil obra. Los principales a quienes eligió para esta importante empresa fueron Muelo Calina (1), Leonardo de Marinis (2), Egidio Fuscario (3) y Francisco Foreiro (4).
También cooperaron a la misma el Cardenal Seripando (5), Miguel Medina (6), y Pedro Galesino (7).
Reunido todo lo necesario para la composición de la obra, escogió a Mucio Calino, Pedro Galesino y Julio Poggiani (8) para que la ordenasen y compusiesen en estilo elegante y el más acomodado a la sublimidad del asunto.
Constando el Catecismo de cuatro partes, encomendó las dos primeras, esto es, el Símbolo y los Sacramentos, a Mucio Calino; el Decálogo, a Pedro Galesino, y la Oración Dominical, a Julio Poggiani. Este empleó los últimos cuatro meses del año de 1564 en la redacción de la última parte del Catecismo. Cuando Mucio Calino y Pedro Galesino hubieron terminado el Símbolo, los Sacramentos y el Decálogo en el año de 1565, quisieron que Julio Poggiani revisara, corrigiera y enmendase cuanto habían hecho, dando a toda la obra uniformidad de estilo, como si fuese tan sólo uno mismo el autor de ella.
Muerto el Papa Pío IV en el año de 1565, le sucedió Pío V, al que rogó en gran manera San Carlos Borromeo la publicación del Catecismo Tridentino. De nuevo fué revisado y perfeccionado por el cardenal Sirleto (9), Mucio Colino, Leonardo de Marinis, Tomás Manrique (10), Eustaquio Locatello y Curcio Franco.
Terminados todos estos estudios, y perfeccionada la obra por tan eminentes teólogos y literatos, en octubre del año de 1566 se encomendó su impresión a Paulo Manucio, quien la publicó en Roma, con privilegio del Santísimo Papa Pío V, en hermosos y nítidos caracteres, excelente papel, aunque sin las divisiones introducidas posteriormente.
Notas:
(1) Mucio Calino, natural de Brescia, varón de mucha piedad y adornado de no vulgar ciencia, primeramente fué obispo de Zara, y últimamente de Terni. Por mandato de Pío IV y Pío V, colaboró en la redacción del Catecismo Tridentino, Indice de libros prohibidos, Breviario y Misal.
(2) Leonardo de Marinis, O. P., fué creado por Julio III obispo de Laodicea y sufragáneo del obispo de Mantua; después Pío IV le hizo arzobispo. Enviado al Concilio Tridentino, se portó muy dignamente, mereciendo ser alabado y admirado por aquella santa Asamblea. Los Sumos Pontífices le enviaron tres veces como Legado Apostólico a diferentes Príncipes. Finalmente, trasladado al obispado de Alba, murió en Roma el año de 1578. Trabajó en la reforma del Breviario, Misal Romano y en la redacción del Catecismo del Concilio Tridentino.
(3) Egidio Fuscario, O. P., fué Maestro del Sacro Palacio en el Pontificado de Paulo III. El Papa Julio III le creó obispo Munitense. Fué en gran manera perseguido y acusado de herejía, pero calmada esta tempestad, y convencidos todos de la pureza e integridad de su fe, fué enviado por el Sumo Pontífice Pío IV al Concilio de Trento, en el cual dió ilustres pruebas y el más brillante testimonio de católica fe, eximia doctrina y singular prudencia. Murió en Roma el año de 1564.
(4) Francisco Foreiro, O. P., insigne por sus estudios teológicos y literarios, fué enviado por el rey de Portugal como teólogo al Concilio Tridentino, en el cual brilló en tanto grado por su ingenio, que, disponiéndose a partir de Trento, terminado el Concilio, pidió san Carlos Borromeo al rey de Portugal le dejase ocupar en la composición del Catecismo.
(5) Jerónimo Seripando, natural de Nápoles, cardenal de la Santa Iglesia Romana del título de santa Susana, fué enviado por Pío IV como Legado Apostólico al Concilio Tridentino.
(6) Miguel Medina, O. M. C. Asistió al Concilio Tridentino como teólogo enviado por Felipe II. Era muy erudito en las lenguas hebrea, griega y latina. Defendió con mucho valor la Iglesia Católica, así con escritos como de palabra.
(7) Pedro Galesino, de Milán, fué Protonotario Apostólico. Poseía en grado superior las lenguas hebrea, griega y latina. Escribió, además de otras varias obras, unas anotaciones al Martirologio.
(8) Julio Poggiani, natural de Suna, nació el día 13 de septiembre de 1522. Se distinguió por su pericia en la lengua del Lacio. Fué secretario de tres cardenales, Dandini, Truxi y Borromeo. Los Papas Pío IV y Pío V le confiaron este mismo cargo. Escribió las Actas del primer Concilio Provincial de Milán. Murió el año de 1562.
(9) Guillermo Sirleto, no fué noble por su cuna o riquezas, sino por sus virtudes y doctrinas. Habiéndose instruido en Nápoles en las lenguas hebrea, griega y latina, vino a Roma, en donde fué muy amado de Paulo IV y del Cardenal Borromeo. Paulo IV le creó obispo y después cardenal de la santa Romana Iglesia. El Papa san Pío V le nombró revisor del Catecismo Tridentino. Murió el año de 1581.
(10) Tomás Manrique, O. P. Español, descendiente de una noble familia, brilló en tanto grado por su prudencia y erudición, que fué Procurador de su Orden, y después de pocos años, el Papa Pío IV le nombró Maestro del Sacro Palacio. Habiendo creado el Papa Pío V una Cátedra de Teología en la Basílica Vaticana, fué el primero que la regentó.